
Cuenta la historia que el 3 de mayo de 1835 apareció grabada, en una roca del cerro Shalacoto, una cruz sobre la que los lugareños pintaron la imagen de Cristo. Se atribuye la aparición de la cruz a la llegada de enfermos de viruela a Acobamba en Junín, después que fueran abandonados por las autoridades virreinales.
En la fiesta
del Señor de Muruhuay se celebran ritos prehispánicos asociados al agua, la
tierra y la piedra, en agradecimiento al Taita por los dones de la vida y los
frutos de la siembra. Como parte del culto al Señor de Muruhuay los fieles
colocan a los pies de la imagen sagrada, cartas a Dios con familiaridad y
respeto, como expresión de su fe que acerca lo humano a lo sagrado.
A lo largo de
la fiesta, que dura todo el mes y se expande en todo Junín, se baila la
chonguinada sobre hermosas alfombras de flores, también se encienden fuegos
artificiales y cohetes. Acuden a las celebraciones bandas de músicos de Tarma,
Jauja y Huancayo. La procesión del Señor de Muruhuay es dirigida por el
mayordomo, su esposa, alfereces y cuadrillas de danzantes como los chonguinos,
jaraculitos, negritos y chunchos, que, al compás de mulizas, relojeras, huaynos,
cashuas y huaylas, bailan alegremente.
Acobamba se viste de kioskos y tolderías, cada uno con su propia música y con
sugestivo nombre como "El Acobambino", "Mi Paisanita" o
"El Cubano", donde se venden platos típicos y bebidas.
La fiesta del Señor de Muruhuay es conocida por el Perú entero, y se conoce como una de las fiestas religiosas con más fervor en lo que refiere a días religiosos festivos peruanos.