DIARIO "LA VERDAD", DE MURCIA.
15 DE ABRIL DE 2001

El último silencio

El obispo no pudo presidir la procesión porque la enfermedad de su madre le obligó a viajar a Valencia

              M. de la Vieja • Murcia

              La campana del hermano muñidor quebró ayer la primaveral tarde para anunciar que
              se echaba a la calle el cortejo del Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de la
              Luz en su Soledad. La última procesión de dolor y silencio, el último parpadeo de
              Pasión en la ciudad.

              La cruz guía que sacaron ayer los de El Yacente es una joya del siglo XVIII que
              pertenece al grupo de la Virgen de Las Angustias. Estaba previsto que el obispo de
              la Diócesis presidiera la procesión. Sin embargo, Manuel Ureña tuvo que trasladarse
              a Valencia porque su madre se puso enferma.

              Los penitentes de El Yacente lucieron sus túnicas blancas, símbolo del luto judío,
              con todo rigor y solemnidad y las bocas selladas por el preceptivo silencio bajo el
              blanco capuz. El escapulario metálico de los nazarenos lucía sobre el pecho de los
              cofrades la corona de espinas con el sudario y la curaz inscrita en su interior, que
              es el símbolo de El Yacente. Sobre un mar de claveles blancos desfiló, portada por
              26 nazarenos, la solemne imagen del Cristo dormido ya en la muerte. El rostro,
              relajado, ajeno a la Pasión, es de singular belleza. La talla es obra de Diego de
              Ayala (1570) y es una de las imágenes más antiguas de la Semana Santa de
              Murcia.

              Cerraba el cortejo, en el que participaron dos centenares de nazarenos, el trono de
              Nuestra Señora de la Luz en su Soledad. Preciosa Virgen anónima del siglo XVII de
              la escuela granadina.

              Al paso de la procesión por la plaza de Belluga, ante la puerta de la Catedral
              cerrada, se detuvo el cortejo, y volviendo los pasos hacía la puerta de El Perdón se
              rezó una estación penitencial. La cofradía del Yacente ha reclamado en diversas
              ocasiones permiso para poder entrar a la Catedral y realizar allí una estación
              penitencial como se hacía siglos atrás, pero hasta el momento no lo ha conseguido.

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