DIARIO "LA VERDAD", DE MURCIA.
15 DE ABRIL DE 2001

La pasión según Salzillo

La ciudad se tornó barroca al paso de las sobrecogedoras tallas que procesiona la cofradía de Nuestro Padre Jesús

              TEXTO: M. DE LA VIEJA • FOTOS: JUAN LEAL

              La luz barroca de los salzillos iluminó el Viernes Santo el corazón de Murcia. La
              Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno sacó su tradicional
              procesión ante la admiración y devoción de miles de fieles. Los estantes de todos
              los pasos han hecho ricas aportaciones a las tallas para complementar su belleza
              con motivo del 400 aniversario de la cofradía. Han renovado las potencias de plata
              de las tallas de Jesús y también las lanzas de los soldados. Entre los miles de
              murcianos que acudieron a ver la procesión se encontraba el pintor Pedro Cano, que
              quiso ver a La Verónica con el paño de lino que él le ha regalado. El paso de La
              Santa Cena se echó a la calle con sus trece figuras de madera policromada plenas
              de vida. Los apóstoles parecían conversar entre sí, mientras San Juan, el discípulo
              preferido, simula dormitar sobre el regazo de Jesús.

              Preciosa salió La Verónica, símbolo de la mujer murciana del siglo XVIII, en quien
              Salzillo se inspiró. El paño, con el rostro de Jesús pintado por Pedro Cano, se
              estremeció con la brisa infundiendo vida a los maravillosos rasgos. El conjunto
              escultórico de La Caída fue otro de los que mayor fervor despertó. El rostro de
              Jesús expresa toda la angustia de la Pasión. Sus ojos, vueltos al cielo, claman
              misericordia. Mientras, el sayón, con gesto zafio, le tira del pelo para izarlo. Y el
              corazón de quien lo mira se estremece. El titular, Nuestro Padre Jesús, lució una
              antigua túnica del siglo XVIII restaurada. La lacerada figura, tiernamente quebrada
              por el peso de la Cruz, retomó el perfume de otros siglos. Portado por sus estantes,
              que con los pies descalzos marcan la ruta pasional de la ciudad, marchó el
              Nazareno en la primaveral mañana.

              Salió San Juan pleno de juventud. La imagen del apóstol es una de las más
              logradas del imaginero murciano. Todo es gallardía y movimiento en la talla. Las
              miradas se cuajaron en La Dolorosa. Nadie pudo parpadear al verla recortarse en el
              dintel de su iglesia más hermosa que nunca. Sus lagrimas brillaron ante el primer
              sol de la mañana. Las níveas orquídeas de su trono contrastaban con el rotundo
              burdeos de su nuevo traje y el azul cobalto de su antiguo manto restaurado. Los
              angelicos que juegan a sus plantas lucieron tiernamente los pucheros de sus
              rostros.

              El tiempo parecía detenido mientras los salzillos se perfilaban ante la fachada
              barroca de la Catedral. Ni un revoloteo de palomas logró romper el encanto de otros
              siglos del pasado y del futuro, los que se abrazaban ante la belleza sobrenatural y
              viva de las imágenes.

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