Fervoroso triunfo del Perdón
El corazón de la ciudad se tiñó de magenta y bellas estampas de pasión procesionadas por 2.500 fieles.
M. DE LA VIEJA • MURCIA
Las túnicas tiñeron de magenta el corazón de la ciudad.
La procesión de la
Real, Ilustre y muy Noble Cofradía del Santísimo Cristo de
El Perdón es una
de las más largas y populares de la Semana Santa. El pueblo acoge
con
gran cariño la presencia en la calle de las vestimentas magenta
y los bellos
tronos repletos de imágenes. Las sillas colocadas en el itinerario
se
ocuparon desde primeras horas de la tarde, y el fervor y el entusiasmo
arroparon el desfile de El Perdón por el corazón de la ciudad.
El redoble de
los tambores y el sonido de los carros bocina puso su toque de pasión
en la
primaveral tarde anochecida. Los niños reclamaron sus caramelos,
anidados en las senás nazarenas, y la tradición triunfó
bajo el signo de El
Perdón.
Las calles del recorrido magenta se llenaron desde primeras horas de la
tarde de
público, y el resplendor de los nazarenos fue acogido con especial
reverencia. Los
niños observaban ansiosos las embuchadas túnicas, promesa
de caramelos y
golosinas, mientras los mayores centraban su atención en las bellas
imágenes que
coronaban los tronos. Mil penitentes conformaron las diez hermandades de
El
Perdón, a los que acompañaron 350 mayordomos, 500 estantes
y otros 500
músicos. Más de 2.500 fieles desfilaron con la cofradía
del Santísimo Cristo de El
Perdón. El cortejo lo abrió una nube de niños juguetones,
sementera del mañana, y
la hermandad de Promesas, que viste túnica de tergal, en vez de
terciopelo aunque
mantiene el color magenta de la cofradía.
El primer trono del desfile es el de Getsemaní, obra de Hernández
Navarro. Lleva
cinco años saliendo en el cortejo de El Perdón, y desfiló
seguido por el paso del
Prendimiento. Se trata de un conjunto escultórico con obras de Sánchez
Lozano.
Está formado por Cristo, dos sayones judíos y un soldado
romano. Es el vestigio
del antiguo gremio de los Torcedores y Tejedores de Seda. Su hermandad
desfiló
encabezada por el antiguo estandarte de los sederos, datado en 1600.
Los regidores de la procesión se esforzaron por mantener el buen
ritmo del cortejo y
consiguieron que no se produjeran cortes. Mientras, los nazarenos vaciaban
el
dulce contenido de sus senás en las ávidas manos de niños
y mayores. El paso de
Jesús ante Caifás fue admirado por el público. Lucía
un precioso arreglo floral que
realzaban la bella disposición de las imágenes de Pastor
y Castillejos. A
continuación iba la Sagrada Flagelación de Sánchez
Lozano y la Coronación de
Espinas de Hernández Navarro, que muestra las distintas fases de
dolor que sufrió
Jesús en su Pasión.
Las marchas procesionales de las siete bandas que participaron en el cortejo
encendieron el fervor del público. El desfile del paso Encuentro
en la calle de La
Amargura, único de la cofradía de El Perdón que no
fue destruido durante la Guerra
Civil, despertó el interés de los entendidos, ya que mostraba
sus imágenes
totalmente restauradas. La Verónica, obra de Francisco Toledo, y
el Ascendimiento
de Hernández Navarro, precedieron el desfile del Calvario, cuyo
centro es la imagen
del titular de la cofradía, el Santísimo Cristo de El Perdón.
Un rosal encendido
trepaba por el mástil de la Cruz, mientras a los pies del Crucificado
estaban María
Magdalena, San Juan y la Virgen mostrando su recobrado color. Cerró
el cortejo la
solemne imagen de La Soledad, Virgen realizada por Sánchez Lozano
en 1943 y
que, envuelta en su manto negro, con el corazón traspasado por los
siete dolores,
es portada por una hermandad formada sólo por mujeres.