DIARIO LA VERDAD, DE MURCIA. 19 de marzo de 2005

MURCIA
Tres virtudes para el fin de semana
A. BOTÍAS/MURCIA

Fe, Esperanza y Caridad. Tres virtudes teologales que este fin de semana se transformarán en otros tantos desfiles sobre la ciudad, que compartirán carrera con un solemne traslado: el que celebraran los Hospitalarios de la Salud, quienes trasladarán a Nuestro Padre Jesús de las Mercedes desde la iglesia de la Merced. Sábado de Pasión y Domingo de Ramos que inaugura esta tarde, alrededor de las 18.00 horas, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Fe, que preside Juan de Dios Rogel. Gracias a los desvelos de la comunidad religiosa de Padres Capuchinos, después de muchos años de animar a decenas de alumnos a que se acercaran a la Semana Santa, surgió este desfile que engalana las calles con un Cristo obra de Antonio Dórrego (1954). Visten los cofrades de la Fe -unos alumbrantes, otros con la cruz al hombro- túnica marrón oscuro y no reparten caramelos para reverenciar el inicio de la Semana de Pasión. Pero su paso por la ciudad, desde la iglesia de San Francisco de Asís, no pasará desapercibido, sobre todo por el horario en que inician la marcha, cuando miles de murcianos ultiman sus compras o se preparan para el descanso.

De especial hermosura es la salida del cortejo que, debido a las dimensiones de la puerta del templo, obliga a izar al Cristo para ajustarlo al trono. Entre las filas, más tarde, destacarán los dos cojines de terciopelo que muestran los símbolos de la Pasión, la corona de espinas y el Inri, tallado en madera. La Fe también incluirá en su cortejo un nuevo tercio de tambores.

Aunque el Cristo de la Fe brilla sobre los primeros reflejos de la luna sobre el asfalto, alcanzará una belleza indescriptible cuando cruce su camino con la Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad, que iniciará su cortejo del templo reparador de Santa Catalina a las 20.00 horas, para luego recoger sus tronos alrededor de las 00.30 horas. En este instante, cuajada la plaza de fieles, se celebra el encuentro entre María Dolorosa y el Cristo de la Caridad, entre cantos de agrupaciones corales. Entretanto, en la plaza de Belluga, Nuestro Padre Jesús de las Mercedes se encontrará con San Juan y la Dolorosa.

El traslado que celebran desde la iglesia de la Merced los Hospitalarios de la Salud permite que, casi al final de su recorrido, salgan a su encuentro las dos tallas. En la plaza, donde cada año acude mayor número de personas, rompen el silencio las corales y se leen textos pasionarios.

El cortejo de la Caridad incorporó en el 2003 una Santa Mujer Verónica del escultor Hernández Navarro y una talla de María Dolorosa, obra de Salzillo (1732). Completan el desfile el paso de la Oración en el Huerto, de Serra Gómez, que este año cumple su décimo aniversario; la Sagrada Flagelación (Ardil Pagán, 1998); la Coronación de Espinas (Ardil Pagán, 1997), Nuestro Padre Jesús Nazareno (Ardil Pagán, 1999) y un San Juan que el mismo autor talló en el 2001. El titular, el Cristo de la Caridad, es obra de Roses Rivadavia (1994).

Sólo unas horas después de que el cortejo corinto se recoja, la Cofradía de la Esperanza llenará de color verde Murcia.
 

DIARIO LA VERDAD, DE MURCIA. 20 de marzo de 2005
MURCIA
«¿Venid a mí los sedientos!»
La procesión del Santísimo Cristo de la Fe colmó de sencillez las calles del centro El coro del colegio San Buenaventura interpretó diversas composiciones durante la carrera
ANTONIO BOTÍAS/

ESPLÉNDIDO. El Cristo de la Fe, impresionante, a su paso junto a la plaza Circular. / MARTÍNEZ BUESO
Cristo de la Fe te llaman. Y de verdad que esa fe, siento, ¿siento! tan sólo con tu mirada». Resuena en la tarde despejada el himno de este Cristo que, como cada año a la puerta de la Dominica de Ramos, alza sus ojos al cielo unos segundos después de ser izado por los cofrades a la puerta de la iglesia de San Francisco de Asís. Cristo franciscano cuyo austero cortejo evoca a cada paso, a cada túnica marrón, aquella advertencia que el santo hiciera: «No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino que, por el contrario, debemos ser sencillos, humildes y puros». La imagen, una talla que Antonio Dórrego esculpió en 1952, evidencia que no necesita la Fe adornos lujosos ni más muestra de riqueza que los únicos colores que adornan su paño de pureza y sus ojos.

Hace cinco años que esta procesión recorre las calles de la ciudad cuando el día apenas comienza a declinar, a una hora tan temprana que obliga a sus cofrades a abrir un surco entre los apresurados vecinos que encuentran, cargados de bolsas y prisas, a las puertas de los comercios. Es la gran misión de estos nazarenos, la misma que el himno también recoge al entonar cómo es este un «Cristo de la piel dorada, te pasean tus nazarenos, con las túnicas marrones y la insignia junto al pecho. Llevando a Jesús a cuestas, presentándolo a su pueblo». Hay quienes detienen la marcha al encontrarlo. Otros aprietan el paso para evitar acaso unos segundos de retraso. Y no faltan quienes reconocen que no existen las casualidades, que es Cristo mismo quien ha salido a su encuentro.
 

JÓVENES PARA EL CORTEJO

La procesión de la Fe no necesita en su carrera silla alguna donde reclinarse porque la talla que atesora sirve a muchos de móvil respaldo, de bálsamo que pasa para endulzar, sin siquiera un caramelo, sus sufrimientos. Y resuenan entonces las voces jóvenes del coro del colegio San Buenaventura, aquel santo a quien curó de pequeño San Francisco, que honran al titular junto al Palacio Episcopal, la plaza Hernández Amores y Santa Ana. Estrena este año el desfile un nuevo tercio de tambores que parecen convocar, al otro extremo de la ciudad, a los hermanos de la Cofradía de la Caridad, quienes se disponen a teñir de corinto Murcia hasta encontrarse con la Fe. Sucedió en la plaza de Santo Domingo, donde las dos instituciones veneraron con flores a sus advocaciones. Es el instante en que el presidente de la Fe, Juan de Dios Rogel, y el de la Caridad, Víctor García, sienten que mereció la pena todo un año de trabajo para hacer realidad esta gran catequesis plástica.

Los hermanos de la Fe, que estrenan andas en el trono, visten túnicas de color tabaco y cíngulo frailuno, repartidos en tercios de alumbrantes o con la cruz sobre el hombro. Y parece relucir cuando enfilan el paseo Alfonso X, desde hace un par de años desfilando por el centro, entre los plataneros, retiradas las pérgolas mientras muchos se asoman por los escaparates, donde se refleja la sencilla cruz a la que se aferra este Cristo que «infunde la fe tan sólo con la mirada».

Cuando la comitiva pasionaria surca las calles de Trapería y el entorno de la Catedral el tiempo parece detenerse, desplomada ya la tarde sobre los cojines de rico terciopelo que muestran los símbolos de la Pasión, la corona de espinas y un Inri tallado. Todo empieza a cumplirse al momento en que la talla de Dórrego imprime a la rutina una estela de esperanza, como si sus labios exclamaran: «¡Venid a mí los sedientos!».
 

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