Las saetas arroparon la recogida de los titulares de la Cofradía en la Iglesia de San Pedro
M. DE LA VIEJA • MURCIA
El latir emocionado de cientos de corazones arroparon ayer la salida y
regreso de la
procesión de la Pontificia, Real y Venerable Cofradía del
Santísimo Cristo de la
Esperanza y María Santísima de los Dolores.
En la plaza de San Pedro no cabía un alma, tanto a la salida de
la procesión como
a su recogida, ya que ambas ceremonias entrañan gran belleza plástica.
Los tronos de la Esperanza se echan a la calle mediante raíles,
dados su gran peso
y volumen. Al público le gusta observar cómo son alzados
por sus estantes para
iniciar la cimbreante marcha procesional.
El primer paso es del Arrepentimiento de María Magdalena, conjunto
escultórico de
Francisco Liza y Antonio Labaña (1983-1987). Junto a una mesa lujosamente
revestida se agrupaban las imágenes con gran realismo y belleza.
Le sigue La
Entrada de Jesús en Jerusalem, paso que gusta mucho a los niños
porque lleva
una burrica de tamaño natural. Soberbio es el paso de San Pedro,
obra de
Francisco Salzillo; la hermosa cabeza del apóstol es contrastada
por el gallo que
marca la traición.
La belleza de las imágenes de La Esperanza resaltaba con el bello
arreglo floral de
los tronos. Ontulios, rosas, claveles y gerveras complementaron con su
hermosura
y olor los conjuntos escultóricos. El desfile de Nuestro Padre Jesús
Nazareno, obra
de Santiago Baglieto (1817) despertó especial devoción, seguido
por la talla grácil
de San Juan, que llevaba una palma esbelta y larga en sus manos. La Virgen
de los
Dolores, preciosa obra de Salzillo, que derrama dulzura en su mirada, precedió
al
titular el Santísimo Cristo de la Esperanza, también de Salzillo,
cuyo rostro
conmovedor es todo un poema. Ambas imágenes protagonizaron un sacro
encuentro con San Juan, durante la recogida.