DIARIO "LA VERDAD", DE MURCIA.
9 DE ABRIL DE 2001

Las saetas arroparon la recogida de los titulares de la Cofradía en la Iglesia de San Pedro

              M. DE LA VIEJA • MURCIA

              El latir emocionado de cientos de corazones arroparon ayer la salida y regreso de la
              procesión de la Pontificia, Real y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la
              Esperanza y María Santísima de los Dolores.

              En la plaza de San Pedro no cabía un alma, tanto a la salida de la procesión como
              a su recogida, ya que ambas ceremonias entrañan gran belleza plástica.

              Los tronos de la Esperanza se echan a la calle mediante raíles, dados su gran peso
              y volumen. Al público le gusta observar cómo son alzados por sus estantes para
              iniciar la cimbreante marcha procesional.

              El primer paso es del Arrepentimiento de María Magdalena, conjunto escultórico de
              Francisco Liza y Antonio Labaña (1983-1987). Junto a una mesa lujosamente
              revestida se agrupaban las imágenes con gran realismo y belleza. Le sigue La
              Entrada de Jesús en Jerusalem, paso que gusta mucho a los niños porque lleva
              una burrica de tamaño natural. Soberbio es el paso de San Pedro, obra de
              Francisco Salzillo; la hermosa cabeza del apóstol es contrastada por el gallo que
              marca la traición.

              La belleza de las imágenes de La Esperanza resaltaba con el bello arreglo floral de
              los tronos. Ontulios, rosas, claveles y gerveras complementaron con su hermosura
              y olor los conjuntos escultóricos. El desfile de Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra
              de Santiago Baglieto (1817) despertó especial devoción, seguido por la talla grácil
              de San Juan, que llevaba una palma esbelta y larga en sus manos. La Virgen de los
              Dolores, preciosa obra de Salzillo, que derrama dulzura en su mirada, precedió al
              titular el Santísimo Cristo de la Esperanza, también de Salzillo, cuyo rostro
              conmovedor es todo un poema. Ambas imágenes protagonizaron un sacro
              encuentro con San Juan, durante la recogida.

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