-�Qu� ya no me acuerdo de ella?. Como no lo voy a hacer si fue mi primera novia all� en el pueblo. Acord�te cu�ndo �bamos a tirar al blanco al Club de Caza Tiro y Pesca all� por donde Don Julio. All� la conoc�... y all� a los dos a�os la dej� de ver.

Cuando la volv� a encontrar yo ya era solitario sin excesos, mi moto Zundapp 51  y el diablo me llevaban de la mano. Claro, ten�a yo  22 a�os. Lo que pasa es que sus ojos eran como mi soledad, profundos, �puedes creerlo? Es lo �nico que recuerdo. El color de sus ojos que me persigue en las noches de insomnio. Si, seguro, no es lo �nico, pero es lo que m�s recuerdo. Ojos grandes, negros como queriendo abarcar el futuro.

Puede ser que te suene no cre�ble lo que te narro, pero toma en cuenta que este rollo ya est� atravesado por el tiempo, la memoria y, de alguna manera, la cultura. Siempre la espiaba a la salida del colegio donde hac�a su pr�ctica antes de graduarse. Llena de polvo de tiza y pesadumbre sal�a ella de dictar sus clases. Me parec�a a veces que primero sal�a ella, vac�a, sin contornos, y luego sus quinientos a�os de dominaci�n que se le met�an en  el cuerpo al final de la escalera. Era cuando se sacud�a la blusa con un adem�n ef�mero y se alisaba un poco el cabello con un gesto y un movimiento imperceptible de su cuello que me alimentaba para toda la vida de ese tiempo de vida.

-No �est�s loco?, Yo no era su alumno, ni modo, �quieres saber cu�l era la materia que dictaba? Ense�aba una disciplina que no existe:
La Cosmogon�a del Oprimido. Te imaginas sobre eso quer�a hacer su tesis. Era como para re�rse. Yo me habr�a re�do de no haber estado enamorado como un loco.  Entre sus alumnos hab�a tres medio babosos, que la segu�an a todas partes como hipnotizados, le prend�an el cigarro, la rodeaban en la cafeter�a, le acomodaban la silla, le le�an poemas de Neruda, pero especialmente la proteg�an como una coraza para que no le llegara el mal viento, ni el
susurro de los otros (que era yo), ni la m�sica estrafalaria de Los Beatles, en el caf�, que porfiadamente dec�a "good to see you", ni siquiera la impotente caricia de mi mente que se desperdiciaba entre el humo antes de llegar a
tocarla.

S�, ten�a un nombre, pero era un nombre rutinario, un nombre que te hac�a entrever la separaci�n y el desafecto de sus padres. Se llamaba Miriam. Pero no es de su nombre de lo que quiero hablarte, sino de la huella que ella ha dejado en mi camino. Camino que sin ella pudo haber sido el de un gran escritor, o un tremendo l�der, o por lo menos un disciplinado boy scout, pero ah� ten�s hermano, siempre la vida de un joven solitario tiene sus ojos negros, y fue en una exposici�n del �izquierdoso� Elmar Ren� Rojas, quien mediante un �gil manejo del color realizaba (creo que todav�a pinta) obras de poder evocador; fue all� donde al fin Miriam detuvo su trajinar para reparar en m�.
-S�, despacio hermano, como t� dices,despacio te desenrollo esta historia para que dure m�s en la cerveza que en la vida real. Elmar Ren� Rojas qui�n junt� unos poemas de Otto Ren� Castillo o sea ese poeta que ha bajado a los infiernos, el que nos ha abierto una puerta que no se sabe a d�nde llevar�, y. los exhibi� junto a sus cuadros en la exposici�n.

Ella estaba sola en uno de los salones, es decir que la sorprend� sola,  �entiendes lo que te quiero decir?, estaban sus tres achichincles, desde luego, pero ella estaba sola, sola, desprotegida, hu�rfana, ella y los poemas, ella y el t�nel del �leo. �Te dije hermano que yo ya era solitario sin excesos? Bueno, me puse atr�s de esa soledad que daba fr�o, atr�s pero encima, pero dentro, �maldita sea, para que sirven las palabras!, las palabras son como el viento. Bueno, me puse atr�s de su nuca, en posici�n de orar al dios de su nuca, a que me escuchara aquel m�sculo
porfiado y en actitud de firmes, les ped� a Yahv�, a Ot�m, a Pachac�mac, a Jes�s, a San Antonio, una brizna de solidaridad y de energ�a para que alargue las manos de mi cerebro en actitud de s�plica; y el milagro se dio,
ella regres� su mirada llena de colores t�tricos y se top� de golpe con la felicidad de mi edad. Ponete las pilas para que captes. Lo que te cuento tiene mucho que ver con la cerveza y con aquello que en ese tiempo se llamaba tenacidad. As� se acerc� ella a m� en ese momento, obsesionada por la fulguraci�n de mi amor, p�lida te puedo decir si la palidez tiene el color de la magnolia, como dice el bolero; se acerc� p�lida, se acerc� l�vida y t�mida y bes� mi mejilla pecosa al tiempo en que dec�a, casi avergonzada de su desasosiego: "el sue�o es la mayor conquista del arte moderno".

"No", le dije yo, mientras viajaba por el oro de su experiencia, "el arte moderno es la pesadilla".
-�Qu� m�s quieres que te cuente? El resto es siempre el resto. La magia es el principio, el resto es el final. Lo que sucede es que con ella siempre fue el principio. Ya luego empec� a conocer sus cadenas, los �compas� de los a�os setenta, la algarab�a guerrillera que alguna vez vivi� y que la dej� desarticulada como la plastilina, sin �nimo de enfrentar este riqu�simo tiempo del vac�o.

De all� fu�monos (te lo digo con esa palabreja para aclararte la velocidad) fu�monos hacia el parque Naciones Unidas cerca de Amatitl�n, solos, por primera vez, solos, a recoger sus pasos,a recoger su edad. La noche era muy noche esa noche.

A veces me parec�a que era como la timidez de mi alma, es decir una noche con espasmos, una noche que por momentos se blanqueaba, chispeaba, con sus palabras.  Hablaba mucho, atropelladamente, me recriminaba mi tiempo en el que se  hab�an perdido las rosas, y la sensualidad, y las palabras bellas, y las
utop�as. "Qu� son ustedes", me dec�a, con el af�n de meter en un saco mi
juventud, "generaci�n ambigua, ir�nica, desvalorizada; ustedes alimentan la vaciedad, son 'monjes' del vac�o, eso es lo que son, viven al d�a porque el pensamiento no les alcanza para vivir o si se requiere morir por el otro. �Crees que no te he mirado, crees que no he mirado tus tristes poses de estar m�s all�", y lo dec�a poniendo �nfasis en ese "m�s all�" que lo tiraba m�s lejos "ustedes han llegado al momento de la nada intelectual", ("�no has le�do a Sartre?", me preguntaba  mientras yo desfallec�a en el ojo de su cintura) "ustedes tienen una especie de humorismo tr�gico de la vida, y est� centrado solamente en la emoci�n, en el estado de �nimo, en la iron�a, sin conciencia moral ni pol�tica. A nosotros nos asombraba todo, �bamos de asombro en asombro, de descubrimiento en descubrimiento, de b�squeda en b�squeda. �As�mbrense de vivir babosos!"

"De vivir a la orilla de un r�o pestilente", dije yo, "un r�o de palabras gastadas, de actitudes gastadas". Pero s�lo lo dije por parecer duro, por alimentar  su palabra. Desde luego prefer�a que ella hablara, que me desnudara de todo conocimiento, de toda reflexi�n. Te digo sinceramente, casi no me importaba lo que ella pensara. Ella no cre�a mucho en lo que dec�a, o en el mejor de los casos, estaba d�ndole de comer a su culpa. Pero qu� me importaba su culpa mientras ten�a a mi lado esos ojos pasionales.

Juventud. Yo ya sab�a todo de las injusticias, de las lecturas, de los hongos, dela pintura, de la mariguana que se hab�a consumido en homenaje al hombre nuevo, inclusive ya la hab�a entrevisto en sue�os a ella (�s� te he dicho que yo primero sue�o y despu�s vivo?), vestida de negro o con alg�n estropajo hind�, sandalias, un collar de coral y pepitas doradas y su shigra repleta de piedritas de cuarzo, de �mbar (te acord�s de Tanal�n que as� vino una vez a Coatepeque), y de un Sartre subrayad�simo y manchadas sus p�ginas con el amarillento y circular alcohol de la vida, subiendo agitada, bullente, plet�rica quiz�, con una alegr�a comunitaria, una alegr�a de socialista, porque un poco era eso lo que hac�an, socialista para arreglar la cabeza, para arreglar el mundo, para desarreglar el orden.

Si, yo la miraba subir, en el sue�o, con su rostro triangular que ya pronosticaba abatimiento, y mientras ahora me hablaba como de una gran lejan�a, como si fuera su eco y no ella, yo la ve�a subir, y subir, y subir, diez a�os antes, incansable, urgente, llena el coraz�n de carbones encendidos, y de los Beatles, Los Mitos y de Los Panchos, Javier Solis (Sombras) sin pensar ni por un momento en la ceniza que iba quedando en el camino y que esa noche, precisamente, la est�bamos recogiendo para que ella calentara un poco su coraz�n.

Arrimada al mirador del lago, de espaldas, a m� y a la arboleda, beb�a la lata de cerveza, como los p�jaros, con breves sorbos, con un lev�simo sonido gutural, con una persistente, tenaz saudade (dicen que no hay traducci�n para esa palabreja pero cont�ntate con saber que se trata de una bola de melancol�a que se te atraganta en la memoria) mientras yo medirig�a al carro y pon�a en su honor aquel boler�simo recuperado por Luis Miguel: "usted es la culpable de todas mis angustias." S�, de todas mis angustias hijo, menos de esa, menos de la angustia de estar a su lado y beber el tiempo de su cuerpo, porque esa no era angustia, sino algo como el
salto en paraca�das. Ha de ser algo as� porque su cuerpo era un abismo en el que yo iba cayendo poco a poco, un abismo de sortilegios y de hechicer�as que me iban llevando en el aire hasta la cima de esa �poca, que por ella, hubiera querido vivirla en carne propia.

A la tercera cerveza, me dijo con desparpajo que ya se orinaba. Por all� hab�a una caseta que alguna vez sirvi� para esos menesteres pero que ahora yac�a cuarteada, vac�a, sin la alegr�a del desag�e del retrete; para all� se
dirigi� acompa�ada del pozo de su melancol�a. Su estela me empujaba con la fuerza del hurac�n, pero claro, no la segu�; esper� que regresara y con su permiso me vol� al mismo sitio. Su olor todav�a estaba all�, m�s penetrante a�n, m�s tirano, y all� estaba la hierba humedecida por su urgencia, me inclin� entonces y recog� con unci�n una hojita sobre la que hab�a orinado, hasta ahora la tengo guardada entre las p�ginas de Don Quijote, Libro Grande que alg�n d�a me regal� para que supiera qui�n era yo y a d�nde iba. De vez en cuando la saco para olerla, s�, la hojita, a�n conserva ese singular olor a su pubis, que era como de t� pero un poquito m�s salobre. Si, de t�, no s� hermano, no s�, nunca he probado la infusi�n de canabis, �un poco amoniacal?, no es eso lo que quiero decir, mientras yo me esfuerzo por encantar t� te esfuerzas por descifrar. Claro, era m�s joven que yo.
"Est�s preciosa", le dije mientras miraba embobado su perfil n�tido, negro, recortado en la turbulenta lila de esa noche. "Pareces una mujer salvaje".

"T� est�s loco", me dijo maternalmente, acariciando mi rostro con el dorso de su mano fr�a, "pero tu locura es demasiado normal".   Bueno, en vista de que mi inocencia me tornaba impune, le rogu� que fu�ramos para mi cuarto, "all� tengo unas reliquias musicales", le dije sin �nimo de ofenderla, o no s�, "all� duermen entreverados Lucho Gatica y Los Credence,Mar�a Luisa Land�n y Tina Turner, Elvis Presley y Daniel Santos, Leo Marini y Nat King Cole. Y claro, Julio, siempre Julio". �Iglesias? �Que Iglesias! no seas tarado, Julio Jaramillo. "Vamos", me dijo, hiri�ndome en alguna parte por su falta de resistencia.

-�Ped� m�s cerveza hermano!, si quieres que te eche el resto. Aunque elresto ya lo sab�s.
Bueno, la primera noche me port� como un �primerizo�. Si te cuento lo quepas� no me creer�s, pero ah� te va. La primera noche llor� por su belleza.  Cuando la mir� desnuda me ech� a llorar como un exilado, era tan conmovedora, tan desgarrante su desnudez, apenas quedaba bajo el sol pecosode su hombro el corpi�o de encaje negro, la vacuna, para qu� decirte m�s. De puro desprotegido me afianc� a sus pechos l�nguidos, no, no era nostalgia, �qu� Edipo!, nada de Edipo, era solamente miedo, miedo a la maravilla.

Besaba sus pechos y ella agrandaba los ojos, yo sent�a que por aquellos ojosentraba mi edad, toda la nostalgia que ella sent�a de mi edad. De todas maneras fue un fracaso. Casi siempre la primera vez es un fracaso, no, no es
disculpa, lo que pasa es que los cuerpos no se ensamblan, no se constituyen, se miran extra�os, como animales.
Luego, varios d�as despu�s, el aleteo y el quejido fueron uno s�lo, pero aquella noche yo sent�a, no s� por qu�, que hac�amos el amor junto a una gran multitud, quiz�s era a causa de sus recuerdos, que entraban en bandada en el cuarto, se apoderaban de mi lengua, de mis manos, de mis ansias, yhasta sent�a que me quer�an echar de la cama como a un indeseable.

Cuando dimos fin a ese simulacro, ella se puso muy triste y empez� a llorar, llora que llora, con un llanto lastimero, monocorde, como la sirena del beneficio Beyeler.  El silencio era un pozo lleno de obscuridad. Al amanecer se visti� y se fu�.  Me puse entonces a recoger su inteligencia olvidada en mi cuerpo, con la esperanza de cotidianizarla, de darle un sentido m�s sencillo, menos agitado, pero nada, porque a partir de aquella noche empec� a amarla como un
autista, como una caballo manso que la segu�a a todas partes, que hac�a todas las cosas por ella, para ella, no quer�a que ella hiciera nada dom�stico, nada prosaico, nada humano en definitiva, le tra�a agua pura de un pozo
sagrado, le preparaba infusiones de hierbas para sus malestares, le calentaba los pies frot�ndolos con mis labios, coleccionaba bromas para sus horas de espanto, le compraba frutas ex�ticas para perfumar su piel, n�spero, pomarosa, mandarina,icacos, contrataba payasos para su soledad, en fin, yo estaba en el mundo para servirle, para que su coraz�n no sufriera la trivialidad, ni la estupidez, ni la maldad circundante.

No estar a su lado me fraccionaba. Alguna escena de teatro, un libro, una canci�n, una pel�cula que ella no pod�a compartir conmigo, me dejaba triste,disminuido, paral�tico, �mierda!, puede que yo exagere como una mala madre , pero qu� quieres, va media docena, y este momento todo tiene su sombra, hasta el color de la cerveza me recuerda las mariposas de su risa.  Me resultaba un martirio, una tortura no estar a su lado, yo, imag�nate, que
siempre me retiraba de las patojas para poder extra�arlas, para poder quererlas un poquito.

Casi siempre amanec�a a su lado porque ella me concedi� la gracia de dormir en su casa los d�as lunes, mi�rcoles y viernes, que no eran d�as de mal presagio. Pero aquellos amaneceres en los que despertaba solo en mi cuarto,
poco a poco iba tomando conciencia de eso que los ciudadanos llaman realidad; me encomendaba a ella como a una diosa, para que ayudara en ese nuevo d�a a soportar la presencia de los militares, los deberes de la U, el
olor de los curas, las �puteadas� de mi padre. Entonces me levantaba y ten�a apenas �nimo para llegar a la ducha y so�ar en el agua su cuerpo l�quido.

No te r�as cabr�n, no ten�a nada de c�mico, yo estaba llegando a la locura de la sensibler�a, como la de los tr�os de m�sica rom�ntica. Imag�nate que un d�a por tel�fono me dijo con su voz de felpa "estoy pensando en t�" y yo qued� tan triste y desolado como un trapeador, porque eso significaba que hab�a momentos en que no lo hac�a, en que no me pensaba, entonces yo, �est�pidoalfe�ique!, �por qu� no pod�a sacarla de mi maldita cabeza ni por un
instante?
.
Por aquel tiempo yo deletreaba la poes�a, s�, nunca pas� de all�, pero �qui�n a los veintid�s a�os no ha ordenado en columna sus vulgaridades y sus quejumbres!, deletreaba la poes�a y la atormentaba diariamente con mis
poemas y mis flores que ella se las llevaba a sus labios con un gesto que en alguna parte era japon�s. A prop�sito de japon�s, por ese tiempo apareci� el alem�n, un antrop�logo que hab�a alquilado un cuarto en donde ella viv�a. La primera vez que lo v� conversando con ella, el coraz�n se me fue al piso, era bien parecido el cabr�n, guapo como un retablo, como un dios,como el rostro de Marlon Brando al momento en que muere en "Los dioses vencidos", �viste esa pel�cula?, �qu� va!, vos no has pasado de las pel�culas mexicanas   hermanito.

Bueno, te digo que era parecido el grencho  y a m� su imagen junto a la de ella  me hizo trizas, me desbarat� m�s bien dicho porque era como si alguien hubiera puesto en el rostro de Miriam el aura que le faltaba,y luego, m�s tarde, la atorment� sistem�ticamente con mis celos absurdos, sin    que ella diera la menor importancia al hecho, con su carita llena de amor,con sus labios h�medos que se prodigaban en reconocer todo mi cuerpo, un cuerpo joven que todas las noches estaba inventando, para ella, inventando tanto que alguna vez me dijo: "lo que m�s amo de tu cuerpo es la perversi�n,es una perversi�n que no te concierne, como la de los ni�os", pero yo siempre a la espectativa de sus gestos, a la caza de algo que me descifrara su malquerer, algo que no pod�a definirlo ni siquiera en las n�tidas noches largas, insomnes, en las que me pasaba como si fuera un amanuense de sus m�nimas palabras, de sus actitudes, de su mirada desmayada en otros carretes.

Nunca hab�a tenido cerca de m� un rostro que cambiara de expresi�ncon tanta rapidez, de repente era la perplejidad, la estupidez, la tristeza,muy poco, pero muy poco la alegr�a. Su rostro era Tauro, �est� claro?  Muchas veces ella mortificaba mi amor habl�ndome y habl�ndome de cosas pasadas, mientras la miraba ya desnuda, abierta como una amapola, sentada sobre mi pecho y yo sin poder contener la vulgaridad de mis manos, de mi lengua que quer�a paladear la miel salada de sus muslos, porque yo no necesitaba escucharla sino beberla, saborearla, catarla, entonces frente a mis ansias se paraba en seco y me miraba con ojos extraviados, lejanos,fr�os. �Qu� pasa?, le preguntaba yo con la verg�enza que se siente frente a la propia desnudez analizada, y ella me respond�a, "no pasa nada, la edad es
lo que pasa", y se pon�a a hablarme de sus malditos a�os sesenta, de no s� qu� guerrilla y no se qu� monta�as. "Recuerdo", me dec�a, "recuerdo aquellos a�os, cuando todav�a nos am�bamos los unos a los otros, t� en el T�cnico y yo en el Sagrado Coraz�n y nos respet�bamos, y la inteligencia era como un vino macerado que se repart�a una y otra vez".

Pero me lo dec�a de una manera tan lejana, tan vaga, como si fuera una referencia al paleol�tico. De estas sesiones yo sal�a aburrido como un esquimal porque luego ella saltaba de la cama sin consideraci�n alguna a mi
hombr�a, y se pon�a a sacar de sus cofres aquellos recuerdos conservados con naftalina, fotograf�as amarillentas de cuando era reina del colegio, presidenta del curso, abanderada, campeona de oratoria, hijita de mam�, sus quince a�os, sus dieciocho en el sal�n del Colegio abrazada de las amigas, y las revistas Bohemias y Lana Turner y Ava Garner y Rock Hudson, �sab�as hermano que era maric�n?, y James Dean y Julieta Greco y se pon�a a recitar pinches poemas de C�sar D�vila, de Vallejo y de un izquierdoso que no recuerdo el nombre.

-No s� por qu� ahora estamos bebiendo, mi recuerdo de ella se parece a la viudez, pero no es para tanto hermano, no te pongas amargo, pareces mexicano, esp�rate un momento, ya vengo, voy al ba�o, siempre que me pongo muy bolo siento ganas de vomitar...

Bueno, te sigo palabreando. Una noche so�� que ella me hablaba en otros idiomas, �te das cuenta?, me hablaba en otros idiomas, �por qu� so�� que me hablaba en otros idiomas? No lo s�, ya no me importa, pero pesado y amargo y borracho como estaba, los huracanes de la liviandad me permitieronpermanecer despierto y angustiado hasta el d�a siguiente en que me levant� y fui a su casa mordido por perros imprevistos. Golpe� su puerta, su adorada
puerta de madera vieja que yo hab�a claveteado con rigor para que no le entrara fr�o. Ella la entreabri� con el desasosiego triste de la complicidad, su rostro estaba lleno de pesadumbre (d�jame decir pesadumbre para que mi dolor sea menor), pero no, �qu� va!, era cansancio, agotamiento,a t� no te puedo mentir, a nadie puedo mentir.

Servite la �ltima cerveza, hermano, ya van a cerrar, pero lo que viene merece la �ltima bielita, bien, no es nada, no pas� nada, m�s bien dicho lo que pas� es nada. Solamente que al trasluz, en el intersticio que dejaba su
pelo desordenado, pude divisar n�tidamente la figura dorada y desnuda del alem�n. Imag�nate esto: sus ojos espantados mir�ndome, y atr�s, alumbrando la cama, el sol del alem�n. A partir de all� se fug� de mi vida.

El v�mito me alcanz� en el patio empedrado de la casa. De mis entra�as empez� a salir una masa negra y pesada, como de sangre coagulada y me vino a la cabeza aquella imagen o palabra que vi o le� en alguna pel�cula o libro. El
venado cuando se ve perdido se deja morir. No lucha. Le estalla el coraz�n.

S�lo eso. Le estalla el coraz�n.
-Eso me habr�a pasado a mi, si en la esquina no me encuentro con vos �flaco� que tra�as mi malet�n de f�tbol en la mano. "Te he estado buscando por todas partes",- me dijistes- "ahora es la final del campeonato y tu mam� me sugiri� que te buscar� donde ella".

Fue el d�a en que ganamos cinco a cero al equipo de Guajitos.
Ese d�a el Flaco hizo cuatro goles, lo fuimos a celebrar y all� empez� este rollo.

Coatepeque Febrero de 2002.
Saudade
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RODRIGO
PEREZ N.


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