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APECA

RODRIGO PEREZ N

HISTORIA
Mi Coatepeque
Con permiso del Alcalde
A qui�n le dicen don Polo
Este humilde pregonero
Con la amistad de mi pueblo
viene a anunciarles las fiestas
como un modesto escribano
que se dispone a cantar,
verso a verso, sus bellezas
En la tierra de Mathamba
Vivo y muerto recordado
No me llega el alma al verbo
porque  su esp�ritu palpo.
Coatepeque luz y sombra,
siendo viejo por sus a�os,
es pueblo de coraz�n
en este entorno golpeado
Que si les duele a los chivos
porque nombres no profano,
es ya de los coatepecanos
por derecho ciudadano.
Y para so�ar despierto
al cabo de este verano
han  paseado en nuestras calles,
algunos �mal invitados�
Coatepeque de  a�eja historia
historia de brazos bravos,
historia de sufrimientos,
de dolor y de fracasos,
de sue�os y de victorias,
de vidas, de camposantos,
de alboreadas y noches,
de hermanos y de hermanastros.
Porque no dicen los libros,
ni los poetas cantaron,
la aut�ntica historia nuestra
la de la lucha sin gloria
lucha ce�ida a la tierra,
coraz�n sobre el arado,
simiente de mil simientes
entre los surcos pre�ados.
Cu�nto amor sobre �tu pueblo�
padre m�o derramaste
cu�nto sudor de llanura,
golpe a golpe, arrastraste
cu�nta amargura en las manos,
cu�ntos siglos resistiendo
que el fruto de tu trabajo
algunos lo est�n gozando
Engordaste los bolsillos
de poderosos villanos
mientras vos  sobreviv�as
por treinta tristes denarios.
Coatepeque incomprendida
la que en sus d�as de feria
reza y canta por costumbre
costumbre de nuestros viejos
Qu� m�s da, s� la que eres
La de los viejos recuerdos
que llaman a la hermandad
del pueblo m�s hermanado
Amigos coatepecanos
de familias de renombre
no destruyas sin razones
los baluartes heredados.
Coatepeque, s� la que eres,
desconf�a de los �malos�
de nobles y nuevos due�os
de d�lares ya manchados
Coatepeque, que no te lleven
Al para�so inventado
tendr�s que romper cadenas,
pues no hay destinos marcados.
Ni patricios, ni plebeyos,
ni se�ores ni lacayos,
t� eres tu mejor fuerza,
tu credencial: tu trabajo.
Yo no s� si nuestro noble
el bien llamado �Gran moyas�
escribi� sobre estas tierras
la historia de tu tesoro
ni si se quedo prendado
en la magia impresionante
de este lugar encantado
tierra de paz y cultura
S�lo s�, y lo grito fuerte,
a voz repleta proclamo,
que es imposible entender,
aun sin estudios ni c�lculos,
que sobre esta tierra enorme,
que bajo este cielo calmo
no se hubiese enamorado
mi padre con tanto anhelo.
Mas, en espacio de fiestas,
un pregonero preciso
debe levantar su copa
por la risa, el vocer�o.
Y tiene que desear paz,
que arrojen penas al aire
que demos tregua a las rencillas,
que la palabra �enemigo�
no baile entre nuestros bailes,
que corra sin pena el vino
que brille cierto el amor,
que juguemos como ni�os
en estos extra�os tiempos
de barbarie y desatino
en que el hombre ciego y solo
devasta lo colectivo.
Que en este postrero Marzo
esto sea un torbellino
donde se comparte todo
sin atisbo de ego�smo.
De una vez y todos juntos,
sin m�s se�as ni distingos,
abramos el rinc�n del alma
sin pudores ni escondrijos.
No olvidemos nunca m�s
Que  respetando al vecino
se puede so�ar en paz,
se pueden hacer castillos
en el aire o en la calle
sin rubores clandestinos,
coraz�n a flor de boca
como un exacto domingo.
podemos estar orgullosos,
coatepecanos amigos
de al menos durante d�as,
haber roto el desabrigo.
A todos va mi preg�n,
para todos mi consejo,
j�venes y menos j�venes,
pues todos somos hermanos
Y a los que un d�a nos fuimos
a sitios que no eran nuestros
atravesando caminos
ignotos, duros e inciertos,
a los que en noche de luna
hemos so�ado mil veces
con la canci�n del regreso,
de dormir en las ra�ces
donde alumbraste el sue�o
a ustedes  argonautas,
los valerosos guerreros,
tambi�n pregono estas fiestas,
si cabe, con m�s deseo.
Y tambi�n a nuestros hijos,
reto�os dulces y frescos
que han mascado de sus padres
remembranzas de su pueblo
que mantienen en la sangre
como perenne recuerdo
de lo que pudo haber sido
y no fue, por cobard�a
no arranca un recuerdo intenso
para los que ya se han ido,
para los que no son tierra,
sino vuelo compartido,
para los que ayer estaban
compartiendo nuestro nido
y hoy son memoria amorosa,
protectores infinitos.
Me ir� de este paraiso
pero volver� dispuesto
cuando sienta que estoy fr�o,
cuando me falte el aliento,
cuando necesite manos
para estrechar mi dolor,
cuando la amistad me falte,
cuando se me ponga el sol.
Cuando me ahogue la prisa,
cuando llegue el desamor,
cuando una nube me nuble
regresar� a este rumor.
Vendr� tranquilo y seguro
de encontrarme con fruici�n
puertas abiertas y francas
para apagar mi dolor.
Y seguro que vendr�
recorriendo los caminos
sabiendo que en esta tierra,
donde la historia se palpa,
habr� unas almas amigas
que entienden de buena gana
que no hay pueblo m�s hermoso
� Coatepeque de mis recuerdos
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