| Desde la banca del parque... |
| Muchos de los que me leen piensan que soy un hombre raro, esc�ptico, peque�o dios. |
| No. Soy un hombre com�n como cualquiera. Me piden que lea La Palabra en la Iglesia Porto c�dula de vecindad. Como. Defeco. Doy mi voto en tiempo de elecciones. No crean que me la paso s�lo escribiendo. No. Tengo mujer e hijos. Tengo empleo y me han afiliado al Seguro Social. Para que. No se. Soy como ustedes, un ser corriente. Juego. Fumo. Me gustan las muchachas en minifalda. Hay deudas y anhelo sacarme el gordo de la Santa Luc�a, sin comprar un billete. Ahora bien, lo que pasa es que ciertas cosas penetran en mis venas y circulan. Hacen que mi barba crezca blanca. Que mis ojos lloren por los ciegos. Y si duermo, sue�o que hay mucho amor en el mundo. Si leo los peri�dicos me duele saber que han hallado el cad�ver de Gerardi en el atrio de la iglesia o que anoche hubo recogida de putas o que en la madrugada alguien se desangr� frente al Hospital Nacional. Y resulta que ya no duermo bien. Y la digesti�n comienza a fallarme. Sucede que un poeta desapareci� en mi tierra. Los gringos matan civiles con gas nervioso. Bill Gate cada minuto es m�s rico. La guerra en Oriente no termina. Ch�vez mata patriotas en Venezuela. Y vuelvo al Prozac Y el Prozac no me hace dormir. Esta, la peque�a diferencia. La peque�a |
| Pero soy ciudadano corriente. Buen marido, buen padre de familia. Hasta voy a misa. Ah, tambi�n toso y tengo algo de viejo verde. Rodrigo P�rez Nieves |