ESTAMPAS DE MI PUEBLO
NARCISO ANGULO ZEPEDA
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HOSPITAL REGIONAL

ALBUM
  
1993

  
1997

  
2001

   
2004
Cuando la Semana Santa se acercaba, toda la patojada nos pero ocup�bamos de conseguir cera.- cera de abeja- mejor si es mesha, porque esa es pegajosa y da suerte en el juego.

Nos reun�amos alrededor de la fuente del parque y el circulo de cuatro o seis compa�eros, jug�bamos "tipachas", un bodoque de cera que era con las manos y saliva d�bamos su forma respectiva, jug�bamos al centavo o a la cruz, el prop�sito era ganar y entre m�s cera se reun�a mayor era el gusto que nos embargaba.
De repente cuando el juego estaba interesante, - Zas, Tusha, pan para Judas- el patojo mas atrevido aprovechaba un descuido y con la rapidez que es caracter�stica, roba las tipachas puestas para el tiro y sale disparado, en este caso la victima no sabe que hacer - salir detr�s de ladr�n para recuperar lo perdido o quedarse a continuar jugando se queda, �nicamente enarbola en brazo diciendo improperios - la tusha y pan para Judas - es parte del juego.
Para la semana santa, era costumbre entre las familias obsequiar pan el d�a mi�rcoles santo, recuerdo la Familia Alvarado, Do�a Cleotilte de Elorza, los compadres, los ahijados, con el cari�o reflejado en el rostro, llevaban en pulcras mantas y canasta de mimbre el pan dulce de huevo relleno de pasas y almendras, art�sticamente adornado... y la familia en respuesta entregaba con agradecimiento y afecto: Chocolate y dulce de garbanzo.  Era una vida sencilla, vista a trav�s de un ni�o de diez a�os de edad.
El jueves y viernes santo, no un�a la tradici�n, callados y solemnes de la mano de la madre, acompa��bamos nuestros mayores transmit�an por medio de las palabras y con su ejemplo, el respeto y amor que se debe tener a Dios por medio de su hijo Jes�s:-Clavado en una cruz escarnecida.-
Los s�bados de gloria, temprano, los adolescentes de com�n acuerdo, camin�bamos al R�o Naranjo, llevando con todo cuidado el pollo frito, los frijoles volteados, las tortillas, los huevos duros y por que no, el agua amarga para quitar el fri� y para aumentar la alegr�a.  En aquel entonces no se hab�a ocurrido poner el sal�n de baila y las champas para la venta de cervezas y comida al cliente.
En el r�o, a pesar de que hay muchas piedras, cada quien se las ingeniaba para hacer su lugar de descanso donde ponerse la calzoneta, donde recalentar la comida, donde ponerse a escuchar la charla de los amigos.  Ese d�a el R�o Naranjo se llenaba de gente, todos conocidos.
Los s�bados de gloria en el R�o Naranjo dejaron gratos recuerdos y en especial aquellos enamorados que de la mano recorr�an, esquivando las piedras, el �rea del balneario, aplaudiendo a veces la ocurrencia de alg�n muchacho o sonriendo a la broma del vecino.
Dec�an que el ri� Naranjo para el s�bado de gloria -era el balneario de los pobres- Los que no ten�amos medios prefer�amos las piedras, arenas y agujas del r�o a cambio de las playas de Ocos y la bell�sima Tilapa.
El agua del Naranja es fr�a, para la �poca de Semana Santa ya se ha desprendido varios aguaceros y por eso la correntada del r�o a veces resultaba peligrosa.

Era una felicidad hundirse en el agua e intr�pidos echar apuestas para cruzar el r�o, lo malo en este asunto de pasar el s�bado de gloria en el r�o Naranjo, era el camino de regreso a la casa.
Despu�s de estar en convivencia con los amigos, tres o cuatro horas, daba tristeza la separaci�n, volver�amos a vernos dentro de un a�o- tiempo durante el cual podr�an suceder muchas cosas-
Dije que solo hab�an dos escuelas nacionales y all� empezamos a f�rmanos, a instruirnos bajo la direcci�n del maestro Don Oscar de Le�n Palacios, recuerdo, la escuela de varones estaba construida de bases de cemento y paredes de madera, piso de cemento, rustico amueblado y patios de tierra.

La construcci�n tenia forma de "L" as� se contemplaba desde la esquina de la casa de la Familia V�squez Calder�n...
Mis queridos maestros: La se�o Chony, la se�o Mary, la esposa de uno de los Bachilleres, La se�o Amanda, Don Jaime, Don Ra�l, Don Polito, Don Oswaldo y el maestro de ingl�s, hombre alto y fornido, todos ellos forjadores de mentes y esp�ritus, toda la vida entregando conocimiento a cambio de un salario que apenas les alcanzaba para cubrir sus necesidades...
En el v�rtice de la "L" quedaba la direcci�n y el Director era quien impart�a el sexto grado en el interior de la escuela, frente a las aulas hab�a un �rbol de Sunza y un espacio de tierra que nos servia para hacer educaci�n f�sica y all� los grados cuarto, quinto y sexto, form�bamos pir�mides humanos de 2 y 3 niveles y a los mas livianos los ech�bamos arriba para rematar el ejercicio - nunca hubo de lamentar doblones o quebraduras--
En el fondo de la escuela, apuntando hacia la residencia de la familia Gamboa, exist�a el predio engarmado donde, en los recreos jug�bamos f�tbol-descalzos, enzapatados, con camisa quitada, grado contra grado, ansiosos de demostrar quien era el mejor.

Corr�amos, salt�bamos, grit�bamos, persiguiendo la pelota de hule que Don Ovidio - el capero- la hab�a revestido de tres capas para que pesara y aguantara los puntapi�s, de todo el enjambre de patojos que compon�an el partido de veinticuatro o treinta g�iros, desaforados, bufando hasta las orejas....el encuentro terminaba hasta cuando la campana tocaba para volver a entrar a la clase.
Cuando el presidente General Don Jorge Ubico hacia su recorrido por nuestro pa�s, nosotros los alumnos deb�amos presentarnos uniformados, en aquel entonces utiliz�bamos los colores azul y blanco y para protegernos del sol us�bamos sombreros de palma retocados con pintura de aceite, a las ocho de la ma�ana sal�amos de la escuela rumbo a la calle principal de mi Coatepeque querido, se supon�a que el se�or presidente vendr�a de San Marcos, por eso, contentos expectantes hac�amos fila arrancando de la casa de Los Minches, pasando por el "Gato Negro", Almac�n "Buenos Aires", llegando el cord�n humano hasta el Almac�n de Don Paco Paz.
Frente a nosotros, bien alineadas las siempre guapas, gotitas de agua, estrellas ma�aneras: la ni�as de la escuela vecina, esperando tambi�n la pasada del se�or presidente....Transcurr�an dos o tres horas y a pesar de los vah�dos, nos manten�amos en el lugar asignado, echando miradas y sonrisas a la ni�a, due�a de nuestro coraz�n, que se encontraba al otro lado de la calle.

Cuando se es g�iro, tiene uno amores ocultos en silencio se ama a la ni�a estudiante, ella lo sabe y corresponde a las sonrisas...pero era dif�cil explicar nuestros sentimientos, hasta que llegaba la clausura y lo pensado se dilu�a en nada.  Al siguiente a�o a volver a construir el castillo de las nuevas ilusiones... Tal vez este a�o se realicen mis sue�os, es posible que me anime a confesarle mi cari�o.
ESTAMPAS DE MI PUEBLO
NARCISO ANGULO ZEPEDA
PUBLICADO REVISTA MI COATEPEQUE
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