| ESTAMPAS DE MI PUEBLO Dedicatoria: A mi padre: Amador Angulo S�nchez, hasta Los �ngeles, California |
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| INDICE ESTAMPAS DE MI PUEBLO APECA HISTORIA RODRIGO PEREZ NIEVES |
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| 10 QUETZALES POR UN CUENTO Narciso Angulo Zolugna Osicran, hab�a manifestado que por cada cuento in�dito que le contaran pagar�a la cantidad de diez quetzales, con la condici�n, adem�s que llenara las perspectivas del g�nero. La noticia corri� entre los amigos y salto entre los habitantes de Mi Coatepeque querido. EI primera que llego, fue un anciano que se supo que viv�a en el Barrio San Francisco, sin mayores pre�mbulo de inmediato empez� a decir: -A finales de octubre de 1,952, azoto por la noche los cuatro puntas cardinales de la ciudad un fuerte aguacero que tra�a de compa��a vientos huracanados que corr�an de a 20 a 30 kil�metros por al hora, adem�s rel�mpagos y truenos que correteaban desbocados por la b�veda, oscura�.., los carteles anunciaban las tiendas y talleres de la vecindad de la casa se mov�an alocados produciendo ruidos pertinentes, necios.. Con la puerta de la calle entreabierta dice el anciano. Observaba la calle que sub�a al centro de la ciudad y que se perd�a entre la oscuridad. La tempestad con sus rel�mpagos moment�neamente alumbraba la calle, esta se presentaba con torrentadas de agua que se deslizaban entre hoyos y zanjas dejando a su paso grandes lodazales... a lo lejos escuchaba que los perros aullaban, talvez eran las tres de la ma�ana, a esa : hora la energ�a el�ctrica, por desperfectos, se encontraba durmiendo junto con su propietario... el ambiente era t�trico, hab�a demasiada humedad, sent�a fr�o y un poco de temor. Recuerdo, continua el viejecito, que viv�a cuatro cuadras de la estaci�n de los ferrocarriles, _ apuntando por donde a ahora viven los P�rez, los L�pez, los Alfaro y en el cant�n "San Francisco� estaba solo, abr� la puerta y me propuse subir al centro de la ciudad para saber como la estaba pasando mi compadre que casualmente, se encontraba enfermo de gravedad. La lluvia era cada vez mas fuerte y los truenos gritaban desaforadamente. La calle era de tierra y cuando llov�a se ponla lodosa, resbaladiza por la que abundaban los hoyos con agua sucia. Sal� y para evitar mojarme fui escamoteando el cuerpo debajo de los pocos aleros que me ofrec�a las viviendas caminaba protegi�ndome con la capa oscura, el cuello levantado hasta las orejas y mi sombrero negro de ala ancha, poco a poco tratando de evitar ca�das. Frente al lavadero municipal del cant�n I "San Francisco�, Ud. sabe, me dec�a el anciano, existen una hilera de cuartos que son ocupados par gente sencilla. Esa noche rebasa la ( bocacalle y salta para coger espacio debajo del alero de aquellas viviendas, no hab�a acera.. mi cuerpo iba pegado a la pared de madera y sent�a en mi piel las tablas y reglas, era una sombra adherida a la pared evitando la lluvia. Casi llegando al centro de los cuartos, me detuve a pensar, -valdr� la pena subir a ver a mi compadre, dudaba de mi acci�n, cavilaba, y as� entre sigo y regreso... sent� de pronto, casi me roza el brazo, que de uno de los - cuartos sal�a una mujer... presurosa busco acomodo en la calle y se puso hacer su necesidad, -grotesca figura-, dicen que .la ocasi�n la pintan calva y sin atender posibles consecuencias grite fuerte y profunda: la pobre mujer, posiblemente en mejor de su orinada pego tremendo brinco y con la velocidad que da el susto se meti� gritando al cuarto��Antes que otra cosa ocurriera, sal� corriendo rumbo a la estaci�n del tren muriendo me de la risa y el viejecito volvi� a re�rse recordando y finalizo el cuento. Zolugna Osicr�n, no dijo nada pero el asunto le supo a broma pesada y no a cuento, no obstante, entrego los diez quetzales al anciano, cuando el viejo extendi� la mano para recibir el billete se perfilo a trav�s de la luz de una bombilla de 50 W. Y se le vio tal como era: chiquito, sombrerudo, levando atado a la mu�eca de la mano izquierda una trenza de pelo... mas bien parec�a cerda de la cola de una bestia salio corriendo dejando un halito de misterio en la habitaci6n. Zolugna, presuroso cerr� la puerta y se fue a dormir. . REVISTA MI COATEPEQUE No. 19 30 Nov 1992 al 31 Enero 1993 P�g. 39 |
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