| WALTER ROLANDO MINCHEZ LOPEZ |
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| Naci� en Pajapita, San Marcos, el 24 de Mayo de 1959. Hijo de H�ctor C. Minchez Monterroso y Olga Marina L�pez de Minchez, vive en Coatepeque desde los 3 a�os de edad. Su inclinaci�n cultural la manifest� desde la escuela, recitando poemas, con los que gano algunos concursos. Fan�tico confeso por la lectura, su manifestaci�n como escritor la propicio la Revista Cultural Mi Coatepeque. Ha sido miembro de la junta municipal de B�squetbol, de la sub-filial de �rbitros y de la liga de veteranos de f�tbol. Cofundador de APECA. Sus Obras |
| EL PEREGRINO |
| EL PEREGRINO |
| Este poema est� dedicado a todos los coatepecanos y dem�s gente que se ha ido a los Estado Unidos o quienes est�n pensado irse. Dos a�os cumple hoy que sali� de su casa p�lido, lloroso, con el alma en los brazos, con la fe en su espalda y la ilusi�n correteando por su cuarto, su cama y su patio. Posiblemente a�n se recuerda, el d�a que no amaneci� al calor del caf�. Hace dos a�os el sol lo encontr� en el camino, y atr�s, muy atr�s, cada vez m�s peque�a quedaba su casa, su vida, y al doblar la esquina, donde tanteas veces fue punto de encuentro con ese par de peque�os que ya eran de escuela, se perdi� su casita en el paisaje folcl�rico del turismo de aquella regi�n. Meses y meses tard� su cabeza en labrar el motivo que lo empujara, a vagar por confines del mundo, tratando de hallar entre hierros y gentes un pan m�s suave que el pan de su tierra. Meses y meses su coraz�n tard� en desprenderse del cuarto infantil, las paredes de la cocina, para buscar cual sanguijuelas otras paredes, m�s grandes, fr�as y extra�as. Y luego meses y meses, lleg� la hora de decir hasta luego, �Hasta luego?!qu� va! Adi�s y el que el olvido no eche ra�ces. Adi�s.... Era de noche, los ni�os dorm�an, un beso en la frente, una larga mirada en lo que busca papeles con las direcciones, y ella.. Tan bella y tan joven un largo beso con sabor de esperanza. Dos a�os cumple hoy que sali� de su casa. Y lleg� al Ed�n Florecido Valdr� la pena recordar que atr�s, entre alambres y charcos, qued� tirada la ropa limpia? |
| Ser� acaso importante contar, que entre las ruedas de un carret�n quedaron jirones de su camisa y su dignidad? No vale la pena, no es importante, es tan s�lo el boleto que ha de pagar del tren sin destino de cosas humanas, y con un poco de suerte, lo lleve a la tierra que tanto se parece a aquello que Dios ofreci� en el desierto. Al llegar el tumulto de gente y concreto ilumin� sus pasos y sinti� que llegaba justo a tiempo, era el �nico que hacia falta. Empez� otra vida, y fue deshojando con dientes y u�as el aire de pueblo que a�n llevaba en la frente las risas, las charlas, la gente de otrora. Y su nombre tronc�se en met�lico n�mero ya m�s no fue padre, compa�ero, ni amigo tan s�lo ser� un par de brazos colgados en fila sobre el surco sin fin con los pies hundidos en la tierra anegada; que no se parece un poquito siquiera a la que Dios ofreci� en el desierto a un pueblo cansado. Y los soles le hallaron hurgando la tierra, cambiando sus sue�os, sudor y esperanzas, por papeles que envuelven el oro anhelado y la luna lo vio buscar el cielo, el lucero que en su pueblo sal�a y al que junto a sus hijos le ped�an deseos. M�s la luna no pudo ayudar a encontrarlo; limpiando zapatos, casas o calles, no deja tiempo de buscar al lucero. Los d�as se agolpan en preciso pasar, no hay cantos de gallo que anuncien el alba, ni charlas amenas al ponerse la tarde perdidos en tranv�as veloces, viajan las horas repartiendo miserables pedazos de oro y viajan las hora en trenes precisos apurando a los hombres a envejecer y hacinarlos en clubes y en olvido amoroso dejar que se apaguen con se�al programada. ...all� entre casa y barrios y campanas de escuela los ni�os le cuentan a quienes quieran o�rlos que pap� les mand� muchas cosas extra�as y dinero en paletas para cuentas de bancos y ropa, juguetes y joyas, y estuvo bueno que se haya ido pap�. |
| ESTAMPAS DE COATEPEQUE |
| ESTAMPAS DE COATEPEQUE |
| El sol de la ma�ana despierta al pueblo, bostezando el sue�o de quien duerme so�ando amanecer alg�n d�a sin tanta penuria, sin tanto decir: ma�ana quiz� ser� muestro d�a. M�s hoy, bosteza el sol, en las blancas paredes, encaladas que fueron cualquier navidad entibiando las tejas, sujetas con piedras. Amanecen los d�as de la gente del pueblo, y despierta la gente para volver a vivir, lo que apenas ayer dej� a la mitad, y de anteayer y tambi�n de ma�ana y pasado ma�ana; ....cuento que nunca habr� de acabar. El se�or con su cicle pitando su pan, viene de las Casas o quiz�s el Jard�n, las se�oras en bata, arrastrando chancletas y dormidas a�n, llenan sus platos del pan que madruga: hojaldras, batidas, franc�s y pirujos; y el se�or de la cicle hace cuentas de su venta y del tiempo que tiene para llegar a su casa, a dar pan a sus g�iros que esperan pacientes que termine su venta. Los martes y jueves, � s�bado y domingo las se�oras acuden a la cita perenne con el tanque del pueblo. Mientras los hijos retozan en el campo de moscos, del San Francisco, las se�oras, en fila, cual soldados de pie, se afanan de sacar de los trapos el sucio, protestando por c�mo amaneci� el tomate de caro que el chofer de la urbana empez� la borrachera y la mujer del fulano con un perencejo y el marido de aquella tan buena y tan mensa, mientras la ropa se seca. El domingo la calle se viste de gala: peor el mercado: Egipto, La India, Roma la Antigua, Grecia, Par�s, Alemania o Jap�n preguntan celosas Por qu� Coatepeque tiene m�s colorido? Quiz�s por la frutas de tierra fr�a o los trastos de barro que adornan las calles del Independencia talvez la verdura que trajeron el s�bado sudando de frescas en enormes camiones, |
| tantas cosas que hay el domingo, el domingo de plaza aqu� en Coatepeque. Por la tarde en el parque no caben los ni�os mientras los grandes pasean en ameno descanso, y los m�s grandes sentados apenas en bancas de parque, sue�an los tiempos perdidos ayer, caminando de la mano, de las manos maestras de los maestros que arrancan de la marimba Gardenia la m�sica de un tiempo dormido jam�s enterrado. En Abril, las piedras calentadas al sol queman los pies del jud�o que corriendo sali� persiguiendo a Jes�s por la calle central y es que el jard�n cumple muy fiel, la promesa que dura por lo menos siete a�os para cada habitante de ese barrio tan lleno de gente, de sacar la Pasi�n. As� caminando en las calles de piedra, tierra y asfalto se muestra a la gente de afuera y de adentro, el Coatepeque que siempre tendr� muchas calles para ser caminadas. Muchos cantones y barrios con gente que nunca, ha bajado la frente ante el reto del tiempo, con gente que siempre la ha cumplida a la Historia, de entregar al que sigue, un pueblo m�s grande, m�s rico, m�s culto, sin olvidar que la ra�z de tanto progreso no solo esta en el que trabaja desde que Dios amanece, sino tambi�n en los ni�os que un d�a jugaron en el campo de beis, y en el joven aqu�l, hoy un gran se�oron que bail�, en el sal�n lleno de luz y marimba del gran Pro-Hospital, y en los ensayos de marcha de la gran g�irizada que estudiaba en la Oscar, y que formadas sus filas seg�n la estatura al comp�s de la lira, redoblante y trompetas inundaban el bosque de cushin y cafetos de la sin par Finca de San Isidro. Y estar� para siempre mostrando al futuro por qu� Coatepeque es tan grande y tan noble. |
| UNA HISTORIA DE COATEPEQUE |
| UNA HISTORIA DE COATEPEQUE |
| Los a�os sesenta terminaban. Cuando todos los s�bados reci�n terminaban las clases a media ma�ana y el grupo de patojos se encaminaban en bulliciosa caravana hacia la poza escondida enclavada en lo m�s profundo de los barrancos que marca a�n el limite de Coatepeque, esta poza se forma en una de las tantas vueltas del r�o Maz� que camina alrededor del municipio. De el se desprende un peque�o ramal que surte de agua a un dinamo generador de electricidad llamado toma por lo que a este peque�o r�o se le llamo "La Toma", a donde llegan los ni�os buscando agua para nadar y las se�oras con sus grandes tinas de ropa para lavar y asolear a su orilla. Para llegar a la poza se tiene que pasar por la enorme casa de madera del beneficio Beyeler, cuyo misterioso aspecto era propicio para encerrar las fabulosas historias de sus habitantes, gente extra�a y remota que apenas se asomaba a la luz del d�a, en aquel entonces. Grandes grupos de tarros forman una fresca valla al paso de los g�iros que se adentraban a la toma, bajo la severa mirada de don Andr�s guardi�n de la dinamo y de la toma, a quien siempre se le vio limpiando el monte y tirando los tarros inservibles. Se pod�a llegar tambi�n a la poza escondida por la calle del IGSS, subiendo por un peque�o monte donde hoy se encuentra el Liceo Coatepeque. Los ni�os bajaron aquella ma�ana a la poza, cuatro patojos que en lugar de irse a su casa, buscaban donde nadar, los p�jaros y las lagartijas se alejaban presurosas a su paso, tirando piedras, al r�o y a los p�jaros, alejados del mundo en cada chapuz�n se disipaban sus incertidumbres del tiempo que se les acercaba. Sab�an que al medio d�a, cuando llegara la hora de irse, el almuerzo estar�a listo y servido. Cuatro ni�os de los de antes, cuyo mundo infantil giraba entre los juegos de cada �poca, barriletes en noviembre y diciembre, cera en semana santa, cohetes para navidad y canicas todo el a�o. Ah� parado en piedra alta, sin m�s trajes de ba�o que sencillas calzonetas, que tambi�n les serv�a como uniformes de f�tbol, listos para sumergirse en a�n frescas y limpias aguas, los grandes y sus problemas estaban muy lejos, jugaban los ni�os a ser sanos y felices. Cuatro ni�os de los de antes que se hac�an amigos en la escuela y cimentaban esa uni�n con el ingrediente b�sico de la vida simple y sin complicaciones de un mundo sin juegos electr�nicos y todav�a lejana la amenaza de las drogas y enfermedades ex�ticas. Ese s�bado, uno de los tantos en que iban por ese lugar, y de las tantas charlas que sosten�an iniciaron un sobre la pregunta: |
| Que vas a hacer cu�ndo seas grande? - Yo quiero se mec�nico, frente a la casa hay un se�or que compone carros y se echa buena papa, lo �nico es que toda la vida andan sucios. S�lo quiere mi pap� que termine la primaria y entro a un taller a aprender. -Yo voy a estudiar quiero ser licenciado y salir de la universidad, dicen que es muy dif�cil pero mi mama dice que soy bueno para estudiar y sea como sea me va a darme para que siga estudiando. Lo m�ximo es llegar a la universidad. _ Pues yo empiezo a trabajar con Don Ceferino el due�o del almac�n de ma�z. Ese viejo es listo para el negocio compra bien baraja el ma�z y lo vende caro, ya tiene un cami�n, ahora est� empezando a comprar caf�. Ese viejo se va a hacer de fichas. �.Yo no s� talvez me reciba de maestro o perito y trabaje. Pero todav�a falta para eso, mejor von�s y despu�s de almuerzo jugamos canicas. Y as�, despu�s de haber discutido y parcialmente resuelto su futuro, emprendieron la caminata de regreso, comprando cuquito con do�a P�a la due�a de la tienda de la esquina, frente a la Escuela Mixta un simple lac�nico adi�s disolvi� al grupo y cada uno agarr� camino para su casa. No se imaginaban lo que ser�a Coatepeque treinta a�os despu�s. En los a�os noventa, los cuatro ni�os se juntan en una esquina del parque, somat�ndose las manos por encima de su cabeza se saludan como los negros de alg�n barrio norteamericano. Y se encaminan hacia alg�n juego de m�quinas electr�nicas o hacia alguna disco que los encierra en rincones obscuros al comp�s de m�sica (?) Y luces estridentes. Celebrando que uno de ellos ya lleg�, tarde a su casa, no se preocupan de su almuerzo o por su aspecto. S�lo quieren comprar ese par de tenis que cuestan casi Q 500.00 y una grabadora para o�r m�sica. Y la escuela? Bueno es buen lugar para pasar el tiempo de conseguir chavas. Don Andr�s ya no los ve con su mirada severa, ahora quienes los miran con ojos �vidos son los distribuidores de drogas. Ya no existen juegos de cada a�o. Disco, motos, cigarros, drogas, cultos sat�nicos, ese es el mundo infantil y juvenil que rodea a la gente de los a�os noventa. Los padres ya nada pueden hacer. El tiempo de corregir con un chicote qued� ya lejos, ahora hay expertos psic�logos que cobran por enderezar a patojos malcriados que ya no se pueden aguantar/ Qu� �poca ser�a mejor? |
| UNA ORACION POR MI PUEBLO UNA ORACION POR COATEPEQUE |
| UNA HISTORIA DE COATEPEQUE |
| UNA ORACION POR MI PUEBLO UNA ORACION POR COATEPEQUE |
| Confesi�n....... Ave Mar�a Pur�sima Sin pecado concebida. Me acuso, Se�or; por perder el tiempo que me has dado, por no hacer de mi pueblo un lugar digno para vivir: por cerrar los ojos cuando necesitan mis manos por negar mis manos cuando necesitan de m�. Me acuso, por no comprender Tu misteriosa voluntad por no entender cuando recuerdas que el Hijo del Hombre no ten�a un piedra donde reclinar la cabeza; y dispones que comparta un barrio o una colonia donde pasar mis d�as, un lugar donde se asienta mi casa, mi hogar, donde me esperan, al final de la tarde. Tambi�n me acuso, Se�or, de ver con indiferencia c�mo las cosas de afuera, pl�stica y obscuras, vienen envueltas en celof�n de risa y algarab�a A minar los sue�os de nuestras juventudes, Transform�ndolos en juguetes valiosos pero desechables. |
| Soy culpable, Se�or, por no reclamar cuando abren m�s cantinas y centros nocturnos que bibliotecas. Por dejar que nuestras calles se inunden de hombres de trapo, que arrastran de la mano del vicio, buscando en la basura los pedazos de su nombre. Me acuso de no ser ejemplo de oraci�n sabiendo que la oraci�n es el mejor camino para llegar a Ti, Se�or. ....de no agregar equilibrio a mi vida. Propiciando excesos que acortan mi tiempo y frenan mi esp�ritu. .....de no llevar una vida tranquila cumpliendo mis deberes de trabajar, ser feliz y hacer feliz a los dem�s. ..... de saber y no entender que la vida es m�s corta cuando la complicamos con penas vanas de dinero, poder y placer. |