| THELMA IDALIA VILLAGRAN VALENZUELA |
| Naci� en Coatepeque el 6 de Julio de 1943, hija de Miguel �ngel Villagran Ariza y Bertha Valenzuela Ralda. Contrajo Matrimonio con Jos� Moreno Estrada, madre de 6 hijos. Reside en esta bella ciudad de las gardenias donde se dedica a las labores domesticas dando expansi�n a sus sentimientos y fantas�as escribiendo rimas y poes�as. Sus Obras |
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| CANTO A COATEPEQUE |
| CANTO A COATEPEQUE |
| En el fresco crisol que forma el viento pentagrama de luz y de poes�a donde escribe con su azul el firmamento bellos cantares a la tierra m�a. Son cantos de luz y alabanza que con su voz dorada el sol le ofrece hablando de tu grandeza y pujanza con un tono tan dulce que estremece. Las venas celestes de tus r�os empapados corren con insistencia reflejando tus dulces desvar�os en espejos de clara transparencia. |
| Reina vestida de gardenias de plata a las que alumbran cual grandes pebeteros al llegar la noche y traerte serenata con su manto cuajado de luceros. Coatepeque ciudad cosmopolita es tu clima un c�lido abrazo que al visitante a quedarse invita a descansar tranquilo en tu regazo. Se acerca arrebolada la ma�ana te veo en raro embelezo y orgullosa de ser coatepecana ! Salud� Te digo y tu suelo beso. |
| MI COATEPEQUE DE AYER |
| MI COATEPEQUE DE AYER |
| Mi Coatepeque de ayer, recuerdo con a�oranza asida muy fuerte hasta donde mi memoria alcanza, con sus calles empedradas y sus luces mortecinas se ve�an las patojadas jugando por las esquinas, con el sudor en la frente, con las rodillas raspadas aquellos rostros sonrientes sin tener temor por nada. Se jugaba la conecta, la tenta y el escondido tambi�n la piedra marchita ya todo eso se ha perdido. Lejos qued� el Coatepeque con su bellas acuarelas, de limpios amaneces. Hab�a solo dos escuelas, una era para hombres, la otra para mujeres, con sus aulas de madera, en el patio un �rbol frondoso un canto a la primavera todo me parec�a hermoso. Tambi�n recuerdo su parque por sus almendros sombreados paseando de una a otra parte por el almuerzo recalentado ya vestido de jud�o, o pregonando mercanc�a, piropeando a las mujeres se pasaba todo el d�a. La estaci�n era un mercado, donde todo se vend�a elotes, ma�z, fr�jol, las gallinas y el pescado, bananos y hasta sand�a. ! Que �pocas tan bonitas� Dignas de ser recordadas all� estaba do�a Audelia vendiendo sus enchiladas aunque a ustedes les parezca que esta historia es muy prolija, no se puede dejar de contar que cargando las maletas conoc� a Chilo Valija, y aquella mujer sencilla, de la mente perturbada le dec�an, Laura la Tren, por que en la estaci�n se paseaba. Tiempos que yacen envueltos en el manto del olvido, atados con telara�as que los a�os han tejido. La m�sica de la Roxi se perdi� en la lejan�a convertida en un lamento o en rimas de una poes�a, que va declamando el viento con su voz enternecida. Es una �poca pasada fue forma parte de mi vida no estar�a cabal si yo no me recordara de la feria con su sal�n Pro-Hospital en el barrio San Francisco con pompa se celebraba aquellos bailes sociales con sus trajes de etiqueta |
| a los que solo se entraba presentando la tarjeta. Tardes taurinas con entradas de sombra y sol, mientras el cielo se vest�a de un argentado �rbol. Frente al parque la iglesia era de madera refugio de paz y consuelo a donde el pueblo acud�a elevando sus oraciones hacia el Todopoderoso ya a Mar�a, coronando su cabeza con un velo. A un costado del parque, el Teatro Olimpo all� de lucha libre se hac�a exhibicionismo, escenario tambi�n de veladas, se exhib�an pel�culas carentes de erotismo de lo que hoy las cintas est�n saturadas. En las ma�anas los hombres marchaban a cumplir con sus oficios y tambi�n muchas mujeres que al sonar los pitos iban a los beneficios alentando en sus pechos la fe de ganar con su trabajo el pan y presurosos las ve�a que iban a escoger caf�. D�nde qued� el sonido de los pitos que anunciaba el medio d�a? Qu� tambi�n en A�o Nuevo la estridencia de su sonar se escuchaba con alegr�a. No lo s�, ahora s�lo los escucho sonando entre el ruido del silencio en mi melancol�a, en mis sue�os de ni�a cuando todo es m�s puro. El alma, el sentimiento cu�l el viento de la campi�a, si saber de sufrimiento. !Ah� Olvidaba el mercado, ten�a cuatro entradas all� de todo hab�a, verduras, pan y flores, venta de mercer�as y all� estaban las carnicer�as. Adentro en un costado vendiendo frutas a toda hora estaba una se�ora llamada Micaela Maldonado. En su puesto bien surtido de pastas y cereales al albor de las luces matinales siempre lo atend�a ufana, su amable propietaria do�a Meches Orellana. Venta de refrescos, tortillas y tamales, candelas y veladoras y a don Adri�n Morales con sus bombas voladoras, todo se acab�, de eso nada ha quedado pues todo se quem� porque en lenguas de fuego fue arrasado el mercado. Las casas, las calles han cambiado, hoy es m�s fuerte y moderno tu alumbrado y orgullosa luces tu adoquinado. Coatepeque, yo te amo en tu pasado grandioso. Te admiro en tu presente triunfante. Presiento tu futuro victorioso sigue tu marcha as�. ! Siempre adelante� |
| TIERRA MIA |
| TIERRA MIA |
| Tom� la luz; de los cuatro horizontes el traje cristalino del riachuelo el campirano perfume de los montes el beso que el sol pone en tu suelo. Rob� la magia y la fantas�a que guarda la noche entre su manto para traerle a la tierra m�a trinos y solfas de celeste encanto. Qui�n pudiera tejer en mil sonetos el fulgor del lucero que titila el cantar que emiten los cafetos en su lengua de verde clorofila. El alba del d�a precursora con ribetes de luz estremecida |
| te observa sorprendida, so�adora porque eres la tierra prometida. Al contemplarte en toda tu grandeza me inclino ante tu imperio reverente corono de lauros tu cabeza hay gardenias de luz sobre tu frente. Coatepeque, tu dulce nombre encierra la tibieza del sol que te mira sonriente la riqueza y pujanza de esta tierra eres orgullo del sur occidente. En la noche eres virgen dormida d�nde la luna mil encajes Coatepeque mi tierra consentida guarda tu seno una gama de celajes. |