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| ROBERTO AREVALO CIFUENTES |
| Naci� el 21 de Agosto de 1,948 en la ciudad de Retalhuleu, Hijo de Rigoberto Ar�valo Arreaga y Herminia Cifuentes Reyes. Su infancia la vivi� junto a sus abuelos maternos en aldea "Bethania" de este municipio, realizando sus primeros estudios en esta ciudad. Posteriormente se traslad� a la ciudad de Quetzaltenango, donde estudio la secundaria en el Instituto Normal Para Varones de Occidente (INVO) y en la esuela Nacional de Ciencias Comerciales (ENCO). Luego regreso a "Bethania" donde contrajo matrimonio civil con Amanda Samayoa Rodas y es padre de cuatro hijos. Actualmente se encuentra radicado en esta ciudad donde tiene establecido un negocio, al que dedica la mayor parte de su tiempo Dedicando sus momentos de descanso a escribir poemas y novelas, teniendo un gusto especial por temas rom�nticos. |
| LA DULCE CARMELA (Cuento) |
| LA DULCE CARMELA |
| LA DULCE CARMELA |
| En el a�o de 1926, Coatepeque era un pueblecito relativamente peque�o, sus calles angostas y empedradas, las construcciones de madera y sus techos elevados acentuaban el aspecto coste�o del poblado. El trinar de los herrajes al contacto con las piedras constitu�an un sonido peculiar, plus caballos y carretas transitaban a toda hora, trayendo y llevando carga, de la estaci�n. A no m�s de tres kil�metros de la estaci�n del ferrocarril caminando paralelamente a la vida f�rrea y rumbo a la frontera con M�xico, se encontraban los corrales de la hacienda "Dalmacia" un finca grande y muy bonita, que en aquella �poca produc�a la mayor parte de leche que se consum�a en Coatepeque; y a cuatro kil�metros mas adelante siempre sobre le mismo rumbo, se encontraba la estaci�n de "Montegrande" de la finca del mismo nombre y cuyos due�os casi nunca visitaban, sin embargo manten�an comunicaci�n con su administrador por la v�a del correo, por lo que, cada dos d�as sub�a un mozo, a lomo de mula a recoger la correspondencia al pueblo. Don Samuel, el Viejo mayordomo de "Dalmacia" era un hombre muy severo, todos en la finca le ten�an miedo, a los mozos los hacia trabajar hasta muy tarde, los vaqueros obedec�an sus ordenes sin chistar palabra pues siempre andaba una 38 al cinto y hacia alarde de saber usar; do�a Tila, su compa�era de hogar, era una mujer avejentada, y, con cara de sumisi�n, con quien hab�a procreado tres hijos, de los cuales la primera era hembra, se llamaba Maruca y hab�a huido con Jacobo, un muchacho que hab�a venido a trabajar en la v�a y nadie supo a donde se la llevo. F�lix el var�n se entrego al ejercito para no tener que aguantar el car�cter de su padre, de tal manera que solo le quedaba la Carmela, la ultima de sus hijas, una muchacha muy Linda, que reci�n hab�a cumplido 17 a�os y a la que no permit�a que ning�n hombre se le acercara profiriendo amenazas con su calibre 38 para aquel que osara pretenderla, sin embargo su ambici�n lo impulsaba a obligar a la muchacha a trabajar y todos los d�as la mandaba al pueblo arreando un macho con dos tinajas de leche a cada lado, su madre siempre le recomendaba, que regresara pronto para evitar problemas con su padre, pues algunas veces la iba a la velar en alg�n recodo del camino para ver si alguien la acompa�aba. As�, aquella muchacha iba y venia todos los d�as al pueblo, donde todos la quer�an, pues dec�an que sus tinajas manaban leche y sus labios miel, era alta y delgadita, de un moreno muy especial su rostro hermoso como el de una diosa y sus ojos negros a profundidad, su piel era suave y tersa como la brisa del mar. Aquella ma�ana como de costumbre Carmela arreaba su animal con las tinajas vac�as, rumbo a la hacienda, la venta hab�a sido buena y caminaba despacio, tarareando una canci�n, el cuadr�pedo aprovechaba la tranquilidad de su ama para mordisquear el pasto, de uno y otro lado del camino, de pronto el animal se detuvo, hab�a encontrado zacate tierno y jugoso y se dispon�a a comer� Carmela lo miraba compasiva, de pronto sus o�dos, percibieron el andar de una bestia, levanto su rostro y pudo ver all� en la lejan�a ven�a un hombre montado en una mula, iba rumbo al pueblo y apuraba su cabalgadura, al llegar donde estaba ella se detuvo, quiso preguntar algo� pero la belleza de aquella joven lo impacto de tal manera que no pudo articular palabra. Ella levanto la vista. y sus ojos se encontraron, clavo su negra mirada en la de aquel hombre que la observaba con asombro, era joven y muy fuerte, de tez morena y dientes de marfil, debajo del sombrero de petate, se dejaban ver el cabello lacio y Negro, que ca�a sobe el cuello grueso y musculoso que parec�a la nuca de un toro semental, vest�a pantalones blancos y una banda roja ce��a la cintura, su camisa entreabierta dejaba ver aquel torso varonil. Carmela, no sal�a de su asombro, no cre�a que hubieran hombres como el, pues si en sus fantas�a hab�a so�ado hombres hermosos, aquel ejemplar lo era mucho mas. Envuelta en aquel �xtasis, casi sin darse cuenta pregunto; - Como te llamas? Y el con voz franca y segura respondi�: - Mart�n, soy el Nuevo correo de "Montegrande" el patr�n me mando de "Vizcaya" para trabajar en esta finca y no conozco el pueblo, y t� como te llamas? - Yo� Me llamo Carmela respondi� ella con su dulce voz.- !Carmela!� dijo el, eres muy Linda, lastima que seas ladina. pero dime, donde queda el pueblo? - No esta muy lejos -Respondi� ella- Talvez a un kil�metro o un poquito m�s. Luego se despidieron. |
| A partir de aquel d�a, siempre que Mart�n iba por el correo se encontraban, platicaban un rato y luego continuaban su camino. El indio Mart�n espoleo su montura y ella de nuevo emprendi� su camino. Pasado alg�n tiempo se hab�an enamorado profundamente, ella le cont� acerca de la severidad de su padre y que ya tenia rumores de aquella relaci�n. No temas - dijo Mart�n- ya sabr� como hablar con tu padre, pero mientras ese momento llega, seguiremos vi�ndonos en este lugar. Un d�a la pareja esta sentada en una sombrea, a la vera del camino y se acariciaban con amor, nada parec�a interrumpir aquel romance que era cada rato m�s hermoso y sublime. De pronto... la quietud de aquel paraje fue rota por el galopar de un caballo� se pararon de inmediato y vieron a un hombre que como loco, espoleaba su montura hacia ellos. -Mi papa! Exclamo ella exaltada. -No temas - dijo Mart�n- yo hablare con �l. M�s aquel hombre enfurecido no le dio tiempo para hablar, saco el machete y de planazo cruzo la espalde de Mart�n. - !Se�or! dijo el- d�jeme decirle. Por toda respuesta Mart�n recibi� dos planazos m�s que lo hicieron pandearse, aquel hombre bland�a su machete con furia tratando de pegarle m�s, pero Mart�n opto por subirse a un pared�n donde ya no pudo alcanzar. - Agradece - el dijo - que te encaramaste all�, porque tenia ganas de partirte, pero si , la pr�xima vez que te vea con esta sinverg�enza, te mato indio desgraciado, las balas de mi pistola van a ser pocas para met�rtelas en el pecho. Y as�, lanzando insultos y amenazas le dio un empuj�n a Carmela, dici�ndole que al llegar a la hacienda le dar�a su merecido. Al d�a siguiente, no era d�a de correo, pero Mart�n se las arreglo para salir de la finca y fue en busca de su amada tenia ganas de verla para saber lo que hab�a ocurrido. Cuando ella bajo al pueblo, �l, la estaba esperando, hab�a escondido la mula por si las duda y fumaba tranquilamente, de repente� escucho unos paso. Asomo la cabeza por sobre los arbustos y la vio�. -!Carmela! - dijo - aqu� estoy. _Ella Volvi� la vista en busca de la voz, al verlo, extra�ada pregunto: Que haces aqu�? Mi papa te va a matar. - No importa respondi� �l, por ti estoy dispuesto a todo. Se abrazaron y sus labios se fundieron en un beso enamorado, luego se miraron a los ojos y el pregunto: Que piensas amor m�o? Ella dijo con tristeza - Es mejor que no me busques m�s puede costarte la vida. �Entonces ya no me amas? Pregunto �l. -Si, te amo y por lo mismo no quiero verte muerto. -No- replico el no pienses en eso yo tengo la soluci�n. Hoy que venia me di cuenta que aqu� nomasito hay una ceiba bien grande, sus gambas est�n rodeados de cag�ilotes que forman un gran chaparro, ah� podemos esconder la bestias y esta un rato juntos sin que nadie nos vea. Se pusieron de acuerdo y fueron a conocer el lugar� Despu�s de caminar un trecho el la detuvo y se�alando con una mano, con la otra le rodeo su talle. Mira - le dijo - aqu� es� Luego se internaron en el matorral y a los pocos segundos estaban al pie de aquel �rbol frondoso, rodeaban su tronco muchos �rboles de cag�ilotes, cuyas ramas estaban cubiertas por una espesa trama de bejucos formando en conjuntos un escondite natural. A Carmela le gusto el lugar y le pido que se quedaran un rato� Despu�s de aquel d�a, su encuentro al pie de la Ceiba se volvi� costumbre, cada dos d�as, cuando Mart�n sub�a por el correo se encontraban, nadie pod�a imaginar siquiera lo que ocurr�a all�, pues los �rboles y bejucos disimulaban bien el escondrijo, m�s el padre de Carmela era un viejo zorro y pronto lo descubri�. Aquella ma�ana Carmela hizo su recorrido de costumbre, fue de casa en casa repartiendo leche y a todos les dejaba, la agradable sensaci�n que emanaba de su dulce voz, termino pronto su trabajo y emprendi� el camino de regreso, en su pecho llevaba la ilusi�n de encontrarse con su amado, cuando llego al punto, introdujo su animal en los arbustos, lo amarro en una rama y se adentro en los matorrales�. Mart�n la esperaba de pie, recostado en una gamba estaba vestido como lo hab�a conocido, aquella bande roja resaltaba entre lo blanco de sus pantalones� Ella record� aquella ma�ana y se refugio en su torso desnudo, poso los labios en su pecho y alzo el rostro para verlo�. - Mart�n !�mame! - dijo ella jadeante - el acaricio su talle con ternura y suavemente la acost� en el suelo. Sus cuerpos se fundieron en derroche de pasi�n, el viento matinal llevo consigo aquellos gemidos de amor�. Carmela, recostada sobre el pecho de su amado lo miro con tristeza y dijo: Mart�n !yo tengo miedo!� - Miedo de que? - pregunto el acariciando su mejilla� - ! De perderte Mart�n! Yo no quiero perderte/ - -No te preocupes por eso yo hable con el patr�n ahora que vino para su cumplea�os y le ped� que me regrese para "Vizcaya", as� que ya todo esta arreglado para que vengas conmigo�. Ella lo beso tiernamente y pregunto: Cuando quiere que nos vayamos? -Si quieres nos vamos hoy mismo- dijo �l- Ella volvi� a besarlo sin decir palabra. Pero asinti� con la cabeza. !Ah ! malditos- dijo una voz muy ronca a sus espaldas�.Ella reconoci� la voz de su padre y se dio vuelta sobresaltada, estaba all�, parado, a no mas de tres metros de ello, tenia el rostro desencajado por la ira� Ella quiso alcanzar su ropa para cubrir su cuerpo a�n desnudo, pero, en ese instante son� un disparo, volvi� a ver a Mart�n y de su pecho brotaba un chorro de sangre,- !noooo!- grito ella desesperada y quiso cubrirlo con su cuerpo, en el mismo instante en que sonaba un segundo disparo que atraves� su coraz�n�. Mart�n herido de muerte desenvain� su machete y se abalanzo sobre el, pero dos disparos m�s le hicieron doblar las piernas y su cuerpo moribundo cayo junto al de su amada�. En un �ltimo esfuerzo Mart�n se arrastro hasta ella, al verla que agonizaba volvi� a ver a su asesino y con sonrisa dibujo sus labios cuando dijo: --Me la llevo�Se�orrrr, mme - la- lle- vo. |