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APECA

MERCADO
MUNICIPAL


MARIA ELSA TRANGAY OCHOA DE LUJAN
Lugar y fecha de Nacimiento: Guatemala 1� de Agosto de 1922.  Nombre de los padres: Pedro Trangay L�pez y Francisca Ochoa de Trangay.
Fallece el 17 Febrero 2005
Trabajos Literarios realizados: Poes�a Y Prosa desde: (1965 - 1994) Directora y editora del "REY DE LA SELVA", bolet�n de el Club de Leones de Coatepeque: (1975 - 1979).  En dos oportunidades ha presidido el Comit� de Damas Leonas de Coatepeque; obteniendo 8 diplomas de Honor al  M�rito, por sus labores leo�sticas.

Fue miembro activo de "ARCON DE POESIA" Asociaci�n de Poetas y Escritores de Guatemala (1983 - 1985).

En la Feria Internacional  "Coatexpo 92" particip� en los Juegos Florales "Diego P�rez" ganando el Primer Lugar en Prosa-Cuento titulado "La Maternidad".

Fundadora de APECA, ocupa el cargo de Presidenta

Sus Obras
ACROSTICO
ACROSTICO
C �mo extra�o tus calles empedradas
O liendo siempre a tierra mojada
A tu parque inundado de frescas rosas
T us gardenias tan tersas y hermosas
E nvolviendo el ambiente de aromas
P or doquiera se arrullaban las palomas
E n los techos templando se besaban
Q u� bonitas, qu� blancas se miran
E l reloj municipal la hora se�alaba


C ierto es que abrigo en mi triste alma
I nmensos anhelos de volver a verte
U na vez, regrese recobre la calma
D edicar� mi vida para ofrecerte
A legres cantares, claveles y palmas,
D onar� guirnaldas para embellecerte.

D esatar� manojos de lirios azules,
E nredar� en tu frente, violetas y abedules.

L a luna bajar� y la pondr� en tus manos
A fianzar� los lazos de amor con mis hermanos
S er� una bella familia de coatepecanos.

G
ama de colores habr� en tus senderos
A rboles frondosos donde aniden clarineros,
R isas de mil ni�os con rostros candorosos
D e dorados cabellos y grandes verdes ojos,
E
strellas irisantes sonriendo temblorosas
N �yadez jugando en el r�o con tus rosas,      
I ncienso aromatizando tus templos sagrados
A rc�ngeles ejecutando melod�as preciosas
S uspirar�n mirando tu grandeza embelesados.
CANTO A COATEPEQUE
CANTO A COATEPEQUE
!Coatepeque, qu� lindo es mirarte
cuando ya comenz� la alborada
cuando el sol ya lleg� a besarte
alejando a la luna plateada!

Tus monta�as, pradera y r�os,
se revisten de lindos colores
se entreabre soberbios los r�os
ofreciendo sus tenues colores.

Pajarillos pintados con arte
con presteza sus alas enlazan,
se inclinan para saludarte
y gorjean a la vez que danzan.
Ya la brisa nos trae fragancia
que el sentido perturban y embargan,
de esas n�veas y tersas gardenias
que tu ambiente de aromas saturan.

Tu belleza esplendente enajena
si la tarde te est� ocultando,
a tu altiva cabeza de reina
con celajes la va coronando.

!Qu� embelezo hay al contemplarte
y qu� honda ansiedad infinita,
de doblegar la rodilla y gritarte,
!Salve a ti, oh, tierra bendita!
COATEPEQUE
COATEPEQUE
Ya se oye el rumor del viento, entre las verdes rosaleras del c�sped alfombrado con los p�talos de seda, de las tersas azaleas, que el aire ha deshojado, meci�ndolas suavemente.

!Qu� ambiente tan perfumado se respira en esta tierra, a la que Dios ha dotado de hermosos, lindos parajes, a los que pronto te aferras, de pintorescos paisajes donde la tarde fenece, y su belleza se crece, luciendo su abrigo lila de vaporosos encajes!

Al rato surge la luna, coqueta como ninguna, que con sus rayos de plata ilumina la barranca; y empieza la serenata de los grillitos cantores, que ya no tienen temores de ensayar saltos mortales, acechan los matorrales y casi sin piedad gritan, vaya fiesta m�s bonita la que ah� se organiza, hasta que llega la brisa de la nueva madrugada.


Despiertan todas las flores, sonrientes y primorosas, en sus fragantes cabezas, se posan las mariposas de diferentes colores, entonan los ruise�ores canciones para alegrar, a toda esa buena gente que ya se va a trabajar. Son gentes de las aldeas, que a Coatepeque rodean, de ellas salen por cientos los humildes campesinos, se dirigen hacia el campo, ah� espera la siembra la habilidad de sus manos, abren aprisa los surcos dejando caer granos; al cabo de varios meses mazorcas est�n cortando , d�ndole al creador las gracias por la cosecha del a�o.

A lo lejos pasa el r�o cristalino, bullanguero y all� en el verde sendero se asoman las chuatuje�as graciosas y muy trigue�as, visten trajes domingueros, se han adornado el cabello con mo�os de terciopelo y llevan en la cabeza un canasto muy pesado; todos los d�as recorren el escabroso camino, para proveer al pueblo de las tortillas calientes, las saborean las gentes, con placer, con alborozo. !No hay nada m�s sabroso que una tortilla caliente, que la mujer campesina elaborara diariamente!

En esta tierra sagrada, donde gorjea el cenzontle al despuntar la alborada, y asoma en el horizonte su rubia melena el sol, ba�ando con rayos de oro las riveras de los r�os, ah� brotan la begonias, altivos surgen los lirios de inmaculadas corolas, y se columpian con gracia largas colas de quetzal, que disfrutan las caricias de la brisa ma�anera, porque las va decorando con perlitas de cristal, las gardenias tan soberbias, ofrecen tenues aromas y alzan vuelo las palomas cruzando el cielo azul, se pierde entre las nubes, que asemejan suave tul.


Cesan los aguaceros y empiezan a preparar, los varoniles vaqueros, los caballos y las sogas, para irse a los potreros, el ganado a encerrar, el suelo est� bien mojado, por doquiera hay tirados, mangos, nances, mandarinas, aguacates, que el vendaval ha arrancado, pero la sed de las plantas, con la lluvia se ha calmado; se siente el olor peculiar del ganado, las vacas en el establo se han quedado, rumean paciente el pasto que les ha dado, el caporal imparte ordenes que en las primeras horas, ya las hayan orde�ado.

La tarde se desvanece, el sol comienza a ocultarse, entre celajes tan rojos, que parecen incendiarse, se espera con alegr�a la hora de acostarse, porque en cuanto canta el gallo otra vez hay que levantarse, dar principio a la faena de un sagrado, hermoso d�a, que con gran algarab�a, Dios nos habr� deparado.

!Coatepeque, ha crecido, con el amor de sus hijos se ha nutrido, ha florecido, como nunca en ninguna primavera toda aqu�l que lo ve por primera vez, lo contempla con �xtasis y se queda, al calor de su albergue exquisito y al amparo del Patrono Santiaguito.
LA TRAICION
Cuento
LA TRAICION
Cuento
LA TRAICION
Cuento
En el parque rodeado de almendras del pintoresco pueblo de Coatepeque, Mariana Suazo, sol�a pasar las tardes enfrascada en la lectura de un buen libro, o se entreten�a mirando los cambiantes colores, de la fuente que adornaba.

Ah� vio por primera vez a un joven de semblante p�lido, que se sosten�a sobre dos muletas para caminar y le sonre�a melanc�licamente, no se atrev�a a hablarle, pero sus miradas se cruzaban furtivamente.

Una tarde cuando el sol comenzaba a hundirse en el ocaso, Mariana desesperada, ya iba a emprender el regreso hac�a su casa, cuando apareci� el joven y se dirigi� al lugar donde ella estaba, tendi�ndole la mano para saludarla.

-Soy Luis Rodolfo Berthi�, para servirle se�orita,

-encantado de conocerlo, mi nombre es Mariana Suazo, supongo que llegaremos a ser buenos amigos

_a si lo creo- respondi� Luis Rodolfo.

Al d�a siguiente volvieron a encontrarse en el parque, hab�a un exquisito olor a tierra mojada y las flores luc�an sus preciosas corolas ornamentadas con peque�os diamantes, que la lluvia les hab�a regalado.

Reci�n iniciada la pl�tica, surgi� un tercer personaje de naricita respingada, con una hermosa cabellera extendida sobre los hombres, que semejaba un manto de oro, la sujetaba en la frente con una diadema verde, que hacia un magnifico constaste con el verde esmeralda de sus expresivos ojos, distante a�n grit�:


-!Hola Mariana!
-Que tal Rebeca- contest� Mariana.

Rebeca descendi� de la moto que manejaba y se acerco a la pareja.
-Te presento a un amigo se�alando a Luis Rodolfo-Ella es mi mejor amiga, nos conocemos desde ni�as.

_Es un placer Rebe- respondi� Luis Rodolfo, haciendo una reverencia.  Los tres charlaron largo rato.

Los d�as siguientes fueron plenos de sol, sobre todo para Mariana, era espl�ndidos; Luis Rodolfo hab�a mejorado notablemente de sus piernas, muy pronto abandonar�a las muletas, entonces dar�an paseo m�s largos, e ir�an a bailar, a Mariana le fascinaba la m�sica y siempre so�aba con estar en los brazos de Luis Rodolfo, danzando al comp�s de una buena marimba.

Un Domingo Mariana se maquill�, se riz� el cabello, sosteni�ndoselo a los lados de su hechicero rostro, con dos preciosos mo�os de terciopelo lila, que resaltaban m�s la belleza de sus hermosos ojos negros, cuando son� el timbre de la puerta, Mariana corri� a abrir algo contrariada, fue grande su asombro al encontrase frente a Luis Rodolfo, que sin ayuda de las muletas estaba de pi� contempl�ndola muy sonriente, Mariana se emocion� tanto, que le hecho los brazos al cuello y lo cerr� con un fuerte abrazo, Luis Rodolfo le acarici� el cabello y la bes� tiernamente.

As� se inicio la historia de un amor entre dos j�venes de noble coraz�n, que a�n no conoc�an las crueldades de esta vida.
El noviazgo de Mariana y Luis Rodolfo era excepcional, casi nunca discut�an, siempre estaban haciendo planes para el futuro entre ellos el de unirse, con el indisoluble lazo del matrimonio, so�aban con la paz hogare�a, dentro de una casita donde se enredaran las bugambilias de vivos colores, y las gardenias las saturaban de suaves fragancias, e imaginaban a dos robustos ni�os trepando los verdes muros, para alcanzar las mariposas.  El tiempo pasaba y esas celestes ilusiones los colmaban de dicha.

Empez� el desmoronamiento de los dulces sue�os, un fin de semana, Luis Rodolfo no lleg� como de costumbre a invitarla para ir al cine, hasta el lunes la visit� d�ndole una simple excusa.  El fin de semana siguiente ocurri� lo mismo, pero Mariana deseosa de no volver a quedarse plantada, salio de compras, al llegar al almac�n "Florida" donde hab�a toda clase de mercader�a, oy� el motor de una motocicleta, volvi� la cabeza tuvo que sujetarse a la puerta, porque la sorpresa que se llev� fue tan grande, que por poco se desmaya; la moto era manejada por Rebeca y en el asiento de atr�s iba Luis Rodolfo.


Pasaron dos meses, los d�as eran nublados y tristes, Mariana contemplaba la lluvia con los ojos llenos de l�grimas, cuando son� el tel�fono, Mariana levant� el auricular diciendo:

-! Hola!-

-Del Hospital Regional, se necesita la se�orita Suazo, es urgente-.

Mariana colg� e inmediatamente cogi� su saco y su bolsa, saliendo para el hospital. 
En el pasillo tropez� con el Dr. Espa�a, quien la llevo a la sala de emergencia, donde estaban dos heridos en sus respectivas camillas, y se quejaban lastimosamente.  Mariana se estremeci� al ver el rostro ensangrentado de Luis Rodolfo ahog�ndose un grito en la garganta, le oprimi� la mano que sal�a debajo de la s�bana: el herido abri� los ojos y dijo

-Perd�name-

Mariana se dirigi� hacia la otra camilla, los rizos dorados, traviesos ca�an sobre la frente de Rebeca que yac�a inconsciente, su tez era tan blanca que parec�a de porcelana, Mariana intentaba arreglarle el cabello, cuando llegaron los enfermeros para trasladarlos al intensivo, porque su estado era grave.

La angustia de Mariana se acrecentaba, ya hab�an transcurrido tres semanas y a�n no le permit�an ver a los enfermos, la informaci�n que obten�a de los m�dicos no la tranquilizaban del todo, as� que se refugiaba con su pena en la iglesia m�s cercana al Hospital, y all� oraba con gran fervor por la salud de Luis Rodolfo y Rebeca, e imploraba al Se�or que arrancara ese amor inmenso, ardiente, que a�n agitaba su coraz�n haci�ndola sufrir intensamente.

Ocho largos d�as m�s y al fin pudo ver a Luis Rodolfo entr� a la habitaci�n creyendo que dorm�a, pero el enfermo al o�r los pasos abri� los ojos, y al ver a Mariana junto a �l se le llenaron de l�grimas, le tom� de la mano y le dijo quedamente:

- Dios me concedi� la vida para poder pedirte con toda el alma, que nos perdones la traici�n con que Rebeca y yo te herimos tu noble coraz�n-; cerr� los ojos diciendo enseguida: - Ahora s� cuando te amo, despu�s de esta aventura he comprendido que en mi coraz�n, solo hay sitio para ti y que te querr� siempre-

Mariana sonri� tristemente, hal� una silla para sentarse frente al enfermo, abri� su bolsa y sac� su labor de crochet; sus bellas manos empezaron a tejer �gilmente, mientras en sus sonrosadas mejillas  rodaban l�grimas por la emoci�n le embargaba.  Luis Rodolfo estaba all�, se hab�a salvado y ella desde lo m�s profundo de su ser, le agradec�a a Dios el milagro.

Treinta d�as m�s de incertidumbre, Luis Rodolfo ya estaba en su casa, pero el m�dico le hab�a recomendado reposo.  A Rebeca tambi�n la dieron de alta, su recuperaci�n era muy lenta.


Mariana reanud� sus paseos por el parque, para recordar las horas tan felices que pas� con el hombre que tanto amaba; se extasiaba contemplando los pintados pajarillos, que con arte asombrosos entretej�an sus nidos, acarreando afanosos el material necesario, y pensaba en el que ella hubiera tenido y con el que tanto hab�a so�ado.


Empez� la primavera ha revestir los �rboles de fragantes flores, de vez en cuando los p�talos desprendidos por el viento, ca�an sobre la adorable cabeza de Mariana, o resbalaban hacia la nuca haci�ndole cosquillas, era una tarde maravillosa, en que casi todas las rosa hab�an entre abierto sus corolas, saturando el ambiente de vago perfume, Mariana con una triste sonrisa dibujada en los labios, se sacudi� los hombres, sus dedos no palparon la tersura de las flores, sino el roce de una mano varonil.

Se puso de pie al instante, frente a ella estaba Luis Rodolfo un poco demacrado pero en el brillo de sus ojos se escapaba un amor inmensurable, que las palabras estaban dem�s: la ci�o con un inmenso abrazo tan lleno de ternura, que los p�jaros suspendieron su tarea, para contemplar la comuni�n de dos almas, en un beso plet�rico de amor y compresi�n.  El cielo incre�blemente bello, con el lila, gris, y rosa de celajes entrelazados, como encajes flotando en el espacio, tambi�n eran mudo testigos de aquella tierna escena.

Entre los erotos pintados de rojo y anaranjado, un rostro hermoso, delicado, observaba feliz y meditaba, llegando a la conclusi�n que la amistad brindada por los dem�s, se deber�a compensar con amor, sin traicionarlos jam�s.
LA TRAICION
Cuento
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