HUMBERTO ROBLES GUTIERREZ


Naci� en el Barrio La Esperanza Coatepeque, el 7 de Marzo de 1936.  Hijo de los se�ores Agust�n Robles Santizo y Margarita Guti�rrez

Abogado y Notario, egresado de la Facultad de Ciencia Jur�dicas y Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala

Ex-miembro del Grupo Art�stico Pluma y Lira de Coatepeque.  Colaborador literario de la Revista Quezalteca de Navidad y A�o Nuevo, dirigida por el publicista Jos� Manuel Rosal. Uno de los primeros locutores de planta en Coatepeque en Radio T.G.C.O.
Ex-miembro del Grupo de escritores Estudiantiles de Quetzaltenango

Miembro Activo del Club CCC. Agrupaci�n Local de Madrid. Espa�a.

Actual miembro directivo de APECA.

Falleci� en Mayo 2002

Sus Obras
APECA

INDICE

MEDIOS
DE
COMUNICACION


RADIODIFUSORAS
DIVERSIONES DE COATEPEQUE,
EN LA DECADA
DE LOS CUARENTA.
DIVERSIONES DE COATEPEQUE,
EN LA DECADA
DE LOS CUARENTA.
En la d�cada de los cuarenta, exist�an muy pocas diversiones en el pueblo y villa de coatepeque.   No exist�a otro medio m�s eficaz de transporte que el ferrocarril.  Ofrec�a a los pasajeros servicios de primera y de Segunda clase.  El servicio de primera clase tenia los asientos tapizados, persianas en sus ventanillas, y todas sus instalaciones como lava-manos y sanitarios de materiales mas finos.  Los vagones del servicio de Segunda clase, ten�an asiento de madera, pero bien pintados, con rejitas de metal en las ventanillas para evitar que se pudieran sacar las manos � objetos.  Familias completas ten�an a bien ser conducidas por el ferrocarril, entre ellas la del se�or M�ximo Sthal, quien al bajar en la estaci�n lo esperaba su autom�vil particular, pera a �l le gustaba llegar al beneficio  Sthal a pie.

Era atendido todo el ferrocarril por se�ores uniformados con traje de color beige o kaki, con corbata y la cabeza cubierta con un kepi de mimbre con visera negra, era los se�ores encargados de atender el control y venta de boletos, as� como de proporcionar a los pasajeros, aguas gaseosas, s�ndwiches, cigarrillos, dulces, cervezas, etc.   Ten�an los trenes servicio de agua potable y luz, cerraba el convoy un vagoncito beige o amarillento, llamado kabus, en donde radicaba el mando administrativo del tren.

La estaci�n del ferrocarril, construcci�n de madera, muy peculiar y sobria, era uno de los lugares mas visitados ya fuera porque se iba a viajar, o por ver quienes iban o venia, por ver patojas, o por comer algunas de las muchas golosinas que vend�a. 


Llegaba tren a la estaci�n tocaba su campana, las gentes bajaban por la plataforma, el gran caravana de viajeros, acompa�antes, amigos y familiares. Se desparramaban por diferentes rumbos, pero la mayor�a sub�a por la actual cuarta avenida, tambi�n conocida como calle de la estaci�n, buscando el centro del pueblo y sus hoteles u otros alojamientos.  Mucha gente se quedaba en la estaci�n esperando la partida del tren.  El momento culminante era tambi�n de la locomotora, se ve�an manos por todos lados en se�al de despedida.  Empezaba el traqueteo del tren y el fin de una ma�ana o una tarde alegre y bonita.

Se llamaba entonces "FIDECA", Ferrocarriles Internaciones de Centro Am�rica, ahora se llama "FEGUA" Ferrocarriles de Guatemala, pero ha perdido la importancia que tuvo en aquella �poca, pues actualmente existe una gran competencia de medios de transporte y el tren no logro ponerse a la altura de las nuevas circunstancias.

Los circos eran los centros de mayor atracci�n y diversi�n.  En ese tiempo el ferrocarril, era el medio m�s eficaz de transporte, los circos con todas sus pertenencias, trapecistas, perchitas, malabaristas, bailarinas, payasos, enanos, magos, fieras y animales amaestrados, se transportaban, por medio del tren.  Eran la alegr�a de grandes y chicos, pero para estos �ltimas la alegr�a principiaba desde que el circo llegaba al pueblo.  Multitud de patojos de los barrios San Francisco, La Esperanza, La Batalla, llegaban con gran algarab�a a la estaci�n.  Se clasificaban sus elementos as�:  Payasos, eran los que se pintaban la cara, se pon�an una nariz redonda roja o verde, un pantalonote de tirantes con las piernas flojas que les ca�an cerca del ojo del pie, unos zapatotes puntiagudos y largos, una corbatota ancha que les legaban hasta abajo del estomago y se pon�an en la mu�eca de pulsera un reloj de mesa, sus camisas o chaquetas de bolas grandes o a cuadros, y hac�an muecas imitaban personas, cantaban, bailaban, y por lo general dedicaban Buena parte de su actuaci�n a criticar a las se�oritas domesticas.


Se llamaban entre otros, Rabanito, Ponchito, Tonin, Tachuelita, Corchito, Tutu, Bombin. Artista que se llamaba trapecista, malabarista, etc.  Bailarina a la mujer que vistiendo un atuendo elegante, era contorsionista, bailaba y cantaba.  El Circo Ataide fue uno de los m�s grandes, y de calidad que vino, trayendo leones africanos, tigres, elefantes, panteras y un enorme gorrilla de nombre Trucson. Para ver los leones, un camaronero, pero a saber de que, con su ropita como las que usan los de su oficio, brillante de tan vieja y adem�s sucia, meti� mucho la cara entre las rajas de la jaula, y el le�n le despellejo un cachete, desde entonces los patojos le dijeron "Comida de Le�n".

Unos tra�an buenas carpas, otros, como dec�an los poetas de anta�o, la noche era tachonada de estrellas, pues era muchos los agujeros que ten�an.  Muchos patojos quer�an ser Rabanito, Ponchito, o Eduardo Navarro, un excelente trapecista, lejos estaban de querer ser Rambos o Schawarzenegger.  Eduardo Navarro  y otro hac�an el vuelo de la muerte, el Circo Ataide, trajo como novedad "El Globo de la Muerte".  La alegr�a principiaba a la llegada del circo segu�a cuando lo armaban en la parte norte de lo hoy es el beneficio Campollo, segu�a con las funciones, y terminaba cuando empezaban a desarmar el circo y luego a colocar pertenencias en los vagones del tren.

El Teatro Olimpo, enorme caser�n de altillo, estaba frente a la �nica fila de almendros que tiene el parquet, entre la cuarta y quinta avenidas, sobre la calle del comercio actual zona uno.  En ese sitio se instal� actualmente un negocio y un banco del sistema.Eran dos enormes techos de plano inclinado; unidos en medio por un canal invertido llamado capote, con su gran alero volando sobre la calle y acera a manera de marquesina.  Su estructura completamente lisa.  Sala de exhibici�n de cuadros de pel�culas pr�ximas a proyectarse y la taquilla para venta de tickets o boletos.  Ten�a tres localidades, "Preferencia", consistente en sillas de Madera colocadas bastante pr�ximas  a la pantalla.  "Luneta", separada de preferencia por una peque�a baranda de Madera, con sillas del mismo material, se extend�a hasta la sala de proyecci�n situada en alto.  "Galer�a" que se ten�a como la localidad m�s barata y m�s popular, pero con muy buena visibilidad para el escenario y pantalla.

En el parque multitud de gentes sentadas conversando y otras paseando alrededor de la calle m�s ancha que lo circunda era muy frecuente en la �poca que familias, se�oras y se�ores lo hicieran.  Se escuchaba la m�sica procedente del teatro, bajo los almendros ventas de enchiladas y nieves que exped�an los se�ores Fidel y Elo�sa de Ruiz.  Sonaba el timbre, terminaba la m�sica, se�al de la funci�n iba a principiar.

Era la �poca de oro del  cine mexicano, del cine argentino, y tambi�n del cine norteamericano, se exhibieron en ese tiempo las mejore pel�culas de vaqueros.

El artista de moda era "Tarz�n', - Johnny Weism�ller- Hombre corpulento, magn�fico nadador, de pelo largo liso, con calzoneta, un cuchillo al cinto, caminaba por el bosque lanz�ndose                                                  de un �rbol a otro por medio de bejucos, viv�a en la copa de los �rboles, pasaba aventuras a lado de Boy, su hijo, su mujer y chita, una monita muy graciosa.  En vista de su �xito aparecieron otros "Tarzanes", pero desnutridos y que ya no encarnaron el ideal de los patojos.  Hab�a un gran entusiasmo por el cine, el teatro Olimpo ten�a llenos  completes, pues adem�s de la gente del pueblo, ven�an de las fincas, haciendas, aldeas, caser�os, en carros y hasta en camiones.  Fue escenario de grande veladas, espect�culos como lucha libre y boxeo.  Terminaba as� una ma�ana, una tarde o una noche alegre.  Los grandes desped�an del parque pensando en volver a sus trabajos y los patojos a su escuela.

La piscina de Maz� es una instituci�n para Coatepeque.  Fue construida durante la administraci�n del General Jorge  Ubico, en el a�o de mil novecientos treinta y seis.

Es m�s larga que ancha, enmarcada en cuatro l�neas rectas, bien profunda, sin mayores adornos, ni aditamentos, con sus dos filas de vestidores para damas y caballeros.  Con sus enormes amates y matapalos que la cuidan, el del centro con un arriate de cemento para sentarse.  Ten�a en la parte alta del sur, varias palmeras de las llamadas "De Colima".  Me parece que con todos los adornos y comodidades que otras puedan tener, sigue siendo una  de la mejores en el departamento.  As� como antes era el centro de la diversi�n de muchos patojos y gentes mayores, ahora lo sigue siendo.  Se llagaba a ella, de la ciudad saliendo por la llamada as�"Calle de Maz�"que por ser de tierra se formaba lodo durante la �poca de invierno.  Ahora se llega a la piscina tomando la "Calzada Maz�", en la esquina de la Iglesia del Ni�o de Atocha, porque ahora ya esta adoquinada.  Aunque ya casi todo en su entorno est� poblado, antes era monta�oso.

Al final de la calzada Maz�, y ya para subir a la finca del mismo nombre, est� un puente por donde pasa el r�o Maz� es de piedra molona cuadrada tiene la forma de arco de "Media Naranja", sus pretiles son del mismo material de piedra.  A eso de las siete u ocho de la ma�ana llegaban los ba�istas, se nadaba, se corr�a, se jugaba, se platicaba, y que cuando cada uno se daba cuenta ya era las doce o dos de la tarde, cada quien regresaba a su casa en grupos porque hab�a que almorzar.

Eventualmente, y m�s por el S�bado de Gloria, se iba al Naranjo, con sus aguas tremendamente fr�as, y su enorme puente colgante o de hamaca, que ya fue sustituido por uno de fijo de concreto. 

Se jugaba trompos, yoyos, tipachas, en su tiempo chajalele, canicas, tentas, arranca-cebollas, y las mujercitas saltaban cuerdas y jugaban mu�ecas.

A todo esto juegos hace tiempo los mat� el juguete industrializado: tanques de guerra, pistolas, ametralladoras, cuchillos, que tambi�n mataron a la mente ingenua y sencilla de los patojos.
LAS CASA DE ALTILLO DE MI CIUDAD
LAS CASA DE ALTILLO DE MI CIUDAD
Coatepeque o coal-tepec, yo te conozco, desde los a�os de mil novecientos cuarenta y tantos...porque Tin, quien ya est� en la Mansi�n Final, me sacaba a pasear todos los Domingos, y d�as de feriado.  Ya viv�amos en aquel entonces, en el cant�n La Esperanza.  El pueblo principiaba entonces por el rumbo Norte, en el beneficio Beyeler, que todav�a existe como un viejo y fiel guardi�n.  M�s adelante se divisa la monta�a, muy azul por la ma�ana cuando el d�a est� despejado, y porciones multicolores del suelo, verdes, rojizas y ocres, amarillentas, seg�n sea la �poca de siembras o de recolectas. 

Por el Sur, llegaba al cant�n San Francisco y parte final del barrio la Esperanza.   Del cant� San Francisco existe todav�a el tanque de lavar ropa, que cuando vivieron gentes m�s cuidadosas estaba rodeado de almendros.

Por el rumbo Oriente, llegaba al cant�n Las Casas, uno de los m�s a�ejos.  Todav�a est� en el mismo el beneficio Stahl, con su enorme chimenea, de la que cuando est�n trabajando, sale una enorme columna de humo negro.  Como la de los genios de que nos habla Las Mil y Una Noches.  En mil novecientos cuarenta y cinco, llego al antes denominado cant�n Barillas, actualmente cant�n Rosario, cuando el mismo por disposici�n de los se�ores Don Lisandro y Don Francisco Sarg Barrillas, se desmembr� de la finca "Dalmacia" que es la matriz de otros cantones actualmente de la ciudad.  Los se�ores Sarg Barillas, t�o y padre de mi estimado amigo Francisco Sarg Casta�eda donaron la imagen de la Virgen del Rosario que se venera en ese cant�n y por iniciativa de los vecinos y los donantes se le denomin� Cant�n Rosario.  Desde luego las l�neas no eran tan rectas ni tan exactas, pues fuera de ellas y de cada cant�n aparec�an casitas salpicadas que se consideraban las orillas del pueblo.

Las calles eran en su mayor�a de tierra y en parte empedradas, por ejemplo, la segunda avenida m�s conocida como avenida Veinte de Octubre, estaba empedrada desde el Mercado Municipal, hasta un poco abajo de la l�nea del ferrocarril , en el cant�n San Francisco. 

En Coatepeque o Coat-tepec, con muchos a�os de anterioridad a mil novecientos cuarenta y tantos, parece ser, que lo m�s avanzado y de buen gusto, en lo que a construcciones se refiere, era las "Casas de Altillo".  Las casas de altillo, por su estatura, por sus formas ven�an a ser algo muy peculiar.  Consist�an en dos enormes tejados, en plano inclinado o diagonal, unido en la parte superior por un canal invertido llamado capote, y la parte superior de su maderamen eran las "Tijeras".
 
La puerta de la esquina superior, ten�a al frente un boquete saliente, con una peque�a baranda de madera o hierro, que era el balc�n de la casa de altillo.  Hab�a balcones cuadrados o redondos a manera de la media naranja, puertas y ventanas estaban adornadas con arranques, como les llamaban los carpinteros y bordeadas con marcos.

Las hab�a con pasillo o peque�o corredor al frente, con su respectiva baranda de madera o de hierro.  Las hab�a con puertas de bastidor y ventanas, que en la parte superior en el espacio llamado tragaluz se les adornaba con calados, consistentes equis, zetas, talitos en diagonal, persianas horizontales y verticales, cuadritos, bocadillos, motivos en forma de aspas de molino de vientos, se les adornaba con toda clase de figuritas que reflejaban el buen gusto de quien las encargaba, y el ingenio de el o los carpinteros que las constru�an.  En construcciones de este tipo los alba�iles, muy poco ten�an por hacer, pues su actividad se circunscrib�a m�s que todo a poner los cimientos, que eran de piedra y de cemento y a poner el piso o a fabricar el entornado.

Se sub�a del suelo al altillo, propiamente dicho, por medio de una escalera colocada en forma de diagonal, con su respectivo pasamanos, y sus habitantes jubilosos y alegres sub�an y bajaban seg�n le interesara, porque tanto en sus ventanas superiores como en el balc�n, se divisaban diferentes puntos del pueblo, pues la mirada pod�a perderse en el horizonte, hasta juntarse el cielo con alguna de las monta�as que en la lejan�a rodeara el pueblo.

Se tiene noticia de que las casas de altillo que a�n existen, ya sobrepasan los treinta, cuarenta, cincuenta, y hasta sesenta a�os de edad.

Coatepeque, o Coat-tepec, vamos a hablar de las casas de altillo, que en un tiempo te adornaron, y de las que todav�a te adornan En el Barrio la Esperanza, al final de la s�ptima avenida, y frente a la l�nea del ferrocarril, a�n est� la casona que primero fue de Don �ngel Barrios, despu�s de Manuela Barrios Zavala, y actualmente de Julio Alberto Barrios Zavala.  En el mismo barrio y frente a la iglesia de Esquipulas hace algunos a�os todav�a estaba la casa de altillo que fue del Se�or Alejandro Pe�a de origen espa�ol y en seguida del se�or Fabi�n Lucas Mart�nez.  En la misma s�ptima avenida y calle del comercio, estaban en casa de altillo las pensiones Ambos Mundos y Vega, actualmente esta en su lugar un moderno edificio que alberga un hotel.

Entre sexta avenida y s�ptima avenida y calle del comercio con profusi�n de flores y amplios corredores est� la casa de altillo de la familia Sarg Moreno, alojando un negocio de hotel.  En la sexta avenida entre quinta calle y calle del comercio, est� la casa de altillo de la familia Figueroa Tovar.  En el coraz�n del pueblo, y dentro del parque central se ergu�a imponente el antiguo edificio municipal, en el mismo sitio en que est� el actual ayuntamiento, con su elegante torre cuadrada, en lo alto un reloj que con sus campanadas nos daban noticias del tiempo, rematando la torre una aguja de metal.

En la calle del comercio entre cuarta y quinta avenida y frente a los a�ejos almendros del parque, los �nicos que quedan, como un gigante que mirara hacia los jardines del parque se levantaba el elegante Teatro Olimpo.  En su lugar esta un negocio y un banco del sistema.  El Teatro Olimpo, pueden apreciarse �leos adquiridos por el Poeta �ngel Castillo, en un banco del sistema y en una importante tienda en la esquina de la zona uno, estaban tres imponentes casas de altillo, de ellas queda una de don Francisco de Paz Lara, otra fue remodelada y tiene un negocio de mercader�as, la tercera fue destruida y se construyeron comercios y un hotel.
Finalizando �sta parte de la ubicaci�n de las casas de altillo, diremos que al costado Oriente del parque central existen dos casas que alojan diversos negocios, una fue del se�or Alejandro Ram�rez y la otra del se�or Gustavo Mazariegos de oficio barbero.


Para descansar un poco del recorrido, nos sentamos en una banca del parque, frente a la fuente, muy elegante y que en un tiempo fue luminosa y que est�bamos con la esperanza de que vuelva a iluminar. 

Hablemos por un momento de otras casas.  Sobre la cuarta avenida a la altura de la novena calle, en el cant�n la Independencia, viv�a do�a Buenaventura Gonz�les conocida en todo el pueblo como Do�a Nuta, la comadrona, quien como otras personas de su noble oficio, recibi� a muchas personas nacidas aqu�.  De cuya consecuencia resulta que de las gentes que habitan Coatepeque unas nacieron en sus entra�as y otras fueron recibidas, en diferentes lugares.  De las recibidas de otra parte, unas vinieron con un bagaje de conocimientos generales, de cultura, de poes�a, de pedagog�a, de intelecto, cuya influencia todav�a se deja sentir.  Otras, las m�s no se sabe que trajeron.

De las recibidas aqu�, muchas ya est�n el la mansi�n final, otras por otras razones de estudios o por diversas circunstancias, se marcharon a otra parte y ya no regresaron.   S�lo de vez en cuando se ve o se oye alguna expresi�n de a�oranza por el pueblo, otras tuvimos la dicha y la suerte de regresar y encontrar todav�a a nuestra familia, a nuestro amigos, las calles de nuestro barrio, sus casas a�ejas y otras recientemente construidas.  Qu� lindo y que bello vivir en nuestro pueblo.

Retornando nuestra narraci�n llegamos a la esquina de la calle del comercio y tercera avenida zona uno, frente al mercado municipal.  Encontramos un negocio de mercader�as, en donde hace pocos a�os, estuvo la casa de altillo m�s bonita del pueblo.  La de don Joaqu�n Wannam, la que posteriormente fue de su hijo Timoteo Wannam Maldonado; era como un palomar rematado con un techo de l�mina en forma de pir�mide, un incendio las destruyo hace unos pocos a�os.  Sobre la tercera avenida y s�ptima calle de la zona uno frente al mercado municipal, estaba la casa de altillo de la familia Baechli.

En la segunda avenida y octava calle, pero ya en el cant�n la Independencia estaba la casa de altillo de don Marcos Monterroso.  Frente al mercado municipal, en la avenida Veinte de Octubre  y calle del comercio, todav�a est� la casa de altillo de la familia Barrundia.  En la calle de la estaci�n, actual cuarta avenida y segunda calle, estaba la casa de altillo de la familia Couti�o, que aloja el negocio llamado pensi�n M�xico.

Finalmente llegamos al cant�n Colombita, y en la primera avenida y cuarta calle encontramos vivita y coleando haci�ndose los quites de tiempo otra casa de altillo.  A la vuelta y sobre la calle vive el Maestro H�ctor G�lvez Fuentes.  Se considera una de las m�s recientes, sin embargo ya frisa sobre los cuarenta a�os.

Coatepeque, Coal-tepec, en el aspecto material, por tu potencial econ�mico, hemos avanzado bastante.  Tus pintorescas y elegantes casas de altillo han sido y siguen siendo sustituidas por las que ahora se llaman casas de varios niveles, y es as� como las tenemos ya de dos, tres y hasta cuatro.  El crecimiento vertical de nuestra ciudad, es muy importante, porque podr�a evitar que siga creciendo en forma horizontal y desordenada.  Pero a la par de la desaparici�n de las casas de altillo, poco a poco se ha ido diluyendo el tipo de sociedad de su �poca, constituida por gentes educadas, de buenas costumbres, respetuosas, sencillas, trabajadoras, dadas a diversiones simples, pero constructivas.  Era toda un gran familia, con sus peque�os problemas, que se resolv�an mediante el razonamiento y la inteligencia, con una industria dom�stica, adem�s de los beneficios de caf�, exist�an f�bricas de camisas, pantalones, de puros, de bebidas gaseosas como las de don Manuel C. Guill�n, de bombas y cohetillos pirot�cnicos en el cant�n San Francisco, curtiembres y de f�bricas de hielo de don Joaqu�n Wannam, de candelas, de zapatos.


No exist�a por entonces, esa profusi�n de aparatos que como inventos son magn�ficos, pero el material utilizado es malo en su mayor parte.  Se incita a la violencia irracional, al odio, a la venganza, tr�fico y consumo de drogas, inmoralidad, prostituci�n que ha venido a crear una subcultura agresiva y desconsiderada.


Coatepeque o Coal-tepec, tiene que llegar a su sublime destino, de ser Una Gran Ciudad, dado su potencial de poblaci�n y su ubicaci�n geogr�fica.  Esto ocurrir� cuando sus mejores hijos, sus mejores elementos, y los venidos de otros lares pero que realmente lo amen, lleguen a la conclusi�n de que a la pr�ctica (que encarna todo lo material), debe unirse la teor�a (lo ps�quico o del esp�ritu), el pensamiento, el arte, la filosof�a, la literatura, es decir la actividad inmaterial, poes�a, m�sica, escultura, oratoria.  Dichosos y bienaventurados los que se dedican a �sta actividad, a la que los Atenienses llamaron con la palabra "Diagogos" que ser� lo �nico que cambiaran a los hombres y consecuentemente a las sociedades.


Terminando este trabajo, fui al cementerio y le� la l�pida de la tumba que dice Agust�n Robles Santizo - Don Tin- Naci� el 24 de Marzo de 1901 - Falleci� el 31 de Mayo de 1989 muy triste el di las gracias por haberme ense�ado a querer a mi ciudad.
LAS CASA DE ALTILLO DE MI CIUDAD
UNA TIENDECITA EN EL
CANTON LA ESPERANZA
UNA TIENDECITA EN EL
CANTON LA ESPERANZA
UNA TIENDECITA EN EL
CANTON LA ESPERANZA
La actual s�ptima avenida de la zona uno, en el cant�n; La Esperanza, no se sabe si principia o finaliza, frente a la l�nea del ferrocarril, con la que hace esquina.  Corre la l�nea de Poniente a Oriente, saliendo de la estaci�n, al llegar a la mera curva para llegar al puente Superior, est� todav�a una presa de la finca Las Casas, en donde tambi�n hab�a un tanque para lavar ropa.  La l�nea de ese rumbo estaba rodeada de enormes cafetales, donde abundaban las frutas, guineos, chincuyas, cushines, cacao, anonas, algunas naranjas y mandarinas, adem�s est� todav�a un bonito r�o , con pescaditos de los llamados "Pupos", peque�as mojarritas y cangrejos.  El bosque, el r�o y las frutas, hac�an que ese entorno del cant�n fuera tambi�n refugio de clarineros, zanates, y de uno que otro "Cuchar�n", llamado as� por los patojos, pero el p�jaro as� conocido, no es m�s que el hermoso y elegante "Tuc�n".  Hab�a tambi�n azulejos, chiltotes y gorriones.

Hab�an pocas casas por ese rumbo del pueblo, las �ltimas estaban situadas a una o dos cuadras de la iglesia de Estipulas, en donde tambi�n hab�a un foco de la luz el�ctrica, que en ese tiempo por las noches, m�s parec�a la brasa de un cigarro.

En la hondonada, apart�ndose un poco de la s�ptima avenida hacia el lado derecho, estaban los primeros y �nicos ba�os p�blicos de la �poca que eran los de Don Joaqu�n P�rez Z. conocido como "Don Quincho".

Es cierto que las "casas eran escasas", por ese lado del pueblo, pero tambi�n lo es que la l�nea del ferrocarril, siempre ha tenido gran circulaci�n de gente antes a pie solamente, ahora tambi�n en bicicleta y motos, comunicaban con el "Cant�n Aurora", que ya es urbano, es decir se le tiene como parte de la ciudad, en ese entonces estaba muy separado del pueblo, tambi�n por la l�nea se iba a muchos municipios, aldeas y caser�os.

Era algo muy bonito y saludable para los patojos, nadar en la presa, pasear por la l�nea, comer frutas en los cafetales, y juntarse a jugar en la esquina a veces durante el d�a, pero m�s durante la noche.

En la esquina que ya mencionamos, y al pie de una casa de altillo que todav�a esta en el mismo lugar, se encontraba el �ltimo foco de la luz el�ctrica y al frente, una tiendecita, de una viejecita, que se llamaba Do�a Julia, de que no se sab�a su apellido; de una sola trenza tirada hacia atr�s descalcita, con delantal, y naguas.  En la tiendecita vend�a lo que se llama art�culos de primera necesidad, tales como gas, (pero no del actualmente envasado en tambos), sino para echarle a los candiles, manteca, candelas, pan, fr�jol, arroz, ocote, y de ribete algunas golosinas, consistentes en dulces, bocadillos, pizarrines, y caramelos de bola.  Por las circunstancias ya dichas, en esa esquina se reun�a una marabunta de patojos, la casa de Do�a Julia, era de madera, con techo de l�mina de zinc, un corredorcito al frente, con una barandita de madera.  La ventana grande, donde estaban el mostrador y la estanter�a.  Segu�a a la tienda, un cuart�n grande, que al final comunicaba con la cocina, pero como �sta se encontraba en desnivel, por lo bajo del terreno, hab�a que subir y bajar de cuatro a cinco gradas.

Como la viejita no ten�a sirvienta, solo despachaba, y bajaba a la cocina a ver como iba la comida, soplar el fuego, echarle le�a, pelar sus verduras, barrer, o simplemente sentarse a descansar.
Uno de tantos d�as, y variando la manera de causar problemas a la viejita, dispusieron, otro modo de fastidiarla; Toc� el mostrador el primer g�iro.  Sali� la viejita, Buenos d�as mijo, - que dice tu coraz�n- me despacha una Moreliana.  Con mucho gusto mijito.  La envolvi� la venerable anciana en un papelito.  Aqu� esta tu Moreliana.  Puso el patojo medio centavo en el mostrador, aparece el segundo patojo y tambi�n toca el mostrador.  Sale la viejita, - que se te ofrece mijito- Me despacha una Moreliana.  Con mucho gusto mijo, aqu� esta tu Morelia.  Bien envuelta en un papel.  El patojo, pone una ficha de medio centavo ene l mostrador, precio de la Moreliana.  As� pas� una buena tanta de g�iros a comprar a la tiendecita.  (Moreliana, mis pacientes lectores, era un panito redondo, casi plano, delgado, de color oscuro porque entre sus ingredientes llevaba panela, con la orilla llena de piquitos como serrucho y se adornaban en medio de un poquito de az�car).

Aparece otro patojo.  Sale la viejita. Mijo, que tal est� tu mama�ta. - bien do�a Julio.  Y tus hermanitos, -bien do�a Julita-. Que se te ofrece papa�to.  Me da un bocadillo, y puso medio centavo sobre el mostrador.  Con gusto rey.  Se qued� mirando el g�iro, yo quer�a un bocadillo verde- ahorita de lo cambio mijo, y d�ndole vueltas al peque�o canastito donde guardaban los bocadillos, le dio uno del color que quer�a, al peque�o parroquiano.

As� fueron desfilando de compras por la tiendecita muchos patojos, pidiendo gustos por supuesto.  Cuando la viejita les daba un cachito, le ped�an una moreliana, y cuando les alcanzaba la moreliana le ped�an franc�s, si les alcanzaba un bocadillo blanco, le dec�an que quer�a uno verde, si les daba un bocadillo verde, le dec�an que quer�an uno amarillo.

Como a cada vez que despachaba do�a Julita, enseguida se iba a la cocina, bajando y subiendo gradas, termin� con dolor de cintura, de rodillas y canillas, y sobre todo aburrida y cansada.

Vio la se�ora el producto de las ventas de esa ma�ana que guardaba en un bote vac�o de sardinas, tenia doce moneditas de medio centavo, que correspond�a a igual n�mero de compradores.  Los consumidores formando un solo grupo, en un predio vecino, conforme iban llegando los art�culos que compraban en la tienda as� se los com�an, en medio de chistes y burlas, imitando a do�a Julia.  De reprende apareci� todo el grupo de patojos, frente a la tienda, y brincando y gritando, dec�an: JULIA, QUIERO UN BOCADILLO VERDE, - JULIA, YO QUIERO UN BOCADILLO BLANCO. - JULIA YO QUIERO UNO AMARILLOA- JULIA YO QUIERO UNA MORELIANA-.  Al o�r las voces y los gritos, la viejita sali� de la cocina, y lleg� a la tienda y par�ndose en el corredor con sus flacos brazos en la cinturas. Le dedic� �ste lac�nico pero fogoso discurso: ISHTOS, DESGRACIADOS. TANTO QUE CHINGAN, EN COATEPQUE NO HAY SOLO UNA TIENDA, VAYAN A JODER A OTRA PARTE, YA SE LO VOY A DECIR A SUS TATAS.
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