| CARLOS JULIO PANIAGUA PORTOCARRERO |
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| Naci� en la ciudad de Guatemala el 5 de Febrero de 1912, hijo de Rosa Silvestre Paniagua Ruiz, Guatemalteca, y del Dr. Arturo Portocarrero, Nicarag�ense. A los 15 a�os de edad llega con su familia a radicarse en Coatepeque pueblo que adopto como propio. Desde temprana edad empez� a escribir versos, dedicados en ese entonces a la mujer, de la cual fue un profundo enamorado. Periodista por vocaci�n, fundo y dirigi� dos peri�dicos en Coatepeque: Aurora y Coatepeque: y conjuntamente con el escritor Eliseo P�rez M. el peri�dico EL PUEBLO. Adem�s fue columnista de peri�dicos capitalinos como el "NUEVO DIARIO". Incursion� con �xito en el teatro, donde escribi�, dirigi� y a veces actu� en varias obras escenificadas en el antiguo TEATRO OLIMPO, habi�ndose sido uno de los propulsores del teatro en esta ciudad. Muri� el 1� de Febrero de 1985 Sus Obras |
| COMO LAS ROSAS |
| COMO LAS ROSAS |
| Ad�rnate de rosas si lo quieres, pero menos bellas que t� como flor y menos gentiles pues t� no hieres, bien les ganas en presencia y candor. Se adornar�an ellas, s�, las rosas; si t� las llevaras en tu cabeza |
| !C�mo se ver�an tan primorosas, tan embellecidas con tu cabeza! Sin embargo por si no lo adivinas yo te dir� que tan hermosas flores por torpes caricias te dan espinas. As� como las rosas hay amores que a cambio de ingenuos embelesos nos dar�n mordiscos en vez de besos. |
| LA ROCA Y LA FUENTE |
| LA ROCA Y LA FUENTE |
| En el bosque ingente la ruda roca le dijo un d�a a la rauda fuente: !Yo te admirar�a! !Oh agua ruidosa s� correr te viera altiva tan soberbia y espumosa cauce arriba! |
| Y el agua repondi�: !Oh torpe roca! Yo a mi vez te admirar�a si comprender pudieras el alma m�a Para subir no me arrastro loca por el inmundo suelo; yo tengo alas para levantar mi vuelo. |
| LOS ALEROS DE MI CIUDAD |
| LOS ALEROS DE MI CIUDAD |
| C�mo pienso en los aleros de mi ciudad... S� los aleros fueron anchos, m�s anchos cuanto bien le har�an a las pobres gentes que duermen en las banquetas. Por qu� no son anchos, m�s anchos los aleros para que la gente pobre pueda agonizar cobijada lo que les resta de rigor a la intemperie. Bajos los aleros de mi ciudad agoniz� Guillermo, La Laura, el pobre hombre que desgarraron las amebas; la Sabina que amaneci� muerta una ma�ana cualquiera en un d�a sin fecha. Tambi�n "Almuerzo", �l supo mucho de las bondades de los aleros de mi ciudad, y, una noche por los caminos alucinantes de Baco, se fue !El popular "Almuerzo"! A quien un poeta homenaje� con un sentido responso. Como pienso en los aleros de mi ciudad en las casitas de naylon que los desheredados levantan como diminutas tiendas en los andenes y en los envoltorios que se hace durmiendo empaquetados. |
| Naylon !Oh maravilla de la ciudad! Cu�nto bien has querido hacer para la gente pobre. Naylon para cubrirse, para ponerlo entre el cemento y la espalda. Naylon, naylon, naylon, convertido en ropero sobre la espalda, sobre la cabeza, debajo del brazo de la gente pobre. Naylon por aqu� naylon por all�.... En las tardes de lluvia las aceras de mi ciudad se ponen de fiesta a puros colores; la miseria se ahoga entre las telas sin poros con un algo de flores acu�ticas. Yo pienso mucho en el petr�leo qu� va a ser de es gente pobre cuando en las entra�as exhaustas de la tierra no hay m�s vestigios de f�siles marinos. Ya no habr� naylon y la miseria ya no tendr� donde ahogarse. As� es la suprema bondad de los aleros de mi ciudad. Acoge a la gente pobre, a los viciosos sin horizontes, que un d�a sin calendario trasponen los umbrales de la vida y sus cuerpos quedan tendidos como de animales sin due�o. |
| REMEDANDO AL POETA A Alberto Menes Escobedo con intenci�n de afecto y elevada profundidad de amigo. |
| REMEDANDO AL POETA |
| ! Qu� bella es la juventud, querido amigo m�o! Y fuimos j�venes y bohemios, adem�s... Bueno "Divino Tesoro" lo llam� Dar�o; y el Bardo s� sab�a lo que dec�a y m�s. Nosotros fuimos felices, �Verdad canche amigo? Porque gozamos de la vida sin ultrajarla: porque en el alma llevamos, contigo y conmigo delicadeza de artista para disfrutarla. |
| Como tales, t� la embellecemos con tu pincel; tu buril que vibra de tu inspiraci�n al soplo le da honra merecida en el sentido fiel. Yo a veces, remedando al poeta con respeto, a la vibraci�n de un grato recuerdo me acoplo y al amigo escribo un verso como este soneto. |
| UN BURRO QUE SE CREYO CABALLO |
| Este era un borrico orej�n peludo: al cual su amo puso caballeriza, pero bien pronto, fatuo, el muy tozudo m�ritos alardeaba, enfatiza. Y engre�do en su rid�cula farsa, de ostentaci�n y gran sabidur�a, terco se crey� la divina garza discutiendo lo que menos sab�a. |
| UN BURRO QUE SE CREYO CABALLO |
| Distorsiona su rebuzno y relincha este zonzo iluso de nuestro cuento, y habla de una montura y una cincha. Jurando que es tan veloz como el rayo; pues sucedi� que llegase un momento que el muy burro ya se crey� caballo |
| UN LEON TORERO |
| UN LEON TORERO |
| D�cese de una leona muy hermosa cuyo esposo era un solemne holgaz�n, nunca supo como se gana el pan, el sost�n familiar era la esposa. Pero un d�a agotada su paciencia le urgi� ir al bosque por una presa, y �l cazador tan falto de destreza le sale al paso un toro con violencia. |
| Lo levanta en vilo y vuela gimiendo, y se defiende al quite que da grima y viendo la escena desde una cima. Su mujer grita con acento fiero: ! Bonito�, tus hijos de hambre muriendo y vos Que pena? !jugando al torero.! |