EL COLAPSO DEL PARADIGMA ILUSTRADO DEL SABER
Y LA CRISIS DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA
[1]

 

José Carlos Ballón

 

 

Los notables cambios en los patrones de vida de millones de personas que vienen ocurriendo a lo largo de las últimas décadas con los procesos de globalización, no nos remiten únicamente a aspectos económicos, tecnocráticos o gubernamentales, sino que abarcan el conjunto de nuestras relaciones humanas. Condicionan no sólo la producción material y el mundo del trabajo, sino también la producción espiritual de los sentidos comunes, de las categorías filosóficas y de las expectativas subjetivas de la gente.

 

Un buen punto de entrada para su comprensión, puede encontrarse en los cambios ocurridos en la base científico-tecnológica de la sociedad moderna. Dichos cambios son particularmente interesantes para la comprensión de los problemas de la educación, en la medida que nos remiten a la cuestión clave de la llamada sociedad del conocimiento y se refieren a la capacidad de producir saber.

 

Por ejemplo, a inicios del siglo XX se registraban un total de 10 mil revistas de investigación científica. Hoy se registran 100 mil. Sólo en el área de matemáticas se publican anualmente un promedio de 200 mil nuevos teoremas y en la última década, se han publicado más de un millón de artículos en las revistas especializadas de química. Entre mediados del siglo XVIII y fines del siglo XIX se produjo una duplicación de la masa de información científica disponible. En la primera mitad del siglo XX la duplicación de la información científica se produjo en 50 años. Desde comienzos de la década del 90, la duplicación se viene produciendo cada cuatro años.

 

La estrecha correlación existente entre el incremento en la producción de conocimientos y la expansión del poder económico y político, fue agudamente observada el año 1994 por una edición especial de la revista inglesa The Economist. Dicha revista registró que el mayor ingreso de divisas a la economía norteamericana no provenía de sus exportaciones físicas industriales sino de lo que denominaban, la exportación de ciencia creativa, proveniente de los cobros de patentes, royalties, derechos de autor, etc. de su producción científica, de sus servicios tecnológicos y de su producción artística.

 

De hecho, estamos ante un rasgo característico de la evolución que ha tenido la estructura del comercio mundial en la segunda mitad del siglo XX que viene distanciando aceleradamente a los llamados países desarrollados y los del tercer mundo. Así, entre 1960 y 1992 la participación de los países desarrollados en el comercio mundial se ha elevado del 65 al 71%, mientras que la de América Latina ha decrecido del 7 al 3%. Y en la base de dicha separación se encuentra el creciente diferencial de productividad. Así, la distancia entre Burundi (el país más pobre en 1985) y USA (el más rico en ese mismo año), fue de 72 veces el PBI per capita. Pero hacia 1994, la distancia entre Ruanda y el Japón (el más pobre y el más rico para dicho año) se elevó a ¡432 veces! En el mismo periodo, el ingreso de los diez países más pobres cayó en 30% mientras que los ingresos de los 5 más ricos aumentaron en 97% en términos del PBI per capita.

 

En un momento en que el conocimiento, o mejor dicho, la capacidad de producir conocimientos, constituye un factor decisivo de nuestra propia sobrevivencia como nación y como individuos, la democratización social ya no equivale a una simple masificación creciente de los servicios públicos educativos. Una educación deficiente sólo conduce a certificaciones devaluadas (así sean a nombre de la nación) que sólo coloca en inferioridad de condiciones a sus poseedores individuales y en una creciente debilidad a nuestro país en su conjunto. Hoy, no hay nada más antidemocrático y discriminatorio que una educación deficiente, que es el caso de la educación pública, y no existe alguna perspectiva razonable de que dicha situación pueda ser revertida desde nuestros pauperizados estados nacionales mediante una masiva inversión pública que apueste por la calidad académica, por razones que vamos a denominar estructurales.

 

Cuando algunos creen que las nuevas tecnologías y los cambios sucedidos en la economía mundial son un resultado o una mera continuación expansiva de la civilización y cultura moderno burguesa, no hacen sino reproducir la imagen idílica de esta, como un sistema natural y eterno, carente de contradicciones y límites históricos, propios de una peculiar construcción del saber (paradigma de cientificidad) y del actuar humano (paradigma de la producción).

 

Pero el giro que se viene operando en el mundo actual, va más allá de una mera operación financiera o política, tiene su fuente definitiva en el desarrollo de un inmenso movimiento crítico con respecto al conjunto del paradigma productivo y cultural que orientó la civilización y cultura moderna desde la ilustración hasta nuestros días.

 

En la noción moderna de cientificidad -que supone un lenguaje transparente y directo compuesto de ideas claras y simples- el saber es planteado como una relación natural sujeto-objeto, en la cual la comprensión de la «realidad» (natural o social) es concebida naturalistamente como una representación directa sobre hechos y cosas y no como un entendimiento simbólicamente mediado o comprensión social.

 

Ello es lo que ha caracterizado la esencia del debate filosófico contemporáneo. En esto consistió precisamente la fuerza histórica de la crítica inmanente al paradigma moderno iniciada desde muy distintos ángulos a partir de la segunda mitad del siglo XIX por pensadores como Marx, Nietzsche, Freud o Peirce.

 

 

Marx, por ejemplo, criticó radicalmente la fetichización que presentaba al régimen capitalista como un sistema natural y eterno de la vida humana. No se trataba de una relación hombre-naturaleza, ni de un simple sistema de producción de objetos (mercancías). El sistema capitalista no resultaba inteligible objetivamente en el paradigma gnoseológico sujeto-objeto, sino a partir de una comprensión de la intersubjetividad histórico social que lo conformaba.

 

Nietzsche, desenmascaró el paradigma del saber y del progreso modernos mostrando que no era una relación natural sino el resultado de la construcción de una jerarquía de valores que presuponía una moralidad que ponía a los individuos modernos, no a las puertas de la autosuficiencia, sino de una nueva esclavitud de las cosas, que poco tenía que ver con el incremento y perfeccionamiento de la libertad prometida por la ilustración.

 

Freud desenmascaró igualmente la supuesta transparencia del discurso racionalista y del sujeto consciente cartesiano, mostrándolos como una máscara encubridora de oscuras pulsiones crecientemente reprimidas por los tabúes sociales. Demolió la supuesta "coherencia" de nuestra subjetividad y la redescribió como una suerte de cuasi-conjunto "incoherente" (léase de propiedades o tendencias no-convergentes), poblando nuestro mundo interno de tres sujetos (yo, ello y super-yo) con tres diferentes relatos de una misma experiencia que disputan convulsivamente al interior de los mismos zapatos.

 

El yo racional dejó de ser visto como la "esencia" o "parte superior del alma", heredada de la tradición platónico-aristotélica-cristiana. Se inicia así un cuestionamiento radical de la tradicional idea jerárquica de la naturaleza humana, sobre la que se construyó una moralidad ascética, represiva y culposamente intolerante frente a la heterogénea conducta humana

 

Pierce, cuestionó la concepción naturalista del saber, interpretándola como una relación simbólicamente mediada de naturaleza intersubjetiva (social), que comenzó un largo cuestionamiento del dogma metafísico representacionista del discurso moderno. Dicho debate fue nuevamente enriquezido en los años treinta del presente siglo con las críticas radicales del llamado "segundo Wittgenstein" al paradigma representacionista del lenguaje, las de Bajtin y su círculo, al discurso monológico autoritario del relato moderno, o con la "destrucción" de la ontología objetualista y la racionalidad instrumental moderna por Heidegger.

 

En pocas palabras, todas estas críticas acumuladas desde mediados del siglo XIX -tan dispares en sus métodos, objetivos y concepciones- sólo parecen coincidir en un sólo punto: que la finalidad liberadora que la ilustración había atribuido al paradigma de cientificidad moderno, resultó a fin de cuentas paradójica y autoritaria ¿Cuál fue la razón de tan frustrante desenlace? Aquí los caminos de todas las respuestas se disgregan y multiplican. Tal es el estado de la cuestión, o quizá también de su solución, pues no parece haber una respuesta global, simple, clara y distinta, vale decir, una respuesta en los mismos términos cartesianos de la tradicional racionalidad discursiva moderna que precisamente se critica.

 

 

PARADOJAS DE LA PRODUCCIÓN AMPLIADA

 

La visión tradicional que la modernidad elaboró de sí misma, partió del paradigma sujeto-objeto, procedió a identificar modernidad con industrialización, (hombres produciendo masivamente objetos) y el proceso de modernización exclusivamente como aumento de la productividad del trabajo. A ello se reduce finalmente la visión tradicional que se tiene del capitalismo y la fuente gnoseológica que impide comprender las inmensas contradicciones que hoy se operan en la sociedad contemporánea.

 

Esta concepción consagró como único método del incremento de la productividad social la división del trabajo (la especialización objetual o instrumental del saber) y su consecuencia fue, la concentración y centralización creciente de la producción en una estructura de tipo piramidal de fábricas cada vez más grandes y un número decreciente de capitalistas o funcionarios capaces de controlar globalmente la producción social. Al mismo tiempo, una masa laboral creciente de obreros manuales especializados y mecanizados, realizando trabajos simples y repetitivos, cada vez más alejados del control global del proceso de producción.

 

Consecuencias:

 

a)                    La primera consecuencia paradójica se hizo evidente con la expansión de la producción capitalista. Se fue generando un aumento geométrico de los COSTOS DE PRODUCCIÓN y la consecuente "caída de la cuota de ganancias" o "Ley de los rendimientos (o utilidad marginal) decrecientes" del capital, con su secuela de crisis periódicas que tienden a FRENAR EL SUPUESTO AUMENTO CONTINUO E INDEFINIDO DE LA PRODUCTIVIDAD.

 

b)                    La segunda consecuencia de dicha visión, fue el AUMENTO CRECIENTE DE LA BUROCRACIA ADMINISTRATIVA NO PRODUCTIVA, necesaria para vigilar y coordinar las decisiones sobre el proceso global, imposibles de ser tomadas por los trabajadores especializados. Este tipo de crecimiento produjo un tipo de empresa piramidal («modelo prusiano» lo llamará Druker) que no sólo incrementa los costos de producción y reduce las ganancias del capitalista sino que incrementa la lentitud de las decisiones, reduce la velocidad de la rotación del capital y con ello frena el CRECIMIENTO DE LA PROPIA PRODUCTIVIDAD que constituye la palanca de un proceso de modernización.

 

c)                    La tercera consecuencia se produjo con la centralización y concentración física que requieren la velocidad de las decisiones y el ahorro de costos, que acabaron tugurizando las urbes, al punto que la suciedad, los ruidos enloquecedores, la contaminación del ambiente, el embotellamiento del tránsito, la escasez de vivienda, la violencia delincuencial, el deterioro ecológico etcétera, que terminaron sobredimensionando el aparato burocrático de administración publica, transformándose en un NUEVO COSTE QUE FRENA AÚN MÁS AL INCREMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD.

 

d)                    La cuarta consecuencia se produjo en el sistema educativo, con el desarrollo de una tecnología basada en la especialización del trabajo en sus componentes simples, la cual terminó agudizando la división entre el trabajo intelectual y manual, limitando los procesos de aprendizaje a un mero entrenamiento memorístico de operaciones repetitivas, que, al atrofiar nuestras aptitudes analíticas y sintéticas, dificulta inmensamente la propia innovación tecnológica.

 

Al mismo tiempo, dicha educación reducía toda capacidad de visión e intervención en la vida publica al trabajador, reproduciendo la necesidad de una representación burocrática que sustituye su participación directa en la vida política. Muchos pensadores contemporáneos realizaron agudas observaciones y reflexiones parciales sobre el alarmante proceso de burocratización, autoritarismo y clientelaje oligárquico emergido en el mundo moderno contemporáneo -particularmente después del fascismo y el estalinismo- pero no pudieron identificar con claridad el origen estructural que lo originaba.

 

Fue una verdadera ruptura paradigmática, que se inició en las ciencias básicas matemáticas y electrodinámicas, la que condujo entonces al abandono de la tecnología tradicional y al desarrollo de los sistemas de comunicación interconectados (redes), las que comienzan a problematizar las premisas técnicas sobre las cuales se incrementó la productividad en el pasado, para desbordar la vieja estructura piramidal de la empresa y su lentitud paquidérmica de decisiones, dada por el manejo jerárquico y el secreto de la información, mediante una nueva estructura de racimos empresariales interconectados horizontalmente por una red.

 

Se crean premisas para nuevas relaciones técnicas de producción, que a diferencia de las anteriores, se encuentran basadas en el conocimiento y la información, lo cual problematiza y desborda la vieja diferenciación social entre el trabajo manual e intelectual y el monopolio estatal del saber.

 

En efecto, al integrarse a una red, el trabajo particular se ve integrado a una visión e intervención simultánea en el proceso global, ahora la "calificación" profesional del trabajo cada vez menos constituye una especialización simple y repetitiva (artesanal) y depende mas bien de la comprensión del sistema. Aparece una creciente abstracción e intelectualización del trabajo. La masa y velocidad de la información que se dispone, no puede ser ahora manejada por un saber simple y repetitivo. Ahora se trata cada vez más del desarrollo de la capacidad misma de aprendizaje, más que de una habilidad o conocimiento específico.

 

Estos cambios en la noción básica del incremento de la productividad, crean en consecuencia, no sólo premisas técnicas sino premisas sociales y políticas totalmente diferentes de aquellas que dieron origen a las formas de representación social y política basadas en minorías político-partidarias vanguardistas e ilustradas, asimismo se quiebra el «secreto profesional del funcionario» despótico, entorno que hacía prácticamente utópico el ideal socialista de una sociedad sin estado y sin clases, como una «asociación libre de productores».

 

Comienza a romperse no sólo la vieja "concepción prusiana" de la industrialización, sino también el llamado "modelo asiático" que caracterizó los procesos de industrialización de los países de tercer mundo, basados en proyectos políticos, que requerían un régimen servil (de clientelaje) de relaciones laborales y mano de obra barata, estructura basada en bajos salarios y en un entrenamiento rudimentario. Tal es el límite frente al cual hoy colapsa la educación pública tradicional. La costosa e ineficiente estructura burocrática piramidal sobre la que fue concebida.

 

PARADOJAS DE LA DEMOCRATIZACIÓN POLÍTICA

 

En realidad, la creciente importancia del aparato estatal en la vida social, se justificó sobre la base de presentarse como la única forma viable de entrelazar la crecientemente compleja división técnica y social del trabajo producida con el desarrollo capitalista. Tal es en última instancia el problema de la llamada "gobernabilidad". La devaluación creciente de la sociedad civil fue aparejada con el incremento de la burocratización y el autoritarismo

 

La contraparte del proceso de individuación social moderna (es decir el desarrollo de una sociedad civil compuesta por individuos autosuficientes) fue la autonomía creciente del Estado con respecto a la llamada sociedad civil (Weber). La burocracia estatal fue idealizada como expresión del «interés general». El Estado fue visto en el peor de los casos, como un mal menor frente al individuo egoísta. La búsqueda de un remedio conciliatorio corporatista en los regímenes fascistas empeoró la enfermedad. La sociedad civil fue subordinandose al estado. El estado y la burocracia se han ido expandiéndo hasta el punto de devorar cada vez más el conjunto de la riqueza nacional y hacer cada vez más dependiente a los individuos del clientelaje del poder para cualquier actividad productiva o creativa

 

Las consecuencias:

 

a)        La tendencia a frenar el proceso de individuación social. La inseguridad y el temor kafkiano frente al Estado moderno tiende a sustituir la ética de la responsabilidad individual, por la ética del premio-castigo, y a privilegiar al polizón distribuidor sobre el individuo productor. El "trabajador" es sustituido por el "mendigo" y la "clase productora" es desintegrada en grupos corporativos gremiales, cuyos intereses dependen a su vez de grupos monopólicos u oligárquicos de poder cuyos ingresos y ganancias no dependen de su productividad sino de su dominio del estado (capitalismo monopolista de estado).

 

b)        Entonces la distribución se vuelve un privilegio de "grupo” que se obtiene por la cercanía o amenaza al poder y no una diferenciación social productiva que se obtiene por el trabajo. El salario deja de ser entonces una relación social y apenas resulta una mera fórmula contable. El clientelaje y las burocracias privilegiadas son entonces una consecuencia inexorable en todos los niveles de la sociedad.

 

Lo mismo sucede con la "ganancia". Hilferding y Lenin observaron con agudeza, aunque no con suficiente profundidad, cómo la burguesía industrial comienza a ser sustituida progresivamente por una oligarquía financiera y ésta depende cada vez más del Estado (capitalismo monopolista de Estado). La expansión del "mercado mundial", no resulta así de una expansión de la productividad sino de un reparto "imperial" de zonas de influencia. Esta apariencia de expansión capitalista en lugar de "aburguesar" a los países atrasados, reforzó oligarquías aristocráticas o tiranías plebeyas, perdiendo toda su función histórica civilizadora.

 

Pues bien, con la expansión de los sistemas de comunicación electrónicos se está descosificando el principal factor productivo: la circulación de la información y el conocimiento. Ello tiende a desbordar en todos los sentidos los controles de los poderes estatales locales, nacionales y regionales sobre el proceso productivo. Cada vez es más la velocidad de la comunicación y menos la planta física o la región geográfica (o las llamadas "ventajas comparativas naturales") la fuerza motriz del incremento de la productividad y la competitividad entre individuos y entre naciones enteras. Igualmente, con la aceleración de la comunicación, tiende a intangibilizarse y globalizarse la masa dineraria. y las transacciones tiendan a descosificarse (dinero electrónico).

 

Al descosificarse la principal fuerza productiva (con la creciente desartesanización de la fuerza de trabajo), el principal medio de producción (dependiente de la velocidad de circulación de la información) y el principal medio de circulación (con el dinero electrónico), el proceso productivo comienza a escapar cada vez más de los viejos marcos jurídicos y políticos en los que hasta hoy se venía delimitando la propiedad burguesa de los medios de producción. Las crisis desatadas por el incremento de la masa y velocidad del capital escapa hoy por completo al control estatal nacional, como lo muestra la reciente crisis asiática y rusa.

 

La caída del ex bloque soviético, muestra con creciente evidencia cómo la no circulación de la comunicación e información es cada vez más una fuente fundamental del entrampamiento de la productividad en los regímenes autoritarios que en el viejo paradigma parecían "eficientes". Ahora, su lentitud burocrática los vuelve incapaces de controlar los procesos económicos, su régimen social de clientelaje les impide atraer y controlar la mano de obra calificada, la de mayor productividad, decisiva para cualquier proyecto de desarrollo, la cual tiende a migrar automáticamente hacia entornos sociales más democráticos que le permitan negociar y valorizar mejor su fuerza de trabajo. La "fuga de talentos" se está convirtiendo hoy en uno de los factores fundamentales del incremento constante del diferencial de productividad entre los países atrasados y avanzados.(más de ochocientos científicos peruanos trabajan en los laboratorios de investigación científica de mayor nivel internacional).

 

 

PARADOJA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y MANIPULACIÓN

 

El mundo moderno desarrolló un discurso no comunicativo y autoritario que marcó fuertemente el desarrollo de los "medios de comunicación social" desde los diarios, el telégrafo, la radio, el cine y la TV. El conocimiento fue reducido a la información, es decir a un texto o mensaje de un emisor activo a un receptor pasivo o interlocutor inerme. Ello dio lugar al fenómeno moderno conocido como "propaganda" y "manipulación" en la vida social y política. El trabajador individual perdía toda capacidad de interlocución y de negociación frente a los grupos de poder. La llamada "opinión pública" (eufemismo que sirve para designar a los grupos de poder) condenaba al silencio la opinión individual.

 

En este contexto la democracia se tornaba imposible. No era sólo el aspecto económico y político el que fallaba en el proyecto moderno, sino el hecho mas básico de que éste se construía sobre una cultura que sólo era capaz de desarrollar discursos monológicos que hacían imposible el diálogo y la negociación. De ahí que los grupos críticos y contestatarios al régimen, estaban condenados a dos alternativas: al "underground" o resistencia clandestina, o a la elaboración de un contradiscurso, igualmente monológico y cargadamente mesiánico, correlacionado a un aparato de cuasi-guerra centralizado que era el partido político, necesarios para contrarrestar la fuerza del poder dominante. De ahí también el consecuente drama de los revolucionarios y liberadores cuando llegaban al poder; reproducían la misma -o más perversa aún- estructura jerárquica, oligárquica y autoritaria que habían combatido en la era prerevolucionaria.

 

Detrás del sistema Internet asistimos ahora a algo más que un aparato receptor. Lo fundamental de Internet y las computadoras personales, no es tanto el objeto tecnológico en sí. Como bien señala Nelson Manrique, «no hay que confundir el soporte técnico con el sistema mismo» (es decir en tanto «medio»), de la misma manera que no hay que confundir el soporte físico del dinero con el sistema de relaciones sociales que implica. Tenemos ahora un "televisor interactivo", una suerte de constructo hipertextual que supone un decodificador o interlocutor activo que participa en la construcción del texto comunicativo.

 

En realidad está cambiando la esencia del problema. En los sistemas de redes, la creatividad del individuo como interlocutor reconocido es el insumo fundamental. de la productividad. Desde el punto de vista cultural, si en los sistemas de comunicación anteriores, el texto contestatario estaba condenado a la marginalidad ahora millones comienzan a tener voz ante millones.

 

PARADOJA DE LA EDUCACIÓN Y LA INSTRUCCIÓN

 

Los cambios paradigmáticos conllevan una revolución decisiva en la noción de educación, análoga a la de productividad.

 

La vieja noción de productividad se encontraba íntimamente ligada a la noción artesanal de educación como "entrenamiento" o "instrucción". En los anteriores sistemas educativos, las nociones fordistas y tayloristas de incremento de la productividad (multiplicación del trabajo simple y repetitivo), tenían como objetivo entrenar nuestros reflejos condicionados puntuales o nuestras respuestas automáticas, no nuestra capacidad analítica de interlocutor.

 

La instrucción era para obedecer, no para crear. La escuela militar o la militarización de la educación, era el símbolo de dicha educación exigente. Educaba al individuo para una ética de premio-castigo (como los perros de Pavlov) no una ética de la responsabilidad individual. La vigilancia del instructor-docente era la clave. Esto hacía imposible desarrollar la ilustración en los procesos de modernización en el tercer mundo, por más recursos que se invirtieran en la educación pública y por más masiva que esta fuese, pues la maquinaria estaba hecha para obedecer.

 

En los sistemas de comunicación en redes, la noción de productividad depende de la capacidad de creación y decisión individual, y ésta es imposible de desarrollar en condiciones de un régimen social de producción y educación servil. Asistimos a los comienzos del agotamiento de los modelos educativos autoritarios como modelos de "eficiencia".

 

Con la expansión de las redes informáticas, la masa y velocidad de la información disponible -que se duplica hoy cada cuatro años- ya no puede ser abordada mediante la simple memorización de instrucciones simples y repetitivas definitivas, ello replantea la noción misma de "aprendizaje" en un nivel mas abstracto. La noción de educación refiere ahora no al desarrollo de un aprendizaje concreto sino al desarrollo de la sola capacidad de aprendizaje continuo, de lo contrario, la comparación de Foucault entre la escuela, el ejército, la cárcel y el manicomio seguirá latente.

 

CONCLUSIÓN

El mundo moderno fue construido sobre la base de un peculiar paradigma del saber (cientificidad) y del actuar (eticidad), brevemente resumido en el célebre apotegma de Bacon: "saber es poder".

 

Mas allá de los estados de ánimo triunfalistas que hoy invaden a los partidarios políticos del capitalismo a fines del siglo XX, es el propio paradigma moderno que lo sostiene, el que hoy esta siendo problematizado, aún así ello no resulte evidente en la superficie política por el hecho de que estamos en el comienzo de una crítica más radical y profunda del orden existente que aquella que plantearon las revoluciones políticas anticapitalistas de fines del siglo XIX y comienzos del XX.

 

Como bien señaló Kant a propósito de la revolución francesa, "Mediante una revolución acaso se logre derrocar el despotismo personal y acabar con la opresión económica o política, pero nunca se consigue la verdadera reforma de la manera de pensar; sino que, nuevos prejuicios, en lugar de los antiguos, servirán de riendas para conducir el gran tropel". En realidad nuevas formas de dominación sustituyen a las antiguas.

 

Aquellas generaciones que fuimos hasta el pasado inmediato críticos del orden social existente e hicimos caso omiso de esta advertencia kantiana, reduciendo la crítica y solución de los problemas originados en el orden social existente a una mera cuestión de transformación del poder político, terminamos reproduciendo -de manera más perversa aún- los mismos vicios del viejo orden social que criticábamos. Nuestra falta de radicalidad crítica dejó intocados los prejuicios modernos sobre el saber y el actuar que terminaron finalmente por consolidar el sistema.

 

He hecho una reseña muy ajustada y groseramente esquemática de un proceso profundo y complejo, del que por supuesto, no alcanzo a ver hoy todos sus horizontes. Hay muchísimos elementos que se me escapan, o que en estos momentos soy todavía incapaz de tematizar, pero lo dicho puede ser suficiente para mostrar que la magnitud del cambio operado, sólo podemos visualizarse en su conjunto, si emprendemos sin temores, sin censuras pasatistas y con coraje intelectual, una reconstrucción general del punto de vista crítico y superador de las contradicciones que origina el orden social actualmente existente.

 



[1] Esta ponencia fue presentada en el Seminario Internacional “Políticas de Formación Docente y Lucha contra la Pobreza” organizado por el Instituto de pedagogía Popular (IPP) en agosto de 2003.

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