PROPUESTA PARA EL
ESTABLECIMIENTO
DE UN SISTEMA DE
CERTIFICACIÓN DE
COMPETENCIAS PROFESIONALES
DE LOS
DOCENTES PERUANOS
1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA Y
DEFINICIONES GENERALES
2.1 Experiencias de certificación de competencias
profesionales en el Perú
2.2 Experiencias internacionales de certificación de
competencias de los docentes
3.3 Institución a Cargo de la Elaboración y Administración
de los Instrumentos
3.4 Procedimientos y periodicidad en la certificación y
recertificación
En los últimos años en el
Perú se ha mencionado insistentemente que los dos principales problemas de la
educación son la falta de calidad y equidad (ver por ejemplo Foro Educativo,
2000, y The World Bank, 1999). A lo que se alude en general al decir esto es a
que si bien la tasa de cobertura del sistema educativo es alta (especialmente
en primaria), una serie de logros educativos de los estudiantes, como por
ejemplo el rendimiento en pruebas estandarizadas de lenguaje y matemática, han
estado bastante por debajo de lo que sería de esperar[1],
debido principalmente al bajo rendimiento de los estudiantes que provienen de
familias más pobres (por ejemplo en zonas rurales). Las soluciones a los
diversos problemas relacionados a falta de calidad e igualdad en el sistema
educativo peruano seguramente tendrán que venir no solamente de programas
educativos, sino también de intervenciones en salud, nutrición y otros ligados
a la pobreza en que viven muchos estudiantes peruanos (ver por ejemplo UMC
& GRADE, 2001b).
Entre las posibles
intervenciones educativas, está la de mejorar la calidad de los procesos
educativos en el aula, considerando que este es uno de los principales
determinantes del aprendizaje de los estudiantes. Para lograr esto, sería
necesario definir las características que el sistema educativo espera de sus docentes,
para proceder a evaluarlas. Así, por un lado se comunicaría claramente qué es
lo que se espera de los docentes, de modo que muchos se puedan preparar
específicamente para ello, y por otro se procedería a seleccionar a los mejores
docentes (o incentivar de alguna forma el buen desempeño). La evaluación de
docentes para determinar si éstos presentan ciertas características deseables,
de modo que se les pueda autorizar a trabajar, se ha hecho popular en muchos
países del primer mundo, y se le ha llamado de diversas maneras (entre ellas
certificación y licenciatura). La evaluación de los conocimientos y desempeño
docente tiene que ver en general con un proceso por el cual los docentes son
considerados responsables de proporcionar un servicio de calidad, y deben
rendir cuentas de su trabajo.[2]
El propósito del presente
informe es proponer un sistema nacional de certificación y recertificación de
las competencias profesionales de los docentes peruanos. Dado que en el Perú se
usa el término licenciatura para referirse al título profesional que las
Universidades conceden en diversas disciplinas, se ha preferido aquí el término
certificación de competencias
profesionales de los docentes peruanos[3].
El término certificación de competencias es definido como la evaluación
estandarizada por parte de un ente externo al centro educativo de algunos
conocimientos y habilidades pedagógicas cuyo dominio está asociado a una mejor
calidad en los procesos educativos en el aula. Este sistema de certificación
sería independiente del que realizan las instituciones formadoras de docentes
en el proceso de educación y titulación de sus estudiantes. Algunos estudios
han demostrado que la calidad de la educación brindada en Institutos Superiores
Pedagógicos y universidades dista de lo deseable, y además que existen grandes
diferencias entre la calidad del servicio entre instituciones (ver por ejemplo
Arregui, Hunt y Díaz, 1996). Por tanto el sistema de certificación sería uno
estandarizado (en otras palabras uniforme a escala nacional en cuanto a la
evaluación, aplicación y calificación), orientado a determinar si el docente,
más allá de haberse graduado de su centro de estudios, demuestra competencia
para el ejercicio profesional. Si bien pensamos que un sistema de certificación
como el aquí propuesto debería llevar a mejorar la calidad de los procesos
educativos en el aula, y por tanto eventualmente a mejorar el aprendizaje de
los estudiantes, no conocemos de evaluación de impacto de estos sistemas
realizados en la región. Por ello la propuesta que aquí se presenta debería ser
evaluada constantemente (ver detalles más adelante).
En un sistema de
certificación nacional es imposible evaluar todas los conocimientos y
habilidades que sería necesario un docente domine y demuestre en su ejercicio
profesional. Por tanto, el sistema de certificación propuesto no debe ser visto
como antagónico de otros que se podrían desarrollar (por ejemplo evaluación de
parte del director, pares en el centro educativo, padres de familia o
estudiantes; evaluación por especialistas de órganos intermedios; y
autoevaluación). El sistema de certificación que aquí se propone ha sido
pensado para el sistema estatal, en la medida en que los centros educativos
privados tienen sus propios sistemas de evaluación del personal. Esto no quita
que eventualmente docentes del sistema educativo privado querrían pasar por la
certificación aquí propuesta para los fines que estimen adecuados. La propuesta
de certificación abarca solamente a docentes de educación inicial y primaria y secundaria
de menores; no abarca a docentes de educación de adultos ni a directivos, ya
que estos grupos presentan características que requerirían una propuesta
específica. Por otro lado, en este documento no se presentan en detalle las
características que deberían ser evaluadas, ya que ellas aparecen en un
documento de consultoría que debe ser visto como complementario del presente
(elaborado por Nora Cépeda y Luis Sime en el marco de la misma consultoría en
que se convocó este informe). La propuesta de certificación aquí propuesta
también debería estar vinculada a la de acreditación de instituciones
formadoras de docentes (elaborada por Manuel Bello[4]).
Por último, no se presenta en detalle aquí como se debería integrar la
certificación al tema de carrera docente, ya que eso se ha planteado en
documentos de consultoría complementarios al presente; sin embargo, a lo largo
del documento se sugiere que la evaluación de los docentes tiene que estar
atada a consecuencias (al menos positivas, y eventualmente negativas como se
explica más adelante) que resulten de aprobar o desaprobar la certificación.
El presente trabajo está
dividido en tres secciones. Luego de la presente sección se presentan algunos
antecedentes relevantes en el contexto peruano y la literatura internacional
respecto de la certificación de docentes. En la tercera parte se presenta la
propuesta misma de la certificación.
En la presente sección se
presentan algunas experiencias para la certificación de competencias
profesionales en educación. Estas se presentan para el Perú y otros países.
Si bien en muchos países del
primer mundo es común un sistema de certificación o licencias externo a la
formación universitaria (por ejemplo para poder ejercer la medicina o la
abogacía es necesario contar con el título universitario y además pasar por una
evaluación nacional y/o estatal), en el Perú prácticamente no hay experiencias
al respecto. Incluso en los colegios profesionales de mayor prestigio (de
Abogados, Ingenieros, y Médicos) es suficiente con presentar un título
universitario a nombre de la Nación y cumplir con algunos requisitos formales
(llenado de fichas, pago de cuotas, etc.) para colegiarse. Recientemente sin
embargo se ha empezado a hacer popular la práctica de someter a profesionales a
evaluaciones escritas para decidir quiénes deben ocupar una plaza. Este sistema
es percibido a menudo como más objetivo y justo que la exclusiva calificación
de expedientes[5].
En educación hay dos
experiencias relevantes en el Perú, la del Consorcio de Colegios Católicos y
los concursos de nombramiento de docentes realizados por el Estado peruano en
los últimos años y el previsto para el 2002.
El Consorcio de Colegios
Católicos agrupa a instituciones educativas que promueven la enseñanza de la
religión Católica. El Consorcio ofrece dos tipos de servicios en cuanto a
evaluación de docentes: 1) a solicitud del consejo directivo de un centro
educativo el Consorcio puede evaluar al plantel (luego el consejo tomaría las
decisiones que crea convenientes sobre la base de los resultados); 2)
evaluación de docentes que querrían ser considerados para trabajar en un centro
educativo del Consorcio. En cuanto a esta última, aquellos docentes que
aprueban la evaluación reciben un certificado que pueden usar para postular a
los centros e ingresan a una base de datos que es compartida con los centros
educativos que requieran docentes.
La evaluación incluye las
siguientes áreas[6]:
conocimientos por nivel o asignatura; tecnología educativa; axiología católica
(principios y valores) y ortografía; razonamiento lógico superior y verbal;
área conductual o de personalidad[7].
Se toma en consideración también el Curriculum Vitae de la persona (por ejemplo
asistencia a eventos de capacitación y estudios de post-grado). En base a estos
instrumentos se genera un único puntaje; el docente debe obtener más del 50%
posible para obtener el certificado. En esta evaluación pueden participar
docentes de inicial, primaria, secundaria (por asignaturas) y de educación
física. En el proceso realizado con docentes entre diciembre y enero pasado, de
1565 profesores evaluados solamente 637 aprobaron (41%). No podemos asegurar si
la experiencia de evaluación del Consorcio efectivamente identifica a los
mejores profesionales. No conocemos de ningún estudio que haya evaluado esta
experiencia (por ejemplo siguiendo el desempeño profesional de docentes que
aprobaron la evaluación y otros que no).
La segunda experiencia
interesante de evaluación está referida a varios concursos de nombramiento de
docentes realizados en los años 90 por el Ministerio de Educación. La Ley del
Profesorado vigente es la 24029. Sin derogar esta ley se ha llamado a varios
concursos de nombramiento similares la década pasada[8].
Lamentablemente, aparentemente no existe (o al menos no se ha publicado)
información acerca de algunas características de las evaluaciones (por ejemplo
análisis de confiabilidad y validez predictiva de las pruebas). Aquí nos
referiremos a la evaluación realizada a fines de 1997 y principios de 1998
(autorizada por Ley 26815)[9],
ya que los procedimientos generales seguidos en las diferentes evaluaciones han
sido similares (variando ligeramente las áreas de evaluación de un concurso a
otro). En cada caso, por Ley se nombraba a una Comisión Nacional en el
Ministerio de Educación para que elabore las pruebas. En el caso de la 26815 se
elaboraron pruebas diversificadas de acuerdo al nivel o modalidad del
postulante, con las siguientes áreas y pesos:
Cuadro 1.
Dominios y pesos
porcentuales de los dominios de la prueba de evaluación de
Docentes de 1997 y 1998
|
Dominios |
Docentes |
Directores |
I.
Conocimientos y Habilidades Pedagógicas
|
|
|
|
- Cultura General |
10% |
10% |
|
- Cultura Pedagógica |
10% |
10% |
|
- Conocimiento del nivel o
modalidad |
25% |
10% |
|
- Gestión pedagógica |
25% |
10% |
|
- Gestión institucional o
administrativa |
-- |
30% |
II.
Habilidades personales y sociales
|
30% |
30% |
|
Total |
100% |
100% |
Cada una de las áreas dentro
de los dominios era a su vez subdividido. Así, cultura general incluía artes,
grandes acontecimientos nacionales y mundiales de la actualidad, vida cívica y
participación ciudadana, geopolítica y ecología, y habilidades para el manejo
correcto del lenguaje, redacción y operaciones de cálculo básico. Cultura
pedagógica incluía bases teóricas contemporáneas del aprendizaje (conductismo y
constructivismo), componentes y dinámica del proceso de enseñanza-aprendizaje,
principales variables que intervienen en el aprendizaje, etapas del proceso de
investigación pedagógica (tipos de investigación), y fines de la educación
peruana (objetivos de cada nivel y modalidad del sistema educativo peruano).
Conocimiento del nivel o modalidad incluía conocimientos de estructuras
curriculares, organización pedagógica y administrativa y características,
necesidades y expectativas del educando, y contenidos o áreas de aprendizaje
del currículo del nivel o modalidad al que se postula. Gestión pedagógica
incluía conocimiento de métodos y técnicas de enseñanza, principios y técnicas
de diversificación curricular, empleo de equipos y materiales educativos,
criterios y procedimientos para la evaluación del aprendizaje, y el nuevo
paradigma educativo (educación centrada en los aprendizajes). La gestión
institucional y administrativa incluía principios y marco normativo de la
práctica educativa, proyecto de desarrollo institucional, y conceptos y documentos
de organización y funciones. En habilidades personales se incluyó creatividad,
autoestima, autocontrol, motivación de logro y valores. Finalmente en
habilidades sociales se incluyó relaciones interpersonales, liderazgo,
tolerancia y solidaridad. Como se puede apreciar, se trataba de una evaluación
sumamente ambiciosa en cuanto a los conocimientos y habilidades que pretendía
evaluar.
Para la elaboración de los
ítemes mismos se encargó a diversos consultores o instituciones que elaboraran
más de los que finalmente se iban a utilizar. Luego, un comité reducido
seleccionaba los mejores, que eran administrados en el transcurso de una mañana[10]
a los postulantes en todo el país. Este proceso, desde la publicación de la ley
hasta la administración de las pruebas, era apretado en plazos (apenas algunos
meses) y no permitía hacer piloto para seleccionar los mejores ítemes.
La virtud de evaluaciones
como la anterior está en buscar hacer objetivo un proceso que en el pasado a
menudo parece haberse decidido por amistad o corrupción. Sin embargo el sistema
pudiera haber sido mejorado en varios aspectos. En primer lugar no es un
sistema justo para el postulante en la medida en que en ningún caso se
especificó claramente el dominio de la evaluación (y estos variaban de una
evaluación a la siguiente). Tampoco existieron especificaciones de las áreas de
la evaluación (más allá de enunciar el área general de evaluación, descrita
antes). Lo que ocurrió entonces fue que luego de las evaluaciones diversas
asociaciones educativas reconstruyeron parte de las pruebas (en base a la
memoria de los postulantes) y empezaron a elaborar materiales de preparación
para futuros procesos. Esto no estaría mal siempre y cuando las pruebas evalúen
conocimientos complejos y no exclusivamente memorización de datos. En segundo
lugar, no se provee de ninguna evidencia que las áreas a ser evaluadas hayan
efectivamente seleccionado a los mejores postulantes. Esto se podría dudar en
la medida en que la evaluación no incluyó ninguna evaluación del desempeño
docente. En el mejor de los casos se evaluó qué es lo que sabían, pero no lo
que podían hacer en el salón de clases. En tercer lugar, aparentemente se
construyó el puntaje total de cada postulante sumando las respuestas correctas
y convirtiéndolas en una escala de 0 a 20; aquéllos que obtuvieran 11 o más
aprobaban la prueba. Conceptualmente, es difícil establecer qué significa
obtener 11, ya que podría ser obtenido de diversas maneras (por ejemplo sin
tener mayores conocimientos de nivel o modalidad). Por otro lado, es obvio que
pruebas que evalúan habilidades personales y sociales se prestan a que los
sujetos respondan lo que piensan que los encargados de la evaluación desean, y
no lo que realmente sienten (por ejemplo, es fácil identificar la respuesta
socialmente deseable en ítemes de autoestima[11]).
La última crítica es que uno de los puntos en que se tiene consenso en teoría
de medición educativa es que para tomar decisiones de altas implicancias (como
es este caso, donde se decide si docente es nombrado por el Estado
prácticamente de por vida) es necesario tener varias mediciones y muchos ítemes
para cada variable de interés[12],
y en el caso de la evaluación analizada aquí se tuvo una sola medición con muy
pocos ítemes por cada variable[13].
En este contexto, la hipótesis a ser demostrada empíricamente es que la
evaluación mencionada tuvo altos niveles de error de medición. Evaluaciones
como la analizada aquí requerirían información detallada de los procesos
utilizados en la construcción y análisis para sustentar la validez de las
inferencias realizadas a partir de los puntajes (para estándares
internacionalmente aceptados para desarrollar y reportar resultados de
evaluaciones consultar AERA, 1999).
Los resultados de las
pruebas a menudo han sido interpretados erróneamente (desde un punto de vista
técnico). Así, se ha criticado que pocos docentes “aprueben”[14]
la evaluación, sin considerar el aspecto de fondo, que es que no es claro lo
que se mide con la prueba ni tampoco qué significa obtener un determinado
puntaje, y cómo se debería fijar el puntaje mínimo aprobatorio. También se ha
comparado el porcentaje de docentes que aprobaron sucesivos concursos, cuando
para hacer estas comparaciones se requeriría repetir al menos algunos de los
ítemes, cosa que no se hizo.
El 29 de junio pasado el
Congreso de la República aprobó la Ley No 27491, en la que se establece como
plazas orgánicas del sector educación las generadas como consecuencia del
crecimiento vegetativo o por la modificación de planes de estudio. El Reglamento
para esta ley fue aprobado por el Decreto Supremo No 065-2001-ED, también
aprobado por el Congreso. Este reglamento establece que la evaluación para el
nombramiento ocurre en dos etapas. En la primera, el docente es evaluado en el
centro educativo en el que trabaja. La evaluación está a cargo de un comité
especial de evaluación para cada nivel y modalidad, integrado por: el director
del plantel (presidente del comité), el subdirector o equivalente, dos
profesores elegidos en asamblea de profesores, y un padre de familia elegido
por la APAFA. Este comité deberá evaluar a cada candidato en cuanto a su
calificación académica y profesional, experiencia docente profesional, servicio
docente excepcional y entrevista personal (se dan detalles para cada uno de
estos rubros en el Reglamento mencionado). Es posible además otorgar
bonificaciones de acuerdo a una serie de criterios (aprobación de cursos
profesionales, realización de trabajos de investigación, etc.) El puntaje
máximo en esta etapa es de 60 puntos; para aprobar y pasar a la segunda etapa
es necesario obtener al menos 35 puntos. En la segunda etapa participa el
órgano intermedio respectivo, que debe formar un comité de evaluación para la
asignación de plazas. Esta se hará en base a los resultados de la primera etapa
y al puntaje del candidato en una prueba nacional diversificada de acuerdo a
los niveles y modalidades incluidas en el concurso. Las áreas a evaluar en esta
prueba son cultura general, cultura pedagógica y aptitud docente (no se incluye
en el reglamento detalles sobre estas). La elaboración de esta prueba estará a
cargo de especialistas del Ministerio de Educación, y tendrá un máximo posible
de 40 puntos. Para aprobar la evaluación el postulante deberá tener un total
(en las dos etapas) de 60 puntos o más.
Sobre este reglamento es
importante destacar que por primera vez los centros educativos tendrán una
participación en la evaluación de los docentes. Este es un importante avance
pues se reconoce que la evaluación debe ser al menos en parte local y debe
incorporar criterios de desempeño profesional del docente (no sólo
conocimientos). Sin embargo hay una serie de aspectos que se pueden comentar de
este reglamento. El primero es que pensamos que el comité de evaluación del
centro educativo idealmente debería estar a cargo de seleccionar quién trabaja
(o deja de trabajar) en ese centro educativo en particular, y no quién debe ser
nombrado para trabajar por el Estado en cualquier centro educativo. Esta última
labor debería ser del Estado mismo. En segundo lugar, la calificación de los
expedientes en el centro educativo es sumamente audaz e interesante por la
cantidad de indicadores que se incorporan, pero esto la hace al mismo tiempo
compleja y difícil de realizar. Es muy posible que la calificación sea en
algunos contextos muy severa y en cambio en otros muy permisiva, otorgando
puntajes de manera inequitativa. Esto vuelve al sistema injusto, pues el
nombramiento depende del comité que le toque al postulante. Adicionalmente,
sería interesante a futuro validar los criterios de calificación de la
evaluación, con el objetivo de simplificarlos de ser posible (hacer
clasificaciones con poco error usando menos criterios que los que se proponen
en el reglamento). En tercer lugar, la descripción de la prueba en tres áreas
es bastante general y por tanto no permite a los docentes prepararse (sobre
todo teniendo en cuenta que se administrará el 27 de febrero de 2002). Por otro
lado, dadas las experiencias previas de evaluación en el país y el extranjero,
es claro que elaborar pruebas con alto valor predictivo a nivel de cada
estudiante es un proceso sumamente complejo. El tiempo asignado para la
elaboración de las pruebas nos parece sumamente corto, pero habrá que evaluar
finalmente la precisión de las decisiones tomadas en base a este sistema. En el
fondo se trata de definir un sistema y afinarlo en base a resultados empíricos
y discusión conceptual de qué es lo que se busca.
Para implementar un sistema
de certificación y recertificación de docentes como el que aquí se propone
sería necesario derogar la ley del profesorado mencionada y reemplazarla por
una que permita por un lado los procedimientos de evaluación que se describen
más adelante (a cargo de una institución centralizada) y luego que permita que cada
centro educativo contrate o despida a docentes de acuerdo a procedimientos que
tendrían que ser reglamentados. Esta ley también debería presentar un nuevo
escalafón atado parcialmente al sistema de certificación y recertificación. Por
último la ley y reglamentos deberían incluir los incentivos a los docentes por
aprobar la certificación y recertificaciones.
En Latinoamérica se ha
iniciado en los últimos años una discusión en varios países orientada a definir
cuáles deberían ser las características (a menudo llamadas estándares) que deberían tener los docentes. Así por ejemplo en
Chile se ha publicado recientemente un documento (Ávalos, 2000) que presenta
una serie de estándares para responder a la pregunta “¿qué necesita saber y ser
capaz de hacer el joven profesor o
profesora que se inicia en el ejercicio de la docencia?” En este documento los
estándares de desempeño se presentan en cuatro grandes categorías: preparación
para la enseñanza: organización del contenido en función del aprendizaje del
estudiante; creación de un ambiente propicio para el aprendizaje de los
alumnos; enseñanza para el aprendizaje de los alumnos; y profesionalismo
docente.
En los países del Norte son
abundantes las referencias respecto a la certificación o entrega de licencias
para docentes. Así por ejemplo en los Estados Unidos El Consejo Nacional para
los Estándares Profesionales en la Enseñanza (NBPTS)[15]
ha desarrollado un sistema de certificación voluntario y nacional. Los
estándares son indicadores claramente entendibles de lo que los profesores
deberían saber y poder hacer, y están divididos en una serie de áreas de
acuerdo a las especialidades de los docentes. Los estándares en cada especialidad
se basan en cinco ideas: los docentes deben estar comprometidos con sus
estudiantes y sus aprendizajes; los docentes saben las materias que enseñan y
saben cómo enseñarlas a los estudiantes; los docentes son responsables por el
manejo y monitoreo del aprendizaje de los estudiantes; los docentes piensan de
manera sistemática acerca de su práctica y aprenden de la experiencia; los
docentes forman parte de comunidades de aprendizaje. El objetivo general de la
NBPTS es proporcionar mensajes claros de las expectativas que se tienen respecto de los docentes de
modo de ayudar a la profesionalización de la carrera. La certificación de NBPTS
es un proceso largo y costoso que es aprobado por pocas personas, pero incluso
para los que no lo aprueban aparentemente resulta una experiencia educativa.
Muchos estados americanos ofrecen incentivos, monetarios u otros, para aquellos
docentes que aprueben la certificación voluntaria de NBPTS.
Además de la NBPTS, existe
en los Estados Unidos el Consorcio
Interestatal para la Nueva Evaluación y Apoyo a los Docentes (INTASC)[16],
que ha propuesto estándares modelo de lo que los docentes deberían saber y
poder hacer al inicio de su carrera. Estos estándares se desarrollaron de modo
que fueran compatibles con los de la NBPTS. Estos estándares han sido
desarrollados para todos los docentes, y en la actualidad se están
desarrollando estándares específicos para algunas especialidades. Otros
ejemplos de estándares son los de Ontario, Alberta y Columbia Británica en
Canadá y los del Reino Unido[17].
La descripción de cada uno de estos sistemas excede los objetivos previstos
para este documento, baste decir que todos tienen estándares que deberían ser
claramente entendibles por los docentes y al mismo tiempo permitir elaborar
evaluaciones de los conocimientos y habilidades profesionales de los docentes.
En muchos estados de los
Estados Unidos los docentes tienen que pasar ciertas evaluaciones para poder
obtener una licencia como docente. Entra las evaluaciones requeridas, la más
popular sin duda es la prueba Praxis:
Evaluaciones Profesionales para Profesores Principiantes, elaborada por el
Servicio de Pruebas Educativas (ETS)[18]
desde 1987.
Con Praxis se busca evaluar
las habilidades académicas básicas, conocimientos de la materia a enseñar y
desempeño en el aula del candidato. Hay tres categorías de evaluación de la
prueba: Ingreso a un programa de formación docente (Praxis 1, Evaluación de
Habilidades Académicas); Graduación del programa de formación e ingreso a la
profesión (Praxis 2, Evaluación de conocimientos de la materia a enseñar); y el
Primer Año de Enseñanza (Praxis 3, Evaluación del desempeño en el aula). En
Praxis 1 se evalúa las habilidades del estudiante en lectura, escritura y
matemática que se consideran vitales para todos los candidatos. En Praxis 2 se
evalúa el conocimiento del candidato sobre las materias (áreas del currículo)
que va a enseñar, así como cuánto saben acerca de la enseñanza de la materia.
Existen más de 140 pruebas específicas, las que son actualizadas permanentemente.
Algunas de las preguntas son de opción múltiple, y otras en cambio son de
respuesta abierta. Finalmente, en Praxis 3 se evalúan varios aspectos del
desempeño de un docente que inicia su carrera en el aula. Estas evaluaciones
son realizadas por un especialista local que ha sido entrenado previamente por
ETS en los criterios de calificación.
La forma en que funciona
Praxis es que un Estado puede requerir que un estudiante pase por una o varias
de las pruebas de la serie, y puede arreglar con ETS para que las evaluaciones
cuenten con determinadas características (por ejemplo requerir un área de
especialización que no se pide en otros Estados, o requerir más ítemes de
respuesta abierta y menos de opción múltiple). Además de Praxis, ETS ha
publicado una guía de observación (Pathwise)
y un programa de entrenamiento de un día de duración (Pathwise Institute: A Framework for Teaching) orientados a
profesores que quieran prepararse para mejorar la calidad de la enseñanza.
Estos materiales son útiles especialmente para los docentes que se quieren
preparar para aprobar la certificación.
ETS es sin duda la organización para el desarrollo comercial de pruebas
educativas más grande del mundo, y un referente importante si se quisiera
desarrollar un sistema similar en el Perú. De hecho, en el portal mencionado se
consiguen ejemplos de ítemes para las diferentes categorías de Praxis en
diversas especialidades. Por último acerca de los Estados Unidos, es
interesante notar que la Asociación Nacional de Directores Estatales de
Educación y Certificación de Directores (NASDTEC), ha publicado un manual con
todos los requisitos necesarios en cada Estado para obtener la certificación
(2000). Esta publicación sin duda ayuda a aclarar el panorama para los
postulantes y ayuda también a hacer las reglas de la evaluación claras y
conocidas por todos con anterioridad a la evaluación.
Pensamos
que un sistema de certificación y recertificación de competencias para los
docentes peruanos podría tener como principal objetivo ayudar a establecer con
claridad cuáles son algunas de las características que los docentes peruanos
deberían poseer y demostrar en su desempeño profesional. Tener identificadas
estas características permitiría elaborar evaluaciones, que deberían tener
altos niveles de exigencia. Con estas evaluaciones se podría identificar a
aquellos docentes de alta calidad profesional, otorgándoles incentivos (a ser
determinados, por ejemplo nombramiento, ascenso en el escalafón magisterial,
incentivo monetario, u otros incentivos profesionales). Adicionalmente, un
sistema de certificación debería tener influencia en atraer a la profesión
docente a estudiantes de alto nivel intelectual que posiblemente en la
actualidad no la perciben como una carrera atractiva, optando por una de mayor
prestigio social y con mejores posibilidades de ingresos. Por último, un
sistema de certificación debería tener influencia en la reforma en los
programas de formación y capacitación de docentes (por ejemplo en el diseño de
los cursos, en los contenidos de los mismos y en los criterios de calificación
para otorgar títulos pedagógicos).
Como se dijo en la introducción, en el presente documento no se van a
desarrollar cuáles deberían ser estas competencias (estándares), sino que se va
a describir un sistema por el cual estas competencias podrían ser evaluadas. En
el Perú, Arregui (2000) ha elaborado un documento discutiendo el tema de
estándares de contenido y desempeño, y analizando sus posibles implicancias
para una reforma de la formación y carrera docente en el Perú. En el anexo del
mencionado informe se incluye un “perfil de los buenos maestros”, elaborado en
base a respuestas a tres preguntas: ¿qué es lo que debe saber?, ¿cómo debe
ser?, y ¿qué debe hacer y cómo debe hacerlo? Es el primer intento que conocemos
que en el Perú ha intentado definir este perfil con precisión. Entendemos, como
la mayoría de propuestas recién reseñadas, que los docentes deberían poseer
ciertos conocimientos y habilidades profesionales que estén asociadas con una
mayor calidad de los procesos educativos en el aula. Los conocimientos y
habilidades generales que deberían demostrar y los instrumentos que las podrían
evaluar aparecen en el cuadro 2:
Cuadro 2
Competencias
profesionales docentes a ser evaluadas en un sistema de
certificación
e instrumentos para evaluarlas
|
Área
de certificación |
Tipo
de Instrumento |
Institución
a cargo de la elaboración y administración de los instrumentos |
|
Conocimientos y Habilidades
generales |
Prueba de lápiz y papel de opción
múltiple y respuesta abierta corta. |
Institución centralizada elabora
y califica pruebas*, con administraciones en cada departamento. |
|
Conocimientos específicos |
Prueba de lápiz y papel de opción
múltiple y respuesta abierta corta. |
Institución centralizada elabora
y califica pruebas*, con administraciones en cada departamento. |
|
Desempeño pedagógico |
Prueba de respuesta abierta larga
(situaciones pedagógicas problemáticas) y observación de desempeño. |
Institución centralizada
desarrolla el instrumento*, que es administrado y calificado en centros de
formación o capacitación de docentes en cada departamento. |
* Tentativamente llamada aquí el Instituto Peruano de Evaluación e
Investigación Educativa (IPE), ver detalles más adelante.
Las
certificaciones mencionadas sólo estarían disponibles una vez al año en el caso
de las dos primeras. En el caso de la última se haría cuando lo decida el ente
local encargado de la certificación, pero un postulante que no apruebe la
certificación tendría que esperar al menos un año para volver a pasar por ella.
A
continuación se describen brevemente las categorías mencionadas en las columnas
del cuadro 2:
Como se
menciona en el cuadro 2, se propone 3 áreas:
-
Conocimientos y Habilidades generales: En esta
prueba se incluirían preguntas de cultura general básica (que demuestren que el
docente posee nociones básicas relevantes como temas transversales en cualquier
área del currículo) y de habilidad verbal (sobre todo comprensión de textos y
redacción). La investigación en otros países sugiere que la habilidad verbal
está altamente relacionada con la habilidad intelectual general del individuo y
del docente en particular (Abbel Foundation, 2001). El criterio para definir
estas preguntas sería evaluar un cierto bagaje cultural y nivel intelectual
mínimo. Esta evaluación la podrían tomar los docentes durante el transcurso de
sus estudios superiores de educación o luego de graduarse, y también la podrían
tomar docentes que no cuentan con estudios ni título pedagógico. La ventaja de
tomarla al inicio de su educación superior sería que el candidato se forme una
idea de qué tan lejos está de llegar al estándar mínimo de rendimiento
requerido. Así podría decidir si quiere continuar con los estudios de educación
o cambiar de profesión.
-
Conocimientos específicos: se incluiría en una
primera parte preguntas sobre realidad educativa peruana y sobre el currículo y
legislación educativa vigente. Las preguntas deberían incluir solamente
aspectos que se estime el docente debería saber y saber aplicar de memoria (en
otras palabras, se trataría de evaluar si el docente está bien informado sobre
conocimientos que podría requerir de manera cotidiana en su desempeño
profesional). En una segunda parte se trataría de una evaluación específica por
nivel y modalidad, que en general deberían corresponder con las especialidades
existentes en los centros de formación docente. Esta evaluación la podrían
tomar los candidatos inmediatamente después de graduarse como docentes o luego
de cinco años de experiencia en el aula si no cuentan con título docente. El
cuadro 3 muestra una lista de especialidades a ser certificadas. Esta lista no
es exhaustiva, sino simplemente ilustrativa de las especialidades posibles.
Evidentemente se tendría que empezar con unas cuantas pruebas, para luego ir
creciendo en variedad.
Cuadro 3
Especialidades
que podrían ser certificadas en pruebas de conocimientos específicos
|
Nivel |
Especialidad |
|
Inicial |
- General* |
|
Primaria |
-
General* -
Bilingüe (Quechua, Aimara, Aguaruna, etc.) |
|
Secundaria |
-
Comunicación* -
Matemática* -
Ciencias Naturales* -
Ciencias sociales* -
Idioma extranjero (Inglés, Francés, Alemán). |
|
General |
-
Educación Física -
Arte -
Computación |
|
Especial |
-
Problemas de aprendizaje -
Discapacidades neurológicas -
Discapacidades físicos |
* El asterisco indica las
certificaciones que podrían ser desarrolladas antes, por ser las más generales
y sobre las que se tiene mayor conocimiento en materia de evaluación en el
Perú. Gradualmente se introducirían certificaciones en las demás áreas.
-
Desempeño pedagógico: En esta evaluación se
incluirían aspectos de desempeño que no pueden ser evaluados directamente en
pruebas masivas como las anteriores, sino que requieren una evaluación de cada
individuo en su desempeño en contextos o situaciones de salones de clases. Para
esta evaluación se proponen dos tipos generales de tareas. La primera es la
solución de situaciones pedagógicas problemáticas. Estas podrían incluir
planificar una sesión, semana, o bimestre de clases en alguna materia;
planificar evaluaciones de desempeño para competencias específicas del
currículo; alternativas para mejorar el rendimiento de estudiantes que
presentan determinado patrón de comportamiento, etc. Esta evaluación podría
administrarse en grupo, pero cada docente tendría que resolver situaciones
problemáticas específicas a su nivel y modalidad. En segundo lugar, sería
necesario evaluar el desempeño del docente en varias sesiones de clases. Esta
evaluación se haría en base a una guía de observación, y la haría un observador
(o dos) entrenado en los procedimientos de calificación. Para someterse a una
evaluación del desempeño pedagógico sería necesario tener título pedagógico y
contar con al menos un año de experiencia profesional en el aula o no tener
título pero contar con al menos cinco años de experiencia de aula.
Como
se puede ver en el cuadro 2, se propone dos tipos de instrumentos:
-
Pruebas de opción múltiple y respuesta corta: se
trataría de elaborar pruebas que midieran conocimientos necesarios en las áreas
respectivas y la aplicación de estos conocimientos. En la medida de lo posible,
se debería evitar preguntas puramente memorísticas, salvo que el conocimiento
requerido y su utilización en situaciones realistas sea considerado esencial
para el buen desempeño docente. La mayoría de ítemes deberían ser de niveles
cognitivos elevados, como por ejemplo aplicación de conocimiento, análisis, síntesis
y evaluación. Estas pruebas se podrían administrar de manera grupal.
-
Pruebas de respuesta abierta larga y observación de
desempeño pedagógico: En el caso de las situaciones problemáticas se
administrarían de manera grupal (los docentes se podrían presentar con los
libros de textos o materiales de referencia que consideren necesarios). En el
caso de las observaciones de desempeño en el aula se trataría de
administraciones individuales. Para elaborar ambas sería conveniente revisar la
reciente pero abundante literatura internacional sobre las evaluaciones de
desempeño o auténticas (por ejemplo Torrance, 1994; Baron & Boschee, 1995;
Newmann, 1995), que han insistido en la necesidad de plantear situaciones de
evaluación que sean lo más parecidas posibles a situaciones problemáticas que
los evaluados encontrarían en la vida diaria. En esta misma literatura se
describen procedimientos sistemáticos para calificar los desempeños complejos
de manera objetiva (a través de lo que se ha denominado rúbricas, que consisten en descripciones detalladas y
estandarizadas de aquellas respuestas o procedimientos que recibirían cada uno
de los puntajes previstos).
En cuanto
a la calificación de los desempeños de los docentes, pensamos que los criterios
de calificación (rúbricas) deberían ser desarrollados con participación de
especialistas de diversas zonas del país, y luego se debería entrenar a
especialistas en cada región para la calificación de los postulantes. Para ello
se realizarían en la sede de la IPE capacitaciones al menos una vez al año.
Idealmente los calificadores provendrían de instituciones de formación docente
(Institutos Superiores Pedagógicos o Universidades con programas de educación)
o de capacitación docente. El objetivo de esto sería lograr que las competencias
deseadas sean directamente transmitidas a estos centros, con el objetivo que
ellos a su vez la pasen a los docentes con los que trabajan. Los postulantes
que pasen por el entrenamiento de calificación del desempeño tendrían que pasar
una prueba de concordancia con un juez experimentado, y podrían calificar
solamente si el acuerdo entre ambos se ubica por encima de un umbral
(típicamente en estas situaciones se utiliza 80% de acuerdo con el juez
experimentado). Esto significa que algunos postulantes pasarán por el
entrenamiento y luego no obtendrán la autorización para certificar el desempeño
de los docentes en su región. En esto se debe ser muy severo, de modo que el
sistema sea justo y equitativo para todos los postulantes.
Es
fundamental para todos los instrumentos que arrojen resultados comparables
entre docentes de diferentes regiones que participan en el mismo nivel y
modalidad, de modo que se puedan hacer comparaciones para asignar las
calificaciones y certificaciones. El problema principal a evitar en este
contexto es el sesgo (es decir que el resultado no dependa de la habilidad del
docente sino alguna característica personal como su sexo, región de orígen o
lengua materna). Una forma de hacerlo es tener paneles con profesionales que reflejen
diversidad profesional en la elaboración de las pruebas. Por otro lado existe
una variedad de procedimientos estadísticos para detectar sesgo (llamados en
general procedimientos para detectar funcionamiento
diferencial de los ítemes; ver por ejemplo Crocker & Algina, 1986 y
AERA, 1999). Para ello será necesario contar con uno o varias pruebas piloto de
los instrumentos. Por último, es importante construir las pruebas de modo que
se puedan hacer comparaciones en el tiempo, para ver si los puntajes de los
docentes mejoran. Existen procedimientos estadísticos tanto de la teoría
clásica como de la teoría de respuesta al ítem al respecto. En cualquier caso,
será necesario que algunos de los ítemes sean repetidos en sucesivas
administraciones.
Como se
puede deducir de lo anterior, el enfoque de evaluación recomendado es uno de
rendimiento absoluto y no relativo (es decir de criterios y no de normas;
ver Popham, 1990, para una discusión al respecto). En otras palabras, no se
trataría de definir un número de “vacantes” y luego seleccionar a los mejores
postulantes para cubrirlas, sino en cambio de definir con precisión cuáles son
las competencias profesionales que se van a evaluar, desarrollar las
evaluaciones, y fijar niveles mínimos de rendimiento aceptable. Sólo se
otorgaría la certificación a los docentes que se ubiquen por encima de estos
niveles.
Existen
al menos dos alternativas para definir estos puntos de corte: la primera es
seleccionar a grupos de docentes considerados modelos en diversos contextos y administrarles
las pruebas. Se consideraría como puntaje mínimo de aprobación el promedio
obtenido por estos docentes. El segundo procedimiento posible es someter las
evaluaciones a juicio de expertos, que tendrían que definir en cada caso cuál
sería un puntaje mínimo aceptable (para ellos existen diversos procedimientos,
como por ejemplo de Angoff, Ebel y Nedelsky, ver detalles en Crocker y Algina,
1986)[19].
Por cierto, nada impide que ambos procedimientos sean utilizados
simultáneamente. Una vez fijados los puntos de corte iniciales será importante
mantenerlos como referentes en evaluaciones sucesivas, para ver la evolución en
el rendimiento. Como se dijo antes, para ello será necesario que algunos ítemes
de las evaluaciones iniciales sean repetidos en sucesivas evaluaciones.
No es
posible comparar el puntaje de dos pruebas en el tiempo a menos que existan
ítemes comunes[20].
El primer
punto a mencionar es que a pesar de lo que pueda parecer y de las prácticas
frecuentes en el Perú, desarrollar instrumentos que sean confiables y válidos
no es una tarea sencilla sino más bien compleja, que toma mucho tiempo de
equipos de profesionales de diversas especialidades (en las materias, en evaluación,
en procedimientos logísticos y en análisis estadístico). Por ello pensamos que
debería crearse una instancia especial (dentro o fuera del Ministerio de
Educación, pero con apoyo del Estado) para la elaboración de los primeros
instrumentos. A esta entidad le hemos llamado tentativamente aquí Instituto Peruano de Evaluación e
Investigación Educativa (IPE)[21].
Como se dijo en el cuadro 2 y se ha explicado antes, las pruebas serían
administradas en al menos un local por departamento.
Posiblemente
lo ideal en el contexto peruano sea que el IPE sea un organismo estatal con
alto grado de autonomía, cuyo comité directivo tenga dependencia directamente
del Ministro de Educación, pero que al mismo tiempo colabore con diversas
direcciones del Ministerio (sobre todo la Dirección Nacional de Formación y
Capacitación Docente). El órgano principal del IPE sería un comité directivo
que estaría integrado al menos en 50% por representantes de los docentes que
reflejen las especialidades que se certifican. En la conformación del IPE es
importante revisar la experiencia de la Unidad de Medición de la Calidad
Educativa (UMC) del Ministerio de Educación, sin duda la institución que tiene
mayor experiencia en el país en la evaluación del rendimiento de los
estudiantes a escala nacional[22].
Será necesario también inicialmente contar con asesoría extranjera para la
elaboración y calificación de pruebas y procedimientos, en la medida en que se
trata de procedimientos técnicos sumamente complejos, sobre los cuales hay muy
poco conocimiento (y menos expertos) en el Perú. Sugerimos como una opción a
explorar la colaboración del ETS (mencionado antes), que tiene amplia
experiencia en evaluación educativa en general y de docentes en particular.
Además, ETS ha organizado seminarios y asesorías para organismos interesados.
Como se dijo antes, se
propone aquí que se diseñen tres evaluaciones, cada una de las cuales daría una
certificación. Los docentes serían nombrados por el Estado solamente si
aprueban las tres certificaciones. Por tanto, la certificación inicial sería
solamente para docentes queriendo ingresar al sistema público. Dado que la
aprobación de las tres certificaciones llevaría a incentivos de diverso tipo
(por ser definidos), no se negaría inicialmente la posibilidad que docentes
nombrados o contratados en ejercicio pasen por la certificación. También
podrían pasar docentes que acreditaran una experiencia de al menos 3 años en
aula (como una forma de asegurar que poseen experiencia profesional que pueda
respaldar su futuro desempeño). Luego de 5 años la certificación inicial sólo
podría ser tomada por docentes ingresando al sistema. Los docentes nombrados en
ejercicio no podrían pasar por la certificación. Durante ese período podrían
intentar pasar por la certificación máximo una vez al año. Si la aprueban,
entrarían al nuevo sistema de recertificaciones pero también de incentivos, de
no aprobarla seguirían en el sistema de docentes nombrados que tienen ahora
(pensando que no se les puede quitar los derechos ya adquiridos).
Con la certificación
completa, los docentes deberían poder presentarse a los centros educativos con
vacantes, y en cada uno habría un comité (tentativamente integrado por
representantes de docentes, padres de familia y directores) que decidiría si
contrata o no al docente en particular
(o eventualmente si lo despide). En este sistema se deberían sugerir
indicadores para que estos comités evalúen a los candidatos. Esta evaluación
debería incluir un análisis de si el docente se ajusta a los requerimientos del
centro educativo en particular (por ejemplo conocimiento de la cultura local,
aportes que pudiera brindar para desarrollar el Plan de Desarrollo
Institucional del Centro, de este modo se fomentaría que en los centros
educativos se formen comunidades de profesionales trabajando de manera
coordinada).
El Estado debería generar
mecanismos para que esto no resulte en mayor inequidad (dado que es muy
probable que los docentes certificados prefieran a ir a centros urbanos; una
posibilidad es ofrecer incentivos salariales a los docentes certificados que
quieran ir a zonas rurales). En el sistema propuesto, tener un nombramiento por
parte del Estado significaría que el docente tiene prioridad para conseguir
trabajo, pero no necesariamente que lo tendría (finalmente dependería de que un
centro educativo lo contrate). De no ser contratado por ningún centro educativo
el docente no recibiría pago, aún cuando tuviera el nombramiento. Sin embargo,
dado lo exigente que se propone que sería el sistema de certificación, esto
prácticamente no ocurriría, ya que casi todos los docentes certificados
deberían ser de primer nivel profesional y por tanto muy solicitados en el
mercado.
Este sistema posiblemente
originaría centros de preparación o entrenamiento para aprobar las
certificaciones. Esto no estaría mal en la medida en que las evaluaciones
incluyan competencias complejas que no podrían ser adquiridas en poco tiempo.
Como se ha dicho ya, lo que interesa fundamentalmente es que los estándares que
formen la base de la certificación y recertificación sean eventualmente
incorporados por los centros de formación y capacitación docente. De hecho
sería responsabilidad del Estado proveer de múltiples oportunidades de
formación y capacitación para que los postulantes aumenten su probabilidad de
aprobar la certificación.
Cada siete años el docente
debería pasar por la recertificación (la literatura internacional sugiere que
se recertifique luego de entre 5 y 10 años, aquí se eligió el punto medio).
Esta sería similar a la certificación inicial, excepto que solamente incluiría
la evaluación de conocimientos específicos y desempeño pedagógico. Además, los
docentes deberían demostrar otras muestras de su desempeño en aula (portafolio
de actividades con estudiantes, diplomas de cursos de post grado o
especialización) y por último deberían mostrar una evaluación de sus pares,
padres de familia, estudiantes y el director de su centro educativo (que
debería incluir tanto aspectos de competencia profesional como de valores, por
ejemplo responsabilidad, honestidad y dedicación al trabajo; los valores son
difíciles de evaluar en procesos nacionales estandarizados, por lo que los
dejaríamos bajo la responsabilidad de cada centro educativo). Si los docentes
aprueban esta recertificación tendrían oportunidad de mantenerse en el
escalafón o ascender (por ejemplo pasar de novicio a experto y luego a modelo).
Si los docentes no aprueban la recertificación no podrían continuar trabajando
en el sistema estatal. La recertificación también estaría a cargo de
especialistas de institutos de formación o capacitación docente previamente
entrenados y estandarizados por el IPE en los procedimientos de evaluación.
Es necesario planificar desde
el inicio cómo se va a validar el sistema de manera que no sea injusto para los
postulantes (ya se mencionó el tema de sesgo o funcionamiento diferencial de
los ítemes) y permita efectivamente seleccionar a los mejores docentes.
Inevitablemente, cualquier medición tiene errores de medición. Así, incluso si
la evaluación garantiza que el docente sabe lo que tiene que enseñar y sabe
cómo enseñarlo, puede finalmente ser un buen profesional o no dependiendo de
otros aspectos personales (por ejemplo los valores mencionados antes, y su
habilidad para formar grupos de trabajo con colegas). En el cuadro 4 se hacen
explícitos los errores y aciertos posibles, en términos generales, en un
sistema de certificación como el aquí propuesto:
Cuadro 4
Decisiones y desempeño
pedagógico en base a resultados de certificación
|
|
Desempeño profesional en el
futuro
|
|
Decisión de certificación
|
Buen desempeño |
Mal desempeño |
Otorgar
certificación
|
Decisión correcta |
Falso positivo |
|
No otorgar certificación |
Falso negativo |
Decisión correcta |
El sistema de certificación
debe ser validado empíricamente para que el número de errores, falsos positivos
o falsos negativos, sea mínimo. El método principal para validar la
certificación es el seguimiento de docentes que hayan pasado y no hayan pasado
las evaluaciones, comparando su desempeño profesional utilizando diversos
procedimientos (observaciones de aula, evaluación de pares, directivos,
estudiantes y padres de familia, examen de portafolio, etc.) La validación de
las pruebas debería llevar eventualmente a una revisión de los estándares
utilizados en la evaluación.
Una alternativa mientras se
valida el sistema de certificación es que éste sea voluntario (digamos durante
las tres primeros años de certificación). Una vez establecida la validez del
sistema sería obligatorio.
Respecto
de utilizar el rendimiento de los estudiantes como uno de los indicadores de un
buen desempeño de los docentes, una idea sugerida y aplicada comúnmente en la
región, debemos decir que estamos en desacuerdo por varias razones. La primera
es que la literatura internacional no ha avanzado lo suficiente como para poder
definir, en el contexto de cada escuela, qué porcentaje del rendimiento de los
estudiantes es responsabilidad de un buen desempeño de los docentes y qué
porcentaje del contexto socioeconómico de los estudiantes, de la
infraestructura disponible en el centro educativo, o de otros muchos factores.
La segunda razón es que inevitablemente un sistema de evaluación del
rendimiento de los estudiantes tendría que concentrarse en algunas áreas
(típicamente comunicación integral y lógico-matemática, como se hace por
ejemplo en Chile), comunicando la idea que otras áreas del currículo y otros
aprendizajes (por ejemplo en valores o educación física) no son de la misma
importancia que el primero. La última razón es que administrativamente sería
complicado y sumamente costoso establecer un sistema censal de evaluación como
el que se requeriría.
En cuanto a la forma de
financiar un sistema de certificación y recertificación como el que aquí se
propone, inicialmente será indispensable que el IPE cuente con fondos del
Estado. Eventualmente al menos parte del sistema de certificación sería
financiado por los mismos postulantes (habría que determinar en qué proporción
compartirían gastos con el Estado).
En cuanto a plazos, se debe
ser consciente que el sistema propuesto es uno complejo que tomaría varios años
y muchos recursos en establecer. Un plazo realista sería tener las primeras
evaluaciones para la certificación dos años después de instalado el ICD, y a
partir de eso tener evaluaciones de certificación una vez al año. Lo primero
que habría que hacer es publicar los criterios, procedimientos y consecuencias
de evaluación con mucha anterioridad a las certificaciones mismas (al menos un
año). De este modo se aumenta la validez del sistema para los postulantes.
También se permitiría que los centros de formación docente empiecen a reformar
sus programas (de ser necesario) para alinearlos con la evaluación.
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Unidad
de Medición de la Calidad Educativa y GRADE (2001). Boletín UMC 8. Efecto dela escuela en el rendimiento en
lógico-matemática en cuarto grado de primaria. Lima: Ministerio de
Educación.
[1] Ver por ejemplo
evaluación del rendimiento escolar en doce países de la región realizado por la
UNESCO (UMC & GRADE, 2001).
[2] A esta política
de responsabilización y rendición de cuentas se le denomina accountability en la literatura en
inglés (para una discusión para el caso de los docentes peruanos ver The World
Bank, 1999).
[3] En la década
pasada, en el Ministerio de Educación se discutió la posibilidad de tener un
sistema de evaluación de docentes, sugiriendo utilizar el término “Credencial
para el ejercicio magisterial” (CEM; ver Ferradas et al, s/f a y s/f b).
[4] Se podría pensar que los docentes graduados de instituciones acreditadas no deberían pasar por una certificación como la que aquí se propone. Sin embargo, pensamos que todos los docentes que quisieran incorporarse al sistema deberían pasar por la certificación individual, de modo que se asegure que tiene competencias profesionales suficientes. Sería de esperar que los que pasen por una institución acreditada tendrían más chances de aprobar la certificación que los que no.
[5] Sin embargo
evaluaciones como la recién mencionada han sido severamente criticadas. Es
imposible dar opinión aquí sobre el tema en vista que las evaluaciones no han
sido publicadas.
[6] Las áreas
mencionadas han sido tomadas literalmente de un diploma y de una entrevista con
uno de los encargados de la evaluación.
[7] Por razones
obvias el Consorcio no da a conocer los nombres de los instrumentos que
utilizan en la evaluación, pero incluyen tanto pruebas de lápiz y papel como
entrevistas personales.
[8] Por ejemplo las
aprobadas por las Leyes 26815 (febrero de 1998), 26974 (setiembre de 1998), y
27142 (junio de 1999).
[9] Toda la
información presentada aquí ha sido obtenida de publicaciones oficiales de la
Comisión Nacional a cargo de esta evaluación.
[10] En las leyes no
se incluye el dato de cuántos ítemes se iban a incluir por área ni en el total.
[11] Esto no significa
que autoestima no sea una variable importante, simplemente que evaluarla con
una prueba de autoreporte de lápiz y papel con consecuencias para el docente
muy posiblemente no sea válido.
[12] Es, por ejemplo,
lo que suelen hacer los psicólogos cuando trabajan en selección de personal,
incluyendo una entrevista en la evaluación.
[13] En algunas de las
evaluaciones citadas se asignó crédito extra por participar en cursos de
capacitación docente sólo si fueron organizados por el Ministerio de Educación.
[14] La evaluación de 1997 fue aprobada por aproximadamente 12% de los postulantes (The World Bank, 1999).
[15] National Board for Professional Teaching Standards;
la información aquí presentada ha sido obtenida principalmente del portal
www.nbpts.org.
[16] Ver más
información en portal: www.ccsso.org/intasc.html
[17] Ver páginas web www.learning.gov.ab.ca/k_12/teaching/Certification/default.asp;
www.oct.on.ca; y
www.bcct.bc.ca/certification.html.
[18] Educational Testing Service, ver
www.ets.org.
[19] La Unidad de
Medición de la Calidad Educativa del Ministerio de Educación ha seguido una
serie de pasos en la elaboración de las pruebas nacionales 2001 tanto en cuanto
a evitar el sesgo como en cuanto a fijar los puntos de corte. Convendría
revisar estas experiencias como antecedentes de procedimientos similares en un
sistema de certificación de competencias profesionales docentes.
[20] Una dificultad al
respecto es que los ítemes que se repiten deben ser secretos, y esto a menudo
no es posible porque como se dijo antes algunas asociaciones reconstruyen y publican
parte de las pruebas luego que estas son administradas. Habrá que tomar en
cuenta esta dificultad en el procedimiento sugerido de comparación en el
tiempo.
[21] Habría que
explorar la posibilidad que este Instituto se encargue no solamente de la certificación
y recertificación, sino de tareas afines como por ejemplo la acreditación de
instituciones formadoras de docentes, la evaluación del rendimiento de los
estudiantes, y la investigación educativa vinculadas principalmente a estudiar
factores vinculados al desarrollo de políticas educativas.
[22] Ver por ejemplo Boletines UMC 1 al 15 en el portal del Ministerio de Educación: www.minedu.gob.pe; estos Boletines contienen datos empíricos de evaluaciones nacionales e internacionales.