La
polémica por la entrega de una Constitución en
Valenciano y otra en Catalán con, según parece, el mismo
contenido y las reacciones posteriores, nos da la medida del
despropósito en el que estamos inmersos, la locura hacia la que
nos lleva el nacionalismo, la falta de solidez del presidente del
Gobierno y la jaula de grillos que es el Partido Socialista.
ZP entrega cuatro Constituciones europeas en las lenguas regionales
oficiales y Maragall ladra porque considera que no son cuatro las
lenguas, sino tres: catalán y Valenciano son lo mismo para
Pasqual.
Si el texto es idéntico (que habría que verlo... porque
ya es casualidad que dos textos traducidos por autonomías
diferentes sean exactos) parece –y digo parece- una estulticia hacer
dos textos. Y si no es una estulticia hacer dos textos, lo que es una
estulticia es salir posteriormente atemperando a Maragall diciendo que
los dos textos son iguales.
Parece estúpido diferenciar catalán y valenciano si, como
parece, son la misma lengua. Sin embargo, como tantas veces, oro
parece, plata no es. No es estúpido porque el nacionalismo ha
convertido la lengua en un arma política. Siguiendo las
doctrinas del romanticismo alemán ha convertido la lengua en el
sustrato de la nación, y siguiendo el desarrollo teórico
de ese romanticismo, pretenden convertir a esa nación del
volksgeist en el fundamento del Estado. Por eso el problema de la
lengua ha pasado, irremediablemente y por causa del nacionalismo, del
ámbito científico al político.
Cuando Maragall y Carod reivindican la unidad del catalán de
todos sus països catalanes, que incluyen Cataluña,
Baleares, País Valenciano y hasta Aragón, lo que
reivindican es la unidad esencial de la nación catalana.
Reivindican la nación de la esencia étnica (como
comunidad racial, lingüística o cultural) y reivindican el
derecho a la unidad política de ese constructo nacional. Ni
más, ni menos. No hay buena voluntad ni inocencia ninguna en sus
reivindicaciones lingüísticas.
Todavía recuerdo una conferencia de Carod Rovira en el
País Vasco (que tuve el dudoso gusto de tragarme entera) en la
que comenzó diciendo que había que despolitizar la lengua
y que ésta debía ser un mero elemento de
comunicación. Bien –me dije yo para mis adentros-, no es el mal
bicho que nos han pintado: ahora nos va a decir que, por tanto, lo que
hay que hacer es apoyar una lengua en la que los gallegos se entiendan
con los catalanes, los vascos con los madrileños, los andaluces
con los valencianos y, en general, todos nos entendamos con todos,
ahora va a defender que hay que asumir el español como lengua
común y de comunicación y potenciar el inglés en
el colegio. Pues no, evidentemente no. Acto seguido, después de
tan razonable declaración, apuntilló, "por eso es
necesario que en Cataluña todo el mundo hable el catalán,
nacionalistas y no nacionalistas". ¡¡Tócate las
narices!! Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. La lengua
siempre como arma política. Digan lo que digan.
Por eso la inscripción del valenciano como lengua oficial y
diferente al catalán es una reivindicación
política perfectamente legítima. Es saber cuáles
son las armas de tu adversario y no dejar que las use. Es decir bien
alto que el País Valenciano no quiere ser parte de una
estructura política común unida por unos vínculos
étnicos (insisto, en el sentido de comunidad racial,
lingüística o cultural) con el resto de los hoy
míticos Països Catalanes. Por eso los lingüistas
tienen poco que decir aquí. Quizás tengan razón
cuando dicen que científicamente valenciano y catalán son
la misma lengua. No lo dudo. Pero este no es un problema
científico, sino político. Por eso ZP hizo bien
entregando un texto de la Constitución en valenciano y otro en
catalán. Por eso es una superficialidad –muy propia- salir
diciendo que sí, que bueno, que hay dos textos, pero que al fin
y al cabo, los dos son iguales y que pelillos a la mar. Eso es no haber
entendido el problema, o querer ocultarlo a los ciudadanos. ZP, o bien
es un poco bobo, o bien olvida que la democracia es un régimen
de opinión pública, donde los ciudadanos tenemos derecho
a conocer la realidad de los problemas, donde ocultar estos problemas a
la población por puro tacticismo es simplemente mentir y no
definir la posición con tal de no enfrentarse a los conflictos,
es engañar.
Lo peor de todo es que, en mi opinión, Zapatero efectivamente es
un chisgarabís, no tiene formación ninguna, pero es,
además, un personaje incapaz de decir la verdad, afrontar los
problemas que sin duda existen y comunicárselos a la
población. Por su parte, Maragall ha tomado nota, ha decidido no
interponer la demanda con la que amenazaba y ha apuntado esta supuesta
"cesión" en su agenda (ahorrándose de paso una muy
probable resolución judicial en la que le tiren por tierra su
unidad de la lengua catalana). La siguiente le toca a Zapatero. Y la
siguiente será más importante, seguro.
concalma 07-11-04
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