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| ZP, y las semillas del mal futuro
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La
reunión de los presidentes de Comunidades Autónomas es
una buena metáfora del PSOE de Zapatero: una imagen bonita, pero
sin ningún contenido. Una buena escenificación con buenos
réditos electorales, pero que elude los problemas de fondo y
que, a medio o largo plazo, tendrá su coste.
Se han reunido los diecinueve presidentes autonómicos y de las
ciudades autónomas. No se ha tratado ninguno de los temas
conflictivos que están ya sobre la mesa. No ha habido debate.
Los intervinientes no han podido replicar las intervenciones de sus
colegas. Unas horas de reunión, una foto, comilona en Palacio y
quedamos para el año que viene. Tan amigos y tan tranquilos.
Como si Ibarretxe no fuera el Presidente de un Gobierno que tiene
planteado un Plan de soberanía étnica, como si no
perteneciera a un partido que pactó con ETA la ruptura con los
partidos constitucionalistas y del marco constitucional, como si el
Parlamento vasco y su Presidente (Sr. Atutxa; PNV) no estuviera
desacatando al Tribunal Supremo para dar protección al brazo
político de ETA. Como si Maragall no estuviera gobernando con un
partido expresamente independentista, que negocia con ETA una tregua
sólo para Cataluña, como si Maragall no hubiera ido al
partido de Hockey patines de la selección Catalana y no hubiera
posado con la bandera independentista.
Bien están las fotos. Bien están las reuniones
simbólicas. El problema es cuando para conseguir una foto se
elimina la tipificación del delito consistente no ya en convocar
referenda ilegales –que también-, sino el delito de financiar a
asociaciones ilegalizadas por colaborar con el terrorismo. El problema
surge cuando todo se limita a las fotos, a los símbolos, a la
propaganda, a la imagen y se olvida uno de los problemas de fondo.
Porque hasta el momento, en cuanto a estructura del Estado, idea de
España, idea de la igualdad y la solidaridad interterritorial,
este Gobierno sólo ha dicho que va a abrir el debate sobre la
reforma de los Estatutos y de la Constitución… Pero no ha dicho
para qué, ni cuál es su posición. Abre el debate
porque se lo exigen sus socios de gobierno. Abre el debate no porque lo
considere necesario para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos,
sino porque no tiene la capacidad de decir “no” a nadie más que
a EE.UU. y al PP. Abre un debate peligrosísimo en un acto de
irresponsabilidad deleznable.
ZP es incapaz de decir “no” y eso se va extendiendo a todos los
ámbitos y tendrá consecuencias, no inmediatas, sino en
unos años.
La incapacidad para decir “no”, para ser firme, afecta a todas las
facetas. Así, el año que viene, si nada lo impide, vamos
a tener unos presupuestos con un importante aumento del gasto
público que parte de una previsión de crecimiento del 3%,
cuando desde la OCDE, el FMI, la U.E., el Instituto de Estudios
Económicos, etc., pronostican un crecimiento bastante más
modesto de, aproximadamente, el 2,6 %.
Recordemos que el PP llegó al poder y lo primero que hizo fue
tomar unas medidas nada populistas para cuadrar las cuentas
públicas y reducir el déficit. Eso permitió
reducir la prima de riesgo de la deuda española, controlar la
inflación y generar confianza en la economía, lo que
llevó a un crecimiento económico importante y sostenible
que –junto con otras medidas- supuso la creación de una gran
cantidad de empleo y permitió aumentar la recaudación, lo
que a su vez posibilitó reducir el déficit hasta llegar
al superávit, manteniendo o aumentando el gasto en
infraestructuras, investigación y el gasto social en general.
Los presupuestos generales del Estado comenzaron a cumplirse, cosa
desconocida en España (el PSOE no cumplió ninguno de los
presupuestos que aprobó). Se entró en un “círculo
virtuoso” que nos acercó a la U.E. al doble de la velocidad a la
que nos acercamos con el PSOE y que supuso que creáramos la
mitad de los nuevos puestos de trabajo creados en Europa.
El PSOE ha hecho todo lo contrario. Ha llegado con una economía
que funciona razonablemente bien y donde las arcas estaban llenas y se
ha dedicado a tomar medidas populistas que han convertido el
superávit en un déficit del 0,6 %. Ninguna medida
difícil, ninguna medida comprometida. Todas medidas populistas
(aumento del gasto, sin incremento del ingreso y sin recortes en otros
ámbitos). Y para el año 2005 un presupuesto que
sólo se puede cumplir mediante una carambola. ¿Volvemos
otra vez a los presupuestos que no se cumplen?, ¿ni siquiera el
primer año el PSOE va a ser capaz de hacer un presupuesto que
vaya a cumplir? Ninguna medida ha tomado este Gobierno para mejorar la
creación de empleo. Ninguna medida para hacer frente a la
inflación (nuestra tasa de inflación ha crecido bastante
más que la de la U.E.). Ninguna medida para hacer frente a un
panorama económico con un petróleo a precios superiores a
los cuarenta y cinco dólares. ¿Se va a invertir el
círculo virtuoso y vamos a pasar a un círculo vicioso?
Desde luego, en el medio plazo parece probable.
Estamos, pues, ante un Gobierno mediático. Un Gobierno que vive
de las rentas de una buena gestión anterior, que sólo
está demostrando su capacidad para gestionar los grupos de
presión, la propaganda y su deseo por copar los resortes del
poder (cambio del CGPJ, rompiendo el consenso de Estado alcanzado
durante el Gobierno del PP; anuncio de modificación de la
Instrucción penal, dejándola en manos de los fiscales,
que no tienen la independencia de los jueces; manipulación de
RTVE –recordemos la polémica con los debates en las Europeas-,
colocando a gente afín: ya están colocados todos los
suyos, desde el Gran Wyoming, hasta Rioyo, pasando por la Sardá
que un mitin dijo que los papás de izquierdas eran más
guapos, más fuertes y más altos que los de derechas;
situar en los puestos clave a personajes afines políticamente:
desde el Fiscal General del Estado –socialdemócrata declarado y
amigo de ZP-, hasta el director del CIS –Vallespín, conspicuo
socialista del Grupo PRISA; pasando por el CNI, donde ha situado a un
ex – consejero del PSOE de Castilla - La Mancha, etc.).
Un Gobierno mediático que, además, está sembrando
la semilla del mal futuro, de los problemas futuros de España:
grave crisis frente al modelo constitucional en la que latirá de
fondo la concepción de España como un Estado solidario y
con igualdad de derechos para todos los ciudadanos; reducción
del crecimiento económico; reducción de la
creación de empleo; posible crisis en la vivienda;
reducción de la independencia del poder judicial; pérdida
de peso en política internacional; pérdida de capacidad
de decisión en la U.E.; tensiones entorno al agua y problemas
sociales y medioambientales agudizados en el litoral
mediterráneo; desafío de Marruecos y conflicto con este
país sin que tengamos ningún aliado sólido…
Eso sí, en dos años, antes de que los efectos de las
medidas o la inacción de hoy comiencen a ser evidentes, con la
excusa de la Constitución europea, disolución de las
Cortes y elecciones anticipadas en las que esperan sacar rédito
de su estrategia de imagen y propaganda constante y continuada. Hasta
entonces, fotos sonrientes, medidas populistas y vaciedad intelectual o
perversión moral. Como con los Presidentes.
concalma 01-11-04
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