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ZP, la lucha contra el
hambre y el retrato
de Dorian Gray |
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La
insoportable levedad de ZP hace muchas veces difícil escuchar
las noticias cada mañana sin que rechinen las neuronas. Lo mismo
puede decir que es fundamental ser riguroso con las palabras y no
hablar de terrorismo islámico, sino internacional
(¡¡¿eso es riguroso?!!), que a renglón
seguido afirmar que no se va a pelear por hablar de naciones,
nacionalidades o regiones (debate de investidura). Lo mismo puede
defender la subvención del Islam por el Estado, que afirmar
categórico que en la lucha contra el terrorismo, la igualdad de
sexos es más útil que el uso de la fuerza
(¡¡!! es de todos sabido el componente machista de la
etarra Idoia López Riaño…). Lo mismo puede decir que su
modelo para España es el de Nicolás Redondo Terreros, que
permitir su defenestración a los tres meses y aceptar la
apertura de un debate constitucional en el que ni siquiera tiene una
posición. Lo mismo puede decir que le parece fundamental la
igualdad de los españoles, que admitir que las autonomías
aumenten las pensiones con absoluta libertad, lo que obviamente
conlleva diferentes derechos para cada español dependiendo de la
autonomía.
El problema es que ZP ha convertido el debate político en meros
gestos, ha eliminado el contenido intelectual y ha anclado su discurso
en la mera estética. Muy propio y muy útil para una
sociedad plenamente adolescente: superficial, seducida por la imagen e
incapaz de realizar el trabajo que conlleva profundizar en los
problemas. El discurso de ZP se basa en tópicos oxidados, en
clichés vacíos pero biensonantes. Así puede
afirmar solemne que "acepto que cuando una gran mayoría de los
ciudadanos dice algo, tiene razón" (entrevista para TIME
Europe), lo que puede sonar muy bien, pero nos llevaría de
cabeza a afirmar que los alemanes tenían razón cuando
abrumadoramente apoyaron a los nazis y sus leyes antisemitas, o los
ingleses cuando creyeron a Chamberlain y Eden en lugar de a Churchill y
aceptaron, en lugar de hacerle frente, negociar la paz con Hitler
haciendo concesiones, mirando para otro lado en sus continuas burlas al
Tratado de Versalles, a la soberanía de los Estados, a legalidad
internacional, al trato a los judíos, etc.,
Y es en este contexto donde se encuadra la actual "ofensiva contra el
hambre" que pretende acaudillar, junto con otros líderes
internacionales, ZP.
¡¡¿Quién no quiere luchar contra el
hambre?!!, ¡¡¿quién no quiere eliminarla de
la faz de la tierra?!! Todo el mundo quiere terminar con el hambre…
¡faltaría más!
El problema no es querer o no querer terminar con el hambre, sino
cómo hacerlo. Y ahí, la vaciedad intelectual, el decir al
interlocutor lo que quiere oír (salvo que sea el PP o Bush), la
política de meros gestos, el rancio, muy rancio populismo que
sólo esconde un ansia ilimitada de poder, vuelve a hacer
presencia en el discurso de nuestro ZP o del amigo Chirac.
A ZP le dan igual los estudios de los economistas del desarrollo, le
dan igual las experiencias anteriores, le da igual todo, porque lo que
le interesa no es tanto que el hambre en el mundo desaparezca, como esa
foto maravillosa con Lula, Kirchner, Chirac y algún otro. Por
eso ZP afirma categórico que hay que dar al tercer mundo el 0,7%
del PIB. Ese y el establecimiento de algún impuesto
internacional (que no digo que no tenga que haberlo) es su gran
proyecto para terminar con el hambre en el mundo.
¡¡Estupendo!! Todo muy innovador, si no fuera porque
está pisando terreno ya trillado y yermo.
No estaría mal la propuesta si no hubiese un casi unánime
consenso entre los especialistas en economía del desarrollo
–quitando alguno de la ONU que vive de esto- en que el auténtico
problema no es la falta de fondos para el Tercer Mundo. No
estaría mal si no hubiera múltiples estudios que inciden
en que resulta imposible encontrar una relación entre la ayuda
al Tercer Mundo y el crecimiento. Pongamos un ejemplo: W. Easterly, "En
busca del crecimiento" Antoni Bosch, editor:
"Tenemos 88 países para los cuales hay datos disponibles que
cubren el periodo 1965-1995. […] solamente 17 de los 88 países
muestran una asociación positiva entre ayuda e inversión.
Solamente seis de entre estos 17 países la inversión
crece al menos en una proporción de uno a uno. Los
mágicos seis incluyen dos economías con cantidades
triviales de ayuda: Hong Kong (recibió un promedio del 0,07 %
del PIB en ayuda entre 1965-1995) y China (recibió un promedio
del 0,2% del PIB)".
Y añade, para más inri: "no hay ninguna relación
estadística entre el crecimiento de un cuatrienio y la
inversión del cuatrienio anterior".
Es decir, por un lado, la ayuda al Tercer Mundo no se destina de por
sí a inversión. Pero no sólo eso, sino que
además, por otro lado, la inversión, por sí sola,
no conlleva crecimiento.
Y hay más. Se da una relación inversa entre los
préstamos facilitados al Tercer Mundo y el crecimiento de la
renta per cápita: a más préstamos, menor
crecimiento. ¡¡¿Y qué decir de la
mítica condonación de la deuda?!! Volvamos a citar a
Easterly: "el total de la deuda condonada a estos 41 países
altamente endeudados fue de 33.000 millones de dólares, mientras
que su nuevo endeudamiento fue de 44.000 millones de dólares […]
El nuevo endeudamiento fue mayor en aquellos países que
recibieron una mayor reducción de deuda".
Item más: la Ayuda Oficial al Desarrollo no ha hecho sino crecer
desde 1950 a 1990. En ese periodo ha aumentado aproximadamente un 1.200
% (Guillermo de la Dehesa. Globalización, desigualdad y pobreza.
Alianza Editorial). Como es obvio, tan espectacular aumento no ha
servido para mejorar la situación del Tercer Mundo. Esa ayuda
que no paró de crecer hasta 1990, comenzó a decrecer de
1990 a 2000, reduciéndose en aproximadamente un 35%. A pesar de
ello, según el Informe Anual sobre Desarrollo Humano de la ONU
(pág. 5): "Durante los años 90, la fracción de la
población mundial que vive en situación de pobreza
extrema cayó del 30% al 23%. Pero en un mundo de
población creciente, el número de pobres se redujo
sólo en 123 millones". Eso dice la ONU, aunque hay otros
estudios más optimistas; leamos lo que nos dice Sala i Martin:
"Afortunadamente, algunos investigadores académicos han puesto
fin a ese monopolio de los datos y han hecho sus propios
cálculos. En un libro reciente, el economista indio, Surgit
Bhalla critica ferozmente la metodología, el secretismo y las
conclusiones a las que llega el Banco Mundial. Sus estimaciones indican
que, entre 1990 y 2000, la fracción de la población
mundial con menos de un dólar al día ha caído del
25,4% a 13,1%. Es decir, la tasa de pobreza se ha reducido a casi la
mitad. Según Bhalla, el número de pobres dista mucho de
los 1.200 millones estimados por el Banco Mundial y la ONU y se
sitúa en 647 millones de ciudadanos. En una serie de estudios
aparecidos recientemente, un servidor estima que la tasa de pobreza ha
bajado del 20% al 12%, una reducción menor que la estimada por
Bhalla pero bastante superior a la de la ONU".
En definitiva, ZP habla del 0,7% de Ayuda Oficial al Desarrollo porque
una población tan bienintencionada como ignorante del verdadero
problema del Tercer Mundo quiere oír precisamente eso: que se
van a destinar más fondos a ayudar a los pobres. (¡Ojo, no
digo que la ayuda económica no sea necesaria, sino que es un
factor secundario, que puede ser útil si otros factores
primarios mucho más importantes y de los cuales se ha olvidado
ZP son tenidos muy en consideración). Pero ZP no habla de lo que
es realmente importante para el desarrollo. Simplemente, no lo
menciona.
Si ZP estuviera sinceramente preocupado por el hambre en el mundo, no
saldría a liderar una campaña para aportar
definitivamente el 0,7% del PIB a los países del Tercer Mundo.
Esa propuesta, lo único que prueba es que ZP está muy,
pero que muy preocupado por su imagen (ya lo vimos en Bilbao, con lo de
IZAR), pero no por el hambre. Si a ZP en lugar de su imagen le
importara de verdad la erradicación del hambre, nos diría
que la ayuda al desarrollo es importante, pero que mucho más
importante es ABRIR LOS MERCADOS, ser FIRMES CONTRA LOS PAÍSES
EN LOS QUE IMPERA LA CORRUPCIÓN, CORTAR EL GRIFO DE AYUDA
ECONÓMICA ESTRUCTURAL A AQUELLOS PAÍSES EN LOS QUE LA
AYUDA EXTERNA NO HA SERVIDO PARA NADA Y CENTRARLA EN LOS PAÍSES
QUE APLICAN REFORMAS EN LA DIRECCIÓN CORRECTA. Si a ZP en lugar
de su imagen le importase luchar contra el hambre, nos diría que
existen vínculos directos entre el establecimiento de
multinacionales en los países subdesarrollados y su crecimiento
y que, por tanto, hay que TRABAJAR PARA QUE LAS MULTINACIONALES SE
EXTIENDAN MÁS POR EL TERCER MUNDO, nos diría que la
estabilización de las cuentas a lo largo de los ciclos –no
gastar más de lo que ingresan- es condición necesaria
para el crecimiento y que, por tanto, ES NECESARIO LLEVAR A CABO, MAL
QUE NOS PESE, POLÍTICAS DE AJUSTE EN LOS GASTOS DE LOS
PAÍSES DEL TERCER MUNDO. Si a ZP no le importase su imagen, sino
el hambre en el mundo, haría hincapié en la multitud de
estudios que concluyen que la inflación severa tiene una
relación inversa con el crecimiento porque, entre otras cosas,
desincentiva el ahorro y que, por tanto, la lucha contra la
inflación severa es prioritaria en la economía del
desarrollo, o lo que es lo mismo, que LA POLÍTICA MONETARIA Y LA
LIBERALIZACIÓN DE LOS MERCADOS TIENE QUE ESTAR EN EL CENTRO DE
LA LUCHA CONTRA EL HAMBRE. Si le importara el hambre en el mundo, ZP no
haría hincapié en el mitológico 0,7%, sino que
recordaría que la política del desarrollo se debe centrar
en la estabilidad de los países tercermundistas, lo que conlleva
la NECESIDAD DE QUE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL SE DECIDA, BIEN A
INTERVENIR CONTUNDENTEMENTE EN LAS CRISIS –Y NO ENTERRAR LA CABEZA EN
PLAN AVESTRUZ COMO HASTA AHORA-, BIEN A ESTABLECER UN "CORDÓN
SANITARIO" EN LOS LUGARES EN CRISIS POLÍTICAS, pero nunca
financiarlos con ayuda al desarrollo.
Todo eso diría ZP si le importara más el hambre en el
mundo que su propia imagen de líder megasolidario, estupendo y
superenrollado. Pero no, ZP sólo incide en el 0,7% y en
impuestos internacionales para armas y transacciones, que mola mucho y
queda muy bien. No incide en lo que cualquiera que haya estudiado
medianamente el problema del desarrollo tiene bien claro que es lo
más importante, porque si lo hiciera, rápidamente algunos
le acusarían de ser un neoliberal comeniños y comepobres
y claro, ay, ZP no quiere que le lastimen sus oídos, ZP no
quiere que nada ni nadie le ensucie su sonrisa angelical, ni su mirada
cristalina. ZP, como Dorian Gray, quiere mantenerse siempre joven,
siempre popular… pero ZP, como Dorian Gray, también debe tener
su retrato donde cada discurso populista que tanta admiración
despierta en los menos informados –igual que la belleza de Dorian Gray
despertaba la admiración en las damas y varones de la buena
sociedad británica-, vaya dejando su huella indeleble hasta
convertirlo en una caricatura de sí mismo.
He dicho.
21/9/2004
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