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El fondo del problema vasco

1º.- Aquí votamos todos un sistema no tanto para resolver nuestros conflictos, como para gestionarlos. Primero Constitución, con un consenso limitado, y luego Estatuto, que validaba la Constitución y tuvo un consenso que casi fue unanimidad de los demócratas.

2º.- Este sistema se ha desarrollado con tiras y aflojas lógicos. El resultado es algo muy, pero que muy, llamémoslo, "generoso". O si se prefiere, limitémonos a decir que tenemos el autogobierno más amplio de Europa y uno de los mayores del mundo: tenemos por primera vez (en la II República Álava nunca estuvo en Euzkadi) una institución política que agrupa a las tres provincias y el régimen de competencias es superior a cualquiera que hayamos tenido en nuestra Historia desde le Edad Media.

Este sistema ha sido, digamos, agotado, desde el punto de vista del aumento del autogobierno. Se podrían descentralizar algunos flecos, pero eso no solucionaría el problema más que, si acaso, por unos años. Un mayor autogobierno, flecos aparte, supondría una quiebra de la Constitución. Eso hay que asumirlo para hacer un planteamiento realista.

Por este motivo, la situación está bloqueada. Hemos llegado al final del pasillo y hay quien quiere seguir. ¡O se tira el muro, o nos sentamos a echar la partida de mus y asumimos que el pasillo da para lo que da!

3º.- En esta situación, aflora lo que es el problema de fondo. Un problema que ha estado latiendo constantemente, pero que ha ido quedando oculto hasta ahora por el espacio de desarrollo del Estatuto que quedaba y por la solidez del nacionalismo en el poder.

Así pues, ¿cuál es el problema de fondo? Pues, ni más, ni menos, que por un lado unos partidos políticos, y con ellos una parte importante de la sociedad, consideran que nuestras características étnicas (no ya tanto en el sentido de raza, sino de comunidad cultural y lingüística) otorgan un derecho a decidir unilateralmente nuestro futuro. Ese derecho es entendido como algo pre – jurídico, algo al margen del sistema, el cual –el sistema- se respetará mientras respete ese derecho que podríamos llamar natural, divino o "x".

Se obvian los siglos y siglos de relaciones de todo tipo con el resto de España, los vínculos sociales, económicos, jurídicos, históricos, etc. cuya ruptura ha de ser, necesariamente, traumática y nunca debería ser unilateral.

Y por otro lado, otros partidos políticos, y otra parte de la población, creen que el ser una comunidad étnica, que además no se limita a la C.A.V., sino que se extiende por una fronteras difusas y cambiantes, no otorga ningún derecho a tomar decisiones unilaterales. Y se considera que cualquier conflicto ha de gestionarse de acuerdo con el sistema acordado por todos. Para esta otra parte de la población las reivindicaciones de autogobierno deberían plantearse no tanto como un derecho, sino como una mejora en la gestión que beneficie tanto al resto de España, como a Euskadi. A los ciudadanos de ambas partes.

Es esta discrepancia de fondo, esta discrepancia absolutamente conceptual la que (al margen de malas voluntades, traiciones, etc.) impide una solución estable en términos de cohesión de la sociedad. ¡¡Y lo grave del asunto es que entre esas dos concepciones no hay puntos intermedios!! Se podrá o no llegar a un acuerdo para "más Estatuto"... pero nunca será estable, porque una vez satisfecho, por propia esencia, surgirá el problema una y otra vez.

Hace unos años el término intermedio podía estar en el derecho a la gestión del patrimonio étnico, cultural, lingüístico exclusivo de los "vascones" por parte nuestra, y el sometimiento del resto de la actividad política al ámbito de la democracia liberal. Pero eso ya es así y no ha servido más que para hacer un uso político de la cultura, como podría demostrar. Así que ese punto intermedio está ya más que superado. No vale.

De esta raíz surgen los problemas, todos los problemas. Y si no se cura esta raíz, no se curará la herida.

P.ej. ¿Por qué las víctimas del terrorismo han estado tan olvidadas en nuestra tierra, hasta hace pocos años? Se les dejaba llorar dos días y luego que se largaran. Pues porque eran algo secundario. Lo importante era que el sistema democrático elegido no permitía dar satisfacción a ese derecho divino, natural, "x" a "decidir nuestro futuro libremente", es decir, unilateralmente. Y las víctimas eran el ejemplo vivo de la cara oscura de ese discurso, de lo que traía adherido ese discurso, por eso había que largarlos, ocultarlos, olvidarlos. Por eso lo importante era el terrorista, y no el asesinado.

¿Por qué el PNV y EA pactan con ETA?, ¿por qué se niegan a desalojar a HB de los ayuntamientos?, ¿por qué se negaban a clausurar Udalbiltza?, ¿por qué deslegitiman cualquier actuación judicial antiterrorista?, ¿por qué hablan de "los chicos de la gasolina"?, ¿por qué ETA dura tanto y tanto? Pues, porque como dijeron en su día, el problema no es ETA, es Madrid. Es decir, en el fondo, aunque se niegue de palabra, para el nacionalismo el problema es el sistema que no reconoce el derecho original a que este pueblo étnico decida por sí mismo. ETA es secundaria, es la espuma de ese problema de fondo.

La actitud del nacionalismo gobernante, cortocircuitando toda medida antiterrorista (no digo que tengan que apoyar la Ley de Partidos, ni que tengan que hacer esto o aquello, sino que no es de recibo que ante cualquier medida, absolutamente cualquiera, siempre caigan del mismo lado), no es, ni mucho menos, ajena a la concepción de la soberanía de la que venimos hablando.

Luego se mezcla, como siempre, con la lucha por el poder, con la ventaja que supone poder estar en el punto medio, entre ETA y el PP (como si fueran dos extremos comparables), la ventaja de poder ofrecer nada menos que la paz, la ventaja de que la oposición no tiene correa de transmisión popular, la necesidad de unir las fuerzas nacionalistas para hacer frente al crecimiento constitucionalista, etc. Pero eso no quita que lo que late es, precisamente, eso: el derecho a decidir unilateralmente. El derecho a la soberanía étnica.

CONCLUSIÓN

En este momento, no tengo ninguna duda de que el problema se sitúa ahí, en la concepción de la soberanía étnica, en la concepción de los derechos. Y lamentablemente no tengo dudas tampoco de que el sistema ya no da más de sí para alcanzar puntos de acuerdo estables (¡recordad que Arzalluz, entre otros, nos decía que con el Plan Ibarretxe teníamos para otros quince años! Joder, ya se podía estirar y darnos setenta u ochenta, y que valiera por lo menos para todas las generaciones actuales, ¿no? Que agarrao el tío).

La reivindicación de la soberanía vasca es un lastre que tenemos en todos los aspectos; económico, social, histórico, educativo. O aprendemos, aprende el nacionalismo... y también una parte del socialismo que hay que renunciar a ella y desde esa renuncia reconstruimos la convivencia, los acuerdos y la prosperidad del País Vasco, una convivencia y una prosperidad absolutamente compatible con la del resto de España, o no queda más que el que ganen unos u otros. No hay puntos intermedios.

Desde una nueva visión de Euskadi como plena y lealmente integrada en España, con el mayor régimen de autogobierno de Europa y con el reconocimiento de las especificidades culturales, podemos reconstruir todo. Podemos ser un motor no sólo de España, sino de Europa. Pero eso implica la renuncia a la soberanía étnica, a la decisión unilateral, a los derechos pre – jurídicos.

Estoy dispuesto a discutir hasta la caja única de la Seguridad Social (no nos interesa como vascos, pero bueno). Lo estudiamos, estudiamos si es mejor para los ciudadanos de la C.A.V. y estudiamos mecanismos que garanticen la solidaridad y la eficacia y mejora del sistema con el resto de España. Y a cambio estudiamos también la posibilidad de devolver la educación o, al menos, compartirla, con el Gobierno central, con objeto de mejorar la pluralidad y terminar con el adoctrinamiento. Estudiamos el fin de los conciertos, o al menos, los mecanismos para que la inversión pública por habitante en el País Vasco se equipare a la del resto de España. Estoy dispuesto a poner todos los medios para que la justicia se pueda impartir en Euskera a cualquiera que lo solicite, pero también habría que estudiar someter la Ertzaintza a un mando centralizado en la lucha antiterrorista. Estoy encantado de discutir la presencia de las CC.AA. en Europa si eso mejora la calidad de vida de los ciudadanos, pero si la devolución de la Protección Civil a una autoridad centralizada hace que funcione mejor, espero que se devuelva. Estoy dispuesto a replantear el papel del Senado, pero siempre que la Constitución se acate sin reservas, se acaten sus mecanismos y sus vías para determinar qué es y qué no constitucional. Estoy dispuesto a que el T.C. sea reorganizado, pero también exijo que las Haciendas forales se estudien desde el punto de vista de la eficacia y la igualdad.

En definitiva, estoy dispuesto a un estudio global de las competencias siempre que se parta de la renuncia definitiva a la concepción étnica de la soberanía y se asuma que las instituciones del Estado están para servir a ciudadanos lo más eficazmente posible, no para satisfacer derechos prejurídicos, ni para servir a ansias particulares de poder.

Estoy dispuesto a estudiar o revisar (infeliz de mí... si yo ni pincho, ni corto) la Caja Única de la S.S., la presencia de las CC.AA. en Europa, la modificación del Senado, el servicio en Euskera en la justicia, etc., siempre y cuando por el otro lado se esté dispuesto a estudiar o revisar las competencias en educación, el Concierto, el Cupo, las Haciendas forales, la competencia antiterrorista de la Ertzaintza, la Protección Civil, etc.

Y, por supuesto, todo ello, siempre y cuando desde la C.A.V. y desde el nacionalismo se pongan TODOS, AB – SO – LU – TA – MEN – TE - TO – DOS los medios en la lucha contra ETA y se termine cualquier discurso que por activa o por pasiva sea legitimador del terrorismo o los terroristas.

Un saludo.

concalma     23/4/2004



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