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Tópicos, deslegitimación, división social

LOS TÓPICOS

En este final de legislatura (desde 2001) hemos asistido a un espectáculo digno de estudio: la instauración de los mitos de deslegitimación en la conciencia colectiva.

Por ejemplo:

Mucha gente está convencida de que la precariedad laboral ha aumentado y que los puestos de trabajo creados por del PP son precarios, cuando resulta que la precariedad disminuyó y se crearon 3.500.000 (aprox.) empleos indefinidos.

Mucha gente está convencida de que el PP no ha dialogado y ha aplicado el "rodillo parlamentario", cuando resulta que se han conseguido pactar tres reformas laborales (dos en la última legislatura, creo), la política antiterrorista, la transferencia de educación, sanidad y el nuevo modelo de financiación autonómica, la Ley de Grandes Ciudades, la reforma de la Justicia y otro buen número de cosas básicas (no está mal para no dialogar).

Mucha gente está convencida de que el PP ha roto la unidad europea y que España se ha aislado y distanciado de Europa, cuando fueron Alemania y Francia quienes sin encomendarse a Dios, ni al Diablo se pronunciaron en conjunto y sin buscar consenso alguno en la U.E. contra la política de EE.UU. en Irak. Aznar promovió un escrito bastante matizado pero que era una respuesta a esa ruptura por parte de Francia y Alemania y consiguió que 15 países le apoyaran (la mayoría).

Mucha gente está convencida de que el PP ha afectado a la independencia del poder judicial, cuando resulta que han sido los que han promovido las medidas legislativas que más garantizan esa independencia y si no se ha profundizado más ha sido, precisamente, para llegar a un acuerdo con la oposición (que se negaban a una mayor separación entre el Parlamento y el Consejo General del Poder Judicial).

Mucha gente está convencida de que España ha entrado ilegalmente en una guerra (no ya que la haya apoyado, que eso es innegable, sino que ha entrado materialmente) y cree que es ridículo pensar que la presencia de tropas españolas en Irak está perfectamente legitimada por el derecho Internacional y la ONU en estos momentos, lo que no sólo no es ridículo, sino que es incuestionable (resolución 1483).

Mucha gente está convencida de que el PP no admite que la Constitución pueda ser modificada si se hace de acuerdo con las mayorías en ella establecidas y cree que cuando habla de defender la Constitución habla de no permitir ningún cambio, aunque se respeten sus cláusulas de modificación, lo que, simplemente, es falso.

Mucha gente cree que el PP es algo así como un heredero del franquismo, un fascista con piel de demócrata ("fascistas", "esto nos pasa, por un gobierno facha", etc.)

Mucha gente toma como verdades incontrovertibles muchas cosas que no son más que tópicos que no resisten un análisis racional profundo (se puede decir que la negativa a abrir ahora un proceso de reforma de la Constitución es acertada o equivocada, pero no que el PP niegue la legitimidad democrática si se hace con las mayorías estipuladas, etc.). Y, lo que es peor, estos tópicos, al fin y a la postre, hacia donde apuntan es hacia la deslegitimación desde el punto de vista democrático de una opción política que podrá ser mejor o peor (hay cosas que están, evidentemente, mal hechas desde el PP… como la manipulación de la TV pública; la excesiva confrontación con el primer Zapatero; el procedimiento para la última reforma del Código penal es una chapuza, el propio talante personal de Aznar tampoco ha ayudado a distender situaciones, etc.), pero que es plenamente legítima y respetuosa con el Estado de Derecho. Ilegítimo sólo es quien no respeta el Sistema.

LA DIVISIÓN

Por eso, entre otras cosas, la división social se ha hecho muy profunda. Porque hay muchas personas que han asumido como verdad indiscutible los tópicos que he señalado (entre otros) y (en muchos casos) la deslegitimación del otro. Así, en la discusión, por más que se aporten datos, hechos constatables y argumentaciones verosímiles, es imposible el acuerdo, porque consideran que se está negando la evidencia y eso, con temas que a todos nos importan mucho y nos afectan muy profundamente (la democracia, la educación, el terrorismo, la paz, etc.) provoca que salten chispas. Y más si quien lo hace ha dejado, a los ojos del interlocutor, de ser un auténtico demócrata.

Y claro, dialogar con quien niega lo (supuestamente) evidente resulta imposible. Y no sólo eso, sino que si alguien niega lo evidente, es porque no se quiere alcanzar acuerdos, ni "desvelar la verdad". Por eso, por ejemplo, Javier Villalva me acusa de no ser dialogante, de ser empecinado, burro, terco, de sólo buscar la argumentación como instrumento de imposición, pero no de diálogo, etc. Porque no le cabe en la cabeza que yo piense lo que pienso, y le parece que los datos que aporto no son sino juegos de prestidigitación para conseguir engañar al interlocutor.

Por otro lado, una opción que ha vaciado la democracia, es ilegítima y deja de ser respetable. Por eso se produce lo que nunca se había producido desde la II República: manifestaciones ante las sedes de un partido democrático, agresiones, sedes incendiadas, insultos de "asesinos", "fascistas" y demás (la última de Almodóvar no es más que un ejemplo exagerado de a dónde lleva todo esto). Por eso respetar la Ley es secundario (manifestaciones el día de la jornada electoral) frente a la "lucha por recuperar la libertad".

En esta dinámica, lógicamente, se produce un efecto de acción – reacción, en el que las dos partes aumentan sus diferencias y sus incomprensiones.

Esta situación se ha exacerbado tras el atentado del 11 M, que a mi juicio ha sido una especie de caricatura en exagerado de lo que hemos vivido en España desde el año 2001 (en el que Nicolás Redondo Terreros es víctima de una operación de acoso y derribo en el País Vasco y ZP cambia su modo de hacer oposición) y que nos deja en una situación que me parece grave. A mi juicio es responsabilidad de todos tratar de encauzarla de nuevo. Que el PSOE esté en el poder creo que puede facilitar las cosas (desaparece uno de los motivos de la deslegitimación), pero, en cualquier caso, esa restauración de las fisuras civiles que hay aquí y ahora se tiene que hacer con respeto hacia todos, pero desde la verdad, desde el destierro de los mitos, no desde el olvido.

concalma    21/3/2004



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