concalma
Artículos 1

Estado y esencia étnica

En un foro de Internet, tras denunciar cómo el nacionalismo vasco hace recaer los derechos de soberanía y, por tanto, los derechos políticos, en la identidad étnica y cultural, otro participante me ha hecho la siguiente pregunta:

"en que (sic) se basan los estados (sic) según tú aparte de en una cierta cohexión (sic) cultural y la voluntad de sus individuos de pertenecer a dichos estados (sic)".

Y como creo que la pregunta es muy interesante y que ir analizando este tipo de cuestiones es uno de los elementos necesarios para terminar con el nudo Gordiano de nuestra tierra, voy a copiar y pegar la respuesta.

Evidentemente España tiene una base cultural común y muy rica de la que todos podemos sentirnos orgullosos. No seré yo quien reniegue de la misma, ni quien no trate de sacarle todo el partido del mundo.

Ahora bien, lo grave no es estar orgullos de la base cultural común (bilbaína, vasca, española, europea, mundial), sino pretender extraer de esa base cultural derechos de soberanía. Eso, o es una soberana (valga la redundancia) majadería o una soberana maldad. O lo uno, o lo otro, no hay términos medios.

Y es que, eso que a mi interpelador le parece tan obvio, eso que da por tan bueno: una cierta cohesión cultural + voluntad = base del Estado, no es ni mucho menos ni históricamente correcto, ni ideológicamente respetable. Y trataré de decir por qué:

Es cierto que en los Estados late una base cultural más o menos común, pero no es cierto que eso sea lo que nos trae los Estados modernos.

De hecho, la llegada de los Estados se produce a través de diversos avatares históricos, centralizados sobre la autoridad regia, de los príncipes, etc. Así, los matrimonios reales, las guerras, los acuerdos diplomáticos, los pagos de impuestos, etc., van configurando unas estructuras políticas sobre las cuales recae la autoridad del Soberano, con más o menos matices. Esta unidad en el Soberano aporta, indudablemente, una proyección que genera un fondo cultural común que se suele unir ya a otras características culturales comunes existentes previamente y generadas a lo largo de la historia. Pero no es la cultura común lo que lleva a esa unidad, sino que, si acaso, se trataría del proceso inverso: la unidad genera cultura común y diferenciada de otras culturas que con anterioridad a la unidad eran bastante más próximas. O, si se prefiere, existe una relación de retroalimentación mutua entre cultura y unidad, pero teniendo claro que dicha relación no se encuentra determinada a priori, sino que se va construyendo a lo largo de la historia. Es decir, lo común puede no unirse y lo que no es común puede unirse y llegar a ser común.

De hecho, no hay más que ver cómo Portugal, que de ser un condado legado como dote a su hija por Alfonso VII, se constituye en reino cristiano de la península, como cualquier otro, y pasa a ser parte de la corona española con Felipe II, pasando a ser nuevamente independiente al hacer uso de los derechos de Joao de Braganza (Juan IV) al trono, puesto que era biznieto de Manuel I de Portugal (como Felipe IV), consiguiendo, con la ayuda de los ingleses, imponerse al monarca español. ¿Alguien duda de que la historia podría haber dirigido a Portugal hacia su pertenencia a España y que la cultura portuguesa y española tendrían una mayor unidad?, ¿duda alguien, incluso, que si Fernando el Católico hubiera tenido un hijo con Germana de Foix, podría haber cambiado radicalmente la historia de España? No lo creo.

Por tanto, los Estados se van configurando a través de guerras, matrimonios, tratados, relaciones económicas, etc. Y se van unificando sobre la cabeza del Soberano, que es sobre quien recae, como su propio nombre indica, la soberanía. Esta unidad se consolida a su vez a través de la mejora de la técnica, que permite una mayor comunicación y que permite centralizar en mayor medida el gobierno de los reinos.

Así que, dicho muy breve y sencillamente (podría haber mil matices), de eso hablamos cuando hablamos de los Estados. Pero cuidado, porque todavía estamos hablando de Estados a secas, no de Estados democráticos.

El auténtico cambio que se produce con el advenimiento de la revolución ilustrada y con el Estado liberal, el auténtico cambio que trae el Estado democrático, es que la soberanía, que recaía en el soberano, pasa a recaer en el pueblo, entendido como conjunto de ciudadanos, no como esencia étnica, ni cultural, ni gaitas en vinagre. No: el pueblo entendido como conjunto de ciudadanos que permanecían bajo la órbita de soberanía del soberano, ya sea Rey, Emperador o príncipe. Ese pueblo constituido a lo largo de la historia y que engloba a etnias y culturas (sin negar la importantísima cultura común, por supuesto).

De hecho, es una base fundamental del pensamiento ilustrado y del liberal, la igualación de los derechos de los ciudadanos por encima de las diferencias étnicas y culturales, por encima de las tradiciones. Las diferencias étnicas se trascienden en favor del individuo. Los derechos políticos (los cuales dimanan de la soberanía) no se hacen recaer en las particularidades culturales, ni étnicas, sino todo lo contrario. Esa es la nación liberal, la nación de la Constitución cuyo pueblo es el conjunto de los ciudadanos y no las particularidades raciales o étnicas. Por eso Argüelles, me parece que en 1812, con la Pepa, levanta el texto de la Constitución y grita: ¡Esta es nuestra patria!

Frente a esta corriente democratizadora, surgen los contrarrevolucionarios y los románticos franceses y alemanes, que apelan al espíritu del pueblo, un pueblo que ya no es el conjunto de ciudadanos bajo el mismo soberano, sino un pueblo que es pura esencia racial o étnica. Desde el paradigma contrarrevolucionario, el pueblo es anterior a los individuos, éstos quedan determinados por esa esencia. Así puede decir, me parece que De Maistre, que él ha visto franceses, alemanes, españoles e incluso ingleses, pero que nunca ha visto un hombre. Y si es, según este paradigma, esa esencia étnica, esa esencia metafísica, la que rige nuestras vidas y la que nos determina, entonces, la organización política ha de satisfacer, antes que a nada, a esa esencia del pueblo, ese "volksgeist", ese espíritu del pueblo. Es a ese pueblo étnico al que le correspondería articularse políticamente bajo este prisma.

Ni que decir tiene que los defensores de estas doctrinas políticas y de esta línea del pensamiento han sido lo más carca entre lo carca, lo más casposo entre lo casposo y que en la base de su pensamiento late el horror ante la pérdida de un universo de tradiciones de una sociedad estamental, donde algunos disfrutaban de notables privilegios.

Como supongo queda claro, el nacionalismo vasco tiene estas mismas raíces, pero potenciadas además por un subnormal xenófobo y mitómano como Sabino Arana. Ascendiente de los lodos que hoy padecemos. Ascendiente del que en ningún modo reniega el nacionalismo vasco actual, que nos castiga con calles en honor de semejante pájaro, que tiene un premio con tal nombre y que su principal Fundación lleva a Arana por distintivo.

Y basta con leer el Plan Ibarretxe para constatar que este plan es la continuación de ese nacionalismo casposo en el S. XXI, para darse cuenta de que es la continuación de todas las teorías y doctrinas soportadas frente al liberalismo y a la democracia por la (esta sí) auténtica derechona europea.

Por eso a muchos nos hace gracia ver de la manita a tanto supuesto izquierdista que lo que le sucede es que no tiene los conocimientos suficientes para darse cuenta de que está haciendo el juego a los postulados más rancios de los últimos dos Siglos. Por eso a muchos nos da miedo que se haga recaer el derecho a la soberanía en las diferencias étnicas y culturales. Por eso, muchos nos oponemos al Plan Ibarretxe, al actual nacionalismo vasco y lo calificamos como antidemocrático, por más que apele a referenda y otras votaciones al margen de la Ley.

Por eso he escrito un nuevo texto demasiado largo para explicar algo que a día de hoy debería ser bien sabido en nuestra tierra, principal reducto en Europa de doctrinas carpetovetónicas cuyo fondo democrático es sólo apariencia.

Gero arte.

concalma



concalma 2003-2004

Hosted by www.Geocities.ws

1