En el lejano norte.
ARS 01 Museo Kiasma de Arte
contemporáneo, Helsinki, Finlandia. Septiembre 30 2000-Enero 20 2002.
Alta, rubia y delgada, Milica Tomic aparece en un video vestida de
blanco. Sonriente, se dirige al público en una veintena de lenguas para
decir una frase intercambiable: “Soy Milica Tomic, soy
española”,
“Sono Milica, io sono italiana”, "I am Milica Tomic, I
am American." etc. A medida que Tomich adopta la identidad de esa variedad
de naciones, su vestido va empapándose de sangre. El líquido rojo
es obviamente artificial: una parodia del lenguaje gore de de Hollywood. Pero
aun más artificial es la sonrisa de la artista, que se va haciendo
más exagerada a medida que brota la sangre. Para Tomic esa es la sonrisa
de complicidad sádica que la gente siente cuando "cree incondicionalmente ser igual a aquello con
lo que se identifica”. Es la mueca del fervor nacional, que se complace y
afirma a medida que explora su inagotable intolerancia.

Milica TOMIC
(Yugoslavia) Minä olen Milica
Tomic / Yo soy Milica Tomic (1998) videoinstalación (9:58 min/ 3 x 4
metros) Imagen cortesía de:
Museo Kiasma, Helsinki, Finlandia
Milica Tomic vive en Belgrado. Como yugoslava, sufre el estigma de la violencia que durante
los noventa promovieron las camarillas que liderearon las facciones
étnicas de su país.
Lo notable del video (Iminä olen Milica Tomic, 1998) es cómo la perturbadora sonrisa de la artista ahoga
el espacio de complacencia política del espectador. En lugar de evadir
el espacio aparentemente imposible
de hacer arte como yugoslava, nos obliga a contemplar que el caso serbio no es
el producto de una excepción cultural.
Parte de Ars O1, la
exposición global que el Museo Kiasma presenta actualmente en
Helsinki, la obra de Tomic
ejemplifica el estado éticamente complejo y estéticamente
incómodo del arte que interviene la escena global. Más
allá del extraordinario cuidado curatorial de la exposición y el
despliegue asombroso de recursos que la hizo posible, la muestra es un intento relativamente tardío por integrar a Finlandia
en el debate de la multiplicidad cultural y el predicamento de las identidades
que ha venido explorando en las últimas décadas el arte
contemporáneo. Localizada en una periferia geográfica y
política de la que poco se habla (el “lejano norte” de los
países escandinavos con sus economías de beneficio social y su
relativa uniformidad racial) ARS 01 desplegó
un panorama pluralista de la producción contemporánea con
más de setenta artistas de los cinco continentes.
Para Maareta Jakuri, curadora de la exposición, ARS 01 debía cumplir la función de mostrar al
público que el mundo exterior (tan aparentemente caótico y
amenazante desde la perspectiva finlandesa) es humana y emocionalmente diverso.
Ese propósito le permitió generar un relato multifocal y
volátil: mucho menos sujeto a las presiones institucionales y
políticas de la mayoría de los eventos y bienales internacionales,
su selección tendía a crear un concierto de voces superpuestas
que Cildo Meireles, el artista brasieño, trató de resumir en una
torre de Babel de varios metros de alto
hecha de radios de todas clases y épocas.

Cildo Meires: Babel (2001)
Instalación con radios. Imagen
Cortesía Kiasma.
En ese sentido, ARS 01 es
parte de un fenómeno curatorial que prefiere crear ensambles delicados
entre obras y proyectos en lugar de una exposición tesis o una
selección temática. Hasta qué punto esa clase de modelo
puede aplicarse en terrenos culturales mucho más conflictivos que
Helsinki es una cuestión que prefiero dejar abierta.
Este espacio dialógico daba espacio lo mismo a los juegos
pictórico/filosóficos de artistas como Yishai Jusidman, los muebles/monumento
de Doris Salcedo, las visionarias maquetas de ciudades de Bodys Isek Kingelez y
los dibujos sobre la pared hechos de ojos de vidrio de la artista Anita Dube de
la India. Aun así era posible detectar algunas líneas que emparentaban
sutilmente algunos de los objetos, videos e intervenciones.
La preocupación escandinava por el diseño y la
amplitud de tradiciones artesanales del mundo explicaba que buena parte de las
obras hacían énfasis en la invención manual: desde los
cuadros bordados del chileno/mexicano Carlos Arias hasta la fabulosa serie de
máscaras ceremoniales que Brian Jungen ha venido mezclando las formas
del arte de las primeras naciones indígenas del Canadá y los
materiales y estética de los tenis NIKE. Varias piezas suponían
la reelaboración lúdica del estado de inestabilidad social de la
globalización, como en el caso del video 3 intentos para sobrevivir (2000)de la artista rusa Anna Jermolaewa donde una serie de
muñecas de plástico son agitadas sobre una superficie hasta ir
cayendo una a una al modo que las poblaciones sufren los sismos
económicos de las nuevas crisis globales. Y finalmente, la
exposición delataba cierta preocupación por documentar el modo en
que la escultura contemporánea se ocupa de la sensación de
fluidez entre cuerpo, objeto y ambiente: territorio donde caben desde las
formas organicistas de Siobhan Hapaska, las instalaciones de nylon blanco de
Ernesto Neto, hasta el muy notable diseño de los espacios de
exhibición a base de formas paraboloides que llevó a cabo la
diseñadora finlandesa Kivi Sotamaa del colectivo OCEAN north.

Anna Jermolaewa: 3' Attempts to Survive. Video-loop 3 mins. Imagen
Cortesía Kiasma
Signo de la calma social de Finlandia fue el destino de la obra
que Santiago Sierra preparó para la muestra: Persona en un hueco (2001).
Sierra hizo cavar una trinchera cuadrada localizada entre el museo y el
edificio del parlamento. Parte de la serie de acciones remuneradas que han
hecho famoso a este artista español/mexicano, la obra consistía
en pagar a un desposeído para que permaneciera cuatro horas al
día en ese hoyo a fin de hacer visible la condición de los
“sin techo” de Helsinki. Por primera vez desde que Sierra
inició su serie, durante dos días no fue posible encontrar una
persona que quisiera recibir un salario para exponerse como parte de la
acción. Finalmente, al tercer día, un vagabundo accedió a
participar: descendió al hueco y se puso de inmediato a hablar por su
celular. Valga la imagen como un indicador de la relatividad de la
marginación y la pobreza en un mundo cada vez más
paradójico.
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