Berto Cochrane

Roberto Cochrane fue Newbery. Una sola cosa la entidad de sus amores y su propia vida... Había una afinidad espiritual que comulgaba con los mas elevados sentimientos de este deportista magnífico   ejemplo de virtudes en su definida personalidad -  que no sabemos si alcanzó el sitial de los privilegiados tanto como por su arte de futbolista genial o por su señorío y ese don de gentes que le mostraban en su cálida estampa de caballero y señor...

Berto Cochrane, jugador, extendió el puente indivisible de la fama entre aquel Jetita Chávez que tanto evocamos y que fué en el fútbol juninense un verdadero poema hasta su propia acción de virtuoso.

No se amilanó nunca ante la maraña de arteros golpes. No se acobardó nunca ni ante los mas temibles golpes de defensores importantes. Dijo su arte y su virtud con la nobleza que enmarcaban sus sentimientos y fue deportista cabal, un exponente de nobleza, ante todos y cada uno de los que eran adversarios en las lides y. para él, para el gran Berto Cochirane, amigos en la vida común. Fue un artista de la redonda. Rápido. Certero. De pase al centímetro. Veloz e intuitivo. Creaba en el momento álgido de la lucha y surgía la acción inverosímil producto de su astucia. De su maestría. De su genialidad. Entraba en las arias enemigas y sabía definir con remates certeros. Siempre rasantes. Entendió el fútbol en su verdad. Y así entendió también a la vida: en su realidad.

Trazó en la parábola magnifica de su personalidad, desde el jugador maestro al ciudadano, la blancura inmaculada de su nobleza. Para Berro Cochrane no hubo enemigos. No entendía la vida así, no sabía de distingos. De enemistades. De rencillas. Era humano. Amigo. Sereno. Cabal. Quizá en su flema tradujera cierta seriedad que desaparecía al instante en la palabra amiga y en el gesto cordial. Hizo del Newbery un hogar. Vivió para los suyos, para su club, para sus amigos.. Fué famoso jugador pero nos dejó la sencillez de sus actos, porque eso ya emanaba de su propio ser. De su personalidad.

Y un día lejano se quebré la angustia en un sollozo prolongado. Berto Cochrane nos había dejado, despaciosamente. Sin hulla. Sin alardes. Como si en un último esquive hiciera la gambeta mágica hacia la meta de lo infinito, y marcara el gol del silencio en el arco de lo ignoto...Nos dejó la pena inmensa de no poder estar junto a el en los momentos postreros, y sus amigos tradujeron la verdad de una pena indescifrable, como el homenaje más profundo al gran amigo del alma...

Sin duda que por entre los viejos sauces del parque -teatro de sus hazañas habrá deambulado en una última gambeta veloz, su estampa rubia y espigada...

Berto Coehrane fué un ejemplo. Una estampa de nobleza. Un hombre que hizo del Deporte y de la amistad sus dones más preciados. Y que a ellos se brinde íntegramente. totalmente, hasta ofreciéndoles, su corazón....

 

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