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Gosho | |
Departamento de Estudio
Material para el estudio de gosho mensual
Marzo de 2000
"Sobre la prolongación de la vida
(Transformación del karma inmutable"
Gosho Zenshu, pág. 985. Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1, pág. 233.
Fecha en que fue escrito: 1279
Situación del Daishonin: Estaba retirado en el monte Minobu.
Destinataria: Myojo, esposa de Toki Jonin
Esta señora, Myojo, es un personaje sumamente interesante, que nos lleva a reflexionar mucho sobre la mentalidad de la mujer de esa época feudal.
Su marido fue un creyente muy importante y querido por el Daishonin: Toki Jonin. Este señor, aunque era vasallo feudal, a los 35 años había decidido llevar una vida de nyudo o sacerdote laico: mientras llevaba a cabo sus tareas como miembro de la sociedad, se dedicaba a la fe con la misma seriedad que si fuera un monje. Fue uno de los primeros seguidores laicos del Daishonin: comenzó la práctica en 1254, es decir, pocos meses después de que éste revelara por primera vez Nam-myoho-renge-kyo. Era seis años mayor que el Daishonin. Toki Jonin se había casado y había tenido un hijo con su mujer, la cual murió tiempo después. Este hijo, Nitcho, luego llegaría a ser uno de los cinco sacerdotes principales del Daishonin. De todas formas, Toki Jonin se casó luego con esta señora, Myojo, que también abrazó la fe y, desde un lugar aparentemente poco visible, soportó situaciones muy difíciles para cualquier esposa. Esto y su relación con el Daishonin es lo que vamos a ver ahora.
Myojo también adoptó los hábitos de monja laica; se hizo cargo de atender al hijo mayor de Toki y, además, afrontó las responsabilidades de cuidar la finca y las tareas del hogar que Toki ya tenía encaminado cuando se casó con ella. Al poco tiempo, el matrimonio tuvo otro hijo más, que también abrazó la fe y siguió el camino del sacerdocio. Este otro hijo, también llamado Nitcho (pero escrito con ideogramas distintos) se forjó con Nikko Shonin y llegaría a ser el primer prior del seminario de Omosu, la escuela para sacerdotes del templo Taiseki.
Es decir que la vida de esta señora estaba muy ligada a la práctica seria y sincera de la religión: su marido, su hijastro y su hijo habían seguido el camino del sacerdocio. Toki Jonin inclusive había construido un templo en las tierras del hogar. Digamos que esta señora vivía en un "templo familiar", del cual cuidaba como otras cuidan de su mansión. Toki Jonin era un hombre sumamente instruido, en el cual el Daishonin confiaba totalmente, hasta el punto de confiarle escritos importantísimos para la posteridad.
Cuando el Daishonin sufrió su primera persecución, en agosto de 1260 en Matsubagayatsu, Toki Jonin se lo llevó a vivir a su templo familiar durante casi seis meses. ¡Imaginemos qué dicha la de esta señora, que pudo hospedar un tiempo prolongado al mismo Daishonin en las paredes de su casa! Desde allí, el Daishonin emprendió una campaña de propagación que llevó a numerosas personas de Shimosa a practicar. Podemos deducir que la casa de esta mujer era una especie de "centro de propagación" donde a todas horas del día se invocaba, se hacían "encuentros de diálogo", se daban disertaciones sobre los sutras Su postura tiene que haber sido muy correcta para sobrellevar un ritmo tan intenso de dedicación a la fe sin una palabra de queja o de reproche. A todo esto, recordemos que la persona que ella hospedaba era perseguida por las autoridades, así que tanto movimiento ponía en peligro la seguridad de su familia.
A los ocho años, cuando llegó el enviado mongol, las autoridades policiales citaron a declarar a tres seguidores del Daishonin: Toki Jonin, Ota Jomyo y Shijo Kingo. La mujer lo apoyó en todo momento, sin saber qué suerte correría el esposo. Además, cuando el Daishonin fue condenado al exilio en Sado, Toki Jonin impuso prácticamente en el bote a uno de sus hombres, para que acompañara al Daishonin durante el largo viaje por mar y se asegurara de que éste llegase a salvo a la isla. Durante todo el exilio, Toki quedó a cargo de sostener a todos los miembros de Shimosa. Y la mujer, firme a su lado, ocupándose de todo lo que pudiera para que nadie abandonara la fe.
Toki Jonin tenía una madre muy ancianita, a la cual amaba con devoción. A su vez, Toki era el hijo favorito de ella, y la tenía viviendo en su casa. Esta señora había caído enferma, y falleció en 1275, luego de un largo proceso que la tenía en cama. Aparentemente, la viejita tenía más de 90 años al morir.
Ya podemos imaginar quién se ocupó de cuidar a la suegra durante su larga enfermedad, además de todas las responsabilidades en momentos de inestabilidad y persecución: la fiel Myojo.
Podemos pensar que, siendo un nyudo y un típico hombre japonés de esa época, bastante mayor que la esposa, Toki Jonin probablemente no haya sido un hombre muy demostrativo de sus afectos. Pero lo cierto es que a Toki Jonin lo conmovió ver la manera cariñosa y sincera en que Myojo atendió a su madre durante la enfermedad y la muerte. Cuando llevó las cenizas de la difunta al monte Minobu, para que allí las sepultaran, le contó en confianza al Daishonin lo agradecido que estaba por tener una mujer tan maravillosa. Y es el Daishonin el que se asegura de que Myojo lo sepa.
Al parecer, la personalidad de esta señora estaba tan centrada en servir a los demás y en ocupar un segundo plano, que a Myojo le costaba mucho tener confianza en sí misma y valorarse. Quizá influida por la sociedad feudal, que tan poco valoraba a la mujer, Myojo se desvalorizaba y no comprendía el valor de su propia vida. Era sumamente humilde. Por eso, el Daishonin le hace saber cuán feliz y orgulloso de ella estaba Toki Jonin. Todo el tiempo, en las cartas la alienta a valorarse, a sentir respeto por sí misma y a cuidar su salud y su fe, como una mujer que vale por derecho propio.
Ocurre que en el mismo momento en que se estaba muriendo la mamá del marido, la misma Myojo cayó enferma, pero no le prestó atención a su enfermedad. Al parecer, Shijo Kingo, que era médico, observó los síntomas y también advirtió que esta señora no daba valor a su propia salud, pues no se quería hacer atender. Y se lo comunicó al Daishonin con preocupación.
Shijo Kingo y el Daishonin siguieron con ojos atentos el avance de la enfermedad durante casi tres años, antes de que la señora se decidiera a luchar resueltamente contra el mal. El cansancio de cuidar a la anciana más todas las otras responsabilidad seguramente la llevaron a alimentarse mal y a dormir poco, con gran esfuerzo físico. Fue el mismo Daishonin quien tuvo que tomar las riendas y abrirle los ojos sobre la importancia de su vida y de su salud, y hasta sugerirle formas de actuar para resolver la enfermedad. Es increíble la forma en que el Daishonin se preocupaba por sus discípulos, a veces más que ellos mismos
En esta misma época (1279), cuando la enfermedad ya se hizo inocultable y Myojo empezaba a sentir temor, en Fuji se produjeron los hechos de Atsuhara. Los sacerdotes Nisshu y Nichiben tuvieron que escapar de la zona de Fuji, perseguidos por las autoridades corruptas. En ese momento, sin vacilar, Toki los escondió en su casa y los protegió, sabiendo que contaba con la discreción y la comprensión de su esposa. Pero la pobre Myojo siempre tenía "cosas más importantes" que reclamaban su atención.
En este sentido, quien lee la carta "Sobre la prolongación de la vida" siente que es muy estricta y severa. Al principio, uno puede pensar que el Daishonin le estaba escribiendo a una mujer de fe pobre o débil, pero en realidad, no es así. Justamente porque esta mujer era tan dedicada y abnegada, y había vivido por el Sutra del Loto, el Daishonin es severo y le pide que reflexione. Ser un buen budista no es descuidar la propia vida en un falso sacrificio, sino cuidar la longevidad, para poder cumplir la misión durante la mayor cantidad de años posible. La "sacude" para que reflexione, ajuste su fe y tome una nueva decisión. Si ella también muere, es un fracaso para todos.
Gracias al cálido aliento del Daishonin, esta señora de inmediato corrigió su postura equivocada y pudo superar su enfermedad rápidamente. A los tres años, el Daishonin falleció, y en ese momento, el matrimonio decidió cambiar el nombre de su templo familiar y llamarlo Hokke. Este templo existe hasta el día de hoy, en Nakayama. Se cree que la señora falleció en 1303.
Ejes para estudiar este escrito
Eje 1. Concepto de karma
El texto de este gosho varias veces menciona el karma. Para que las personas que rinden el examen tengan una noción clara del karma, vamos a dar diez conceptos puntuales.
1. "Karma" es una palabra sánscrita que significa "acción". Se refiere a los actos, palabras y pensamientos que produce una persona.
2. Es una "energía potencial" que reside en el plano más profundo de la vida, almacenada en la octava conciencia. No se anula ni se destruye en el paso de la vida a la muerte. El karma acumulado al momento de la muerte determina las condiciones en que renace la persona en su próxima existencia.
3. El concepto de karma se relaciona con la ley de causalidad (causa y efecto): todo acto, pensamiento o palabra es una causa, y esa causa genera efectos latentes. Si la causa es positiva, el efecto es positivo. O a la inversa. La ley de causa y efecto es inexorable. No depende de la voluntad de ningún ser divino que nos castigue o perdone. Es la propia energía generada por cada persona. Uno hace su karma y uno también lo transforma.
4. Puede haber un tiempo entre el momento de la causa y el momento del efecto visible, pero el Budismo de Nichiren Daishonin explica que, en realidad, la causa y el efecto son simultáneos: en el mismo instante de hacer la causa, el efecto ya queda grabado. Para entender esto, sirve el ejemplo de un cheque sin fondos. En el momento en que uno firma un cheque sin fondos, ya está grabado el efecto. Puede pasar un tiempo hasta que el efecto se manifieste (que a uno le cierren la cuenta o que uno vaya preso, etc.) pero básicamente, al emitir ese cheque ya se grabó el efecto.
5. ¿Para qué sirve entender la simultaneidad de causa y efecto? Para tener convicción en el Gohonzon: Si yo invoqué daimoku por un objetivo, en ese mismo momento el efecto (la prueba real) ya quedó grabado en mi vida, así que no tengo que dudar o preguntarme "por qué hago daimoku y no pasa nada". Ojo: la misma postura de duda, a su vez, es una nueva causa negativa que contrarresta la fuerza del daimoku invocado.
6. El karma no es un concepto fatalista. No significa "destino irremediable". En primer lugar, el karma puede ser positivo o negativo (e incluso este punto es relativo a como uno mismo lo tome). En segundo lugar, el karma negativo está para transformarlo, no para sufrirlo resignadamente.
7. Para la persona que vive basada en la misión, el karma es un "medio hábil" para mostrar la fuerza tremenda del Gohonzon. Sin un karma difícil que transformar, costaría mucho hacerle entender a la gente que la práctica es poderosa. La transformación de nuestro karma nos permite llegar a la gente con pruebas reales. Para un Bodhisattva de la Tierra, el karma negativo es su mejor aliado. En "Conversaciones sobre el Sutra del Loto", leemos: "Por solidaridad y sensibilidad hacia los que sufren, los maestros de la Ley ansían nacen en un mundo lleno de impurezas. El gran maestro Miao-lo de la China llama a esto "la creación deliberada del propio karma" (ganken o go). Los maestros de la Ley son personas que, a raíz de los beneficios acumulados por su práctica budista, podrían renacer con todo derecho en un "buen lugar". Pero deliberadamente crean las condiciones "kármicas" para nacer en un mundo colmado de negatividad, con el solo propósito de difundir el Budismo. [ Nosotros, los miembros de la SGI, ] retornamos en un santiamén, por pura misericordia y con el enérgico espíritu de lanzarnos a un nuevo escenario para la acción. La muerte y el renacimiento son como ir a dormir una noche y despertar a la mañana siguiente".
8. El karma suele verse como algo "del pasado" que "marca el presente". Pero el Budismo de Nichiren Daishonin enseña a ver el karma como algo "del presente" que "marca el futuro". La clave del karma, en la enseñanza del Daishonin, es la "victoria del momento actual". Karma es futuro. Karma es la garantía de que, si triunfo en este día de hoy, sin falta voy a ser feliz.
9. La enseñanza del karma es muy importante porque marca un punto de superación del Budismo con respecto a las doctrinas no budistas. Al no exponer la ley de causa y efecto, las demás religiones no logran explicar por qué la vida se manifiesta con diferencias individuales, desde el momento del nacimiento. Si no existiera el karma, todos los seres vivientes tendrían que nacer en igualdad de condiciones internas y externas. Al no reconocer el karma, hay que postular una "voluntad divina" que justifique las diferencias en los destinos individuales.
Karma mutable es el que no produce resultados fijos o predeterminados. Los efectos de esta clase de karma pueden ser variables, según las condiciones externas. Esta clase de karma suele ser vista como algo más leve y se puede transformar mediante el esfuerzo tenaz.
Karma inmutable es el que produce resultados "fijos" o "inamovibles", ya sea por la forma o por el momento en que se producen. En general, el karma inmutable se toma como sinónimo del "momento de la muerte", pero hay más clases. Recordemos que el karma inmutable no sólo es negativo, sino también positivo. ¿Cómo se forma el karma inmutable?
En general, cuanto más grave es el karma negativo, más lejos en el tiempo se manifiestan los efectos. Las causas muy graves se manifiestan en futuras existencias, las más leves, en el término de esta misma existencia.
Se creía tradicionalmente que el karma inmutable era imposible de cambiar, pero en este gosho, el Daishonin revela la forma de modificarlo.
Eje 2. La transformación del karma
Este gosho es justamente donde Nichiren Daishonin expone el principio de transformar el karma negativo. La conclusión, en primer lugar, es que la persona que practica el Sutra del Loto (Gohonzon) puede, a través de una reflexión y de un arrepentimiento sinceros, transformar incluso el karma inmutable. A este principio también se lo conoce como "disminuir la retribución kármica" (tenju kyoju).
Esta señora, como ya vimos, estaba muy enferma, y era tan abnegada, que sin darse cuenta no estaba valorando su propia vida, por poner siempre primero a los demás. De todos los sufrimientos, el de la enfermedad es especialmente intenso, porque además del dolor y de la debilidad física y mental, nos acerca el riesgo de morir. En especial, cuando una mujer está enferma, todos sus seres queridos sufren, porque dependen de ella para la vida cotidiana. Toki Jonin estaba muy afligido porque acababa de perder a su madre y no quería perder a su querida esposa. Shijo Kingo estaba preocupado porque sabía la gravedad de la enfermedad y veía que la señora no le daba verdadera importancia. El Daishonin estaba prácticamente desesperado por hacerle entender a esta señora que dejara de sufrir y transformara su enfermedad. La valoraba y la apreciaba inmensamente, y utilizaba todos sus recursos para que esta señora no aceptara la enfermedad como un "destino inmutable" y se desafíara por su transformación.
Y encima de todo, la pobre mujer también sufría, porque su estado de vida era de total abatimiento y resignación. La misericordia que existe entre compañeros de fe es impresionante, este espíritu de cuidar a cada valor humano e invocar y dialogar para que cada miembro enfermo se recupere es el corazón de la SGI, exactamente como enseñó el Daishonin.
Para que Myojo comprenda, le cuenta varios casos: el de su propia madre; el del hermano de Tien-tai, que se llamaba Chen Chen; el de Ajatashatru y el del bodhisattva Fukyo. Todos fueron personas que, en determinado momento, parecían condenadas por su destino a sufrir una muerte inevitable, y a través de abrazar la enseñanza correcta de la Ley Mística, prolongaron su vida.
Cuando uno ha hecho una causa, sin falta el efecto se va a tener que manifestar. No hay que pensar que el Gohonzon es un "Liquid Paper" del karma, porque eso sería totalmente irresponsable y contrario a la razón. No es cuestión de creer que el Gohonzon es un salvoconducto para actuar mal sin pagar las consecuencias. Al revés, la autodisciplina es uno de los atributos de la fe firme. Por eso la persona de fe firme puede medir más que ninguna otra el alcance de sus actos y desplegar una consideración extrema, previendo lo que antes ni siquiera notaba.
Pero es cierto que, para la persona que practica la enseñanza de la Ley Mística, la manifestación de los efectos kármicos se "atenúa" o "disminuye". Algo que podría ser causa de muerte se supera y se transforma, como si fuera una retribución leve. Tomemos por ejemplo la enfermedad terminal de Nanjo Tokimitsu a los 22 años. Esa misma enfermedad, si le hubiera afectado a una edad más avanzada, quizá le habría costado la vida. Pero se manifestó cuando Nanjo era joven y fuerte, y pudo revertirla y vivir 50 años más con salud robusta. Hay otro ejemplo que puede servir. Supongamos que un karma negativo es una deuda de dos mil pesos. Esa deuda hay que pagarla sí o sí. La persona que gana diez mil pesos por mes puede saldarla sin problemas. Pero la que gana doscientos pesos por mes tendrá que sufrir una agonía hasta poder pagarla totalmente. Los intereses se multiplican y se suman al total, y la persona siente que nunca está "liberada" de lo que debe. Con el karma es lo mismo. Cuando tenemos fe y una práctica abundante, es como si "ganáramos mucho" y pudiéramos pagar las cuotas sin desfallecer en el intento. Además, por el mérito de nuestra dedicación altruista, nos dan una "moratoria" con quita de intereses.
La mayoría de las personas "repiten el karma" porque hay un círculo vicioso entre el karma negativo, el sufrimiento y los estados bajos, que se reproducen a sí mismos, así como los intereses se suman a la deuda y la persona termina debiendo cada vez más plata, aunque pague las cuotas. En un estado de vida elevado, uno "multiplica sus ingresos" y salda la deuda enseguida. Es decir, "corta las cadenas del karma".
En el caso de un creyente, si se manifiesta una enfermedad, sucederá en un momento en que podrá disponer de atención médica, encontrar al profesional adecuado, etc. Cuando uno se basa en la Ley Mística, uno es maestro de su karma, en lugar de ser víctima.
Sensei dice: "Hay métodos para transformar la energía "kármica" de nuestra vida, de negativa en positiva, mediante la acumulación de buenas causas" (Esto sería, por ejemplo, aplicar mandamientos o controlar la conducta con preceptos o esfuerzos.) "Pero, en realidad, estos métodos no son prácticos, porque tarde o temprano estamos sujetos a hacer algo que borra las buenas causas acumuladas, así como al apilar piedras uno llega a determinada altura y luego todo lo que uno ha trabajado por acumular se desmorona. Esto es especialmente cierto en una época como la nuestra, cuando la corriente profunda de la sociedad se agita con una energía muy negativa.
"En cambio, el Sutra del Loto enseña a activar la novena conciencia, que yace en lo más recóndito de nuestro ser y es una dimensión libre de impurezas, para poder convertir de inmediato la energía "kármica" positiva y negativa en una energía "de supremo bien". La novena conciencia es la vida universal que yace por debajo de la octava conciencia y de todas las demás facetas de nuestro ser".
Las enseñanzas convencionales les negaban a las mujeres y a las malas personas la posibilidad de lograr la iluminación. El Sutra del Loto, en cambio, dice que aun estas personas logran revertir el karma inmutable, gracias a la fe en sus enseñanzas. Este es el "gran secreto" al que alude el gosho. Justamente, Ajatashatru es un ejemplo de "mala persona" que, a través de la fe en la Ley Mística, revierte un karma espeluznante y transforma la enfermedad.
Ikeda Sensei cuenta otro caso, muy pintoresco. Es un discípulo de Shakyamuni que se llamaba Angulimala. Era un criminal como esos que hoy uno lee en el diario y le da miedo salir a la calle, un asesino múltiple y sádico, de perversidad extrema. El sujeto éste andaba por la calle con un collar hecho con los dedos que les cortaba a sus víctimas. La cuestión es que un día se encuentra con Shakyamuni y éste le dice, con sincera aceptación: "Únete a nosotros". Y Angulimala se conmueve y decide empezar a practicar. Claro, el karma que había acumulado era tan grave, que estaba destinado a manifestarse en existencias futuras, pero por el beneficio de la práctica, comienza a aflorar en esa misma existencia, al poco tiempo de convertirse. Así que Angulimala se esforzaba y se esforzaba, pero le pasan cosas cada vez peores, y la gente lo apedrea y le tira excrementos y le destroza la ropa, lo odia por su pasado. Shakyamuni quería que Angulimala resistiera y no se dejara desalentar por la "inundación" de efectos negativos. Y le dice, cálidamente: "¡Persevera! Tienes que soportar esta adversidad con fortaleza. Ahora estás recibiendo los efectos de un karma negativo que, de otro modo, te obligaría a sufrir durante cientos y miles de años, en el estado de Infierno".
La mayoría de las personas, cuando recibimos efectos negativos en esta existencia, nos quejamos, sin comprender que son una oportunidad para propagar y liberarnos rápidamente de los sufrimientos. Enseguida decimos: "No entiendo, desde que dupliqué mi daimoku, me está pasando de todo. Voy a dejar de practicar".
Myojo, en cambio, era tan pura que no cuestionaba nada. Pero sin darse cuenta, se resignaba a la derrota. Y con la misma misericordia que Shakyamuni, con el mismo amor por sus discípulos, el Daishonin le envía este gosho estricto que es como un "grito" para despertarla de su resignación.
Eje 3. Reflexión y arrepentimiento sincero
Además de fe, el Daishonin menciona algo puntual: "reflexión y arrepentimiento sinceros". En realidad, el beneficio de la fe es poder observar la propia vida. Esto no es ver "la cara desastrosa" de uno mismo, sino ver "la luz de la propia Budeidad".
¿De qué tiene que arrepentirse Myojo? De no estar valorando su misión espléndida. De no ver que ella es un buda. En sentido profundo, el zange o "arrepentimiento budista" no es una flagelación por las faltas cometidas, sino la reflexión por no estar basándonos en nuestra Budeidad.
"Reflexión y arrepentimiento sinceros", de esta forma, tienen un significado muy profundo, que puede incluir un "darse cuenta" de la mala postura de uno, pero va mucho más allá, porque este es el Budismo de la verdadera causa. Y la verdadera causa existe en la "decisión de hoy". Por eso "arrepentimiento" es "tomar nueva decisión".
Con palabras de un "padre estricto", le dice: "Si usted no está dispuesta a cuidarse como corresponde, será muy difícil que se cure de su enfermedad".
La forma en que uno cuida su salud es reflejo de muchas cosas. Para luchar toda la vida, hay que tener salud y llegar a vivir la vida por completo. Un Bodhisattva de la Tierra no cuida su vida por hedonismo o por vanidad, sino para poder propagar muchos años y alentar a mucha más cantidad de valores humanos. A la vez, "cuidarse" no significa sobreprotegerse ni vivir entre algodones, sino tener un ritmo de vida intenso, enérgico y activo, pero basado en la valoración de la propia vida, con la conciencia de que la lucha es hoy, pero también es para toda la vida.
Si uno se siente identificado con Myojo, puede "despertar" y, de hoy en adelante, no degradar la propia Budeidad descuidando el tesoro de la salud.
Eje 4. La importancia de prolongar la vida
En julio de 1999, Sensei dio una orientación sobre la prolongación de la vida y la longevidad, titulada "La juventud eterna se encuentra en la lucha espiritual". Allí declaró: "Nichiren Daishonin escribe: Fortalezca su fe día tras día y mes tras mes. Si su determinación en la fe se debilita tan sólo un instante, la función demoníaca sacará ventaja. En otras palabras, lo que esto plantea es la postura de sentir: Este mes, he vuelto a crecer. El mes siguiente volveré a hacerlo. Hoy, nuevamente avancé. Mañana voy a avanzar otra vez. Este es el espíritu de la fe. Si bajamos la guardia un solo instante, la función destructiva se aprovechará de nuestro descuido y entrará por el flanco que les hemos ofrecido. Las funciones demoníacas, esas fuerzas negativas inherentes a la vida, entre las cuales se cuenta el demonio de la enfermedad, nos atacan mediante toda clase de formas e intensidades. No dejemos que nos venzan. No ser derrotado es fe. [ ]Nuestro propósito no es lograr la Budeidad después de la muerte. Si no conseguimos ser budas mientras vivimos, ¿de qué manera el solo hecho de morir nos va a convertir en budas? En otras palabras, no se puede manifestar la Budeidad sin lucha y sin esfuerzo. A la función demoníaca sólo se la puede vencer combatiéndola, luchando contra ella. La única forma de recibir beneficios es esforzándonos".
El gosho dice: "Un día de vida es más valioso que todos los tesoros del universo. Por eso, antes que nada, debe cultivar la fe sincera". Y también: "La vida es el más preciado de todos los tesoros. Un solo día que usted pueda extender su vida vale más que diez millones de ryu de oro". "Usted todavía tiene muchos años por delante y, además, conoció el Sutra del Loto. Si vive aunque sea un solo día más, podrá acumular mucha mayor buena fortuna". La orientación que le da es concreta y severa. "Apresúrese". Y también: "Derrote rápidamente".
El Daishonin y el presidente Ikeda explican lo mismo: La función demoníaca de la enfermedad es algo para tomar muy en serio, que jamás se debe tomar a la ligera, pues amenaza con restarnos días de nuestra valiosa vida. Un día de descuido o de negligencia es una causa perdida en el combate contra la función demoníaca. Mientras uno vacila, la enfermedad se extiende y saca ventaja a toda velocidad. Por eso, el momento de invocar con otra postura es el día de hoy.
Esta existencia es nuestra oportunidad de luchar junto a nuestro maestro para lograr el kosen-rufu. Cuando el ser humano está muerto no puede cambiar su karma ni luchar ni propagar. No hay misión en la muerte, sino pasividad. La misión existe cuando hay vida. Un día más de vida, es poder propagar a una persona más. Es poder alentar a un miembro más, hacer un gongyo más, sacar nueva decisión una vez más. Por eso, la única postura frente a la enfermedad es de combate, con serio esfuerzo en todos los terrenos. Atesorar la misión es prolongar la vida. Esta postura es la que desplegó Myojo, alentada por el amor incondicional de su maestro, y la que le permitió derrotar la enfermedad y prolongar su existencia.