GOSHO

CARTA A LA MADRE DE OTO GOZEN (parte 1)

Disertación del Presidente Ikeda:
Aprendamos del Gosho,
La eterna enseñanza de Nichiren Daishonin

"Carta a la madre de Oto Gozen"1


Ya que usted, como mujer. Venera el Sutra del Loto, es seguro que llegará a ser un buda. Aunque en mis circunstancias actuales me encuentre mal predispuesto para escribir,2 a usted le envío cartas con frecuencia. También sé que está cuidando a los creyentes [de Kamakura}. No sé cómo agradecerle debidamente. Por sobre todas las cosas, el hecho de que usted haya venido hasta aquí, a pesar de su condición de mujer, expresa cuán profunda es su actitud hacia la fe. En cambio, en lo que a mí concierne, estoy aquí porque hay razones que me han hecho venir hasta este sitio. Me siento profundamente obligado hacia usted.
(Gosho Zenshu, pág. 1222)

 

La persona de fe genuina brilla cuando se enfrenta a tremendos obstáculos     Fue una travesía inconcebible; una mujer atravesó con su hijita a cuestas la difícil ruta entre Kamakura y la isla de Sado. A través de pasos montañosos, de laderas escarpadas, a través incluso del mar, llegó sin aliento ante Nichiren Daishonin, quien sufría estoicamente la dura suerte del exilio.     "Era demasiado increíble para ser cierto",3 dice el Daishonin. Ante esta aparición inesperada de una de sus seguidoras de Kamakura, el Daishonin probablemente haya dudado de lo que veían sus ojos. A un lugar al que nadie llegaba, no sólo venía una persona, sino que en realidad eran dos: ¡una mujer con una niñita!Su sorpresa inicial enseguida se tornó profunda preocupación. "¿Cómo fue su viaje? ¿No tuvo ningún contratiempo durante el camino? ¿Y la niña? ¿Está bien? No puedo creer que mis ojos las estén viendo. ¡Es la máxima alegría que podrían haberme dado!" Ella era una persona de fe pura y sincera. Y, sin duda, venía albergando desde hacía tiempo la determinación de visitar al Daishonin en Sado. "No puedo quedarme aquí sentada, en estos momentos, cuando el Daishonin está enfrentando las peores persecuciones", probablemente haya sentido. Habrá querido hacer cualquier cosa en sus manos con tal de aliviar el peso de la adversidad que sobrellevaba el Daishonin, aun mínimamente.

Esta carta a la madre de Oto Gozen, nombre de la pequeña, elogía a una madre por su espíritu de búsqueda; una madre, que setecientos años atrás, avanzó sin especulaciones y de a un paso por vez, tras las huellas de su mentor.La fecha de la carta sólo habla del tercer día del undécimo mes. Las  investigaciones recientes respaldan la idea de que fue escrita en Sado, en 1273. En mayo del año anterior, el Daishonin escribió la "Carta a Nichimyo Shonin".(MW3. Págs. 43-53). Esa carta también estaba dirigida a una mujer que, como la madre de Oto Gozen, había viajado a Kamakura para visitar al Daishonin en Sado en compañía de una hija de corta edad. El Daishonin elogió a la destinataria sin reservas y llegó a concederle el apelativo budista Nichimyo Shonin.
En general, hoy se cree que Nichimyo Shonin y la madre de Oto Gozen fueron una misma persona. Y esta disertación se fundará en dicho supuesto.

                                                   

 

"Ya que usted, como mujer, venera el Sutra del Loto, es seguro que llegará a ser un buda. Aunque en mis circunstancias actuales me encuentre mal predispuesto para escribir, a usted le envío cartas con frecuencia. Tambíen se que está cuidando a los creyentes (de Kamakura). No sé cómo agradecerle debidamente."
(Gosho Zenshu, pág. 1222)

"Si usted no puede llegar a ser un buda, ¿quién, entonces?", es como si le dijera. "Si usted no puede ser feliz, ¿qué sentido tiene entonces el Budismo?". Este es el corazón del Daishonin. En épocas de adversidad, podemos descubrir el verdadero valor de una persona. Hay un brillo eterno en las acciones de la madre de Oto Gozen, Nichimyo Shonin, en las horas culminantes del hostigamiento contra el Daishonin, cuando "999 de cada mil abandonaban la fe".4 Esta creyente es ejemplo eterno para todas las mujeres, en los diez mil años y más que durará el período conocido como Último Día de la Ley.
En el otoño de 1271, cuando el Daishonin estuvo a punto de ser decapitado en Tatsunokuchi y terminó exiliado en la isla de Sado, también estalló una tormenta de persecuciones contra sus discípulos y seguidores. Algunos fueron a la cárcel; a otros les confiscaron las propiedades; varios debieron abandonar Kamakura, expulsados por el gobierno.

A raíz de esta ola de ataques, muchos de los discípulos y creyentes laicos del Daishonin descartaron la fe. Otros no llegaron a abandonar la fe, pero interiormente se dejaron derro
tar. Y algunos, ademas de repudiar su propia fe, tornaron a hablar maliciosa y denigrantemente del Daishonin.
Sin duda, hubo gente mezquina que traicionó a sus camaradas y pensó sólo en su propia preservación. En ultima instancia, las personad de esta calaña terminan perdiendo la confianza de todas las partes en juego. Y lo peor de todo es que no consiguen confiar en sí mismas. Desprovistos de apoyo, exterior e interior, marchan hacia un fin lastimoso.

Pero no había tempestad capaz de apagar el fuego ardiente que bramaba en la vida del Buda original. Por el contrario, durante su exilio en Sado -que fue la persecución más dura de su existencia,- el Daishonin pudo decir, con calma imperturbable en "La apertura de los ojos": "Yo, Nichiren, soy el hombre más rico del Japón actual".(MW 2, pág. 151) y logró dejar, como legado, una trayectoria monumental.
"La llama de mi corazón, ávida de salvar del sufrimiento a las personas, arde con más brío que nunca", anuncia. "La apertura de los ojos" es una declaración donde el Daishonin comunica a todos los creyentes su victoria esperitual. Este "mensaje de luz" sin duda iluminó el corazón de sus seguidores, que apretaban los dientes ante el embiste de tremendas persecuciones y luchaban para protegerse unos a otros.
Una fogata de poca magnitud puede extinguirse fácilmente: basta con una ráfaga momentánea. Pero con un fuego imponente sucede lo contrario; las ráfagas sólo consiguen alimentar las llamas y hacerles cobrar altura. Las grandes dificultades son un viento impulsor que hace avanzar el Kosen-rufu.

Shijo Kingo, a quien el Daishonin le encomendó en custodia "La apertura de los ojos", no pudo quedarse quieto en Kamakura. Por eso, salió enseguida rumbo a la lejana isla de Sado. La madre de Oto Gozen inició la misma travesía . Si bien el país se hallaba peso de una convulsión, ella buscó al Daishonin sin vacilar ni especular con su seguridad personal.
    "¿Cómo podría usted dejar de manifestar la Budeidad?",(ib., vol.3, pág.199) le dice, en alabanza a su espíritu de búsqueda, que la había hecho viajar para saldar, de algún modo, la deuda de gratitud que la ligaba al Daishonin. "En este momento, ¿qué puedo hacer yo?", se habrá preguntado la señora. Al parecer, también estaba cuidando con esmero a los creyentes de la región de Kamakura. Y el Daishonin se sentía más que agradecido. "No sé cómo agradecerle debidamente". Le dice. En esta sola frase se percibe su sincero corazón.
    Sin embargo, en años recientes hemos visto muchos sacerdotes arrogantes que dieron por sentado el esfuerzo de los demás. Estos prelados traicionaron al Daishonin.

Por sobre todas las cosas, el hecho de que usted haya venido hasta aquí, a pesar de su condición de mujer, expresa cuán profunda es su actitud hacia la fe. En cambio, en lo que a mí concierne, estoy aquí porque hay razones que me han hecho venir hasta este sitio. Me siento profundamente obligado hacia usted.(Gosho Zenshu, pág. 1222).
    Las acciones de Nichimyo Shonin expresaban su fe sincera. Lo que determina todas las cosas es aquello en lo cual ponemos nuestro corazón.
    Desde luego, las circunstancias de ella tampoco eran favarobles. Al parecer, llevaba ya cierto tiempo separada de su esposo. Y la hija, Oto Gozen, todavía era una "niña". A juzgar por las palabras del Daishonin. (MW3, pág. 53).
    Con la pequeña asida de la mano, emprendió la travesía. En ese momento, no era infrecuente que las mujeres viajasen solas. Pero, a diferencia de los caminos llanos y seguros que había entre Kamakura y Kyoto, por ejemplo, la ruta a Sado estaba sembrada de dificultades; implicaba cruzar a través de montañas y del mar.

A un hombre en pleno uso de sus fuerzas, la travesía podía llevarle, como mínimo, tres semanas. Uno advierte el grado de dificultad del viaje cuando considera que el trayecto de Kamakura a Kyoto, que es mucho mayor, llevaba unas dos semanas. A su vez, el tramo de mar que debía cruzarse para llegar a la isla de Sado era conocido por la inclemencia del oleaje. En ocasiones, las personas debían aguardar varias semanas hasta que las aguas se calmaban, para intentar el cruce. El viaje en bote era una odisea que, según los criterios actuales, uno ni siquiera podría imaginar.
    El Daishonin no exagera cuando describe un viaje "sobre montañas traicioneras y a través del mar enfurecido". "El viento y la lluvia", agrega, "descerrajan su azote en el momento más inesperado". (Ib., vol. 3, pág. 52).

¡Qué difícil expedición habrá sido, para una mujer acompañada de una criatura tan pequeña! Esta creyente se abrió camino cuando comenzaba el verano, con la niña cargada a las espaldas, secandose el sudor del rostro. La actitud del espíritu es lo que determina todas las cosas. Por otro lado, esto sucedió inmediatamente después de un incidente de revuelta interna dentro del clan gobernante Hojo.5 Se vivían horas de gran inestabilidad. El Daishonin afirma: "Las personas […] se comportan de un modo bestial, como perros y tigres".(MW3, pág. 52). Las montañas se hallaban plagadas de bandidos; en el mar, acechaban piratas.
    Muchas veces, para no pasar la noche a la intemperie, la madre habrá pedido a personas desconocidas que las alojaran durante la noche. Probablemente, el llanto haya sido su compañero constante a lo largo de esos días. De solo pensar, uno siente que se le parte de pena el corazón. "Habrá sentido como si estuviese pasando por el sufrimiento de los tres malos caminos", (Ib.) dice el Daishonin. Así de difícil fue su travesía. Pero la madre no se dejó rendir.

¿Por qué? Porque estaba resuelta a transitar el mismo camino a Sado que había recorrido el Daishonin. Quería superar las mismas dificultades que su maestro. ¡Qué admirable! ¡Qué noble y qué hermoso!
    La fe fortalece a las personas. Y la gente de fe genuina brilla por sobre todas las cosas en el momento de enfrentar las mayores dificultades. Por cierto, es mejor no tener obstáculos. Pero, desde otro punto de vista, las dificultades son un beneficio, porque en la contienda por superarlas y dejarlas atrás, uno consigue forjar una personalidad de oro puro e incorruptible.
    Aunque todas las hojas de los árboles cayeran bajo el embate de un vendaval, mientras las ramas y el tronco se mantengan indemnes, con el tiempo volverán a llenarse de flores. Del mismo modo, la propagación del Budismo siempre continuará, mientras existan personas de fe genuina. Por eso, lo importante es forjar aunque sea a una sola persona de fe auténtica.
    El Daishonin elogia a la madre de Oto Gozen con estas palabras: "Usted es, sin duda, la devota del Sutra del Loto más eminente entre todas las personas del Japón"; (MW3, pág. 52). Le dio, entonces, el nombre budista de Nichimyo Shonin.

Nichi, el mismo ideograma de la palabra 'Nichiren', significa "sol" Myo es el mismo ideograma de 'myoho' o Ley Mística. A esto le agrega el título honorífico 'Shonin', que significa 'sabia' o 'venerable'. En esta clase de expresiones vemos que al Daishonin no le interesaban en absoluto las diferencias entre sacerdotes y laicos, hombres y mujeres. Sólo observaba el corazón y la postura del espíritu de la gente.
    "Postura" se refiere al estado interior de la vida, al Ichinen albergado en los estratos más profundos del ser. Esto es lo que decide a qué habremos de consagrar la existencia, cuál será la oración fundamental en la cual basamos la vida. La postura de una persona es invisible, pero se manifiesta en el momento crucial. Y no sólo eso, sino que controla todos los aspectos de un individuo, a cada instante del día, todos los días. Es el determinante fundamental de nuestra vida.
    El Sutra Kegon señala: "El corazón es como un pintor magistral", Como un pintor ilustre, el corazón crea libremente sus representaciones de todas las cosas. El corazón de ustedes es el diseñador, el pintor, el escultor, el arquitecto de todo su ser.

El gran maestro T'ien-t'ai cita este fragmento para explicar la doctrina del Ichinen sanzen (tres mil estados a cada instante de la vida). Utiliza la imagen de un gran pintor para explicar que el corazón o la postura (ichinen) se manifiesta en los tres mil aspectos de todos los fenómenos (sanzen).
    Lo que cuenta es la actitud básica que domina el interior, el "instante vital" de nuestra vida. Es la oración y son las esperanzas. Y también se la puede identificar con el subconsciente.
    "¿Qué clase de futuro vislumbro para mí mismo? ¿Cuál es la identidad que quiero desarrollar? ¿Qué quiero lograr en la vida?" Lo importante es plasmar en el corazón esa imagen lo más clara y específicamente posible. Ese "retrato" se convierte, en sí mismo, en el diseño de su futuro. La fuerza de la postura nos permite interpretar, con nuestra vida, una espléndida obra maestra de acuerdo con ese diseño. Esta es la doctrina de los tres mil estados contenidos en cada momento de la vida,
    cuanto más específico y detallado sea el plano de nuestro corazón, tanto mejor será. La clave está en seguir pintando vívidamente el objetivo que nos hemos trazado en nuestro corazón y en seguir avanzando hacia esa meta sin especulaciones. Entonces, a cada instante, la realidad de nuestra vida gradualmente se irá acercando a esa pintura que es nuestra aspiración.

Todo depende de lo que pueble nuestro corazón. La oración sincera, sin falta, recibe respuesta. Si uno decide que algo será imposible, en total coherencia con esa decisión interior, hasta las cosas más sencillas nunca logran concretarse. Por otro lado, cuando uno tiene la convicción de poder hacer algo, sin falta, ya está un paso más cerca de hacerlo realidad.
    De acuerdo con el principio de los tres mil estados contenidos en cada instante de la vida, los pensamientos y sentimientos negativos cobran forma en la realidad, con esa naturaleza, y producen resultados negativos, Las personas que albergan pensamientos negativos crean, en su propia vida, efectos que concuerdan perfectamente con su forma de pensar.
    Por eso, es importante ser optimistas. En el Budismo, el pesimismo no existe. El Budismo, la enseñanza del Sutra del Loto, nos da la clave que nos permite abrir un caudal de convicción y arder de esperanza, aun en situaciones que parecen ser desesperantes. Nichiren Daishonin lo demostró con su propia vida.
    Aun en las condiciones desoladas de Sado, el Daishonin dice que siente "gran regocijo".(MW2, pág. 188). Con estas palabras él concluye "La apertura de los ojos".

En una carta dirigida a su seguidor Sairembo, también escrita durante su exilio en Sado, el Daishonin promete con serenidad: "Aunque el señor feudal de Kamakura siga negándose a perdonar a Nichiren, yo exhortaré a las funciones protectoras del universo y regresaré a la ciudad".(MW7, pág. 27). Fiel a sus palabras, el Daishonin concretó un retorno triunfal a Kamakura. Su victoria, por sobre adversidades inenarrables, demuestra claramente el principio de Ichinen sanzen.
    Por sobre todas las cosas, siento que la decisión del Daishonin con respecto al Kosen-rufu mundial en los diez mil y más años el Último Día es la causa que hoy ha provocado la aparición de la SGI y que ha convocado a tantos Bodhisattvas de la tierra en el mundo entero.
    El poder de nuestro corazón es inmenso. La postura de Nichimyo Shonin estaba enfocada en el Daishonin. Y, del Daishonin, ella aprendió a compartir el ideal del Sutra del Loto; hacer que todas las personas puedad ser felices.
    En su fuero interno, estaba decidida a viajar hasta la remota isla de Sado, aunque ello le significara cruzar montañas y aguas traicioneras. Espero que todos ustedes avancen firmemente, de a un paso por vez, hacia un ideal de grandeza, a través de caminos, montañas y mares, si ello fuese necesario, hasta llegar a la meta.

El Daishonin proclama: "Los hombres y mujeres comunes pueden manifestar la Budeidad si atesoran una cosa: La fe sincera". (MW1, pág. 274)
    Necesitamos enfocar nuestro espíritu, nuestro corazón más profundo, en el Kosen-rufu. Lograr la Budeidad depende de que atesoremos esta determinación. Cuando poseemos esta actitud, nuestra vida destella, enjoyada de buena fortuna y de felicidad. Y podemos emprender una espléndida travesía por la vida; una travesía donde todos nuestros sueños, uno tras otro, se vuenlven realidad.

 

Material extraido de SGI USA. (World Tribune - Material de estudio)

04/08/2000 06:23 AM  

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