GOSHO
 

La Apertura de los Ojos (Parte 2)

 

El Buda ilumina el mundo con la luz de las tres virtudes

La justicia es como el sol. Una sociedad donde no prevalece la justicia vive envuelta en la oscuridad. Nadie puede impedir que salga el sol. Nadie puede ocultar sus rayos indefinidamente. "Abrir los ojos" significa, justamente, hacer que reconozcan la existencia de ese sol de la justicia las personas que llevan el corazón sumido en la penumbra.

 

Yo, Nichiren, soy el soberano, el maestro, el padre y la madre de todo el pueblo del Japón. Pero los hombres de la escuela Tendai (que no tratan de eliminar el mal de la nación) son los grandes enemigos del pueblo. Como señaló Chang-an10 "Quien libra del mal a quien comete una falta está actuando como si fuera un padre".

Quien no ha puesto su determinación en el Camino no puede liberarse jamás de los sufrimientos de la vida y la muerte.11

Nichiren Daishonin dice que es "el soberano, el maestro, el padre y la madre de todo el pueblo del Japón". Las tres virtudes --las funciones del soberano, el maestro y los padres -- indican el estado de vida, brillante como el sol, de una verdadera persona de justicia.

Y esto trae a colación un fragmento del Gosho "Retribución por los Favores Recibidos":

Si la misericordia de Nichiren es realmente grande y amplia, Nam-myoho-renge-kyo se propagará durante diez mil años y más aún, por toda la eternidad, ya que posee el poder benéfico de abrir los ojos ciegos de todos los seres vivientes del Japón y de obstruir el camino que conduce al infierno del sufrimiento incesante.12

Nichikan Shonin interpreta que este fragmento se refiere a las tres virtudes del Daishonin. "Si la misericordia de Nichiren es realmente grande y amplia, Nam-myoho-renge-kyo se propagará durante diez mil años y más aún, por toda la eternidad" indica su inmensa misericordia, es decir, la virtud de los padres. "Posee el poder benéfico de abrir los ojos ciegos de todos los seres vivientes del Japón" alude a la facultad de abrir la mente de las personas, es decir, su visión interior, por lo cual representa la virtud del maestro. Y "obstruir el camino que conduce al infierno del sufrimiento incesante" habla de la virtud del soberano, que se empeña en que la población no padezca sufrimientos.13

"La Apertura de los Ojos" comienza con el fragmento "Hay tres categorías de personas a las cuales todos los seres humanos deberían respetar. Se trata del soberano, el maestro y los padres".14 El propósito de esta enseñanza yace en esclarecer las tres virtudes del soberano, el maestro y los padres. Y Nichiren Daishonin es quien posee estas tres virtudes en forma cabal y completa.

En sentido general y para expresarlo con términos modernos, podría decirse que el soberano, el maestro y los padres son tres atributos indispensables en todo líder.

La virtud del soberano consiste en proteger a las personas; esto corresponde a un sentido insobornable de la responsabilidad. La virtud del maestro yace en guiar a los hombres; esto se refiere a la brillante sabiduría que logra conducir a la humanidad por el camino de una vida feliz. Y la virtud de los padres consiste en forjar a las personas con un corazón de amor sin límites; es decir, una misericordia cálida y a la vez rigurosa.

Sentido de la responsabilidad, sabiduría y misericordia. ¿No son éstas las cualidades más importantes que deben tener tanto los líderes como los hombres en general? Si tan solo un puñado de dirigentes más poseyeran estas tres cualidades, ¡qué contribución enorme se haría a la felicidad del género humano, cuántas tensiones más podrían disminuir! Pero lo cierto es que, hoy en día, hay demasiados líderes en el mundo que exhiben la tendencia opuesta.

La antítesis de la virtud del soberano es la irresponsabilidad. Hoy hay primeras figuras que se comportan de un modo altanero y ampuloso, pero que evitan cuidadosamente las cuestiones escabrosas, con el argumento de que "alguien ya se ocupará de eso" o de que "las cosas ya se resolverán". Se la pasan impartiendo órdenes, sólo para eludir, luego, la responsabilidad que les cabe. Aunque exteriormente respondan a la imagen de un líder, no poseen ningún requisito que les haga merecer su posición, no tienen ninguna virtud que respalde sus privilegios.

El capítulo "Duración de la Vida de El Que Así Llega" (decimosexto) del Sutra del Loto explica las tres virtudes de la enseñanza esencial. "Esta, mi tierra, permanece a salvo y en calma"15 indica la virtud del soberano. Un líder trabaja resueltamente para asegurar la paz y la tranquilidad de la tierra y de la comunidad de las cuales se ha hecho responsable. "Constantemente vine predicando la Ley, enseñando y convirtiendo"16 corresponde a la virtud del maestro. Como lo indica el término "constantemente", es decir, sin descanso ni interrupción, un maestro continuamente utiliza la palabra, sin reservas, para ayudar a los semejantes.

La virtud de los padres queda expresada en la frase "Yo soy el padre de este mundo"17. Un padre es aquel que ama a las personas porque son hijos del Buda y, como tales, un día asumirán esta identidad real. Un padre es aquel que actúa por el bien de sus hijos.

Los líderes también deben poseer la capacidad de brindar capacitación, protección, orientación y enseñanza. Cuando alguien tiene un problema, un líder debe ser capaz de brindarle cálidos consejos y de impartirle las pautas que necesita para poner fin a su atolladero.

Un verdadero líder protege a las personas cuando están cansadas y las nutre brindándole capacitación adecuada a su nivel de desarrollo. Si a una persona se le da una capacitación estricta cuando las circustancias exigen afectuosa protección, terminará hundiéndose. Si la consentimos cuando necesita recibir aprendizaje, no crecerá.

En tal encuadre, si relacionamos los atributos deseables en un líder con las tres virtudes, el paralelo sería el siguiente: la capacidad de proteger correspondería a la virtud del soberano; la capacidad de dar orientación y enseñanza sería la virtud del maestro, y la capacidad de brindar pautas de capacitación o formación sería la virtud de los padres. En una palabra, la determinación, la oración y la fortaleza de ayudar a las personas a ser felices sin falta resultan fundamentales para ejercer un liderazgo sobresaliente.

Habíamos visto que (en el Gosho "Retribución por los Favores Recibidos") la virtud del soberano correspondía a "obstruir los caminos del mal" y en "abrir el camino del bien".

"Quiero cerrar todas las rutas que desembarquen en el infierno". Con este mismo espíritu, el maestro Josei Toda declaró su absoluta oposición al uso de las armas nucleares: "Todo aquel que amenace el derecho a la vida exhibe una mente demoníaca, un propósito satánico, una naturaleza monstruosa".18 En cambio, la virtud de un soberano y la responsabilidad de todo líder se encuentra en cerrar valientemente el camino a la guerra y en abrir de par en par las rutas que aseguran la paz.

La SGI, como auténtica heredera del Budismo de Nichiren Daishonin, abrió un camino de paz que hoy atraviesa el planeta entero. Hace veinte años, cuando la China y la Unión Soviética se hallaban en conflicto, cuando entre los soviéticos y los norteamericanos sólo existía el vínculo de "guerra fría", ¿quién podría haber imaginado el estado del mundo actual? La Soka Gakkai, a pesar de una lluvia de críticas, siguió actuando con total decisión para cerrar el camino de la confrontación y abrir un sendero de amistad.

"¡La Tercera Guerra Mundial jamás debe llegar a producirse!". Hemos orado y actuado con total sentido de la responsabilidad, para cerciorarnos de que no se perpetrara una calamidad semejante. Con este propósito, desarrollamos un movimiento de paz, cultura y educación basado en el Budismo.

Si hablamos en sentido general la virtud del soberano también consiste en crear una tierra donde imperen la paz y la tranquilidad, como lo afirma el pasaje, "Esta, mi tierra, está a salvo y en calma". La educación representa la virtud del maestro. Y la cultura se relaciona con la virtud del padre, en la medida en que permite cultivar y forjar el mundo interior del ser humano. Nosotros estamos extendiendo en todo el mundo este camino signado por las tres virtudes.

Estamos abriendo un camino. Una vez que quede abierto, los que vengan detrás podrán recorrerlo con tranquilidad y sin preocupaciones. Nichiren Daishonin, como Buda del Ultimo Día de la Ley dotado con las tres virtudes del soberano, el maestro y los padres, abrió un camino hacia la iluminación de todos los hombres. Es algo que merece nuestra eterna gratitud.

La misión de los discípulos, por su parte, consiste en extender y ampliar el camino que, generosamente, abrió el mentor. La senda que trazó el Daishonin hoy recorre la faz del mundo. A través de la lucha de nuestros compañeros, los prodigiosos Bodhisattvas de la Tierra, esa "gran ruta hacia la felicidad" hoy se extiende por 128 países.

El sol de la justicia ha comenzado a elevarse. Estoy absolutamente convencido de que el Buda Original, Nichiren Daishonin, reconocerá con las mayores expresiones de elogio a los que se dedican a tan noble misión.

En el fragmento del Gosho que estudiaremos esta vez, el Daishonin afirma que los seguidores de la escuela Tendai son los grandes enemigos del pueblo: por un lado, tienen plena conciencia de que el Sutra del Loto es la enseñanza suprema; por el otro, no sólo evitan luchar contra el mal, sino que también se alían con los que persiguen al Daishonin.

Tsunesaburo Makiguchi, fundador y presidente de la Soka Gakkai, comentó: "De todas las escuelas Nichiren que hoy existen en el Japón, parecería que la Nichiren Shoshu es la que más se asemeja a la escuela Tendai de los tiempos del Daishonin".19

Y tenía toda la razón. Los integrantes del clero de la Nichiren Shoshu, que tantas veces obstruyeron el Kosen-rufu en lugar de apoyar esta sagrada empresa en bien de la felicidad humana, son "grandes enemigos del pueblo". La historia ha demostrado que sus actos coinciden con los que el Daishonin repudia en "La Apertura de los Ojos".

 

El máximo honor consiste en enfrentar las peores persecuciones

 

El Buda Shakyamuni, maestro de las enseñanzas, fue insultado por todos los seguidores de doctrinas no budistas y calificado como hombre de gran perversidad. El gran maestro T’ien-t’ai fue objeto de resentimiento y enemistad por parte de las tres escuelas del sur y de las siete escuelas del norte. Tokuichi, de Japón, lo criticó por haber usado sus diez centímetros de lengua con el afán de destruir las enseñanzas de Shakyamuni y de destruir el cuerpo del Buda de un metro y medio de altura.20 El gran maestro Dengyo fue despreciado por los monjes de Nara, quienes dijeron: "¡Saicho21 nunca ha estado en la capital de la China T’ang!". Pero todos estos insultos se perpetraron por causa del Sutra del Loto, y, por lo tanto, no representan nunguna deshonra para los hombres que debieron soportarlos. No hay vergüenza más grande que ser elogiado por los necios. Ahora que he incurrido en la ira de las autoridades (y me encuentro en el exilio), los sacerdotes de las escuelas Tendai y Shingon deben de estar celebrándolo. Son hombres muy extraños y desvergonzados.22

 

La justicia siempre provoca persecuciones, tal como el sol siempre sufre el acoso de las nubes. Las dificultades son, en todo caso, prueba de rectitud. No puede haber máximo honor que hacer frente a las peores persecuciones.

Hasta Shakyamuni fue calumniado: decían que era un hombre de "gran perversidad". El gran maestro T’ien-t’ai recibió insultos a cerradas de parte de lo que, en su tiempo, fueron las diez escuelas poderosas. Y doscientos años después, seguía siendo objeto de escarnios; el sacerdote Tokuichi, de la escuela japonesa Hosso, llegó a decir: "¡Qué tontería has hecho, Chih-i (T’ien-t’ai)! ¡Calumniaste las enseñanzas que Shakyamuni transmitió durante toda su vida y sembraste el mundo de confusión!".

El gran maestro Dengyo fue vilipendiado por las escuelas de Nara. Decían de él: "Saicho sostiene haber ido a la China, pero volvió enseguida sin haber visitado la Capital y luego de haber estudiado sólo un corto tiempo en las provincias".

T’ien-t’ai y Dengyo recibieron semejantes críticas porque habían defendido el Sutra del Loto, porque habían lanzado una proclama para regresar al espíritu del Sutra del Loto y de Shakyamuni. Los que nunca actúan jamás tienen que vérselas con críticas ni calumnias.

Por otro lado, los que creían estar criticando sólo a esos dos grandes maestros - T’ien-t’ai y Dengyo - en realidad estaban ultrajando la esencia de Shakyamuni. Pues cuanto más difama alguien a un devoto del Sutra del Loto más está difamando al Sutra del Loto en sí. Pero, por otro lado, los que se entregan a la difamación no se dan cuenta de la gravedad de sus actos. No puede haber gente más penosa ni más digna de lástima.

Los verdaderos tontos fueron los que se alegraron cuando la enseñanza correcta recibió ataques y cuando el Daishonin marchó al exilio, a pesar de ser un hombre de justicia cuya conducta reflejaba exactamente los principios del Sutra del Loto.

"No hay vergüenza más grande que ser elogiado por los necios". El presidente Makiguchi hizo de estas palabras su propia consigna. Fue perseguido por las autoridades militares y traicionado por el propio clero de la Nichiren Shoshu. Y, sin embargo, no dejaba que nada lo intimidase; todo lo tomaba con compostura. Cuando el presidente Toda disertaba sobre "La Apertura de los Ojos", decía:

Basado en estas palabras, el señor Makiguchi no creía que fuese ninguna deshonra el tener que enfrentar críticas o persecuciones por la causa del Sutra del Loto. Murió en prisión por sus convicciones ya que dió a conocer Nam-myoho-renge-kyo de las Tres Grandes Leyes Secretas, esencia del Sutra del Loto, con la seguridad de que ser elogiado por los necios era la peor deshonra, mientras que ser alabado por el gran sabio (Nichiren Daishonin) era la gloria suprema. Creo que él fue un ejemplo sin parangón para todos los que abrazamos la fe en el Budismo de Nichiren Daishonin.23

Y a los jóvenes los exhortaba así:

En la contienda por la Ley, en esta época corrupta (llamada el Ultimo Día de la Ley), su deseo debería ser ganar la alabanza del Daishonin como brillantes y jóvenes luchadores. Para una persona de sabiduría, ser elogiada por los tontos es la peor de las deshonras. Pero merecer la alabanza del gran sabio es, sin duda, el honor supremo en la vida.24

 

Estas palabras, que los presidentes Makiguchi y Toda llevaron en el corazón como consigna, son también el lema de la Soka Gakkai. Poner en práctica este mensaje de oro será el eterno espíritu de la soka Gakkai.

¡Avancemos de un modo que cuadre dignamente a la SGI! ¡Caminemos en línea recta por este camino, por la gloriosa ruta de la Soka Gakkai!

Si la gente quiere reír, que ría. Si la gente quiere entregarse a la calumnia, que así lo haga. Las personas que actúan de este modo, ¿pueden mostrarles a los demás una forma de ser felices? Y los que escuchan a la gente así, ¿pueden hallar alivio a su sufrimiento prestando oídos a sus comentarios? Creo que todos coincidiremos en que no.

La Soka Gakkai es un león, completamente libre del miedo. Es suficiente con que nos comportemos de tal modo, que merezcamos el elogio del Daishonin, Buda Original. Las generaciones futuras, sin falta, celebrarán todo este esfuerzo que estamos haciendo.

 

El Daishonin sentía un regocijo indescriptible, aun en el exilio

 

El Buda Shakyamuni apareció en el mundo saha, Kumarajiva viajó a la China de la dinastía Chih’I,25 y Dengyo fue también a este país (en bien del Sutra del Loto). Aryadeva y Aryasimha sacrificaron su cuerpo. El bodhisattva Yakuo se quemó los brazos como ofrenda (al Buda) y el príncipe Shotoku se arrancó la piel de la mano (y transcribió el sutra sobre ella).26 Shakyamuni, cuando realizaba la práctica de bodhisattva, vendió su propia carne para hacer ofrendas (al Buda). Y, en otra oportunidad, cuando vivió con la identidad del bodhisattva Gyobo, utilizó uno de sus huesos como pluma (para dejar escritas las enseñanzas del Buda).

T’ien-t’ai ha dicho que, "el método escogido debería concordar con la época". El Budismo (en su modalidad de práctica) debería estar de acuerdo con los tiempos. Por lo que yo hice, merecí la condena al exilio, pero éste es un sufrimiento menor, que concluirá en esta existencia y no merece un solo lamento de mi parte. En vidas futuras, disfrutaré de inmensa felicidad; y la sola idea basta para motivar en mí el más profundo deleite.27

 

Shakyamuni escogió nacer en el mundo saha, un ámbito sembrado de sufrimientos, con tal de exponer el Sutra del Loto. Para traducir el Sutra del Loto, Kumarajiva viajó desde Asia Central hasta la China y debió soportar tremendas dificultades para llegar a su destino. Y, para llegar a la esencia del Sutra del Loto, el gran maestro Dengyo cruzó los mares traicioneros que rodeaban el Japón, rumbo a tierras chinas.

En cada uno de estos casos, la acción se vió generada por un inmenso sentido del propósito. Cuando un hombre posee un espíritu incontenible, sin falta lo traduce en actos concretos.

El bodhisattva Aryadeva y el venerable Aryasimha, ambos herederos de la enseñanza de Shakyamuni, amonestaron a los gobernantes corruptos y dieron su vida por la enseñanza. También se cuenta que el bodhisattva Rey de la Medicina (Yakuo) se quemó los codos como ofrenda al Buda y que el príncipe Shotoku del Japón se arrancó la "piel de la mano" para utilizarla como pergamino, sobre el cual copió los títulos de los sutras.

En una existencia anterior, cuando Shakyamuni se hallaba practicando como bodhisattva en busca de la iluminación, llegó a vender su propia carne para poder hacer una ofrenda al Buda. En otra existencia, con la identidad de Gyobo Bonji, utilizó la piel como pergamino, uno de sus huesos como pluma, y su sangre como tinta, para poder dejar testimonio de la enseñanza del Buda.

La forma que adopta la práctica budista difiere según la característica de cada época. El budismo "concuerda con los tiempos", pero el camino y el espíritu fundamental no cambia. El punto primordial es consagrarse con todo su ser a la Ley y a la felicidad de las personas.

La Ley verdadera ha sido transmitida gracias a los esfuerzos sinceros y altruistas de personas como aquellas. Se pudo transmitir gracias a una "cadena repetidora" de inidividuos que actuaron de acuerdo con la época en que vivieron. Esto, de por sí, constituye un gran logro en la historia del budismo.

Pero, según afirma Nichiren Daishonin, los que difunden la Ley Mística en el Ultimo Día son mucho más nobles aún que quienes practicaban en los días Primero y Medio de la Ley. Todos ustedes son valerosas y nobles personas dedicadas a su misión; están abriendo un camino allí donde sólo había espesura; están difundiendo la filosofía del Daishonin a través de una maraña de calumnias y de obstáculos. El Daishonin no podría menos que admirarlos. Tengamos la convicción de que Shakyamuni, el Buda Taho, (Muchos Tesoros) y todos los budas de diez direcciones también estarán encomiando nuestro trabajo para propagar la Ley Mística de un modo que concuerde con esta época, el Ultimo Día de la Ley.

El Daishonin concluye "La Apertura de los Ojos" con una nota exultante: "Por lo que yo hice, merecí la condena al exilio, pero éste es un sufrimiento menor, que concluirá en esta existencia y no merece un solo lamento de mi parte. En vidas futuras, disfrutaré de inmensa felicidad; y la sola idea basta para motivar en mí el más profundo deleite". Esta es su grandiosa declaración de victoria, de victoria espiritual, que resplandecerá por siempre en la historia humana.

Era un simple exiliado; no tenía el menor espacio de libertad. Se hallaba confinado en una diminuta isla que, por sus características, constituía un presidio natural. El presidente Toda sostuvo, en una ocasión: "En los tiempos modernos, el exilio a Sado sería lo mismo que el destierro al Sahara". Y, no obstante, el Daishonin exhibió siempre la postura de un monarca. Nadia podía encadenarle el corazón; para su alma no había grilletes. No había espada que pudiese hacer mella en su profunda convicción.

Encaramado en las alturas luminosas de Kuon ganjo, él escrutaba con total compostura hasta la más violenta de las persecuciones.

El orgullo y la convicción de estar dedicando la vida a la Ley Mística son algo que nos permite, también a nosotros, adquirir semejante grandeza, ascender a una cumbre de gloria verdadera. En nuestro avance, nos envuelve la resplanceciente luz dorada que esparce, como una estela, la tremenda lucha espiritual del Daishonin.

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