![]() |
GOSHO |
Disertación del Presidente Ikeda. Aprendamos del Gosho:
La eterna enseñanza de Nichiren Daishonin.
La Apertura de los Ojos1 (Parte 1)
Una victoria espiritual en medio de la terrible tormenta
Un cielo impecable, libre de toda nube; un firmamento de un azul interminable... Estas eran las imágenes que empleaba mi maestro, Josei Toda, para describir el estado de vida del Daishonin durante su exilio en la isla de Sado.
Si (nosotros hubiéramos estado en Sado) nuestra vida habría penado en los abismos del infierno. Pero, como se trataba del Daishonin, que era un hombre totalmente invencible y libre del mínimo temor, cada vez que examinamos su vida la vemos (inmensa y serena) como el océano o como la cúpula del firmamento...
En "La Apertura de los Ojos", Nichiren Daishonin dice: "Yo, Nichiren, soy el hombre más rico de todo el Japón actual. He dedicado mi vida al Sutra del Loto, y mi nombre será parte de la historia a lo largo de los tiempos venideros".2
En la época del Daishonin, los inviernos que azotaban la región de Sado eran mucho más crudos que los de nuestros días. Vivían en Tsukahara, en las ruinas de un santuario llamado Sanmaido. Socialmente, era un exiliado; su vida se hallaba sujeta a peligros constantes. En tales condiciones y con el rugido de un león, el Daishonin expresó esta declaración como un auténtico soberano del espíritu.
Había llegado a Tsukahara el 1º de noviembre de 1271. De inmediato y con energía inusitada, comenzó a redactar largos manuscritos; cuando pienso en ello, surge en mi mente la imagen de una catarata incontenible. En el segundo mes del año siguiente, envió a Shijo Kingo, por intermedio de un mensajero, un Gosho destinado a todos sus creyentes. Se trataba de "La Apertura de los Ojos".
Aun bajo las neviscas insidiosas de la isla, su convicción en la justicia de sus actos se mantuvo ardiente y viva, como llama inextinguible. Por el contrario, lo que siguió brillando con fulgor cada vez más intenso fue su deseo poderoso de guiar a todos los hombres a la felicidad.
En este escrito, quiso transmitir a los seguidores su estado de vida inmensurable. Quiso mostrarles que uno puede manifestar un estado de vida realmente inmenso cuando libra una gran contienda a muerte o a vida. Y se propuso dejar constancia de esta verdad en bien de todos los tiempos.
No se conserva el manuscrito original de "La Apertura de los Ojos", pero sabemos que tenía sesenta y seis páginas: sesenta y cinco correspondían al texto y la restante era una carátula donde se leía "Apertura de los Ojos".
El título se refiere a abrir los ojos, es decir, la mente, del pueblo del Japón. En vista de lo que enseñan los sutras, es evidente que el Daishonin fue un hombre con un sentido absoluto de la justicia. En este escrito, declara que es el devoto del Sutra del Loto y, por lo tanto, el Buda del Ultimo Día de la Ley.
Espero que, al estudiar la parte final de este Gosho, podamos aprender cuán imponente era el estado de vida del Daishonin.
Pregunta: ¿Qué mérito hay en condenar, como hace usted, los males de quienes siguen las escuelas Nembutsu y Zen, si con ello provoca su enemistad?
Respuesta: El Sutra del Nirvana afirma: "Si un buen monje ve a alguien destruir la enseñanza y actúa con indulgencia, sin refutar sus actos, sin expulsarlo ni poner en evidencia su grave falta debe comprenderse que ese sacerdote es, en su fuero interno, un enemigo del Budismo. Pero si lo amonesta, lo echa o expone su error, estará actuando como un verdadero discípulo (del Buda) y como un auténtico seguidor que escucha la voz".
Chang-an comenta este párrafo del siguiento modo: "Quien destruye las enseñanzas del Buda o provoca confusión en torno a ellas es interiormente un enemigo del Budismo. Si uno se considera amigo de alguien pero no posee la misericordia necesaria para corregirlo, en verdad es su enemigo. Pero quien reprende y corrige al que actúa contra la Ley es un seguidor que escucha la voz y defiende las enseñanzas del Buda; es un auténtico discípulo. Quien libra del mal al que comete una falta está actuando como un padre o una madre. Los que refutan los actos contra la Ley son discípulos del Buda. Pero quienes no amonestan a los que cometen graves faltas, son, interiormente, enemigos del Budismo".3
Si una persona comete una falta, refutarla es una cosa. Pero otra cosa muy distinta es que se ataque y se calumnie a la persona que lleva a cabo actos de bien, como tan a menudo nos toca presenciar. Es algo totalmente irracional, pero así se conduce la sociedad de hoy.
El gran escritor León Tolstoy dijo: "No se puede vivir sin enemigos. (...) Y lo cierto es que cuanto más dignamente uno vive, más enemigos brotan a su alrededor".4
Nunca hubo nadie en la historia que abogara por la justicia como lo hizo Nichiren Daishonin. Nunca nadie luchó con tal bravura por la felicidad de los hombres. Como resultado de ello, no hizo más que enfrentar persecuciones sin fin. Y, además, se vio exiliado a Sado, lo cual en su época equivalía a una sentencia de muerte.
Los seguidores también fueron blanco de la represión. Algunos fueron encarcelados. A otros, les confiscaron feudos y bienes. Y otros también sufrieron el exilio. Entre el grupo de creyentes que seguía al Daishonin fueron creciendo la incertidumbre y la confusión. Por miedo a ser perseguidos, muchos abandonaron la fe u optaron por hacer silencio total.
Incluso hubo discípulos que, con cara de dominar la materia, criticaban a su maestro y aconsejaban a los demás: "Si usted se muestra más flexible en su actitud de difundir las enseñanzas, no tendrá que sufrir persecuciones como las que padece nuestro venerado maestro".
En los últimos fragmentos de "La Apertura de los Ojos", Nichiren Daishonin se refiere a estas dudas y plantea una interesante pregunta: ¿De qué sirve refutar las enseñanzas erróneas al propagar la enseñanza, si con ello uno provoca la enemistad de los demás? Cita un fragmento de los sutras y responde: El Sutra del Nirvana dice muy claramente que uno tiene que refutar a los que están destruyendo la Ley, que hay que expulsarlos y poner en evidencia sus errores, y que no se debe restar importancia a situaciones de esa naturaleza. ¿No dice acaso que a las personas se las debe refutar, expulsar o poner en evidencia cuando cometen un mal?
En esencia, tratar así a alguien que busca subvertir las enseñanzas es ejercer la misericordia necesaria para proteger al Budismo. Por lo tanto, aunque las personas que lleven a cabo esta práctica sufran persecuciones, sin falta tendrán abierto el acceso a la Budeidad. Y, dice el Daishonin, no puede haber mérito ni beneficio más grande que éste.
"Discípulos míos", exclama, "no tengan miedo". "Vivan con orgullo y dignidad, con el pecho erguido y la cabeza en alto, como leones soberanos". Su misericordia es tan inmensa, que quería transmitir a todos sus discípulos el deseo de que vivieran una existencia magnífica, que siguieran avanzando toda la vida por el camino de la fe que habían resuelto seguir.
El Budismo sólo existe en la acción. Mediante la acción concreta, comienza a resplandecer la Ley Mística inherente a nuestra vida. Las funciones protectoras del universo y todos los budas protegen a las personas de acción. Los que actúan sólidamente en bien de la justicia conocen la verdadera felicidad.
Nichiren Daishonin fue más fuerte que cualquiera. ¿De dónde provenía su fortaleza? De su honesta preocupación y de su amor por el pueblo.
Pero, al parecer, la fortaleza del Daishonin suele ser objeto de malos entendidos. Frente a Hei No Saemon y a los sacerdotes corruptos, el Daishonin podía ser el oponente más terrible. Pero, sin embargo, enseñaba a sus seguidores que, al propagar las enseñanzas ante los demás, se comportaran en una forma cortés. Por ejemplo, aconsejaba a alguien que, al iniciar el diálogo, siempre hablara "suavemente pero con firmeza, en voz baja, con la mirada serena y con expresión compuesta".5
Nuevamente, en su histórico tratado, "Rissho Ankoku Ron" (Tésis sobre la pacificación de la tierra mediante la propagación del Budismo Verdadero), redactado en forma de diálogo entre un viajero y su anfitrión, éste (que representa al Daishonin), en ningún momento habla con expresiones airadas. Por el contario, cuando el huésped se altera, su interlocutor lo contiene, sonríe animadamente y continúa el diálogo con tenacidad. El Daishonin decidió retratar al anfitrión de tal manera porque ésa era la forma en que él mismo solía dialogar.
Si examinamos el capítulo "Hoto" del Sutra del Loto, vemos que allí se reúnen Shakyamuni, Taho y los demás budas de las diez direcciones --que son proyecciones del Buda Shakyamuni. Y ¿por qué? Como dice el sutra, "Cada uno (...) ha llegado a este lugar con el propósito de asegurarse de que la Ley perdure en los tiempos futuros".6 Shakyamuni, Taho y los demás budas quieren asegurar la propagación futura del Sutra del Loto, para que cada ser humano, cada hijo del Buda, pueda tener acceso a él en las épocas venideras. Esto nos enseña que su misericordia y su amor son mayores, incluso, que los de un padre o una madre al ver sufrir terriblemente a su único hijo. Sin embargo, Honen, indiferente al dolor de los hombres, cerró y trancó las puertas del Sutra del Loto en el Ultimo Día de la Ley, para que nadie pudiese acceder a él. Induce a las personas a que descarten el Sutra del Loto, como alguien engañaría a un niño desvariado para que se deshiciera de un valioso tesoro. ¡Qué forma tan desvergonzada de actuar!
Si alguien se propusiera matar a nuestros padres, ¿no trataríamos de ponerlos sobre aviso? Si un mal hijo ofuscado por los efectos del alcohol amenazara de muerte a sus padres, ¿no intentaríamos detenerlo? Si un hombre perverso estuviera por prender fuego a templos y pagodas, ¿no querríamos impedirlo? Si nuestro único hijo estuviera gravemente enfermo, ¿no trataríamos de curarlo cauterizándolo con moxa (aunque ello le causara dolor)? Quien prefiere no actuar hace lo mismo que los que ven a los seguidores del Zen o del Nembutsu en el Japón y no intentan detenerlos. Como dice Chang-an: "Si uno se considera amigo de alguien pero no posee la misericordia necesaria para corregirlo, en verdad es su enemigo".7
Lo que más ansía el Buda es salvar a aquellos que más sufren
¿Con qué intención se reunieron en un mismo lugar Shakyamuni, Taho y las proyecciones del Buda, los budas de las diez direcciones, en el capítulo "El Surgimiento de la Torre del Tesoro? (undécimo) del Sutra del Loto? Su único deseo era asegurar la propagación futura del Sutra del Loto, cerciorarse de que, en el futuro, el Sutra del Loto estuviese al alcance de todos los seres vivientes, hijos del Buda.
El Sutra del Nirvana relata que, justo antes de que muriera Shakyamuni, éste se lamentó así: "Moriré en poco tiempo. Lo único que me inquieta es la cuestión del rey Ajatashatru".
El rey Ajatashatru había sido, durante muchos años, enemigo de Shakyamuni. Había tratado de matarlo; fue incluso, asesino de su propio padre, el Rey (con tal de acceder al trono). Pero, a pesar de ostentar la corona, interiormente poseía un alma pobre y vacía. Y la infelicidad de Ajatashatru despertaba en Shakyamuni un profundo dolor.
Un discípulo preguntó entonces, a Shakyamuni: "Si la misericordia del Buda se dirige a todos los seres por igual, ¿por qué sólo te preocupas por Ajatashatru?
Shakyamuni respondió: "Consideremos el caso de una pareja que tienen siete hijos. Los padres aman a todos por igual y no hacen discriminaciones entre ellos. Pero, si uno de los siete cayera enfermo, ¿no se preocuparían más los padres por el hijo convaleciente?
"No abandonaré por ningún motivo, no olvidaré jamás a la persona que vive el peor sufrimiento. Por el contrario, trataré de salvarla con todas mis fuerzas". Esta es la convicción del Buda.
Nichiren Daishonin buscó salvar a todo el pueblo del Japón, aun a las personas que lo habían perseguido y exiliado a Sado.
El presidente Toda decía: "El amor que sentía el Daishonin por el pueblo era tan grande, que no le importó afrontar de lleno el embiste de los tres enemigos poderosos y no se inmutó ante las tremendas persecuciones que cayeron sobre él una y otra vez". El Daishonin, durante su destierro en Sado, llegó a decir: "Oro, antes que ninguna otra cosa, para poder guiar hacia la verdad al soberano y a todos aquellos que me persiguieron".8
¡Qué magnanimidad interior!
Desde el momento en que declaró las bases de sus enseñanzas, el Daishonin no retrocedió un solo paso en su grandiosa contienda altruista por el bien del pueblo, a quien amaba como si fuese su propia descendencia. En "La Apertura de los Ojos", el Daishonin indica el curso de sus pensamientos antes de fundar su enseñanza. el 28 de abril de 1253. Según afirma, tenía plena conciencia de que, si no hablaba (y si no proclamaba la enseñanza budista correcta para su época) sería un hombre "falto de misericordia".9
Dar a conocer este Budismo provocaría la aparición de tremendos obstáculos. Si cerraba la boca, podía tener una vida segura y tranquila. Pero semejante conducta sería una total falta de misericordia.
Por muy altruista que alguien pueda parecer, si no actúa es lo mismo que si careciera de la mínima benevolencia. En verdad, quien no actúa no tiene misericordia alguna.
Lo contrario de la misericordia es la falsa amistad: es confundir el significado de la palabra "amigo". Pero, lamentablemente, esto ocurre muy a menudo en la sociedad actual. El presidente Toda proclamó: "La forma en que hoy vive la gente evidencia una total falta de solidaridad. (...) ¿No diríamos que la falta de misericordia es la característica más notoria de la época actual?"
Nuestra sociedad es muy cruel, muy despiadada. En este ambiente tan falto de empatía, los miembros de la SGI están trabajando para aliviar a las personas de su sufrimiento e infundir auténtica dicha, para proclamar la verdad desde lo más hondo de su ser, inspirados en un verdadero afecto por los demás.
Con nuestra perseverancia en el diálogo, con nuestras acciones resueltas, estamos transformando esencialmente una sociedad que carece de solidaridad y que pregona un falso sentido de la amistad. Estamos transformando el destino de nuestra sociedad y su tendencia a la discriminación y a la falta de misericordia. Estamos irradiando un sol primaveral en un entorno congelado por el más crudo invierno. Estamos entibiando el corazón de los hombres con una cálida corriente de humanismo.
Tengo la convicción de que, sin ninguna duda, el Daishonin estará elogiando decididamente a todos ustedes, por llevar a cabo con pasión la práctica misericordiosa de los Bodhisattvas, como "verdaderos discípulos" y "seguidores que comparten mi espíritu".