Noche de luna y jabalíes

 

 

 

        Esa noche como otras tantas decidí ir de espera, había luna y los jabalíes estaban muy aquerenciados a una baña que había en mi coto.

Llegué al coto y aun era pronto, pues faltaban un par de horas para que oscureciera, así que tomándomelo con calma me subí al treestand.

A la hora de espera lo de siempre: que hago aquí, por que he venido, podría estar en casa tranquilo viendo el fútbol ..., pero en fin como siempre aguanto en el puesto.

Aun no había pasado mucho tiempo cuando de repente por un barranco que hay al lado del puesto oí romper monte, no había ninguna duda eran ellos ¿pero entrarían?, o como otras tantas noches pasarían de largo, bajarían el barranco y saldrían a los sembrados de trigo que hay en la falda de la sierra sin que yo lograra verlos, haciéndome pasar otra noche en vela.

Esta vez parecía que sí habían decidido entrar, los escuchaba cada vez mas cerca y mi corazón también  notaba su presencia ya que quería salirse de mi cuerpo.

Los oía  ya muy próximos a mí, era una piara no había duda, iban a entrarme por detrás.

De repente deje de escucharles, no sabía que había pasado. Lo más seguro es que me habrían venteado porque era imposible que me hubieran oído, no me había movido para nada.

Mas tarde escuche ruido por enfrente de mí. Eran ellos otra vez, me habían dado la vuelta y no me habían venteado, parecía que se iban ha decidir a entrar, ni siquiera les había escuchado y habían pasado a unos diez metros por detrás de mí.

De repente, en el claro que me ofrecía el puesto vi entrar por lo menos a cuatro jabalíes medianos ya de unos 45 kilos bien cumplidos, se dirigían a la baña situada enfrente de mí, a unos 7 o 8 metros. Ya estaban confiados, iban tranquilos, roncándose entre ellos. La sensación que sentí en ese momento era inexplicable, solo esto ya dilataba cada momento que había pasado en el monte.

Un bicho me dio el lado y  me enseño su codillo. No se habían percatado lo más mínimo de mi presencia y era  la hora de culminar lo que ya me había quitado un montón de horas de sueño.

Tire a tensar el arco y los nervios me jugaron la más mala pasada de mi vida y la flecha se me salió del reposaflechas haciendo un ruido muy leve pero suficiente para que un jabalí que se encontraba a mi derecha y que ni siquiera había visto entrar se dignara a roncar y poner en alarma y en huida a los jabalíes que ya se encontraban en la baña.

Les pude tirar a la carrera pero no hubiera sido nada noble, ellos ya me habían vencido. Lo que yo siempre intento es abatir la pieza sin que ella se percate mi presencia. Ahora ya no tenia sentido, me habían ganado esta vez.

Pero aquí no acabaron las sorpresas. Esa noche los jabalíes huyeron pero en ningún momento yo les deje de escuchar y a los pocos minutos los vi de nuevo, pero esta vez era diferente.

 Entro al claro que ofrecía la baña un berraco, se veía blanco en la noche e iba con el lomo erizado roncando y soplando en cada movimiento que hacía. Estaba buscándome y no me encontraba, él notaba algo raro pero no acababa de  saber lo que.

Entonces decidí intentar de nuevo abrir el arco pero esta vez aun no había empezado a tensar y el berraco ya me había oído. Estaba muy tenso y con todos sus sentidos muy alerta. De un salto se quedo mirando de frente al árbol donde me situaba, yo ya tenia el arco abierto pero no tuve tiempo de hacer nada. El bicho empezó a correr y se cobijo en el monte antes de que mis nervios me dejaran reaccionar.

La emoción que sentí en ese momento fue excepcional, solo falto culminar el lance  con una captura pero en la caza o se gana y se vence al animal que se pretende cazar o se pierde y entonces no queda mas que disfrutar del lance y aprender de los errores. 

        Esta vez, como la inmensa mayoría de veces, me había tocado perder.
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