

Brota sangre en el delirio de unas letras
calcinante y tan espesa por las hojas
los dioses en su tedio, matan ocio
enredando en el martillo de las horas.
Es tal danza que copiosa y en su historia
el desierto es el presente en sus altares,
en mutante catarata despeņada, sin dolor,
tan inconsciente suave espuma
en la esencia de la esencia -por y para-
en este valle que inundado de esperanza
sea pues, esta existencia perdonada.