PEDRO MUÑOZ SECA: EL HUMOR DENTRO Y FUERA DEL TEATRO

Muñoz Seca se da a conocer como autor cómico y llega en
momentos de gran actividad para la escena española. La ocupan comediógrafos,
dramaturgos y saineteros que tendrán en común, la mayoría, el gozar del favor
del público durante largos años. A la cabeza de los primeros figura Benavente,
tenido por maestro de la comedia en el primer tercio de siglo (La Malquerida,
1913, Campo de Armiño y La ciudad alegre y confiada, ambas de 1916) y, dentro
de la corriente benaventina están Linares Rivas (La garra, 1914) y Gregorio
Martínez Sierra. Carlos Martínez Arniches, que comenzó en 1888 como uno de
tantos saineteros del "género chico", se convertiría luego en el
autor cómico más importante de su tiempo con "tragicomedias
grotescas" como La señorita de Trevélez (1916) y ¡Que viene mi marido!
(1918). También Muñoz Seca tuvo contactos con los hermanos Álvarez Quintero,
quienes durante más de medio siglo dieron a la escena gran cantidad de obras
costumbristas y sentimentales en las que pintaban una Andalucía convencional y
amable.
El nombre de Muñoz Seca se identifica pronto con el de un género teatral
nuevo, -el astracán- y solo, o con sus colaboradores Pérez Fernández y luego
García Álvarez, dio a la escena trescientas obras cómicas entre 1915 y 1936.
El astracán es un género cómico menor que sólo pretende hacer reír pero,
eso sí, a toda costa, utilizando chistes, a veces, incluso de mal gusto. Los críticos
señalan que proviene directamente del juguete cómico, cuyos recursos
ridiculiza, y González Ruiz observa que en el juguete cómico, el equívoco
planteado acaba por deshacerse mientras que la peculiaridad del astracán
consiste en llevar el convencionalismo de frente y dejarlo descarnado ante el público.
En este caso, la acción, las situaciones y los personajes dependen del chiste,
que suele ser de rutruécano, y de las deformaciones cómicas del lenguaje. Para
los críticos:
"Muñoz Seca, a ciegas, mezclándolo todo, sin finura, a pesar de su carácter,
temperamento y cultura nada revolucionarios, pega el primer puntapié a los
viejos esquemas del teatro cómico español y comienza, sin más ni menos, el
teatro del absurdo. El teatro del disparate. El astracán."
Su teatro era habilisísimo, graciosísimo, y fue el autor teatral más
aplaudido y respetado en España entera durante diez años seguidos. De ingenio
chispeante, con dominio de la técnica teatral y de fácil pluma, después de
cultivar el sainete y el juguete cómico escribió la famosa obra Trampa y cartón
(1912), perteneciente al género que él creó, el astracán. Su colaboración
con Enrique García Álvarez marcó el apogeo de este tipo de obras, de que
puede ser ejemplo El verdugo de Sevilla, La venganza de Don Mendo, parodia de
los dramas poéticos y acaso la mejor obra del autor.
LA VENGANZA DE DON MENDO
Su obra más famosa fue La venganza de Don Mendo, «caricatura
de tragedia en cuatro jornadas» estrenada en el teatro de la Comedia por Bonafé
y por Irene Alba, con éxito extraordinario. No deja de resultar paradójico que
Muñoz Seca escribiera obra tan regocijante en medio de una larga enfermedad;
según testimonio familiar, éste padeció una úlcera de estómago que le obligó
a guardar cama por tres meses y a régimen de leche solamente. En esta situación
escribió dicha obra en la que la afición que tuvo por el teatro clásico del
Siglo de Oro se muestra emparejada con las técnicas propias del astracán.
Entre sus papeles se conservan unas páginas manuscritas de El pendón de don
Fruela, también parodia de un drama histórico, y que José Montero Alonso, no
se sabe con que fundamento, considera escrita con anterioridad al Don Mendo y
quizá su fuente de inspiración. Por ello, se considera a la obra como una
"parodia", y se puede describir como una imitación burlesca de una
obra seria en literatura.
Pero las parodias existieron desde la antigüedad, y nunca respetaron ningún género
literario, se encargaban de criticar los aspectos más vulnerables de una obra.
Pero para que tenga éxito, el espectador tendría que estar familiarizado con
el texto parodiado y que lo reconozcan a través de la degradación
experimentada en la versión paródica. Se dice degradación porque las parodias
pretendían dar una visión antidramática de la obra parodiada. A lo largo de
la historia del teatro español, se han hecho "comedias burlescas o de
disparates" basadas en obras muy conocidas, que culminaron en 1918, año en
que se estrenó la obra cumbre del comediógrafo portuense, La venganza de Don
Mendo.
Cuando apareció Don Mendo, el público español tenía el recuerdo difuso de
las obras lopescas y calderonianas, muchos de cuyos elementos habían recogido
los dramas del Romanticismo. Muñoz Seca conocía bien a su público y el
momento teatral, y no se propuso hacer reír a costa de dramas apenas recordados
del Siglo de Oro, sino a costa del movimiento reciente modernista.
La venganza de Don Mendo es una obra brillante que abunda en juegos de palabras
y chistes y que es una degradación a todos los niveles de los elementos propios
del drama histórico, con fines paródicos. Los anacronismos presentan una
mezcla detonante del ayer y del presente, y los personajes medievales se mueven
en un mundo dominado por la moral utilitaria del tiempo de Pedro Muñoz Seca.
El argumento
Jornada Primera: Don Nuño Manso de Jarana tiene una hija,
Magdalena, a la que va a casar con don Pero, duque de Toro y privado del Rey.
Esta tiene amores con don Mendo, nobilísimo pero pobre, a quien suele echar una
escala desde su cuarto para que la visite por las noches. Sube don Mendo y
cuenta que se a endeudado jugando a las cartas y a perdido el honor. Como
Magdalena quiere casarse con el rico don Pero, ofrece a don Mendo su collar de
perlas para que pague su deuda y luego marche a la guerra. En esto, don Pero que
pasaba cerca del castillo, ve la escala y sube por ella; al ruido aparece luego
don Nuño. Don Mendo ha prometido no deshonrar a Magdalena y jura que entro sólo
a robar el collar, a pesar de enterarse que ésta va a casarse con el de Toro.
En la jornada Segunda, Don Mendo esta preso en un torreón. Es el día de la
boda; Magdalena y don Pero entran a visitarle pues el futuro marido todavía
sospecha de la pretendida virginidad de Magdalena. Don Mendo sigue callando
aunque su antigua amante le manda emparedar vivo. Su amigo, el marqués de
Moncada, llega disfrazado de fraile y salva a su amigo don Mendo.
Jornada tercera: Campamento militar de don Pero. Cuentan a Moncada que se espera
al rey y que este es amante de Magdalena; aunque ella, que es muy casquivana,
adora a un misterioso trovador en quien Moncada reconoce a don Mendo. Los hilos
de la acción comienzan a enlazarse unos con otros. La reina se enamora del
Trovador y le cita en una cueva cercana; el Rey cita a Magdalena en el mismo
lugar y hora; Magdalena lo hace con el Trovador; el marido y el padre de ésta
lo oyen y acuden por su lado para lavar su honor; Azafaifa, mora que acompaña
al Trovador y le ama, va también para vengarse de su rival.
La Jornada Cuarta tiene lugar dentro de esta espaciosa cueva en la que se buscan
y evitan todos los personajes, empujados unos por el amor y otros por la
venganza. Anagnórisis dramática: el Trovador se da a conocer a Magdalena como
don Mendo. Don Pero se mata al ver que el Rey le deshonra con Magdalena y la
maldice, el Rey mata a don Nuño quien quería acabar con Magdalena y cae
maldiciendo a su hija también. Azofaifa apuñala a Magdalena y Don Mendo, al
saberlo, atraviesa a mora. Luego se suicida con el mismo puñal. La cueva queda
cubierta de cadáveres y de damas desmayadas.
El contenido temático
Las parodias teatrales suelen ser obras en un acto que
hacen reír a costa de las escenas o los aspectos más destacados de otra obra.
En cambio, La venganza de Don Mendo, como habían hecho antes Manojo de Cruz y
Muérete... y verás de Bretón de los Herreros, no apunta a ninguna en
particular sino a todo un género teatral.
Más que una "caricatura de tragedia" La venganza lo es de los dramas
históricos románticos y de los poéticos cuya estructura y características
principales conserva. Tiene lugar en siglo XII y durante el reinado de Alfonso
VII de Castilla. Alfonso llegó a titularse Emperador y guerreó con suerte
varia contra otros reyes cristianos y contra los moros. De su vida privada
sabemos que casó dos veces, la primera con Doña Bernegales, hija del conde de
Provenza, y que tuvo por amante a una hermosísima asturiana llamada Doña
Gontroda. Hasta aquí la historia. A la inventiva de Muñoz Seca se debe el modo
con que se comportan estos reyes y la resistencia de los otros personajes, así
como los nombres de los lugares geográficos citados.
El argumento muestra los desdichados efectos de una pasión defraudada; el amor
por Magdalena en la Primera Jornada, da lugar en la Segunda a una lucha en el
pecho de don Mendo entre la promesa de callar y el deseo de venganza, deseo que
aumenta en la Tercera al ver la veleidad de Magdalena, y que estalla en la
Cuarta para alcanzar a todos. Como los demás dramas históricos, don Mendo no
respeta ni la unidad de tiempo, pues la acción abarca un periodo indeterminado
de varios años, ni la de lugar, ya que los acontecimientos suceden en sitios
muy diversos, ni la de acción, complicada de tal modo que en la jornada Cuarta
apenas hay personaje sin su propio "lío" amoroso.
Los finales de acto son de gran efecto teatral y ponen de manifiesto una vez más
el dominio del arte escénico que tenía Muñoz Seca: la promesa de venganza que
hace don Mendo; su despedida enigmática al abandonar la cárcel; el baile
oriental; y un desenlace sangriento en el que el protagonista muere al tiempo
que revela su identidad; "Sabed qué menda... es don Mendo/ y don Mendo...
mató a menda". Finales todos semejantes a los que suelen darse en los
dramas históricos pero dotados en este caso de unos elementos paródicos que
los degradan y que cambia en risa lo que deberían haber sido emoción y lágrimas.
El reparto incluye galanes, damas y barbas, mensajeros, dueñas y trovadores, y
unos comparsas tan variopintos como numerosos para figurar ejércitos y
cortejos. Dan el toque exótico las moras y judías de Renato con sus danzas
orientales, el confidente, el confidente Ali-Fafez, y el gracioso conjuro en
"árabe" con el que Azofaifa hace hablar a los difuntos.
En cuanto a las situaciones, don Mendo trae ecos de muchas obras conocidas,
sobre todo de las propias del teatro romántico. Una buena parte del público de
Muñoz Seca, medianamente culto por sus lecturas o por frecuentar el teatro, no
podría menos de hallar cómico el encontrarse con personajes o situaciones
conocidas de otras obras, y caricaturizadas ahora.
Los personajes
Don Mendo, descrito como un "apuesto caballero como
de treinta años, bien vestido y mejor armado" es en lo fundamental el héroe
romántico enamorado, valeroso y galante. Es víctima de su respeto a los
valores caballerescos y no quebranta el juramento hecho a Magdalena aunque ésta
le engaña y pretende matarle. Al escapar de la cárcel abandona su identidad y
privilegios sociales para convertirse en un hombre nuevo, nombrado
apropiadamente Renato, el juglar errabundo, marcado por el destino:
Soy un ente, una quimera;
Soy un girón, una sombra;
Alguien sin patria y sin nombre...
Una aberración...un hombre
Que de ser hombre se asombra.
Cual una nota perdida
Con la ceniza en la frente,
Naufragaré en el torrente
Proceloso de la vida.
¿De qué viviré? ...¿Qué haré?
¿Dónde al cabo moriré?...
¿Aquí o allá?...¿Qué más da?...
¿Seré malo?...No lo sé.
¿Seré bueno? ¡ Qui lo sa?
A partir de ahora este misántropo tan sólo vive para venganza pero las mujeres
se vuelven tan locas por él – Azofaifa, Doña Berenguela, la marquesa de
Tarrasa, Magdalena sin reconocerle- que Moncada, asombrado, le pregunta: "¿Pero,
Mendo, qué las das?". El ser hombre de honor no impide que don Mendo
sienta debilidad por las cartas, por el cariñena y por las mujeres guapas y
todavía a punto de consumar su venganza, hace el don Juan alegremente del brazo
de Doña Berenguela.
Acostumbrados a unas angelicales heroínas fieles hasta la muerte y a otras
depravadas y diabólicas, Magdalena no resulta ni Isabel de Segura ni Lucrecia
Borgía sino una mujer amoral, calculadora y arribista. Puesta en la clásica
situación de escoger entre el amante pobre y el pretendiente rico impuesto por
el padre, prefiere al último porque Don Mendo "carece de fortuna/ y no es
amigo del rey... / no me conviene...", "quiero triunfar en la Corte, /
quiero brillar"(I, 159-64). Para Magdalena el fin justifica los medios y
como una despreocupada "Belle dame sans merci" no duda en quitar de en
medio al enamorado testigo de su deshonra. Como es experta en fingimientos suele
jurar en falso, engañar a todos, acusar de mentiroso hasta a su propio padre y
desmayarse cuando le conviene. Su incontinencia amorosa es notoria: se acuesta
con don Mendo porque la divierte, con el rey Alfonso, quien la conquistó
"al cabo de media hora", para medrar, con otros muchos por devaneo y,
encaprichada del trovador, le piropea y le persigue. Tampoco tiene inconveniente
la reina en jugársela a su regio consorte y enamora al trovador con democrático
desahogo. Tan sólo la dueña Doña Ramírez pretende ser la conciencia de
Magdalena pero ésta no le hace ningún caso con lo que la dueña concluye por
inhibirse tranquilamente.
Entre los protagonistas masculinos, don Nuño, padre de Magdalena, y don Pero,
esposo, hacen papeles de respeto de los que dan el tono moral a los dramas. Aquí,
en cambio, resultan ser unos pobres diablos que hablan campanudamente pero que
salen siempre engañados y acaban de modo ridículo. Muñoz Seca, que tan
aficionado fue a los toros, no escatimó chistes sobre los cuernos de sus
personajes: don Nuño se apellida Manso de Jarama, don Pero es duque de Toro y
el desdichado don Mendo, marqués de Cabra.
El decoro, esa "correspondencia entre la condición o índole de un
personaje y las acciones y modo de hablar que se le atribuyen en una obra
literaria", brilla aquí por su ausencia. Los contemporáneos de don Mendo
tienen muy pocos prejuicios morales y actúan con una frescura que regocija pues
la comicidad estriba aquí en el contraste entre lo que estas gentes deberían
ser y lo que son en realidad. El "fresco", según una de las
aceptaciones de la palabra que el Diccionario de la Academia tiene, es un
"desvergonzado, que no tiene empacho". Lo son Magdalena, la reina, don
Mendo y el mismo Alfonso VII quien visita a don Pero para citarse con Magdalena,
a la que pregunta , amoroso , mientras la ciñe la espada : "¿ Por qué no
me has escrito, vida mía?".
En fin, La venganza de Don Mendo es un drama de honor protagonizado por gentes
que no lo tienen. En lugar de principios morales hay conveniencias, en lugar de
amor, caprichos y líos de faldas. El drama concluye con tonos de vaudeville en
la escena de la cueva con una danza de maridos y de mujeres que evitan ser
vistos cuando engañan a sus cónyuges, y de maridos que se ofenden al descubrir
que sus esposas también les faltan.
La puesta en escena
Además del texto escrito hay otros elementos de capital
importancia en la obra de teatro como los decorados, las indicaciones acerca de
los personajes y de su modo de representar, y los efectos de luz o de sonido,
que caen dentro del dominio de la puesta en escena.
Los decorados en las cuatro jornadas son muy propios de las obras históricas:
sala de armas en un palacio, de noche; una mazmorra abovedada; campamento
militar entre árboles y con una ciudad amurallada en lontananza, y en el
interior de una gran cueva con una cascada y llena de galerías y recovecos. No
faltan esos cuadros coloristas y pomposos, tan característicos, como la llegada
del rey y su séquito al campamento (III), o la visita de don Pero y Magdalena a
la mazmorra, en la que "Entran en escena, primero dos frailes cistercianos,
caladas las capuchas, luego don Nuño, don Pero, el Abad con su gran mitra, don
Juan, don Tirso y don Crespo, tres nobles de Pravia, frailes, soldados, etc. Por
último entra Magdalena, con el traje de boda, apoyada en Doña Ninón» (II).
Sin embargo, el omnipresente afán paródico desvirtúa el dramatismo de las
situaciones o algún detalle inesperado las convierte en ridículas. La
presencia de don Mendo al pie del torreón de Magdalena se advierte por los
compases de «El relicario», un cuplé muy popular en tiempos de Muñoz Seca (I),
«trompetazos y musiquilla» solemnizan la llegada del monarca al campamento
(III) y para ver bien al trovador, Doña Berenguela se cala los impertinentes
(III). La misma comicidad por degradación tiene las acotaciones escénicas que
van dirigidas más a los lectores del texto que al director de escena. Así, la
dueña Doña Ramírez es «una mujer como de cincuenta, algo bigotuda y tal», y
Magdalena, al saber que su padre la destina a don Pero, acciona «aterrada, dejándose
caer sin fuerzas en una silla, digo sin fuerzas, porque si se deja caer con
fuerzas puede hacerse daño» (I).
La lengua paródica
Para Ricardo Senabre, fue Arniches quien inventó la «dislocación
expresiva» de la lengua, y ésta consiste en «la deformación intencionada de
vocablos y expresiones con fines humorísticos». En Arniches se inspiró Muñoz
Seca y sus obras abundan al nivel semántico en los chistes y juegos verbales
característicos de un género propio llamado astracán. Del astracán provienen
no pocos de los recursos de deformación semántica y fonética que caracterizan
los versos de don Mendo. En ellos, la dislocación, del lenguaje está
encaminada a ridiculizar un modo de escribir pretendidamente clásico que
resultaba ya solemnemente hueco y que iba sembrado de tópicos y de frases
hechas.
En primer lugar, hay aquí elementos de esa imitación convencional del
castellano antiguo llamada «fabla», jerigonza que usaron los románticos
siempre con poca fortuna:
Un collar Sancha tenía
y a don Lindo lo entregó
para perdelle y aluego
matalle sin compasión.
Que la noche que donóle
el collar..."