

31 de octubre de 2005
¡Muchísimas felicidades, Charo!
Alguien dijo una vez que la poesía es el reflejo del
alma. Debe serlo, porque esos poemas tan bellos no pueden salir de alguien cuyo
corazón no sea igual de noble.
Un día cualquiera nos hiciste estremecer con algún poema. Por eso quizá, ya
no fue un día como los demás. Y por eso quizá, nos gustaría decirte con los
brazos abiertos lo muchísimo que te queremos, y esperamos tenerte entre
nosotros mucho tiempo más.
Un beso muy fuerte de todos y... ¡a seguir cumpliendo años!

Esperamos, de corazón, que te guste nuestro regalo de cumpleaños, es decir, este texto que hemos decidido ponerte. Un beso enorme de todos.
Si
tienes un amigo, has merecido un don divino.
La amistad leal, sincera, desinteresada, es la verdadera comunión de las almas.
Es más fuerte que el amor, porque éste suele ser celoso, egoísta y
vulnerable. La verdadera amistad perdura y se fortalece a través del tiempo y
la distancia.
No se necesita ver frecuentemente al amigo para que la amistad perdure, basta
saber que éste responderá cuando sea necesario, con un acto de afecto, de
comprensión y aun de sacrificio.
La amistad no se conquista, no se impone; se cultiva como una flor; se abona con
pequeños detalles de cortesía, de ternura y de lealtad; se riega con las aguas
vivas de desinterés y de cariño silencioso. No importan las distancias, los
niveles sociales, los años o las culturas. La amistad lo borra todo.
El recuerdo del amigo lejano, del amigo de la niñez o el de la juventud,
produce la íntima alegría de haberlos conocido. Nuestra vida se enriqueció
con su contacto por breve que haya sido.
La felicidad del amigo nos da felicidad. Sus penas se vuelven nuestras porque
hay un maravilloso lazo invisible que une a los amigos. La amistad es bella
sobre toda ponderación.
Para el que tiene un amigo, no existe la soledad.

