UNA MUESTRA RECREA "EL ENIGMA SIN FIN" ENTRE
LORCA Y DALÍ.
El castillo de la localidad de Figueres acoge una exposición
permanente

Uno de los escenarios por donde circuló la
amistad entre Federico García Lorca y Salvador Dalí es, desde hoy, el centro
de una de las últimas exposiciones surgidas a raíz del centenario del pintor
ampurdanés, sucedido el pasado año. En el castillo de Figueres se puede ver «La
persistencia de la memoria», una serie de plafones en los que se resumen en imágenes
aquella relación entre dos genios de la cultura del siglo pasado, a partir del
comisariado de Vinyet Panyella.
Lorca y Dalí se conocieron en 1922 en la Residencia de Estudiantes de
Madrid, donde también entablarían amistad con nombres como Luis Buñuel,
Emilio Prados o Pepín Bello. Tras la muerte del poeta granadino, muchos han
querido profundizar en una de las relaciones más célebres de la llamada Edad
de Plata. Tras los pasos dejados por las investigaciones de Rafael Santos
Torroella, Ian Gibson y Agustín Sánchez Vidal, «La persistencia de la memoria»,
muestra presentada ayer en Figueres, quiere divulgar entre el gran público los
entresijos de lo que, todavía hoy, es un «enigma sin fin».
Según la comisaria de la exposición, Vinyet Panyella, «la muestra se ha
gestado a partir de las biografías artísticas de los dos personajes. He
seguido su relación personal a partir de sus obras artísticas y la exposición
está basada en la creatividad, no en la simple anécdota que todo el mundo
conoce».
Rostros ocultos. En la exposición se puede conocer de primera mano el
nacimiento de la llamada «época lorquiana», llamada así por Santos Torroella,
por la aparición de la efigie del poeta en la pintura del joven Salvador Dalí.
En este sentido, el visitante encontrará reproducciones de cuadros como «Naturaleza
muerta al claro de luna», «Homenaje a Satie» o «La sangre es más dulce que
la miel», cuadro en su día propiedad de Coco Chanel y hoy desgraciadamente
desaparecido, tal vez para siempre. Es en esta obra donde, entre un burro
podrido, manera daliniana de aludir al Platero de Juan Ramón, y un aparato y
mano, surge la cabeza de Federico García Lorca, a muy poca distancia de la del
pintor ampurdanés.
También hay espacio para las bromas privadas entre los dos genios, como la
obsesión del poeta por hacerse el muerto, las burlas a un tipo de cultura a
partir del concepto «putrefacto» o la recreación de Granada a través de las
callejuelas de Cadaqués según los decorados de Dalí para «Mariana Pineda»
de Lorca. La colaboración del catalán en «Un chien andalou» de Buñuel y la
publicación del «Romancero gitano» enfría la amistad. Cuando Federico García
Lorca muere asesinado, Salvador Dalí pintará su rostro en telas como «El
enigma sin fin» hasta culminar en la gran pintura «Torero alucinógeno». Tal
vez por esa razón, como puede verse en la muestra, Dalí se esforzó pronto en
hacer patente su homenaje al poeta a través de la escenografía de «Café de
Chinitas», una puesta en escena producida por el marqués de Cuevas, uno de los
principales mecenas del pintor, y con la intervención de Encarnación López Júlvez
«la Argentinita». La tragedia que supuso para Dalí perder a quien veía como
la amistad más importante de su juventud, acabó siendo una obsesión, hasta el
punto de repetir la palabra «Lorca» en algunos momentos de su larga agonía. A
ello hay que sumar el drama de, salvo contadísimas excepciones, la desaparición
de las cartas que el poeta envió al pintor, documentos que serían clave para
aclarar los interrogantes de aquella amistad nacida en la Residencia de
Estuciantes. Asimismo todavía también queda por saber qué ha sucedido con el
archivo familiar, guardado por Anna Maria Dalí, y hoy demasiado disperso entre
colecciones privadas y algún museo, con la pérdida de apuntes, libros y otra
documentación de indudable valor histórico.
Museo. La comisaria de la muestra, Vinyet Panyella, ya avanzó ayer que «si
Figueres se plantea tener una exposición permanente a partir de esta muestra,
es evidente que se debería de replantear porque una exposición temporal es muy
diferente a una permanente y a ésta todavía no se le ha dado una dimensión
museística». En respuesta a este hecho, la concejal de Cultura de Figueres,
Isabel Pineda, aclaró que «de momento, queremos ver cómo responde el público
durante los meses que permanezca expuesta en el castillo». Será el público
quien decida ahora sobre el destino de la muestra que abre sus puertas hoy a
todos aquellos interesados en conocer aquella inolvidable amistad.
Lorca y Dalí se conocieron en 1922 en la Residencia de Estudiantes de
Madrid, donde también entablarían amistad con nombres como Luis Buñuel,
Emilio Prados o Pepín Bello. Tras la muerte del poeta granadino, muchos han
querido profundizar en una de las relaciones más célebres de la llamada Edad
de Plata. Tras los pasos dejados por las investigaciones de Rafael Santos
Torroella, Ian Gibson y Agustín Sánchez Vidal, «La persistencia de la memoria»,
muestra presentada ayer en Figueres, quiere divulgar entre el gran público los
entresijos de lo que, todavía hoy, es un «enigma sin fin».
Según la comisaria de la exposición, Vinyet Panyella, «la muestra se ha
gestado a partir de las biografías artísticas de los dos personajes. He
seguido su relación personal a partir de sus obras artísticas y la exposición
está basada en la creatividad, no en la simple anécdota que todo el mundo
conoce».
Rostros ocultos. En la exposición se puede conocer de primera mano el
nacimiento de la llamada «época lorquiana», llamada así por Santos Torroella,
por la aparición de la efigie del poeta en la pintura del joven Salvador Dalí.
En este sentido, el visitante encontrará reproducciones de cuadros como «Naturaleza
muerta al claro de luna», «Homenaje a Satie» o «La sangre es más dulce que
la miel», cuadro en su día propiedad de Coco Chanel y hoy desgraciadamente
desaparecido, tal vez para siempre. Es en esta obra donde, entre un burro
podrido, manera daliniana de aludir al Platero de Juan Ramón, y un aparato y
mano, surge la cabeza de Federico García Lorca, a muy poca distancia de la del
pintor ampurdanés.
También hay espacio para las bromas privadas entre los dos genios, como la
obsesión del poeta por hacerse el muerto, las burlas a un tipo de cultura a
partir del concepto «putrefacto» o la recreación de Granada a través de las
callejuelas de Cadaqués según los decorados de Dalí para «Mariana Pineda»
de Lorca. La colaboración del catalán en «Un chien andalou» de Buñuel y la
publicación del «Romancero gitano» enfría la amistad. Cuando Federico García
Lorca muere asesinado, Salvador Dalí pintará su rostro en telas como «El
enigma sin fin» hasta culminar en la gran pintura «Torero alucinógeno». Tal
vez por esa razón, como puede verse en la muestra, Dalí se esforzó pronto en
hacer patente su homenaje al poeta a través de la escenografía de «Café de
Chinitas», una puesta en escena producida por el marqués de Cuevas, uno de los
principales mecenas del pintor, y con la intervención de Encarnación López Júlvez
«la Argentinita». La tragedia que supuso para Dalí perder a quien veía como
la amistad más importante de su juventud, acabó siendo una obsesión, hasta el
punto de repetir la palabra «Lorca» en algunos momentos de su larga agonía. A
ello hay que sumar el drama de, salvo contadísimas excepciones, la desaparición
de las cartas que el poeta envió al pintor, documentos que serían clave para
aclarar los interrogantes de aquella amistad nacida en la Residencia de
Estuciantes. Asimismo todavía también queda por saber qué ha sucedido con el
archivo familiar, guardado por Anna Maria Dalí, y hoy demasiado disperso entre
colecciones privadas y algún museo, con la pérdida de apuntes, libros y otra
documentación de indudable valor histórico.
Museo. La comisaria de la muestra, Vinyet Panyella, ya avanzó ayer que «si
Figueres se plantea tener una exposición permanente a partir de esta muestra,
es evidente que se debería de replantear porque una exposición temporal es muy
diferente a una permanente y a ésta todavía no se le ha dado una dimensión
museística». En respuesta a este hecho, la concejal de Cultura de Figueres,
Isabel Pineda, aclaró que «de momento, queremos ver cómo responde el público
durante los meses que permanezca expuesta en el castillo». Será el público
quien decida ahora sobre el destino de la muestra que abre sus puertas hoy a
todos aquellos interesados en conocer aquella inolvidable amistad.
(Artículo de Victor Fernández,publicado el 7/05/05 y reproducido de La Razón Digit@l)