1.3 RAYOS X.
Radiación electromagnética penetrante, con una
longitud de onda menor que la luz visible, producida bombardeando un blanco
—generalmente de volframio— con electrones de alta velocidad. Los rayos X fueron
descubiertos de forma accidental en 1895 por el físico alemán Wilhelm
Conrad Roentgen mientras estudiaba los rayos catódicos en un tubo de
descarga gaseosa de alto voltaje. A pesar de que el tubo estaba dentro de una
caja de cartón negro, Roentgen vio que una pantalla de platinocianuro de bario,
que casualmente estaba cerca, emitía luz fluorescente siempre que funcionaba el
tubo. Tras realizar experimentos adicionales, determinó que la fluorescencia se
debía a una radiación invisible más penetrante que la radiación
ultravioleta. Roentgen llamó a los rayos invisibles “rayos X” por su naturaleza desconocida. Posteriormente,
los rayos X fueron también denominados rayos Roentgen en su honor.
1.3.1 Naturaleza de los rayos X
Los rayos X son radiaciones electromagnéticas cuya longitud de
onda va desde unos 10 nm hasta 0,001 nm (1 nm o nanómetro equivale a 10-9 m). Cuanto menor es la longitud de onda de los rayos X,
mayores son su energía y poder de penetración. Los rayos de mayor longitud de
onda, cercanos a la banda ultravioleta del espectro electromagnético, se
conocen como rayos X
blandos; los de menor longitud de onda, que están más próximos a la zona de
rayos gamma o incluso se solapan con ésta, se denominan rayos X duros. Los rayos X formados por una mezcla de muchas longitudes de onda
diferentes se conocen como rayos X ‘blancos’, para diferenciarlos de los rayos X
monocromáticos, que tienen una única longitud de onda. Tanto la luz visible
como los rayos X se
producen a raíz de las transiciones de los electrones atómicos de una órbita
a otra. La luz visible corresponde a transiciones de electrones externos y los
rayos X a
transiciones de electrones internos. En el caso de la radiación de frenado o bremsstrahlung,
los rayos X se
producen por el frenado o deflexión de electrones libres que atraviesan un
campo eléctrico intenso. Los rayos gamma, cuyos efectos son similares a los de
los rayos X, se
producen por transiciones de energía en el interior de núcleos excitados.
Los rayos X se producen siempre que se bombardea un objeto
material con electrones de alta velocidad. Gran parte de la energía de los
electrones se pierde en forma de calor; el resto produce rayos X al
provocar cambios en los átomos del blanco como resultado del impacto. Los rayos X
emitidos no pueden tener una energía mayor que la energía cinética de los
electrones que los producen. La radiación emitida no es monocromática, sino
que se compone de una amplia gama de longitudes de onda, con un marcado límite
inferior que corresponde a la energía máxima de los electrones empleados para
el bombardeo. Este espectro continuo se denomina a veces con el término alemán
bremsstrahlung, que significa
‘radiación de frenado’, y es independiente de la naturaleza del blanco. Si
se analizan los rayos X emitidos con un espectrómetro de rayos X, se encuentran ciertas líneas definidas
superpuestas sobre el espectro continuo; estas líneas, conocidas como rayos X
característicos, corresponden a longitudes de onda que dependen exclusivamente
de la estructura de los átomos del blanco. En otras palabras, un electrón de
alta velocidad que choca contra el blanco puede hacer dos cosas: inducir la
emisión de rayos X de cualquier energía menor que su energía cinética
o provocar la emisión de rayos X de energías determinadas, que dependen de la
naturaleza de los átomos del blanco.
El primer tubo de rayos X fue el tubo
de Crookes, llamado así en honor a su inventor, el químico y físico británico
William Crookes; se trata de una
ampolla de vidrio bajo vacío parcial con dos electrodos. Cuando una corriente
eléctrica pasa por un tubo de Crookes, el gas residual que contiene se ioniza,
y los iones positivos golpean el cátodo y expulsan electrones del mismo. Estos
electrones, que forman un haz de rayos catódicos, bombardean las paredes de
vidrio del tubo y producen rayos X. Estos tubos sólo generan rayos X
blandos, de baja energía.
Un primer perfeccionamiento del tubo de rayos X fue la
introducción de un cátodo curvo para concentrar el haz de electrones sobre un
blanco de metal pesado, llamado anticátodo o ánodo. Este tipo de tubos genera
rayos más duros, con menor longitud de onda y mayor energía que los del tubo
de Crookes original; sin embargo, su funcionamiento es errático porque la
producción de rayos X depende de la presión del gas en el tubo.
La siguiente gran mejora la llevó a cabo en 1913 el físico
estadounidense William David Coolidge. El tubo de Coolidge tiene un vacío muy
alto y contiene un filamento calentado y un blanco. Esencialmente, es un tubo de
vacío termoiónico en el que el cátodo emite electrones al ser calentado por
una corriente auxiliar, y no al ser golpeado por iones, como ocurría en los
anteriores tipos de tubos. Los electrones emitidos por el cátodo calentado se
aceleran mediante la aplicación de una alta tensión entre los dos electrodos
del tubo. Al aumentar la tensión disminuye la longitud de onda mínima de la
radiación.
La mayoría de los tubos de rayos X que se
emplean en la actualidad son tubos de Coolidge modificados. Los tubos más
grandes y potentes tienen anticátodos refrigerados por agua para impedir que se
fundan por el bombardeo de electrones. El tubo antichoque, muy utilizado, es una
modificación del tubo de Coolidge, con un mejor aislamiento de la carcasa
(mediante aceite) y cables de alimentación conectados a tierra. Los aparatos
como el betatrón se emplean para producir rayos X muy duros, de longitud de onda menor que la de los
rayos gamma emitidos por elementos naturalmente radiactivos.
D=(nλ)/2senθ
d: Distancia en los cristales
1.3.3 Propiedades de los rayos
X
Los rayos X afectan a una emulsión fotográfica del mismo modo
que lo hace la luz. La absorción de rayos X por una sustancia depende de su densidad y masa atómica.
Cuanto menor sea la masa atómica del material, más transparente será a los
rayos X de una longitud de onda determinada. Cuando se
irradia el cuerpo humano con rayos X, los huesos —compuestos de elementos con mayor
masa atómica que los tejidos circundantes— absorben la radiación con más
eficacia, por lo que producen sombras más oscuras sobre una placa fotográfica.
En la actualidad se utiliza radiación de neutrones para algunos tipos de
radiografía, y los resultados son casi los inversos. Los objetos que producen
sombras oscuras en una imagen de rayos X aparecen casi siempre claros en una radiografía de
neutrones.
Los rayos X pueden difractarse al atravesar un cristal, o ser
dispersados por él, ya que el cristal está formado por redes de átomos
regulares que actúan como redes de difracción muy finas. Los diagramas de
interferencia resultantes pueden fotografiarse y analizarse para determinar la
longitud de onda de los rayos X incidentes o la distancia entre los átomos del
cristal, según cuál de ambos datos se desconozca. Los rayos X también
pueden difractarse mediante redes de difracción rayadas si su espaciado es
aproximadamente igual a la longitud de onda de los rayos X.
(Vease Anexo 2)
1.3.4
Aplicaciones de los rayos X
Los rayos X se emplean sobre todo en los campos de la
investigación científica, la industria y la medicina.
Investigación
El estudio de los rayos X ha desempeñado un papel primordial en la física teórica,
sobre todo en el desarrollo de la mecánica cuántica. Como herramienta de
investigación, los rayos X han permitido confirmar experimentalmente las teorías cristalográficas.
Utilizando métodos de difracción de rayos X es posible identificar las sustancias cristalinas y
determinar su estructura. Casi todos los conocimientos actuales en este campo se
han obtenido o verificado mediante análisis con rayos X. Los métodos de difracción de rayos X también pueden aplicarse a sustancias pulverizadas
que, sin ser cristalinas, presentan alguna regularidad en su estructura
molecular. Mediante estos métodos es posible identificar sustancias químicas y
determinar el tamaño de partículas ultramicroscópicas. Los elementos químicos
y sus isótopos pueden identificarse mediante espectroscopia de rayos X, que determina las longitudes de onda de sus
espectros de líneas característicos. Varios elementos fueron descubiertos
mediante el análisis de espectros de rayos X.
Algunas aplicaciones recientes de los rayos X en la investigación van adquiriendo cada vez más importancia. La microrradiografía, por ejemplo, produce imágenes de alta resolución que pueden ampliarse considerablemente. Dos radiografías pueden combinarse en un proyector para producir una imagen tridimensional llamada estereorradiograma. La radiografía en color también se emplea para mejorar el detalle; en este proceso, las diferencias en la absorción de rayos X por una muestra se representan como colores distintos. La microsonda de electrones, que utiliza un haz de electrones muy preciso para generar rayos X sobre una muestra en una superficie de sólo una micra cuadrada, proporciona también una información muy detallada.[1]
Sugerencias

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Nicolas Serna Machado

[1]"Rayos
X", Enciclopedia Microsoft®
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