La paradoja de la hegemonía
Claudio Fuentes.
El Mostrador (Santiago) 28 de julio, 2004
[28.07.2004]
En economía, las externalidades se refieren a los efectos que produce una acción
y que no están contemplados en la planificación original. El caso Pinochet–Parte
II “Las cuentas bancarias”, es una más de una serie de “externalidades”
producidas a partir del atentado del 11 de septiembre del 2001.
Para muchos, Estados Unidos después del sangriento atentado del 11-S generó una
serie de externalidades luego de adoptar una estrategia de guerra preventiva.
Esas externalidades han incluido un incremento de la actividad terrorista
mundial, la polarización de la relación entre Occidente y el mundo Arabe, el
aumento de la venta de armas a nivel mundial, la agudización del conflicto
palestino-israelí y un serio cuestionamiento a Naciones Unidas como espacios
para prevenir y resolver conflictos.
En un esquema de unipolarismo estratégico mundial, los costos de las acciones
unilaterales de la primera potencia mundial parecían derramarse por el mundo,
incrementando la incertidumbre y desconfianza internacional, no sólo de los
líderes sino que del conjunto de la sociedad. Una encuesta publicada en marzo de
2003 por el Centro de Investigación PEW mostraba una fuerte baja en el apoyo de
la opinión pública en Gran Bretaña, España, Italia, Alemania, Turquía, Polonia y
Rusia hacia Estados Unidos. Mientras en el año 2000 sobre el 60 por ciento de la
población tenía una imagen positiva de la primera potencia, en el año 2003 dicho
promedio no superaba el 25 por ciento.
El esquema de política unilateral de carácter global ha tenido su límite. La
complejidad del proceso de reconstrucción de Irak y los problemas económicos de
la primera potencia han obligado a George W. Bush a buscar el apoyo
internacional para salir airoso de la crisis de Irak. Aplicando un gran
pragmatismo, Bush buscó involucrar a Naciones Unidas en el proceso de
reconstrucción y se dispuso a negociar un acuerdo de cooperación con Libia, uno
de los estados que estaba en la “lista negra” de naciones por poseer armas de
destrucción masiva.
No obstante, una de las paradojas de la hegemonía es el surgimiento de otras
externalidades pocas veces reconocidas como tal. Una de ellas se relaciona con
el descubrimiento de delitos económicos por parte de insignes ex–dictadores
cuando lo que el Senado de Estados Unidos estaba buscando era capturar los
dineros ilícitos que llegan finalmente a manos de organizaciones terroristas.
En efecto, el objetivo del gobierno de Estados Unidos no es precisamente
capturar ex–dictadores sino que resolver el gran problema de cómo controlar el
lavado de dinero, es decir, la conversión de dinero ilícito en lícito, y cómo
evitar el traspaso de dinero a organizaciones terroristas. Se trata, sin duda,
de una tarea compleja y de no fácil resolución, pues toca los intereses de
muchas personas que sin ser terroristas utilizan el sistema financiero en su
beneficio personal.
Por ejemplo, después del 11-S y por espacio de dos años una agencia ilegal de
dinero realizó transacciones por cerca de mil millones de dólares desde un banco
en New Jersey sin que fuese controlada. A comienzos de 2004, la Reserva Federal
estadounidense descubrió que un banco suizo había transferido en dinero efectivo
más de 5 mil millones de dólares a países sobre los cuales existían
prohibiciones expresas para hacer negocios. En Mayo, el Departamento del Tesoro
multó por la suma de 25 millones de dólares al Riggs Bank por no haber informado
a las autoridades de actividades financieras ilegales relacionadas a Arabia
Saudita.
En la actualidad, ni Estados Unidos ni muchos otros países del mundo cuentan con
sistemas de control financiero eficientes. Las investigaciones realizadas por
diversas instituciones burocráticas de ese país han revelado una falla
estructural del sistema. Pese a la relevancia del tema y la formulación de
legislación e investigaciones específicas, parece ser que existen fuertes
resistencias para implementar cambios que establezcan un mecanismo eficiente.
Como una anécdota más, después de casi tres años de aprobada una Acta en el
Congreso para regular el tema, todavía no aprueba un reglamento que
operacionalice el espíritu de la ley.
Así y todo, el caso Pinochet (Parte II) se ha transformado en un efecto no
esperado de un gobierno que, al buscar controlar terroristas islámicos, terminó
contribuyendo al levantamiento de un tupido velo que cubría partes de nuestra
pactada transición. Paradójicamente, la hegemonía estadounidense ha generado
externalidades positivas que contribuyen a reforzar el estado de derecho y
reafirmar la necesidad de avanzar en una agenda pro-transparencia.