Chile, ¿país democrático?
 

Claudio Fuentes
La Tercera, Santiago:  30-08-2005


Las reformas constitucionales recientemente aprobadas marcarán un hito en nuestro país. Cuando el próximo 17 de septiembre el Presidente Lagos firme la ley fundamental, nuestras instituciones serán un poco más democráticas. ¡Quién puede dudarlo! Aquel paso gigantesco podría llevar a pensar que la tarea democratizadora ha culminado, que ya tenemos una Constitución democrática y, como corolario, firmada por un Presidente elegido democráticamente.

El problema es el siguiente: la democracia no sólo se mide por la cantidad de enclaves eliminados, sino por la calidad de sus instituciones. Pasemos una breve revista a los principales déficit democráticos.

Primero, nunca en su historia el país ha tenido una Constitución refrendada por la voluntad del conjunto de la población en edad de votar que, en un acto libre y soberano, concurre a ratificar tal Carta Magna. Mientras en la casi totalidad de los países de América Latina donde se ha restablecido la democracia se promulgaron nuevas Constituciones, Chile constituye la excepción a la regla. Se trata de una carta refrendada popularmente, pero en un marco de serias restricciones a las libertades ciudadanas. Así, la Constitución de 1980 tiene un problema de legitimidad de origen que será necesario encarar.

En segundo lugar, un sistema político debe permitir que la población adulta pueda ejercer su derecho al voto y hoy no lo está haciendo por dos razones. Primero, porque existe un sistema de inscripción electoral que inhibe el ejercicio de la ciudadanía y que incluso va contra la propia Constitución, ya que esta última establece que todas las personas mayores de 18 años son ciudadanos, es decir, con derecho a sufragio: la inscripción electoral voluntaria en los siete primeros días del mes de 9 a 12 AM en un lugar de difícil paradero es, sin duda, un desincentivo mayor para la participación. Segundo, las condiciones establecidas para votar inhiben que las personas con discapacidades serias puedan efectivamente ejercer su derecho a voto. Estamos hablando de más de 200 mil personas adultas que simplemente no pueden sufragar porque las instalaciones son inadecuadas o simplemente no se emiten votos con sistema Braille.

En tercer lugar, sabemos que un sistema político debe garantizar suficientes grados de estabilidad y representatividad. Una estructura altamente fragmentada impide llegar a consensos básicos y dificulta la acción de los gobiernos. Así, un sistema debe colocar adecuadas barreras de entrada para forzar a las fuerzas pequeñas a que actúen en coalición. El problema de Chile es que exagera aquellas barreras de entrada, inhibiendo la posibilidad de que terceras o, inclusive, cuartas fuerzas tengan acceso. Hoy, fuerzas políticas que podrían llegar a representar entre un 9% y 15% no tienen cabida en el Congreso lo que es, por decir lo menos, una anomalía en un país democrático.

Cuarto, lo anterior se acompaña por la inexistencia de democracia interna en los partidos. Dado que el sistema binominal asegura al menos un cupo parlamentario para las dos coaliciones principales, asistimos a negociaciones de la elite de tales coaliciones para definir quiénes serán los futuros "representantes de la ciudadanía". La democracia interna funciona ocasionalmente cuando no se logra un consenso. Esta práctica
aleja todavía más a los ciudadanos de los partidos políticos, profundizando la brecha existente.

Ese panorama nos coloca muy por debajo de la media latinoamericana en una serie de indicadores. Hoy, Chile es considerado el tercer país de la región con la peor proporcionalidad electoral de América Latina, esto es, la diferencia entre los votos obtenidos y los asientos en el Congreso. Hoy, el conjunto de los diputados representa sólo al 54% de la población adulta en edad de votar; hoy Chile se ubica muy por debajo de la media
latinoamericana en cuanto a la representación de la mujer en cargos públicos; hoy los partidos políticos constituyen una de las instituciones menos prestigiadas de la sociedad. Nuestra democracia está en problemas y tenemos que hacer algo.

 

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