Las señales que dio Bush
Por Claudio Fuentes
La Tercera, 24 de noviembre, 2004
Circunstancialmente, Santiago de Chile se
transformó en el lugar donde el Presidente George W. Bush delineó lo que serán
los próximos cuatro años de su administración. Se trataba del primer viaje luego
de ser reelecto y, por lo tanto, aprovecharía la oportunidad para marcar su
agenda diplomática. Y así sucedió.
Primero, demostró hasta el cansancio que su principal preocupación por los
próximos años será la proliferación nuclear y el desarrollo de armas de
destrucción masiva en países clasificados como "estados paria", principalmente
Corea del Norte, Libia e Irán. En Santiago, el Presidente Bush intentó un
acercamiento con China, Rusia, Corea del Sur y Japón. Esto, porque no está
dispuesto a asumir el costo político de un diálogo bilateral con Corea del Norte
que podría fracasar.
Segundo, y como resultado de lo anterior, reforzó su estrategia de buscar un
ordenamiento del sistema internacional en torno a coaliciones flexibles y no
recurrir a organismos internacionales para abordar temas de seguridad
internacional. Hoy a Estados Unidos le acomodan foros como Apec, porque le
permiten establecer compromisos genéricos y no vinculantes. En el caso
Latinoamericano, la falta de acuerdos en torno al comercio llevó a ese país a
bilateralizar su agenda, buscando separadamente activar mecanismos de
liberalización del comercio.
Tercero, también demostró un interesante juego de poder al acercarse a China y
distanciarse de Rusia. Con el primero buscó establecer un diálogo económico para
resolver la debilidad del dólar y promover un diálogo político con su garantía
de que no promoverá la independencia de Taiwán. Con Rusia, en cambio, fue
crítico con la forma en que a su juicio se ha erosionado la institucionalidad
democrática de ese país, aunque comparten la visión frente a la necesidad de
enfrentar el terrorismo.
Cuarto, el mensaje para América Latina fue claro al delinear una agenda de
cuatro puntos: estabilidad política, libre comercio, migraciones y narcotráfico.
Para Estados Unidos Chile simboliza la combinación de estabilidad política
democrática y libertad de comercio. El diálogo con México estuvo centrado en el
problema de las migraciones, tema donde no se esperan resultados a corto plazo.
Finalmente, la visita del Presidente Bush a Colombia inmediatamente después de
Apec es la mejor manifestación de que EEUU colocará todos sus esfuerzos en
apoyar el plan patriota del Presidente Uribe.
Para la región, la mejor oportunidad de diálogo con Estados Unidos se centra en
la lucha contra la corrupción, el lavado de dinero y el fortalecimiento de las
instituciones democráticas. Allí Chile podría jugar un rol importante dentro de
la región, al traspasar apoyo técnico para el proceso de modernización de los
estados.
En la relación bilateral Estados Unidos-Chile, se reforzaron las señales de
acercamiento, pero, al mismo tiempo, el gobierno chileno hizo explícito su
interés por trabajar en el reforzamiento del multilateralismo. Chile, entonces,
no se percibe como un aliado incondicional de EEUU, aunque comparte una sociedad
comercial.
Finalmente, los encuentros del encargado de asuntos hemisféricos, Roger Noriega,
con los partidos de oposición tampoco son un hecho que pasó inadvertido. No es
un misterio la relación de amistad que existe entre los sectores conservadores
ligados al Presidente Bush con la oposición chilena. De hecho, el propio Noriega
reconoció la existencia de una comunidad valórica entre ambos y el rol que
Estados Unidos podría jugar en la proyección de aquellos valores hacia el
hemisferio. En el marco de las elecciones presidenciales del 2005, la pregunta
sería si un eventual triunfo del alcalde Lavín mantendría inalterados los
principios de política exterior desarrollados por la Concertación o bien, dada
la comunidad de valores existente, se optaría por establecer una alianza más
cercana con la primera potencia del mundo. Una pregunta que seguramente será
respondida en el debate programático del próximo año.