La transición de los militares
La Tercera, 22 de septiembre de 2006. por Claudio Fuentes Saavedra
[22.09.2006] Muchos han intentado cerrar
la transición pero, por tratarse de un proceso progresivo, nadie ha podido
definir con certeza su momento de cierre. Esta semana, el comandante en jefe del
Ejército, general Oscar Izurieta, marcó el fin a su propia transición
institucional indicando que “para el Ejército la transición está terminada”. A
reglón seguido sostuvo que “cuando terminen todos esos procesos (por violaciones
a los derechos humanos) vamos a dar por terminada definitivamente la
transición”.
Se trataría entonces de un curioso proceso que terminó pero no acaba de
terminar. Pese a advertirse una aparente contradicción en sus dichos, sus
palabras nos muestran la existencia de varias transiciones operando
simultáneamente en lo relativo a los militares.
La primera transición es política. A partir de 1998, y con mayor fuerza después
del 2004, se observó una nítida separación de la figura del general Pinochet, el
régimen militar y las fuerzas armadas. Lo anterior fue acompañado por una no
menor transformación en los propios partidos que apoyaron al régimen militar y
que han comenzado a reconocer la atrocidad de las violaciones a los derechos
humanos e incluso a valorar la necesidad de un “nunca más”.
Aunque podríamos decir que con la salida del general Pinochet del Ejército se
cerró una etapa; de esa transición todavía quedan asuntos pendientes, siendo lo
más significativo los juicios por violación a los derechos humanos. Su
resolución no depende de los militares sino que de un debate político sobre la
aplicabilidad de la ley de amnistía. Hasta el momento, la opción ha sido
transferir una responsabilidad que es esencialmente política a los tribunales,
esperando que allí se produzca una solución definitiva. La experiencia comparada
(véase Uruguay y Argentina) demuestra que el tema persistirá, ya sea a través de
la apertura de nuevos casos o bajo la forma de denuncias en instancias
internacionales.
Una segunda transición es constitucional. En el año 2005 culminó un importante
ciclo al concretarse un acuerdo político fundamental sobre los roles
constitucionales de las fuerzas armadas, la reafirmación de la autoridad
presidencial y la no ingerencia de las instituciones castrenses en asuntos
políticos al eliminarse los senadores designados y modificarse
significativamente el rol del Consejo de Seguridad Nacional.
La tercera transición es institucional y de más reciente data. Se trata del
proceso de modernización interno al sector de Defensa que originalmente fue
estimulado desde las propias ramas. Hoy, esta agenda fue asumida por las
autoridades políticas y considera cuatro dimensiones: modernización del sistema
de decisiones de la defensa (centrado en la reforma al ministerio de Defensa);
profesionalización de la carrera militar; asignación de recursos para el sector
incluyendo sistema de evaluación de proyectos, adquisiciones, industria, y
previsión; y el rol internacional de la defensa focalizado en operaciones de paz
y fortalecimiento de medidas de confianza mutua.
En la transición chilena los procesos políticos se superponen, pero no se
cierran. Hoy se inaugura un período centrado en lo profesional, pero donde
persistirán temas del pasado. Por eso, la transición termina, pero no termina.