El Discutido acceso de Bolivia al Mar
Claudio Fuentes. La Tercera, 18 de abril, 2006
Por primera vez en muchos años se discute pública
y abiertamente en Chile una solución al acceso de Bolivia al Océano Pacífico, lo
que sin duda es una novedad. La política exterior chilena ha insistido en una
agenda sin exclusiones que, junto con promover la facilitación del tránsito de
bienes y servicios en la frontera, considera la búsqueda de una fórmula de
salida de Bolivia al mar. El ministro Foxley sostuvo este domingo que "como
posibilidad", no se excluye el acceso soberano al mar.
En Bolivia, en tanto, han surgido las primeras voces públicas favorables a
buscar salida al mar sin soberanía. El ex diplomático Fernando Salazar planteó
la noción de una administración con "supremacía territorial" pero sin soberanía.
Por su parte, el ex vicepresidente Luis Ossio se mostró partidario del
establecimiento de dos enclaves, uno que permita a Chile acceder al Atlántico
por la hidrovía Paraguay-Paraná y otro para Bolivia en la zona portuaria de
Mejillones.
Las dos guindas que coronan la torta han sido, sin duda, la declaración del
vicepresidente Alvaro García Linera indicando que la estrategia marítima
boliviana contempla el tratamiento bilateral del tema. Por su parte, el gobierno
de Chile insistió que las conversaciones con Bolivia debieran incluir "una
agenda amplia, sin exclusiones". Se están produciendo condiciones para un
acercamiento bilateral y aquello es positivo.
La solución a este delicado tema requiere mucho ingenio, diplomacia de alto
nivel y cautela. Ingenio para encontrar soluciones que dejen satisfechas a las
partes. El signo esperanzador del actual momento es que se están flexibilizando
las posiciones en ambos países y ya se introducen nuevos conceptos ("soberanía
compartida", "supremacía", "administración de enclave", etc.). Se necesita de
una diplomacia de alto nivel porque en esta etapa de la relación los dichos y
acciones de cualquier autoridad pueden ser mal interpretados. Se requiere
establecer puentes de diálogo y confianza que reduzcan los "ruidos" generados
por actores políticos y sociales con intereses creados. La construcción de
confianza implica la voluntad de ceder, pero también la capacidad de los actores
de entender cuáles serán los límites de lo posible en cada contexto nacional.
Adicionalmente, se requiere actuar con extrema cautela. ¿En qué minuto los
actores se sentarán a la mesa? ¿En qué formato lo harán?, ¿Con qué agenda?, ¿Se
incluirá a Perú en parte de la solución si se ve afectado el tratado de 1929?
Son interrogantes que deberán resolverse bilateralmente. Cada paso debiera
incrementar los espacios de confianza y no producir el efecto contrario. Un
avance significativo podría producirse después de la Asamblea Constituyente de
Bolivia, en agosto próximo.
El acceso de Bolivia al mar es un asunto esencialmente bilateral, tiene
potencialidades de convertirse en trilateral (Bolivia-Chile-Perú) e implica una
preocupación multilateral. En una región crecientemente multilateralizada no
debiera sorprender que otros países y organismos multilaterales manifiesten su
preocupación por el tema, más cuando se trata de un problema que tiene efectos
en el desarrollo y la estabilidad de las naciones. En este sentido, la visita
del secretario general Insulza a Bolivia tiene un doble valor político: por una
parte, se trata de la visita a un país que objetó su candidatura en junio de
2005 y, por otra parte, la máxima autoridad de la OEA conversará con el gobierno
boliviano en torno a un sinnúmero de temas.
No obstante, se requiere distinguir entre la "preocupación" que una instancia
multilateral como la OEA podría tener por un asunto bilateral, y su potencial
"intervención" en la solución del problema. El mandato de la OEA define como
condición para iniciar un proceso de mediación o concertación el consentimiento
de las partes. Hoy, enfrentamos las condiciones ideales para iniciar un debate
bilateral bajo la mirada atenta de instancias multilaterales. Los tiempos
políticos parecen acompañar a ambos gobiernos y esperemos que las autoridades de
estos países aprovechen una oportunidad que se da en contadas ocasiones en la
historia diplomática