Los Lazos USA-América Latina
Por Claudio Fuentes
La Tercera, 9 de Octubre, 2004
El tiempo que dedicaron los candidatos John F.
Kerry y George W. Bush a tratar los temas relacionados con América Latina en el
debate presidencial sobre política exterior fue cero. Esta situación podría
extrañar cuando el segundo destino de cooperación internacional de Estados
Unidos es Colombia o cuando los latinos son la primera minoría de ese país.
No obstante, la marginalidad de América Latina en las prioridades de Estados
Unidos no es novedad. Desde el punto estratégico y económico, América Latina
sólo ocasionalmente ha ocupado un lugar preferente en la atención de los
tomadores de decisión de la Casa Blanca. En el siglo XIX, vinculado con las
pretensiones de otros poderes de controlar territorios en el continente, y en
siglo XX, con la disputa ideológica con la URSS.
Tampoco debería llamar la atención que el interés por la región se haya
incrementado sólo cuando los intereses económicos, estratégicos y políticos
vitales de la potencia del norte se han visto amenazados. Entre aquellos
intereses se cuenta la libertad de navegación para asegurar el libre comercio,
la estabilidad financiera, el acceso a recursos naturales, las migraciones y la
contención del tráfico de drogas.
Dos momentos de optimismo convendría destacar. En la década de los 60 se
promovió una alianza para el progreso que partía de la premisa de que moderadas
reformas estructurales y cooperación para el desarrollo producirían la ansiada
modernización de la región. Este experimento terminó en una ola de frustración y
desencanto.
La década de los 90 abrió nuevas esperanzas para un cambio en la relación. Los
principales asesores de los gobiernos de Bush padre y Bill Clinton sostenían que
la combinación virtuosa de democracia y libre comercio generaría condiciones de
gobernabilidad y desarrollo en el continente. Mientras la agencia de cooperación
estadounidense apoyó la democratización del continente, los gobiernos se
embarcaron en una ambiciosa agenda de liberalización del comercio a través de un
acuerdo de libre comercio de las Américas.
Sin embargo, en los cuatro primeros años del siglo XXI se han alterado
significativamente las expectativas de cooperación. En primer lugar, la promesa
del libre comercio se topó con serias diferencias entre Brasil y Estados Unidos
sobre la posibilidad real de reducir las cortapisas para un comercio justo y
libre de trabas. Ante la imposibilidad de lograr un consenso continental,
Estados Unidos optó por una estrategia bilateral y, en el mejor de los casos,
subregional de negociaciones sobre el libre comercio. Aunque es prematuro
evaluar el resultado de este esquema de negociaciones, es probable que las
mayores ventajas las obtenga quien tiene los recursos y capacidad para negociar
e implementar este tipo de acuerdos.
Una segunda tendencia es la creciente securitización de la agenda de política
exterior estadounidense luego del fatídico 11/09/2001. Esta situación ha tenido
un impacto en la región al (a) reducirse los montos de cooperación para el
desarrollo en los últimos dos años, (b) involucrar a las fuerzas armadas de la
región en actividades vinculadas a la lucha antiterrorista, (c) convertir
problemas sociales como las migraciones en una cuestión de seguridad y (d)
promover una solución principalmente militar al conflicto colombiano.
Sin embargo, un aspecto interesante de este nuevo contexto es la preocupación de
Estados Unidos de fortalecer el estado de derecho para evitar que los
terroristas usen el sistema financiero y político para alcanzar sus objetivos.
En efecto, una externalidad positiva de la lucha contra el terrorismo global ha
sido la atención a las instituciones democráticas.
Es en este último punto donde se producen las mayores afinidades con los
intereses y las agendas de los países latinoamericanos. Promover una agenda para
el fortalecimiento del estado de derecho en la región podría constituirse en una
oportunidad para establecer un nuevo tipo de relación con la primera potencia
del planeta.