Méritos y elite

La Tercera, el sábado 3 de marzo de 2007.  por Claudio Fuentes

 

La polémica suscitada a raíz de la columna de Patricio Navia en La Tercera, abre un debate relevante respecto de la inversión que el estado debe realizar en la promoción del conocimiento y la innovación.

Afortunadamente, hoy resultaría impresentable un modelo de selección basado en la discrecionalidad de la autoridad política. Con mucho acierto, el gobierno decidió el año pasado establecer, por primera vez, un nuevo procedimiento que incluye un panel de expertos (as), currículo ciego, medición de postulantes de acuerdo a criterios pre-establecidos, evaluaciones grupales de las candidaturas, y la no interferencia de las autoridades de gobierno en tales decisiones, entre otras medidas.

El avance es notable en relación a la práctica predominante desde la creación de la Beca en 1981 ya que se coloca en el centro de la atención los méritos académicos y la calidad del programa al que postula y no el apellido o militancia política.

Existen una serie de temas relacionados a la beca que es necesario abordar. Primero, se debe reconocer que un cambio en el sistema de selección evitará la discrecionalidad pero no resolverá un problema de fondo de nuestro país. Si el proceso se basa en méritos académicos, aquellos postulantes de colegios privados y universidades de elite (y seguramente de la región metropolitana) tendrán siempre mayores ventajas que el resto. Así, es muy probable que sigamos encontrando que entre los seleccionados figuren hijos e hijas de la elite económica (y política) chilena producto de la desigual distribución de la calidad de la educación.

Para avanzar hacia una sociedad meritocrática se requiere mejorar tanto los procedimientos de selección como enfrentar las desigualdades educativas de inicio. Las opciones no son muchas: generar políticas de acción afirmativa transitorias; incentivar que los estudiantes que retornan, lo hagan a regiones; y generar un modelo de identificación de potenciales talentos más sofisticado.

Otro problema es la baja representatividad de mujeres postulantes a la beca dado que mientras la mayoría de quienes egresan de las universidades chilenas son mujeres, la mayoría de los postulantes son hombres ¿Existen los incentivos adecuados para que más mujeres salgan a formarse fuera del país? Al respecto, se requiere evaluar por qué se está produciendo esta situación y generar incentivos para cambiar esta dinámica.

Un tercer problema es el retorno de los becados. En el modelo actual, se otorgan becas de tres años, cuando un doctorado dura por lo general cinco, lo que desincentiva la obtención del grado. Asimismo, no existe un programa de reinserción de becarios de modo de garantizar que los conocimientos adquiridos serán utilizados adecuadamente. Sin programa de reinserción orientado a objetivos pre-definidos, la alta inversión inicial siempre se perderá.

El debate sobre la Beca Presidente de la República debiese ser una oportunidad para avanzar en una reforma integral a partir de un modelo meritocrático, que estimule la igualdad de oportunidades, que defina prioridades temáticas de mediano plazo, y que se vincule a los objetivos de desarrollo del país.

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