Sobre Democracia y Desarrollo
Claudio Fuentes
La Tercera 22 de septiembre, 2005
La interrogante que plantea
Cristián Larroulet en su columna de La Tercera publicada el pasado domingo 18 es
crucial y pertinente. El autor sostiene que es necesario preguntarse qué
instituciones y qué políticas deben darse los países en democracia para poder
crecer. Sin embargo, sus respuestas conducen a equívoco.
Aunque reconoce que la respuesta es amplia, Larroulet indica que un aspecto
clave es el sistema electoral. Agrega que la mayoría de los países democráticos
que alcanzaron el desarrollo poseen sistemas mayoritarios y que la
sustentabilidad futura del crecimiento de Chile depende, entre otras cosas, de
la mantención de instituciones que facilitan la gobernabilidad, como el sistema
binominal. Indica como atributos del sistema el que fuerza la conformación de
dos bloques, elimina la influencia de los partidos con posturas extremas y
obliga los consensos.
Aceptar que existe una relación causal entre el sistema político y las
posibilidades de desarrollo es en sí mismo un hecho significativo. Y señalar que
se requiere de un sistema gobernable para garantizar una estrategia de
desarrollo sustentable también es aplaudible. No obstante, es necesario
cuestionar el sustento empírico de algunos de sus supuestos.
En primer lugar, Larroulet parece preocuparse más del crecimiento que del
desarrollo, temas relacionados pero diferentes. La pregunta que le inquieta es
qué tipo de instituciones se requieren para “crecer” y no para alcanzar el
desarrollo. El problema aquí es que mientras el crecimiento puede darse bajo
cualquier régimen político (como lo demuestra China), el desarrollo sustentable
sí parece requerir de condiciones sociales y políticas para concretarse. El
índice de desarrollo humano, que mide no sólo crecimiento sino también acceso a
salud y educación, entre otras variables, comprueba que los países con mayores
niveles de desarrollo son en su gran mayoría democráticos.
En segundo lugar, Larroulet sostiene que existiría una relación causal entre el
sistema electoral de un país y su nivel de desarrollo. Indica con gran confianza
que “la mayoría de los países democráticos que alcanzaron el desarrollo poseen
sistemas mayoritarios”. No obstante, las cifras muestran otra cosa. Si
consideramos las 21 naciones democráticas más desarrolladas, vemos que en 15 de
ellas (71%) existe un sistema proporcional. Por lo tanto, si quisiéramos
guiarnos por las estadísticas y emular a las democracias más desarrolladas del
mundo tendríamos que aspirar a tener un sistema que garantizara un mayor nivel
de proporcionalidad.
Pero además, es problemático establecer una relación causal y lineal entre un
sistema electoral y el desarrollo de un país. En una democracia existen otras
variables tan relevantes como el sistema electoral y que, en su conjunto,
explican su estabilidad. Entre otras, la polarización política, el balance de
poder entre Ejecutivo y Legislativo, el nivel de participación electoral, la
cantidad de partidos y sectores sociales incluidos en el sistema, etc. La
estabilidad política de Chile en los últimos 15 años no ha dependido única y
exclusivamente de su sistema electoral.
En tercer lugar, las ventajas que se destacan para el sistema binominal (forzar
alianzas y consensos y excluir extremos) son cuestionables. Usando el mismo
argumento, se podría indicar que la exclusión de sectores políticos y sociales
es fuente de inestabilidad. Asimismo, la alta predictibilidad del sistema
desincentiva a la población para participar del proceso electoral, y como
resultado, hoy la Cámara de Diputados representa sólo al 54% de la ciudadanía
adulta en edad de votar, lo que afecta la estabilidad futura del país.
La pregunta es cómo garantizar estabilidad y representatividad en un régimen
electoral. La solución pasa por conservar específicas virtudes del sistema
mayoritario relacionadas con evitar la fragmentación e incorporar las virtudes
del sistema proporcional, muy en la línea de lo planteado por el profesor David
Altman (Universidad Católica) y el diputado Gabriel Ascencio