Agenda pro transparencia
Claudio Fuentes
La Tercera, el miércoles 8 de noviembre de 2006
A propósito del escándalo de Chiledeportes, ha
resurgido la idea de avanzar en un nuevo paquete de reformas pro-transparencia.
Si bien aquellas medidas son cruciales para nuestra sociedad, el énfasis parece
estar puesto en lo estrictamente referido al gasto electoral y en los mecanismos
para sancionar potenciales abusos. Se requiere plantear una agenda más amplia
sobre el sistema político que incluya pero no se limite al tema del gasto
electoral.
Primero, resulta fundamental reconocer que los partidos políticos sí juegan un
rol importante en la sociedad y que, por lo tanto, se necesita plantear una
agenda innovadora en el fortalecimiento de los mismos, regulando procesos
electorales internos y, al mismo tiempo, perfeccionando la normativa de
financiamiento permanente y en época electoral. Hoy, sólo está regulado el
período de campañas electorales y tal como se ha planteado en este mismo espacio
de una forma muy deficiente (La Tercera, 3/11/06).
Segundo, se necesita abordar con mayor detenimiento el conjunto de ámbitos donde
la relación entre dinero y política están en juego. Ello implica enfrentar desde
el tema del lobby hasta el conflicto de intereses. Asimismo, se requeriría
establecer una norma para evitar que personas que ocupan puestos de confianza
puedan, inmediatamente después de su salida, ocupar cargos vinculados a los
intereses directamente involucrados en sus funciones.
En cuanto a la ley de financiamiento electoral, las deficiencias son evidentes:
el Servicio Electoral no tiene una función fiscalizadora y la transparencia
todavía es baja. No obstante, hasta el momento las propuestas se centran
principalmente en incrementar los mecanismos de control y/o aumentar las penas
para los infractores. Debiera pensarse en una gama de mecanismos e incentivos
para promover campañas electorales limpias y transparentes.
En cuanto al establecimiento de mecanismos de control, el Servicio Electoral
debiese estar habilitado para realizar auditorías aleatorias a fin de controlar
la rendición de cuentas por parte de los candidatos y partidos políticos. Dichas
auditorías debiesen ser operacionalizadas por entes independientes y después de
un concurso público para garantizar tal independencia. De la misma forma,
debiera existir un sistema informático actualizado y al día que permitiese a la
ciudadanía enterarse del nivel de financiamiento de una campaña (o de un
partido), así como en relación al origen de los aportes. Asimismo, es crucial
eliminar las donaciones “anónimas” a las campañas electorales y que se prestan
para potenciales abusos.
Pero, adicionalmente, se deben crear incentivos positivos para aquellas
candidaturas que cumplen con mayores niveles de transparencia ¿Por qué no el
Estado premia a las candidaturas que son 100% transparentes otorgándoles mayores
subsidios que al resto? ¿Por qué no el Estado premia a aquellos partidos que
contratan auditorías externas para examinar el funcionamiento de sus finanzas?
La preocupación central debiese entonces centrarse en generar un marco normativo
para regular la relación entre dinero y política pero, al mismo tiempo,
fortalecer el sistema de partidos políticos. Es tiempo de sentarse a conversar
una agenda amplia de reforma al sistema político.