El Activo Eje del Cono Sur
Claudio Fuentes
La Tercera, 5 de febrero, 2005
En los últimos veinte años, en América Latina ha aumentado la pobreza, se ha incrementado la brecha entre ricos y pobres y se ha intensificado el impacto de las crisis económicas. Las políticas de apertura económica impulsadas desde mediados de los 70 no se han traducido en mejoras significativas. Chile parece una excepción, que en parte se explica por la adecuada inversión estatal en planes sociales.
Esta década inauguró una ola de gobiernos socialdemócratas que comenzaron a dominar la escena política del Cono Sur, con Chile (2000), Argentina (2002), Brasil (2003) y ahora Uruguay. Algunos creen que es mera coincidencia, ya que Ricardo Lagos llegó al poder con un estrecho margen y Néstor Kirchner emergió después de una grave crisis. Pero esta tendencia se explica más bien por el descontento social predominante a fines de la década de los 90.
Los cuatro casos presentan características similares. En primer lugar, se trata de gobiernos que accedieron al poder gracias a organizaciones políticas relativamente fuertes. En Chile, Argentina y Uruguay aquello no es novedad. Sin embargo, en el caso de Brasil se trata de un fenómeno nuevo de reconfiguración del mapa político sobre la base de un partido de fuerte arraigo social y organizado regionalmente, como es el PT.
En segundo lugar, los cuatro líderes han demostrado tener altos niveles de pragmatismo. Saben que el desafío de la gobernabilidad pasa por la articulación de intereses entre los actores sociales, los empresarios y el sistema internacional. En la medida en que los gobernantes son capaces de establecer un pacto social de gobernabilidad, se generan bases de negociación para el mejoramiento de las condiciones de vida de la población.
Finalmente, en los casos de Chile, Argentina y Brasil, los mandatarios han aplicado políticas moderadas en materia fiscal y financiera, lo que ha incrementado los niveles de confianza de los empresarios nacionales y fuera de sus fronteras.
Los dilemas que enfrentan estos cuatro países son diversos. Existe un importante desafío de concertación vinculado a la deuda externa. Argentina, Uruguay y Brasil son percibidos como vulnerables, principalmente -aunque no exclusivamente- por su nivel de endeudamiento. Mientras Chile exhibe el nivel de riesgo-país más bajo de su historia (61 puntos), Brasil y Uruguay se aproximan a los 390 puntos y Argentina todavía es percibido como el más riesgoso de Sudamérica, con 4.705 puntos.
Un segundo desafío es la concertación de política internacional. El acuerdo político del ABC (Argentina, Brasil y Chile) en los últimos meses ha alcanzado niveles insospechados, particularmente en lo referido a la reunión de ministros de Defensa del hemisferio, la crisis de Haití, la participación de Argentina en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el apoyo a la candidatura del ministro Insulza para la OEA. A esta tendencia seguramente se sumará Tabaré Vásquez, de Uruguay, quien ha manifestado su interés por estrechar sus relaciones con el Cono Sur.
Si bien existen altos niveles de sintonía en temas de la agenda internacional, el desafío mayor se encuentra en la agenda internacional "cercana", esto es, Bolivia y el Mercosur. Aquí los intereses tienden a distanciar a los gobernantes y a reducir los espacios de maniobra para la negociación. A esto debe agregarse la relación con Estados Unidos, que ciertamente pasará por cuánto interés tenga Brasil en sentarse a negociar condiciones para el libre comercio con la potencia del norte.
Un hecho no menor es la posibilidad de constituir un referente del Cono Sur que contribuya a la solución del conflicto colombiano y, de paso, del colombiano-venezolano. América del Sur ha estado relativamente ausente de la solución del conflicto en Colombia y quizás sea un buen momento para facilitar condiciones de diálogo en dicho país. La experiencia del Cono Sur en Haití marcó una transición desde la diplomacia del discurso de la integración, hacia una diplomacia de las acciones concertadas.