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Viernes 20 de abril de 2001
Desde Washington rompe su silencio, cuando en su 20 cumpleaños el modelo chileno está "a pasos" de ser adoptado en EE.UU.
La ‘‘CRUZADA’’ mundial de JOSE PIÑERA por privatizar la social security
‘‘Si yo fuera ministro del Trabajo hoy día’’... y el ‘‘padre’’ de la reforma previsional da algunas discretas opiniones sobre los cambios que hoy haría a su máxima creación, las AFP, que el próximo 1 de mayo cumplen los 20 años. Sólo eso, porque los pasos de José Piñera están encaminados en otra dirección, desde el Cato Institute en Washington trabaja incansablemente por el éxito de su máxima empresa: que la economía más poderosa del mundo reforme su social security.
Por Claudia Heiss
Desde Washington
La Segunda
Casi ausente de la prensa chilena desde hace más de dos años, el ‘‘predicador’’ de la reforma a los sistemas de pensiones en el mundo, José Piñera, sigue en campaña.
Candidato a la alcaldía de Conchalí en 1992 y a la Presidencia de la República en 1993, dice haberse alejado de una actividad en la que ‘‘no se pueden discutir ideas’’. Pero su cruzada por la privatización de las jubilaciones tiene también la esencia de una contienda electoral: la necesidad de conseguir adherentes.
Desde el ultra liberal Cato Institute, en la elegante Massachussets Avenue de Washington DC —la misma calle por donde, un poco más allá, el Presidente Lagos regresó el lunes a la embajada de Chile tras reunirse con George Bush— Piñera no disimula el orgullo que siente por su institución y su moderno edificio, con los nombres y fotos de sus próceres inscritos en las paredes, Hayek el primero.
Desde allí dirige el International Center for Pension Reform y, junto a Michael Tanner, el programa sobre reforma de pensiones del Cato Institute, un think tank bautizado con el nombre del general romano que prefirió morir antes que ver a su República sucumbir bajo la tiranía de César.
Su idea, dar vuelta el paradigma de Marx. Un fantasma recorre el mundo: el de la privatización de la seguridad social. Su manifiesto, un libro rojo que ya ha repartido personalmente a miles de personas en todo Estados Unidos, pretende mostrar los beneficios del modelo chileno para los trabajadores americanos.
Desde su retiro intelectual de la capital norteamericana o mirando al mar en su casa de Cachagua —cuando está en Chile— Piñera parece afirmar su defensa del individuo en un rechazo instintivo a lo gregario, a los ‘‘choclones’’ familiares y a las opiniones colectivas. De hecho sus breves comentarios sobre la contingencia chilena parecen casi un ‘‘descuido’’ en su firme decisión de no entrar en la coyuntura nacional.
ALFILERES NEGROS, ROJOS Y VERDES... PUNTOS DE CONQUISTA
Cuando el sistema de AFP chileno se apresta a cumplir 20 años (el 1° de Mayo del 2001), Piñera asegura que el modelo incubado en Chile está a punto de ser una realidad en la nación más poderosa del mundo. En su oficina, dos grandes mapas indican el avance de su conquista: uno del mundo, con alfileres negros en los 9 países que ya tienen pensiones privadas, rojos en los que estudian la reforma; otro de Estados Unidos, con alfileres en todos los estados donde ha realizado multitudinarias reuniones con la comunidad para mostrar los beneficios de su propuesta.
En las paredes, una foto con su hijo José, el premio Forbes que en 1998 compartió con Milton y Rose Friedman, una copia de la carta que el Wall Street Journal le publicó ese mismo año, poco después que Clinton hablara de reformas en su mensaje al Congreso.
Afirma que Mónica Lewinsky paró la reforma previsional americana bajo Clinton. ‘‘Se descubrió el escándalo, vino el impeachment y Clinton necesitaba el apoyo de los senadores demócratas de izquierda, como Ted Kennedy, que estaban en contra del proyecto. Clinton, un centrista, no podía echarse encima a la izquierda de su partido, la necesitaba imperiosamente para combatir el impeachment en el Senado. Eso frenó la posibilidad de una reforma que iba muy bien, y que habría contado con todo el apoyo republicano. La verdad es que eso hubiera sido perfecto, un gol de media cancha. Pero bueno, en esta misión yo he andado en miles de países y tienes que ser paciente, saber que estás sembrando la semilla de una idea’’.
La previsión es un problema grave para el mundo desarrollado. La OCDE, el club de los países más ricos, está preocupada. En marzo pasado lanzó su segundo libro sobre los costos de convertir los sistemas estatales de pensiones en mecanismos de capitalización individual.
Cuando llegue el momento del retiro, la generación de los ‘‘baby boomers’’, nacidos en la posguerra, será más numerosa que la de los jóvenes a cargo de sustentarla. Los sistemas de seguridad social basados en el modelo de la Prusia de Otto Von Bismark suponen que los impuestos de los trabajadores financiarán el retiro de los mayores. Así, el dinero entra por un lado y sale por otro. Pero con el aumento de la población adulta, la carga para los trabajadores será cada vez más pesada. Se calcula que en Estados Unidos, el sistema de ‘‘social security’’ funcionará en forma deficitaria a partir del año 2016, y el 2038 simplemente no podrá financiarse. En el gobierno del demócrata Bill Clinton, el chileno Arturo Valenzuela lideraba los asuntos de América Latina como asesor de la Casa Blanca. Con la llegada de los republicanos, José Piñera se ha convertido en el connacional más cercano a la administración, aunque no sea titular de ella.
‘‘Mucha gente aquí cree que yo soy nacionalizado americano. Me siento muy orgulloso de ser chileno. Las ideas no tienen nacionalidad, pero sí las experiencias. Todos los países del mundo tenían el sistema estatal de pensiones que está quebrando por razones demográficas. El fondo de mi proyecto es la utopía de decir 200 países son potenciales consumidores de esta experiencia chilena’’. José Piñera cree que la reforma al sistema en Estados Unidos será el regalo de cumpleaños a los cuatro lustros del sistema chileno.
‘‘EL ’95 ERA UNA QUIJOTADA, PERO YA NO’’
Despejando dudas, Piñera detalla su encuentro y relación con el flamante presidente norteamericano, George W. Bush. En septiembre de 1997, el entonces gobernador de Texas le envió un mensaje: lo invitaba a comer a su casa en Austin, para discutir el tema. El creyó que Piñera estaba en Washington, pero en realidad estaba en su casa de Cachagua. Para no perder la oportunidad, tomó un vuelo al instante y al día siguiente estaba convenciendo al futuro Presidente de Estados Unidos de las bondades del sistema de cuentas individuales.
Cuatro años después, el lunes 16 de abril del 2001, George W. se reunió con el Presidente Ricardo Lagos en la Casa Blanca, con la Cumbre de las Américas ad portas. ¿Y qué le dijo? Que ciertos miembros del Congreso podrían aprender algunas lecciones de Chile, en particular en lo que respecta a la forma de administrar los programas de pensiones. ‘‘Nuestro sistema de seguridad social debe ser modernizado, Sr. Presidente, y espero recibir algunas sugerencias de cómo hacerlo, ya que ustedes lo han hecho tan, tan bien’’, fueron sus palabras frente a la prensa, en la casa de gobierno.
En la visión de José Piñera, por primera vez la aplicación del esquema chileno en Estados Unidos es una posibilidad real. ‘‘Ya no estamos hablando de utopías. Estoy de acuerdo que el 95 era una quijotada, pero hoy día ya no. Esto está en el centro del debate en Estados Unidos’’.
Desde el punto de vista conceptual, asegura que la capitalización individual es mucho más cercana a las ideas liberales de Jefferson y de los padres fundadores de Estados Unidos que al modelo de social security instaurado por Roosevelt durante la depresión de los años 30.
‘‘EN CHILE HAY TODA UNA INDUSTRIA DEL DESPRESTIGIO’’
—Lo que se defiende del sistema a lo Bismark, sin embargo, es que tiene un componente de redistribución.
—Palm Parker, una famosa líder negra de Estados Unidos, está totalmente a favor de la reforma porque beneficia a los pobres, que comienzan a trabajar a los 15 años y pagan impuestos toda su vida. En este país, la edad promedio de muerte de un negro es 65 años, que es cuando comienzan a recibir los beneficios del seguro social. Para los negros este sistema es profundamente injusto, porque viven menos. Yo no puedo cambiar que vivan más, eso tiene que ver con genética, salud. Pero con una cuenta individual, el pobre es capaz de acumular dinero durante esos 40 ó 50 años y, si llega a morir, deja una herencia a su mujer o a sus niños.
Hay un estudio que dice que durante una vida entera, los negros transfieren a través del sistema de seguridad social US$ 10 mil a los blancos, sobre todo el hombre negro a la mujer blanca, que vive hasta los 87 ó 90 años. ¡El hombre negro le está transfiriendo ingreso a la mujer blanca! Es verdad que la seguridad social está más cargada a las personas de menores ingresos: recibes una fracción mayor de tu sueldo como pensión mientras menos ingresos tienes. Pero si tomas en cuenta que los pobres entran a trabajar antes, por tanto contribuyen más años, y que viven menos, eso compensa con creces el efecto redistributivo.
—Eso descarta el efecto ‘‘social’’ del social security. Y en la parte de ‘‘security’’: se critica que es riesgoso invertir los fondos de pensión en un mercado fluctuante.
—En un sistema privado se puede escoger el portafolio que quieras. Se puede invertir todo en acciones, que tienen mayor riesgo pero mayor retorno, y eso da en EEUU, por ejemplo, un 9%. O puede elegir -en Estados Unidos se podrá invertir todo- un portafolio de puros bonos del Estado, que dan 4%. Si quiere cero riesgo, pone todo tu dinero en un fondo mutuo sólo de bonos del Estado a 30 años. Con el sistema de social security actual, el rendimiento es del 1%. Eso suponiendo que los contribuyentes lo paguen. O sea, la reforma rinde 300% más que el mejor caso del sistema antiguo. Basta esa comparación para probar que el sistema privado da más seguridad y más rentabilidad.
—Pero este modelo supone un elevado nivel de información del cotizante... ¿entiende el chileno medio cómo funciona su AFP?
—Entiende que tiene una cuenta. Pero dada la poca educación y como en Chile no había una experiencia de invertir, nosotros creamos las AFP, un organismo intermedio que invierte la plata por el trabajador. Ahora, lo que he propuesto desde hace tiempo en Chile -y es lo que planteo en Estados Unidos- es que a la larga se pueda escoger directamente el fondo mutuo que uno quiera. En Estados Unidos no se necesitan AFPs, hay una cultura económica más grande, hay mil fondos mutuos. Si hay algo que los mercados de capitales hacen, es resolver los problemas como uno prefiera. Si no quiero riesgo, invierto en bonos del Estado. Hay maneras de crear sistemas sofisticados para minimizar el riesgo.
—Si las AFPs son una herramienta transitoria, ¿deberíamos ir hacia su disolución?
—No. Deberíamos ir hacia permitirle a la gente de cierto ingreso que, si quiere, tenga su cuenta en forma individual. Si yo fuera ministro del Trabajo hoy día, estaría pensando en lograr, en forma gradual porque las AFP todavía sirven a mucha gente, que toda persona que tenga más de 100 ó 200 millones de pesos pueda manejar su cuenta, siempre que cumpla con ciertas normas de seguridad.
—¿Es excesivo el costo de administración de las AFP?
—¡Nooo! Es el 1% del fondo invertido. En Chile hay toda una industria del desprestigio. Pero si no se defienden las AFP, allá ellas, yo no tengo tiempo. Los opositores al sistema comparan peras con manzanas. La contribución es el 10% que se deposita en tu cuenta, y tienes que pagar además un 2,3%, que incluye el seguro de invalidez y el costo de administración, poco más de 1,3%. Eso es el 13% del 10% de contribución mensual. ¡Pero esa comparación es totalmente ilegítima! La manera de hacerlo es calcular el gasto de administración sobre el fondo total. En Chile, ese costo es un 1% de los activos invertidos, que es más o menos lo que cobran los fondos mutuos en Estados Unidos. Si quieres que alguien te maneje tu plata, tienes que pagarle 1%, nadie te la manejará porque sí.
LA GRAN LECCION: MAS COMPETENCIA, MAS LIBERTAD
—A 20 años del inicio del sistema: ¿qué problemas tiene?, ¿qué mejoraría?
—La gran lección es que hay que entregarle más libertad a los individuos para que puedan escoger la combinación de portafolios que les interesen, para que los administren ellos mismos o más barato. Las inquietudes que hay hoy en Chile, que son el riesgo o los costos de administración, todo se soluciona con mayor competencia y mayor libertad. Esa es la gran lección del sistema. Hacer un ajuste el día de mañana que permita a la gente manejar sus propias cuentas está totalmente dentro de la filosofía, yo le llamaría casi un ‘‘ajuste técnico’’, ni siquiera una reforma a la reforma.
—Sin embargo en Chile se ha producido una concentración en la propiedad de las AFP que sugiere que el mercado, en este caso, no funciona tan libremente.
—Yo no me meto en el detalle chileno. Es un detalle. No lo quiero minimizar, pero para eso hay una Superintendencia, hay expertos en las universidades, hay una industria de estudio para hacer mejoras. Yo podría haber tomado la actitud, dado que fui el ministro que lo hizo, de que no se puede tocar el sistema. Nada más lejano de mi enfoque de la vida. El sistema está bien en su esencia, en su estructura, en su filosofía, en términos históricos. Sin embargo creo firmemente en la necesidad de mejorarlo. ¿En qué línea? más competencia, más libertad. Me pregunta quién se opondrá, quién no. Eso ya es el área chica de esos ajustes. Yo respeto mucho a la gente que está trabajando este tema en Chile y estoy seguro que lo harán muy bien.
2002: ¿LA CULMINACION DEL ‘‘SUEÑO’’?
Calificado como ‘‘un eterno optimista’’, si se cumplen sus predicciones, el año 2002 podría ser la culminación del sueño de una vida. ‘‘Espero que el 2001 sea el año de la reforma a los impuestos y el 2002 se presente un proyecto de reforma al social security’’. Admite que eso generaría un gran debate y que puede demorar un año o dos, pero cree que una propuesta del Presidente tiene alta probabilidad de ser aprobada. ‘‘George W. Bush cree realmente en el libre mercado y en un gobierno limitado y contribuirá a fortalecer un sistema económico libre en Estados Unidos’’, opina.
—Si se hace la reforma en Estados Unidos, ¿cómo podrían financiarse los costos de transición, los bonos de reconocimiento, dado que al mismo tiempo se están reduciendo impuestos?
—Esa es plata que ya está. La oportunidad histórica que tiene Estados Unidos es que generará enormes superávit fiscales. El Presidente Bush ha dicho que con ese superávit se pueden bajar los impuestos y financiar la transición a un sistema privado. Eso está todo estudiado. Dios tiene sus designios: un Presidente que está convencido llega al poder en un momento en que Estados Unidos está listo financieramente para la reforma. En los años de déficit habría sido inmensamente más difícil.
—¿Hay algo rescatable del sistema público?
—En el sistema de cuentas individuales que yo he creado hay un enorme rol público de supervisión. Es bueno que el Estado supervise (técnicamente, no políticamente), porque tiene que asegurar que nadie engañe a nadie. Pero el Estado no puede ser administrador y regulador a la vez. La administración la hace mejor, y la debe hacer, el sector privado.