El Diario Financiero - Desde la academia
Fecha : 27/10/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research


Lección de Igualdad

Robert Dahl es uno de los más prolíficos pensadores de la democracia contemporánea. A partir del estudio de gobiernos locales en EE.UU. a comienzos de los '60, concluyó que en sentido estricto el sistema político de su país no era una democracia-un gobierno del pueblo al estilo de la antigua Atenas-pero tampoco un régimen dominado por una élite. En cambio, señaló que se trata de una "poliarquía" donde varios grupos compiten por el poder político y la población les otorga su apoyo a través del voto.

En el curso de los años, defendió estos sistemas de visiones más pesimistas señalando que si bien ningún país moderno cumple el ideal democrático, las poliarquías poseen atributos esenciales al buen gobierno: autoridades electas, elecciones libres, sufragio universal, libertad de expresión. En suma, que se trata de sistemas políticos donde la competencia y el pluralismo actúan como antídoto contra la dominación de una élite.

Con el tiempo, sin embargo, su visión de estas poliarquías con poca participación ciudadana y donde distintos grupos de interés compiten por el poder se fue tornando más pesimista. El 2001 criticó las falencias de los cimientos del sistema estadounidense en "¿Es democrática la constitución de los Estados Unidos?" (F.C.E., 2003, comentado aquí el 20/06/2003).

A sus 90 años, el profesor Dahl vuelve a la carga con el pequeño volumen de 160 páginas que es "On Political Equality" (Yale University Press, 2006). Señala que su país está muy lejos de la igualdad política, un objetivo que no se puede abordar sólo a partir de la razón, sin considerar el papel que juegan pasiones y sentimientos. El problema es sortear la barrera que constituyen la desigual distribución de recursos políticos, habilidades e incentivos.

Como corolario a una reflexión teórica, propone medidas que ayudarían a avanzar hacia la igualdad política en el país: reformas al sistema de financiamiento de campañas, medidas para aumentar la participación electoral, provisiones contra el redistritaje que distorsiona la representación (gerrymandering) y aumento del salario mínimo. Una crítica a la desigualdad que no pasará desapercibida cuando el electorado de EE.UU. se prepara para acudir a las urnas en la elección parlamentaria y de gobernadores del 7 de noviembre próximo.

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