El Diario Financiero - Desde
la academia
Fecha : 29/09/2006
Claudia Heiss, Ciencia Política, New School for Social Research
Para salvar la globalización
Joseph Stiglitz se retiró en el año 2000 del Banco Mundial para convertirse en una voz crítica de las instituciones financieras internacionales y su papel en la globalización. El 2001 ganó el premio Nobel de economía. En su libro"Globalization and its Discontents", Stiglitz planteó que lejos de ser la panacea que muchos describían, políticas injustas con los países más pobres e instituciones internacionales deficientes estaban conviertiendo a la globalización en un factor de pobreza y marginación. De allí los justificados movimientos sociales en su contra.
A cuatro años de esa publicación, Stiglitz presenta "Making Globalization Work" (W. W. Norton, 2006), una especie de segunda parte de la misma historia. Si el primero constata el malestar de la globalización, el segundo plantea un intento por rescatar el proceso en contra de eventuales regresiones proteccionistas.
La creciente brecha entre países ricos y países pobres es, para el autor, la principal amenza contra una globalización más justa. Los ricos no necesitan someterse a las reglas de organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial. EE.UU. no necesita privatizar su seguridad social ni pretende eliminar subsidios agrícolas, como demandan las instuciones de Bretton Woods a los países más pobres que necesitan su ayuda financiera. Son las economías más desventajadas las que se ven forzadas a seguir sus reglas, porque dependen de su crédito.
Stiglitz advierte que el resultado de estas injusticias será el fin de la globalización, si los países deciden que los costos de pertenecer al mundo global son mayores que los beneficios. Su intención es, entonces, una crítica constructiva, destinada a rescatar una globalización en peligro.
Si bien el diagnóstico parece acertado, no es tan evidente cómo sus recomendaciones podrían poner fin a la brecha que separa a países ricos y pobres. El autor sugiere, entre otras cosas, reformar la OMC para que disminuya el desequilibrio de fuerzas en su interior, se refiere al "déficit democrático" de las instituciones globales y señala que EE.UU. debe firmar el protocolo de Kyoto sobre medio ambiente.
Los partidarios de dejar operar al mercado sin intervenciones sostienen que, en el largo plazo, los beneficios llegarán también a los países pobres. Citando a Keynes, Stiglitz responde que en el largo plazo, todos estaremos muertos. Y la primera baja de la falta de regulación será la propia globalización.